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    Las PASO son la antesala de las elecciones generales de octubre y se dan dentro de un contexto internacional de desestabilización contra los gobiernos de izquierda.

Argentina va a las urnas este domingo, teniendo como trasfondo político dos propuestas diferenciadas entre el kirchnerismo y la oposición, aunque esta última ha evitado confrontar los avances sociales de la última década.

Este domingo la República Argentina llevará a cabo sus elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que 32 millones de personas están habilitadas para elegir a sus candidatos para las elecciones generales de octubre.

En las PASO un total de 15 precandidatos de 11 frentes y partidos distintos se medirán para convertirse en candidatos a la Presidencia de la nación argentina. Los precandidatos y precandidatas deberán ganar en las internas de su partido y cosechar un respaldo superior al 1,5 por ciento de los votos válidos para poder postularse a las presidenciales.

A nivel nacional se determinarán las candidaturas para Presidente y Vicepresidente de la nación, 19 representantes al Parlamento del Mercado Común del Sur (Mercosur) por distrito nacional, 24 senadores nacionales (Tucumán, Catamarca, Mendoza, Santa Fe, Córdoba, Chubut, Corrientes y La Pampa), 130 diputados nacionales y 24 representantes al Parlamento del Mercosur por distrito regional.

¿Qué son las PASO?

¿Qué está en juego en estas elecciones?

Las PASO son la antesala de las elecciones generales de octubre, en cuyo certamen se elegirá al nuevo presidente o presidenta de Argentina.

Por un lado está la fórmula Daniel Scioli-Carlos Zannini, postulados del oficialista Frente para la Victoria (FpV), quienes han manifestado que darán continuidad a la política exterior y de igualdad social que ha mantenido el Gobierno de Cristina Fernández. “El Estado debe tener un rol social, activo y solidario”, manifestó Scioli en julio.

Mientras, el abanderado de los sectores de la derecha argentina, Mauricio Macri, quien lleva como candidata vicepresidencial a Gabriela Michetti (Cambiemos), ha optado por disimular sus intenciones.

Luego de que su partido conservador ganara la jefatura de Buenos Aires, Macri reconoció las políticas de inclusión y las principales conquistas en términos de soberanía que el kirchnerismo ha impulsado en la última década.

Analistas políticos destacan que no se trata de un giro improvisado. Macri evita confrontar directamente con las principales conquistas del proyecto kirchnerista y ha abandonado desde hace varios años defender propuestas vinculadas a las privatizaciones y los recortes sociales,

La no confrontación directa con los logros y avances de los gobiernos de izquierda en la región es un rasgo característico de las derechas del siglo XXI, debido a que su poder político se ha visto disminuído y sus propuestas se hacen desde una posición de debilidad.  

Década ganada

Este año se conmemora la primera década de la contundente derrota que los presidentes Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula Da Silva y Néstor Kirchner propinaron a la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que presentó Washington, precisamente en Mar del Plata, al sureste de Argentina.

Aquello marcó un punto de inflexión en la política latinoamericana, que se expresó con un nuevo ciclo común de izquierdas en la región, de rechazo al modelo capitalista neoliberal y de ascenso de fuerzas políticas que se sumaron a las ya existentes en Argentina, Brasil, Cuba y Venezuela.

Desde entonces ninguna propuesta electoral de izquierda ha sido derrotada en las urnas; siendo Honduras y Paraguay las dos únicas experiencias derrotadas, no a través de la vía democrática sino por golpes de Estado promovidos por Estados Unidos.

Luego de la derrota del ALCA, América Latina y el Caribe han experimentado cambios en lo político, social, económico, cultural y financiero. Diversos mecanismos de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP); la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur); y la ampliación del ya existente Mercado Común del Sur (Mercosur), son una realidad que contrasta con la dominación política y comercial de Occidente.

Argentina es parte importante de este nuevo ciclo político de giro a la izquierda, en primera instancia bajo el liderazgo de Néstor Kirchner (2003-2007) y con la actual presidenta Cristina Fernández, quien inició su mandato en diciembre de 2007 y culmina a finales de 2015.

A pesar de todo lo alcanzado, han sido muchos los obstáculos que ha tenido que superar el proyecto argentino, dentro de los cuales están los fondos buitres y las campañas mediáticas de la prensa neoliberal.   

Lea → Presidenta de Argentina denuncia guerra mediática contra su Gobierno 

Los fondos buitres arremetieron contra Argentina en 2014, amparados por la sentencia del juez neoyorquino Thomas Griesa; quien determinó que la nación suramericana debe cancelar primero a los fondos especulativos antes que a los bonistas que se adhirieron al proceso de canje desde 2005, en el marco del pago de la deuda soberana que han llevado a cabo de forma exitosa.


Contexto regional actual

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, advirtió en octubre de 2014 que sobre América Latina y el Caribe estaba en marcha una “restauración conservadora”, que se expresa con protestas con objetivos desestabilizadores y el ataque de los medios de comunicación contra los gobiernos progresistas.

Dicha advertencia se ha evidenciado con mayor vigor este 2015 con:

- Planes de golpe de Estado en Venezuela contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro.

- Declaración del Gobierno de Estados Unidos, en donde considera a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria a su seguridad nacional”.

- Protestas violentas en Ecuador por la iniciativa de Ley de Herencia y Plusvalía, que incluyeron ataques a la sede del partido de Gobierno en Quito.

- Ataque de los medios argentinos a la presidenta Cristina Fernández por la muerte del fiscal Nisman, de quien la página de filtraciones Wikileaks asegura que mantenía vínculos con la embajada estadounidense con el fin de desprestigiar a la jefa de Estado.

- Movilizaciones en Brasil que han exigido la renuncia de la mandataria Dilma Rousseff y la instauración de un gobierno militar.

- Violencia de pandillas contra la población civil en El Salvador, como parte de una estrategia golpista como ha denunciado el Ejecutivo. 

“Estas ideas por el momento tienen el apoyo popular. Por eso, también, no es casualidad que ataques de nuevo tipo se estén produciendo en varios países. Como si la oposición o las fuerzas conservadoras internacionales estuviesen ahora convencidas de que, si la democracia funciona correctamente, estas ideas se van a mantener por largo tiempo”, afirmó en julio el periodista e intelectual español Ignanio Ramonet.


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