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    Los mandatarios dirimirán las bases de un nuevo acuerdo de cooperación bilateral después de 15 años de aplicación del Plan Colombia.

Este 4 de febrero se realiza la visita oficial del presidente Juan Manuel Santos a la Casa Blanca, en el marco de la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia. 

La reunión y acercamiento de los presidentes de EE.UU. y Colombia hace pensar en una nueva reestructuración del poco exitoso Plan Colombia, que además de ser una imposición de Estados Unidos no constituyó una solución al conflicto sino que “a través del falso discurso de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico pretendió criminalizar a los movimientos sociales colombianos y del continente americano” como afirmó Piedad Córdoba, senadora del país andino.

Con relación a la invitación, el comunicado de la embajada de Estados Unidos en Colombia expresó “La visita no sólo celebrará la fuerte alianza entre los Estados Unidos y Colombia sino también será una oportunidad para respaldar los esfuerzos del presidente Santos de alcanzar un acuerdo de paz justo y duradero con las FARC".

Estados Unidos ha perdido peso en el escenario internacional, por ello ve a Colombia como un “muro de contención” ante los nuevos procesos latinoamericanos como el de Venezuela o Ecuador. El Plan Colombia le ha permitido a la nación del norte el ejercicio del intervencionismo político, económico y militar, buscando doblegar la insurgencia guerrillera y permitir la permanencia de sus aliados para favorecer a transnacionales del petróleo y del carbón y facilitar la privatización de las principales empresas estatales especialmente en los sectores de salud, educación y comunicaciones, y esencialmente, dominar sin dificultad algunas de las inmensas riquezas de la Amazonía.

Colombia por su parte, intentará acercarse y reequilibrar sus relaciones con el gobierno estadounidense, que se ha visto un poco distanciada por la negociaciones con las FARC-EP. Un nuevo Plan Colombia le permitiría al gobierno colombiano seguir recibiendo dinero estadounidense y controlar la protesta social y los movimientos sociales.

Ambos países utilizan este acuerdo para mantener a la derecha activa en la región, que se ha visto debilitada ante la proliferación y éxito de los gobiernos de izquierda.

Colombia, EE.UU. y los gobiernos progresistas

Muchos analistas se han atrevido a decir que la era del progresismo ha llegado a su fin. Valiéndose de algunos cambios en el panorama político de América Latina, como la elección de Mauricio Macri en Argentina, la derecha ha intentado deslegitimar los años de lucha y progreso alcanzado por las mayorías sociales y populares.

Indudablemente, aunque la crisis económica global este golpeando con más fuerza a los gobiernos de tendencia de izquierda, no es señal de que sea el fin.

El intelectual cubano Fernando Martínez Heredia alertó que se está tratando de imponer una visión de que en América Latina se está cerrando el ciclo progresista con el objetivo de desmovilizar e instalar un pensamiento derrotista.

Entre tanto, el politólogo Atilio Borón comentó al respecto que la idea de un fin de ciclo en América Latina es mal intencionada pues la lucha de clases nunca se termina.

En este escenario se plantea la necesidad de fortalecer los mecanismos como el ALBA y la CELAC, para profundizar la integración frente a los modelos de “desintegración” Latinoamericana como el fracasado ALCA, que apostaba únicamente al modelo hegemónico de economía neoliberal.

La derecha por su parte, ha logrado ganar espacios con la reciente elección de Mauricio Macri en Argentina. Según afirmó el analista, periodista y columnista internacional Alberto López Girondo, en exclusiva para teleSUR, la derecha continental está con Macri para el regreso del neoliberalismo en la región. “Estos apoyan a Macri, entre otras cosas, porque consideran que una victoria de la derecha podría desencadenar un efecto dominó en la región”.

Si esta ideología retorna nuevamente al poder en toda la región se volvería al viejo esquema neoliberal basado en la de apertura de capitales y el llamado “libre comercio”, de reinserción internacional  e incluso subordinación al FMI y a la política norteamericana en la región. Medidas que ya fracasaron en el pasado (Basta con ver el balance del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) en México) y que profundizaron aún más las brechas sociales y la agudización de la crisis social.

La elección de Macri y el nuevo acercamiento de Santos y Obama hacen pensar en una futura alianza entre los gobiernos de derecha como el de Argentina, Colombia, Paraguay, Chile, Perú y Estados Unidos para enfrentar a los modelos progresistas que han logrado la disminución de la desigualdad y la pobreza.

No es casual que se esté manifestando una “Nueva Guerra Fría” como lo denominó el presidente de Ecuador, Rafael Correa, que amenaza a los gobiernos de izquierda de la región. “Por eso utilizan otra estrategia: calentamiento de las calles, deslegitimación del presidente, desinstitucionalización, generación de incidentes, de violencia... guerra psicológica y guerra económica para debilitar a los gobiernos, para desestabilizar a los gobiernos"

Ecuador el año pasado vivió intensas protestas violentas de la derecha buscado ejecutar un golpe de Estado bajo la excusa de estar en contra de la ley de Herencias, que busca la distribución equitativa de la riqueza. Mientras que Venezuela actualmente está sufriendo una guerra económica producto de agentes externos que intentan desestabilizar la economía y debilitar las instituciones. Estas acciones convierten verdaderamente importante el referéndum a realizarse este 21 de febrero en Bolivia,que permitiría la reelección de Evo Morales para así frenar la “Ola de la Derecha.”

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