Sácala tú a bailar
«La mejor pista para conocer la historia de un pueblo es la pista de baile»
Aníbal Nazoa
Baile en la calle
21 de octubre de 2026 Hora: 16:11
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En el Caribe no se pierde el tiempo cuando llega la hora del canto, del baile, de la comunicación gestual y la alegría. Con la diversidad que somos encanta el pasito tun tun, sin dejar atrás una danza de esas que impiden levantar el pie. Lo normal en los del Caribe es bailar como expresión liberadora no sólo de la energía del cuerpo asociada al ritmo, sino como expresión social de una formación en la que el movimiento tiene su historia.
El baile para los del Caribe es parte de la cotidianidad.
Además de mover los pies aunque se esté sentado se golpetea la puerta del carro, la mesa y hasta el libro con el ritmo que el cuerpo evidencia ante la presencia de la música. Y eso tiene su por qué y su con qué.
Un poquito para atrás, por favor
Siempre hemos tenido información acerca de que el baile desde sus inicios fue un hecho colectivo, con grupos danzando en torno de algo o siguiendo a algo (o a alguien). No tenemos precisión acerca de en qué momento el baile dejó de ser una manifestación entre varios para pasar a ser de pareja enlazada, aunque todo apunta hacia el Renacimiento, según los profundos seguimientos de algunos investigadores, sobre todo latinoamericanos.
En predios del Caribe también sabemos que los africanos esclavizados que llegaron no tenían figuras de baile de parejas enlazadas y que mas bien pudo generarse esta modalidad en la zona caribeña gracias a los bailes de cuadrillas de los europeos esclavistas. Lo cierto es que en algún momento surgió la combinación perfecta: parejas enlazadas pero con toda la cadencia y sensualidad sabrosa de los africanos que aportaron el meneíto, la rumba de las caderas, el contacto del ombligo, el “vacunao”, el sudor…
Para finales del siglo XIX y comienzos del XX la América Latina, con el desarrollo de sus culturas populares urbanas dio nacimiento a diversos bailes de parejas enlazadas, asimilando los antecedentes, pero confiriendo perfil propio a lo que luego sería la suma y junta de los cuerpos por la música.

Surgen, entre otros, el tango en el Río de la Plata, el son montuno y el bolero en Santiago de Cuba, el danzón en Matanzas, el samba en Río de Janeiro… y un poco mas acá en el tiempo, la
salsa.
Saber y placer del cuerpo
En su extraordinaria obra “El baile: un lenguaje del cuerpo” (Colección de autores vallecaucanos, Cali, Colombia, 2005) el profesor, antropólogo, lingüista e impenitente salsero que es Alejandro Ulloa explica lo siguiente:
“Considerada en el contexto de folclor urbano, la música popular de América Latina fue desde sus comienzos una música hecha para bailar por las comunidades que las produjeron. Desde entonces los géneros y sus bailes han conformado una pareja indisoluble que se prolonga con la aparición de nuevos ritmos urbanos como la salsa o el reggae, que surgieron también con su propia forma de bailar… Si en la audición de la radio y el disco se educó el oído, en el baile se educó el cuerpo”.
Un cuerpo relajado para el goce, un cuerpo que se exhibe en vez de doblegarse, un cuerpo que tiene en el corazón el origen del ritmo vital y vuelve a él hecho melodía. Un cuerpo adiestrado en el movimiento de los pies, de la cintura, de los brazos que la aprietan, marcando el paso, siguiendo el compás…” “Además de ser una fuente de placer y un excelente ejercicio, el baile de la música popular y en particular de la salsa, es una práctica social de carácter lúdico que se realiza a partir de unos códigos configurados culturalmente”.

Y justo en esos códigos a los que se refiere el investigador Alejandro Ulloa pretende descansar una cierta malformación del sentido del baile en estos tiempos. Por ejemplo, hemos descubierto que hay algunas comunidades en las que bailar dejó de ser un sinónimo de placer y libertad para pasar a ser sinónimo de poder, de status en la medida en que la alienación trabaja muy finamente con los tejidos del exhibicionismo.
La propia esclavitud, pues, donde no hay goce sino esfuerzo, donde no hay alegría sino competencia…
Frente a ese fenómeno alienante las juventudes han tomado partido. Por ejemplo en Colombia las escuelas de baile surgidas en los barrios o comunas buscan la salud corporal y mental de los muchachos, pero además buscan reforzar el proceso de identidad frente a la penetración cultural. Los instructores de ellas son verdaderos profesionales trabajando por sus comunidades.
En Cuba han surgido verdaderos movimientos de rescate del baile de Casino lleno de figuras estudiadas y complejas, que propicia el enlace de los cuerpos y la vigencia de la pareja frente a las nuevas tendencias del no baile.
Baile, bailarín y bailador
Alejandro Ulloa marca las diferencias en su obra El baile, un lenguaje del cuerpo. Señala Ulloa: “Si ya definimos el baile como un acontecimiento donde se proyectan las relaciones sociales y se establecen intensas formas de comunicación no verbal, ahora proponemos una distinción entre bailarines y bailadores. Designamos como bailadores a quienes gustan del baile como una práctica lúdica ligada al ocio y el buen uso del tiempo libre, realizada por el placer que provoca o por el deseo o las intenciones que lo motivan. Llamamos bailarines a una clase de bailadores que asumen el baile no sólo por el placer que provoca sino como una práctica profesional, sometida a ejercicios de enseñanza-aprendizaje formalizados, a ensayos y talleres… con el fin de presentarse en espectáculos públicos o privados bien como solista o como integrante de una escuela, grupo o compañía artística ejerciendo una profesión de la cual se puede obtener alguna rentabilidad económica y simbólica”.
Para Ulloa, un bailarín comienza siendo un bailador, pero será bailarín en tanto logre una competencia.
En fin, el baile sigue siendo como el son, lo más sublime para el alma divertir, pero hasta con él hay que tener cuidado para que no nos lo desvirtúen, y para que no nos alejen de las pistas, estén en el barrio, en la plaza, en el Poliedro o en el hogar. A diferencia de los bailes que prescinden de la pareja, es cosa bonita preservar lo sabroso del compartir bailando seamos bailadores o bailarines. Es parte de nuestra identidad, y ya quisieran muchos tenerla.
… Que ella no baila sola
Autor: Lil Rodríguez
Fuente: TeleSUR




