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El máximo representante de la Iglesia católica australiana, George Pell, reconoció que muchas denuncias fueron silenciadas en circunstancias sospechosas

El máximo representante de la Iglesia católica australiana, George Pell, reconoció que muchas denuncias fueron silenciadas en circunstancias sospechosas | Foto: EFE

Publicado 29 febrero 2016

Algunas de las víctimas de abusos se han suicidados y otras presentan problemas debido al trauma ocasionado.

El cardenal australiano George Pell, prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano y más alto representante de la Iglesia Católica australiana, admitió enormes errores de la institución al abordar las denuncias de abusos sexuales a menores de edad.

Algunos de los niños que sufrieron abusos sexuales en las instituciones católicas en Australia se suicidaron al hacerse adultos y los que permanecen con vida tienen problemas sociales debido a los traumas sufridos; según medios locales.

George Pell, desde Roma, en el día de su comparecencia ante la real comisión sobre las respuestas institucionales al abuso sexual infantil, expresó que la Iglesia en muchos lugares y ciertamente en Australia ha dañado las cosas y ha decepcionado a la gente.

El representante del Vaticano fue citado para declarar en relación a decenas de casos de pederastia ocurridos entre las décadas de 1960 y 1980 en la ciudad de Ballarat (sur); lugar de nacimiento del religioso (1941) y donde trabajó desde 1973 hasta 1983; además de Melbourne, donde ejerció como arzobispo.

"No estoy aquí para defender lo indefendible", puntualizó Pell, al admitir que existía una tendencia a desacreditar denuncias de los menores.

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Pell, quien no ha sido acusado de cometer abusos sexuales a menores, convivió en la década de 1970 en un seminario junto al sacerdote Gerald Ridsdale, quien cometió decenas de abusos mientras trabajaba como capellán en el colegio St Alipius de Ballarat entre 1960 y 1980.

Una de las víctimas de este sacerdote fue su sobrino, David Ridsdale; quien confesó a Pell en 1993 que habñia sido abusado sexual por su tío. Sin embargo, el entonces sacerdote intentó silenciar la denuncia.

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Pell admitió que el traslado de Gerald Ridsdale de parroquia en parroquia fue una catástrofe tanto para las víctimas como para la propia Iglesia.

Admitió que aunque no posee cifras sobre el número de denuncias de presuntos abusos sexuales atribuidos a miembros de la Iglesia Católica en Ballarat; muchas fueron descartadas bajo circunstancias poco claras.

"Debo decir que en aquellos días si un sacerdote negaba este tipo de actividades, yo me inclinaba fuertemente a aceptar su negación", expresó Pell sobre rumores de actividades pederastas del monseñor John Day, acusado en 1971 y 1972 de asalto indecente a niños mientras fue sacerdote en Mildura.

Pell aseguró que no estaba bajo su conocimiento que el exobispo de Ballarat, Ronald Mulkearns, enviaba al extranjero a sacerdotes implicados en abusos sexuales para someterlos a tratamientos psicológicos.

Familiares y víctimas que sufrieron estos ataques por parte de miembros del clero australiano pidieron el domingo en Roma al cardenal George Pell, al papa Francisco y a la Iglesia Católica emprender acciones reales para evitar que se repitan casos similares.

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En contexto
El Papa Francisco ha reiterado que los crímenes por abuso sexual a menores no pueden ser mantenidos en secreto por más tiempo. “Me comprometo a la celosa vigilancia de la Iglesia para proteger a los menores, y prometo que todos los responsables rendirán cuentas”, afirmó ante los fuertes señalamientos contra la santa sede y algunos de sus miembros vinculados con casos de pedofilia.

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