Del bardo que te canta como homenaje fiel

En clave morse llegó la noticia a Santiago de Cuba. Un mensaje de la telegrafía nacional fechado el 9 de enero de 1950, llevó la infausta nueva a los bohemios. Ha fallecido en La Habana el trovador Manuel Corona.

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Manuel Corona


5 de agosto de 2026 Hora: 13:48

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No fue poética la muerte del inspirado bardo. La noche anterior había sido particularmente fría en La Habana, por lo que el tránsito de su mala vida al ‘algor mortis’, casi se hizo naturalmente. Pocos que lo vieron aquella fatídica mañana, dijeron que estaba envuelto en su ropa raída y escasa, en la trastienda del Jaruquito, un bar en la Playa de Marianao donde José y Leopoldina, -sus propietarios compasivos- le habían dado cobijo, sin pensar que pasarían por ello a la historia. Allí estaba muriendo una gloria musical de Cuba.

Su nombre era el primero. Manuel Corona, Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Pepe Sánchez y Alberto Villalón. A criterio del respetado Odilio Urfe, gran músico e investigador cubano, fueron los cinco grandes de la canción trovadoresca cubana.

En clave morse llegó la noticia a Santiago de Cuba. Un mensaje de la telegrafía nacional fechado el 9 de enero de 1950, llevó la infausta nueva a los bohemios. Ha fallecido en La Habana el trovador Manuel Corona.

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El millón y pico de habitantes de La Habana, no lo supieron tan rápidamente, hasta que algunos periódicos lo dijeron. Entonces fue voz popular entre los casi seis millones de cubanos, que a lo largo del país, escucharon o cantaron sus canciones. El periodista Ángel Quintero, dijo de él: ‘El hombre flaco, depauperado y casi harapiento, que me miró y parecía sonreír cuando lo vi por primera vez. Muchos años han pasado desde entonces, pero nunca he olvidado el impacto de la pena que me golpeó, cuando me dijeron su nombre y descubrió ante mi paradoja –gloria y miseria- que cohabitaban en aquella criatura enferma’.

Entre los amigos, unos pocos lo despidieron. “Hoy que vivo sin nada y decaído / los amigos de ayer no me saludan, / me han llevado al recinto del olvido/ y virando la espalda me repudian”. Había escrito muy afligido Manuel Corona, en un bolero de una década atrás, algo tan bien asumido como su título: Verdad mundana.

Miriam Ramos

La capital resumía las desigualdades abismales en todo el país y esta era una expresión muy lamentable. Un músico tan eminente, moría en el abandono. Fueron el guitarrista Agustín Ribot, en unión de los conductores de la ruta 32 de la Habana, quienes se ocuparon del cadáver de Manuel Corona.

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Con una colecta entre sus amigos músicos, lograron costear el funeral e hicieron guardia de honor alrededor de su féretro. Primero lo velaron en la Capilla San José deMarianao. Después lo llevaron a la Asociación de Trovadores y su entierro fue realizado en La Lisa, en la tarde del 10 de enero, con una sentida despedida de duelo a cargo del notable músico Gonzalo Roig, quien dijo emocionado: ‘desenfunden sus guitarras, trovadores, ha muerto el mejor de todos’. La recordación siguiente fue colmada de historias, tazas de café, rones y entonaciones de temas clásicos para Manuel Corona, como él hubiera querido.

Aurora. Celina y Pablo

Fue sepultado en la Necrópolis Colón y casi dos décadas después, sus restos fueron exhumados y trasladados a su natal Caibarién. 

Fueel 14 de septiembre de 1968, sus restos se velaron de nuevo en la capital cubana, cuando a instancias de un grupo de coterráneos, se trasladaron a la necrópolis de Caibarién, encabezados por un importante promotor de la cultura local, Armando Rosado (Machina). El  día 15 recibió los honores del pueblo y trovadores de todo el país, en la Academia de Música de Caibarién. Allí se cantaron durante toda la noche, las piezas antológicas de la trova tradicional.

Aquello fue un gran homenaje. Aquella mañana del 16 de septiembre de 1968, fue acompañado por un desfile popular cargado de ofrendas florales. Iba en un pequeño osario, sobre el regazo de una joven escogida por su nombre, Longina, como el de la canción que lo inmortalizó. El pueblo entonó sus canciones mientras lo escoltaban hasta al camposanto, donde descansa Manuel Corona en la bóveda más antigua de la ciudad que lo vio nacer, un 17 de junio de 1880.

Todavía hoy recibe numerosas ofrendas de amantes de la música y admiradores de su obra, cuenta la Voz de la Villa Blanca, radio Caibarién. Se le recuerda también a través de un Festival de la Canción «Manuel Corona», surgido en los años noventa y con carácter bianual. El trovador llegó a ser, efectivamente, como profetizó el ilustre músico Pepe Sánchez -uno de los primeros cultores del bolero, considerado padre de la canción trovadoresca cubana durante una visita de Corona a Santiago: «Serás algo notable, Corona, yo te lo digo»

Santa Cecilia. Silvio y Pablo

Hasta ahora, ha sido un nombre defendido y querido, tanto como sus composiciones que no todas fueron justamente reconocidas. Por ejemplo, su bolero Doble inconciencia, compuesto en 1900, se incluyó en la película mexicana La bien pagada, con el título de Falsaria y sin el crédito de Corona. Aunque en 1978 el violinista Rafael Lay y el guitarrista Carlos Puebla, –ambos celebres compositores cubanos– en visita a México, aclararon públicamente tal inconcebible omisión.

Acerca de esta obra, la investigadora musical Rosa Marquetti, narra que el éxito de esta canción ‘propició la gran consagración de Corona, como un autor relevante del cancionero cubano en todo el ámbito nacional, e incluso en varios países latinomericanos y de la amplia colonia latina de Norteamerica, que ocurre en la década de 1910. Doble inconsistencia se hizo popular’.

Fue grabada, probablemente a principios de los años 1918, a la llegada del Sello discográfico Víctor, por los intérpretes María Teresa Vera y Floro Zorrilla, cuya obra se le adjudica a José Corona.

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Cuentan que Manuel Corona, dedicó esta obra a Leovigilda Ramírez, una obrera despalilladora de sus años en la tabaquería.

Cuán falso fue tu amor
me has engañado
el sentimiento aquel era fingido
y solo siento, mujer,
que  eras tú el ángel
que yo había soñado
solo siento el haberte prodigado
mi amante corazón, triste y herido
y  lo has herido tú y hasta has vendido
por vil metal tu corazón ajado.
Conque te vendes es noticia grata;
no creas que te odio y te desprecio
y aunque tengo poco oro y poca plata
y en materias de compras soy un necio,
espero que te pongas más barata;
sé que algún día bajarás de precio.

Acerca de esta obra, la ensayista Margarita Mateo, me explicó: “Veo en esta canción de Corona un sedimento de despecho, de amor herido que se traduce en esa forma agresiva e irónica de acercarse a la mujer, que contrasta con otras piezas de su cancionero como Longina o Santa Cecilia, donde, por el contrario, hay una idealización de lo femenino. Pero creo que eso no es más que parte de la diversidad de sentimientos que despierta el amor, en sus muchísimas manifestaciones, y no creo que sea contradictorio con otra visión de la mujer que hay en sus textos”.

Falsaria. María Teresa Vera

El musicólogo Odilio Urfé, pudo entrevistar en varias ocasiones al destacado trovador cubano Manuel Corona, por lo que afirmó que José y Manuel eran la misma persona.’ Las compañías se disputaban la exclusividad de Manuel Corona, lo cual le trajo más de un problema judicial con las mismas. Corona para quedar bien con una u otra, se identificaba como Manuel o J. Corona, logrando así escapar de los leguleyos que disponías esas compañías para la protección de sus intereses.

Entre ambos nombres, del mismo autor, fue el compositor que más canciones grabó en las primeras décadas del siglo XX.‘Y parece cierto, porque en las grabaciones con la Columbia aparece como Manuel, y en las de ‘la Víctor, como José’ – afirmó Cristóbal Díaz Ayala, una de las figuras más legendarias de la cultura cubana, fallecido recientemente en Puerto Rico, a los 96 años.

De acuerdo con la investigación del blog ‘Desmemoriados’, el Trío Matamoros grabó 20 canciones en Estados Unidos, durante los tres días de su visita, mientras gozaban en la cima del éxito en 1929. El sello Víctor registró el 29 de julio de ese año, la grabación de Farsaria, de la autoría de Miguel Matamoros. Así, con falta de ortografía. En Cuba lo anunció El Diario de la Marina, el 10 de diciembre de ese año, con el título Falsaria, lo que evidencia que el disco fue distribuido en la mayor de las Antillas. Aunque le fue robada la letra, no tuvo mucho éxito por Matamoros.

Dice la acuciosa investigadora, que en 1946 se publicaron varios discos del clásico de Manuel Corona: en Cuba, entre las primeras producciones del disco del sello Panart, Doble inconsistencia es un disco de 78 rpm por Felo Bergaza y un pequeño conjunto, donde canta Miguel de Gonzalo y Alejandro Rodríguez, donde aparece Corona como el autor original.

Parece ser la primera grabación en México la hace el cantante mexicano Salvador García, acompañado por la orquesta del mexicano Rafael de la Paz, para el sello Peerless y la canción de Corona, aparece con el título de Falsaria. No dice el autor, sino ‘arreglo de Hermanos Martínez Gil’, refiere en su blog Desmemoriados.

Lorenzo Hierrezuelo. Mercedes

La prensa local se hizo eco de la noticia de su muerte, y de eso se encargó el periodista Ángel Quintero, de la Revista Bohemia. ‘Ahora sólo queda el recuerdo de Corona’, una cálida despedida publicada el 15 enero de 1950: (…) ‘una vida intensa y bohemia, un alma noble y creadora, un artista inspiradisimo y romántico, cuya música, conjuntamente con la de Sindo Garay, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz, constituye el aporte más valioso del cancionero popular cubano’.

El diario Noticias de Hoy, publicó la nota el 10 de enero de 1950: ‘En las primeras horas de la noche de ayer, en una buhardilla de la Playa de Marianao, dejó de existir el gran compositor cubano Manuel Corona. Murió en la miseria, abandonado por muchos de los que fueron sus amigos en sus días de triunfos; fue una víctima propicia de una tuberculosis’. Incluye en su compilación, Rosa Marquetti. El artículo sin firma, dice más adelante: ‘Corona era una gloria de la canción cubana; su original estilo tenía tanto de música como de poesía. Ningún familiar estaba presente a la hora del deceso; solamente tres amigos suyos, de los más humildes: trabajadores de ómnibus de la Ruta 32, fueron Zaido Lajara, Orlando Hernandez y Julio González, quienes trasladaron su cadáver a la funeraria San Jose, de Marianao. El sepelio será hoy a las 5 de la tarde’.

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Es probable que la alcaldía asumiera el funeral y enterramiento. No les quedó de otra, porque nunca socorrieron en su grave enfermedad a esta gloria musical. Apenas disfrutó un mes de una pensión vitalicia de la Federación Nacional de Autores, por 25 pesos cubanos.

Juan José Remos, dedicó cuatro días después, en el Diario de la Marina un artículo a Corona, titulado: ‘La muerte del trovador’. También lo hizo el día anterior, el periodista Gastón Baquero, en ese diario con su columna habitual: ‘Corona, donde expresó: ‘…esos trovadores sintieron lo hondo, lo verdadero, lo íntimo de Cuba. Y ahora se van: el último en unirse a los que moran en la región del canto interminable, ha sido Manuel Corona, criollo superlativo, bohemio de los de alma desgarrada’.

‘Murió Corona en lo suyo, que era la vida de ensueño, sin seguridad, inventada cada mañana por el nuevo espejismo’. Continuó el periodista: ‘Comido por la fiebre, rodeado de sus fantasmas sempiternos, el autor de ‘Santa Cecilia’, murió como había vivido, fiel a ese auténtico espíritu de libertad que solo anima a los artistas. Esa fidelidad a la nada, a lo inseguro, a la ilusión de que va a aparecer una melodía y de que nada, nada vale en el mundo tanto como un pedazo de música, cúmplela tan solo seres de excepción: ellos saben que la miseria, la falta de hogar, la incomprensión, la burla a veces, la enfermedad, es lo que recibirán a cambio de su vivir fascinados por la vocación artística. Rotos, desechos, sonando siempre, asidos a veces al alcohol como a un analgésico para el dolor invencible del alma, ellos van empujando la materia, llevando en peso al cuerpo y ardiendo, ardiendo sin cesar. De cuando en cuando el fuego se convierte en llama, la llama en la luz, y nace una canción, un verso, una extraña criatura que fue amasada con los sufrimientos, con los renunciamientos, con la fidelidad al dolor y al ensueño’.

‘Para ellos la luna tiene todavía un rostro especial, una mirada humana, de mujer enigmática y susurrante, que envía sus fríos a los trovadores. Así van ellos, con sus ropas estrechas, con sus carnes enjutas, felices e infelices a un tiempo, devorados por el dolor y trasnochados por la dicha, arrastrando su guitarra: invisible, en torno suyo, el tiempo, devorados de un pierrot macilento hace visajes; tras la máscara, no se sabe si hay risa o llanto. Es el enigma del artista, es lo impenetrable de quienes tienen una vida interior que solo se comunica, de tarde en tarde, mediante residuo insuficiente, balbuceo y aborto, que es la obra de arte. De los fieles, de los bohemios, de los pierrots embriagados por la Luna, fue Corona, que desde la noche del martes – noche que fue de Luna recortada como una copa amarilla, bordeando el cementerio- pegó sus huesos a la realidad quimérica de la tierra. Con su guitarra, Coronase habrá ido a decir sus últimas canciones, libre ya, perfectamente humano, envidiablemente libre’. Concluye en su hermosísima despedida, Gastón Baquero.

“Rosa Negra” YAIMA SÁEZ

Bohemio impenitente, noctámbulo y rebelde. Tuvo una vida difícil, marcada de sucesos dolorosos, como la muerte de sus dos hijas, frutos de su amor con Mercedes Martorell. María Luisa falleció a los 5 años de edad, víctima de acidosis metabólica y le compuso su canción ‘Voló María Luisa’. ‘Adiós Fela’, lo compuso para la hermosa Rafaela, tras el suicidio a los 17 años. Se dice que el hombre y padre, comenzó a declinar en una profunda tristeza.

Fue Eulogia Real quizá el gran amor de su vida. Le dedicó sus obras: ‘Mi amor’, ‘Te quiero tanto’, ‘A Yoya’, y otras quizás no registradas. Lamentablemente al final de su vida, quien tanto le cantó a las féminas cubanas, no tuvo la compañía de ninguna mujer.

Kiki Corona: Adriana

Manuel Corona no lucró con sus composiciones, que compuso por más de 30 años. Así que su vida bohemia, literalmente hablando, fue lineal. Siguió tocando y cantando, para quien pudiera pagarle en bares y fiestas particulares. Aunque sus canciones habían generado miles y miles de pesos, Manuel Corona nunca se benefició de las regalías, porque no registraba su obra, que pronto pasaba de guitarra en guitarra a ser de dominio público.

Vivió como muchos notables y callejeros enSan Isidro, un barrio de La Habana Vieja considerado hoy por sus valores históricos y patrimoniales. Limitado al norte por la calle Acosta, que lo separa del también emblemático barrio de Belén, al oeste por la calle Egido o Avenida de Bélgica, límite con las barriadas de Marte y Arsenal y de Jesús María y al sur y este, por las aguas de la bahía de La Habana incluyendo varios muelles. O sea, entonces y ahora, en el corazón del rollo.

En aquella barriada caliente de San Isidro, que fue zona de tolerancia en las primeras décadas del siglo XX republicano, sus calles y solares hicieron la leyenda del proxeneta llamado Yarini, mitad cierta y mitad invento, fue calificado como el “gallo” de San Isidro, el rey de los chulos cubanos. En aquel barrio en que abundaron prostitutas criollas, francesas, droga y vándalos, tuvo nuestro protagonista –Corona- una pelea callejera, con la consecuencia de una herida en una mano, que derivó en una lesión permanente. Al transcurrir el tiempo, prácticamente le impidió tocar la guitarra.

Cuando enfermó de tuberculosis, muy pocos amigos sinceros acudían en su ayuda, con excepción de su gran amigo Félix Cobo, quien organizó un cancionero con la obra de Corona. Cuentan también que el periodista Ángel Quintero, de la Revista Bohemia, le pagó algunas  medicinas.

Para 1941, cuando ingresó en el Sanatorio antituberculoso La Esperanza,ubicado en la finca Asunción, de Arroyo Naranjo, decidió llevar un diario donde anotaba tanto ideas, como su estado de salud, visitas recibidas e incluso las escasas entradas de dinero que recibía. La guitarra y la desolación fueron sus compañeros inseparables.

En carta de 1948 al periodista Guido García Inclán, escribió: «Le hago estas líneas para expresarle mi último dolor, desengaño y sentimiento (…) He visto con gusto y con tristeza en el periódico “El Crisol” de hoy 22 de mayo, que se (…) rinde un homenaje (…) y se han olvidado del autor de “Mercedes”, “Aurora”, “Doble Inconciencia”, “Longina” y “Santa Cecilia”…».

De los grandes de la trova tradicional, fue el que más composiciones grabó en discos fonográficos, aunque en vida no disfrutó de la fama que alcanzaron después sus canciones. Servando Díaz, director del trío que llevaba ese nombre y presidente de la Asociación de Trovadores Cubanos, dijo que Manuel Corona y Sindo Garay eran para Cuba y en particular, para la Asociación, dos banderas inmortales.

El hijo de Teodora y de Juan, un mambí de la zona de Cienfuegos, comenzó como adolescente como aprendiz en la fábrica de tabaco La Eminencia. Allí comenzó la cruzada cultural del jovencito Manuel Corona, porque en las tabaquerías se leía cada día y los artesanos pagaron por saber. O sea, un lector les narraba obras de inestimable valor, como Las luchas del siglo, la primera obra española leída en tabaquerías cubanas, como un retrato intenso de pasiones humanas frente a la presión social y política de la época.

En particular, al inquieto joven, le desarrolló su vocabulario, en la construcción de sus composiciones y lo mantuvo actualizado del quehacer político social. Para su suerte, también en La Eminencia, Manuelito conoció los primeros acordes de guitarra, con la que se había comprado con los mínimos ahorros de aquel trabajo, para que el sus ratos libres, el supervisor conocido como ‘el negro Díaz’, le enseñara a él y a –también posteriormente célebre- María Teresa Vera.

Solo tenía 15 años cuando llegó a La Habana en 1895, cuando pudo dejar atrás su oficio de tabaquero, comenzó a cantar noches y madrugadas en el café Vista Alegre. Las cantinas, sociedades y fiestas de una ciudad que lo absorbió en su vorágine cosmopolita, fueron su lugar común desde entonces.

En 1900 la musa creadora de Corona, a pesar de contratiempos y vicisitudes, llegó con el bolero mencionado y vilipendiado ‘Doble inconsciencia’ y dos años después fue hasta la cuna de trovadores, Santiago de Cuba, donde se codeó con celebridades a golpe de bohemias. Estuvo junto a Sindo Garay (autor de “La tarde”, “Perla marina”, “Mujer bayamesa”…), Alberto Villalón (“Boda negra”, “La palma herida”, “Me da miedo quererte”…) y Rosendo Ruiz (“Falso juramento”, “Confesión”, “Presagio triste”…).

Entre todos, quizá sea Corona quien más perdura en el tiempo, a través de algunas de sus canciones, que conservan el encanto de las viejas postales, como las tituladas “Mercedes”, “Aurora”, “Santa Cecilia” y de manera muy especial la popular “Longina”, de 1918.

(María Teresa Vera and Manuel Corona: El yambú guaguancó – Columbia C3557 (c. 1920)

No fue solamente un bolerista. Lo aclaró Odilio Urfé: “Corona fue el primer trovador de la canción que asimiló el son oriental una vez que el danzón El bombín de Barreto, de José Urfé, lo integró a ese género (como parte final). El hecho mismo de que él conoció el cadencioso estilo músico danzario durante su visita a Santiago de Cuba pudo influir mucho en la enriquecedora asunción e hizo de tan novedoso (…) género.

Consigna también que Corona perteneció a varias agrupaciones soneras en La Habana. Además, para la actriz y cantante del vernáculo Hortensia Valerón, hizo registros fonográficos con un sexteto de son.

Cultivó otros géneros musicales de la identidad cubana: guarachas, guarachas-son, habaneras, criollas, danzones, y hasta compuso algunos blues y tangos. Entre sus números más moviditos figuraron: El servicio obligatorio, La Choricera, Cómo está Lola y Acelera, Ñico, acelera.

Maria Teresa

Importante para él y para la canción cubana devendría su relación con Sindo Garay y los hijos de este: Guarionex, Hatuey y Guarina, insertados todos en el contexto de la creación musical y con una idéntica pasión por la que hoy denominamos vieja trova o trova tradicional.

En aquellos comienzos del siglo XX, el pentagrama nacional estaba cuajado de luminarias de primer orden: Ernesto Lecuona, Jorge Anckermann, Gonzalo Roig, Luis Casas Romero, Eduardo Sánchez de Fuentes, Miguel Matamoros, Moisés Simons, Eliseo Grenet, describió el destacado investigador, Leobardo Depestre Catony. 

La mujer, el amor, la guitarra, el desengaño, fueron los temas recurrentes en la obra del trovador de Caibarién, quien tuvo en María Teresa Vera y Rafael Zequeira a los mejores difusores de su obra.

Se le considera el compositor que más contestaciones musicales hizo a sus contemporáneos: A “Gela hermosa”, de Rosendo Ruiz, respondió Corona con “Gela amada”; a “Timidez”, de Patricio Ballagas, contestó con “Animada”; a “Rayos de oro”, de Sindo Garay, replicó con “Rayos de plata”; a Jaime Prats, autor de “Ausencia”, él contrapuso “Ausencia sin olvido”; a “Ella y yo” (conocida por “El sendero”), de Oscar Hernández, respondió con “Tú y yo”, resume el periodista Luis Hernández Serrano.

Sobre las contestaciones de Manuel Corona, analizadas por especialistas de diferentes maneras, los criterios más recurrentes convergen en que fueron el resultado de la admiración y la rivalidad jovial entre los autores, y una práctica habitual entre los compositores del periodo. 

Fue el más apasionado juglar de la mujer cubana, a partir de Doble inconciencia, Mercedes, Aurora y Longina, pero también por Una mirada, Adriana, Tu alma y la mía, A Rosa, Edelmira, Alejandra, Eva moderna, Cubana hermosa, Isabel, Santa María, Amelia, Rosa negra y otras.

Con la guitarra como su mejor aliada, la mujer, el amor, y el desengaño, como pretextos compositivos. Sobre las contestaciones de Manuel Corona, analizadas por especialistas de diferentes maneras, los criterios más recurrentes convergen en que fueron el resultado de la admiración y la rivalidad jovial entre los autores, y una práctica habitual entre los compositores del periodo. 

Manuel Corona fue un excelso admirador de la mujer y de la música. «Cantó mucho y bien, con una maestría e inspiración genuina y sana. Cuando se habla de él, no se sabe exactamente dónde termina la mujer motivo de inspiración, y empieza la guitarra». Dijo de Corona, el destacado musicólogo e investigador Ángel Vázquez Miyares.

El humilde compositor, juglar de la mujer cubana, dijo a una de ellas, a la que admiró y no correspondió a sus deseos: «Para olvidarte a ti, que no supiste/ comprender las grandezas de mi alma,/ es necesario recobrar la calma/ que el corazón prendió cuando te fuiste./ Para olvidarte a ti, que aunque me quieres,/ a pesar de tu orgullo y tus agravios,/ me embriagaré de amor y de placeres/ en la pagana copa de otros labios».

A pesar del paso del tiempo sus canciones, avaladas por un extraordinario lirismo, permanecen vivas en la acción renovadora de las sucesivas trovas, la nueva, la novísima, la postrova, o cualquier otra expresión musical existente cuyos patrones se descubren continuadores de una obra de «el inmenso Manuel«, así llamado por el Poeta Nacional, Nicolás Guillén.

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Lino Betancout

Autor: Rosa María Fernández

Fuente: teleSUR