«III Marcha- Columna de los 8000». Cerca de la libertad y de la muerte
Corría septiembre de 1936. Ante el avance de las tropas franquistas en el sur de la provincia de Badajoz, muchas personas simplemente huían por miedo, otras por su compromiso político y social. Ninguno imaginaba el terrible final que les esperaba.
Columna de los 8 mil. Guerra Civil Española
21 de octubre de 2026 Hora: 09:46
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Mientras la columna de la muerte avanzaba para ocupar todos los pueblos sembrando el terror, miles de personas intentaban escapar, huyendo hacia zona republicana. ‘La columna de los 8000’, fue el primer gran éxodo de personas que provocó el golpe de estado contra el gobierno legítimo de la Segunda República y la posterior Guerra Civil española.
90º Aniversario
Noventa años después de este hecho histórico que borró de un plumazo a miles de vidas, aún continúan aflorando mensajes reaccionarios y negacionistas, cuando el pueblo español necesita por los tiempos que corren –quizá más que nunca– educar a las nuevas generaciones en la lucha por las garantías de no repetición.
Badajoz, por ejemplo, es la segunda región del país con el mayor número de personas asesinadas por el franquismo. Cuentan que fueron alrededor de 14.000 víctimas extremeñas y 12.000 las pacenses. Aproximado, aunque duela decirlo, porque todavía permanecen en cunetas y fosas comunes, más de 13.700 extremeños desaparecidos.
Registros oficiales en el mapa estatal, reflejan unas 6.000 fosas comunes, con un estimado de entre 115.000 y 140.000 desaparecidos.Entre asesinados y ejecutados principalmente entre 1936 y 1945, abarcando la guerra y los primeros años de posguerra, estudios históricos sitúan a los fallecidos por la represión de los sublevados y el régimen franquista entre 130.000 y 150.000 personas.
Cientos de miles de presos políticos fueron sometidos a batallones de trabajadores y campos de concentración. Se estiman unos 30.000 los casos de recién nacidos robados a sus padres y alrededor de 500.000 personas se vieron obligados a huir de España.

Mientras algunos españoles insisten en la necesidad de educar a las nuevas generaciones, basado en hechos históricos objetivos, después de la Transición se estableció un pacto de silencio. ´De eso no se habla´, se alertaba en algunos hogares españoles.
Tras la dictadura franquista, entre 1975 y 1982, España se convirtió en una monarquía parlamentaria y un Estado democrático. La estrategia política basada en el consenso y la reconciliación pragmática, intentó evitar los fantasmas de la Guerra Civil, que mal enterrados, continúan más vivos que nunca en los tiempos que corren.
Con el apoyo de los gobiernos fascistas de Europa, hasta su muerte Francisco Franco (1º. Octubre 1936- 20 noviembre 1975) instauró una larga dictadura. Terminada la guerra civil y aliado a sus inspiradores Hitler y Mussolini, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) envió tropas ´voluntarias´ a combatir junto a los alemanes contra la Unión Soviética. Tras la derrota de las fuerzas aliadas del Eje, el régimen franquista consiguió mantenerse -a pesar de cierto aislamiento diplomático- fundamentado en un radical anticomunismo en medio de la Guerra Fría.
Bien le vinieron los acuerdos militares con Estados Unidos (1953) y el espaldarazo de la Santa Sede. Entonces, en diciembre de 1955, España ingresa como miembro de pleno derecho en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
‘La columna de los 8000’
La historia contemporánea de Extremadura, clama porque hechos tan dramáticos como ‘La columna de los 8000’, sean conocidos por los españoles de hoy.
Tras el golpe de estado fascista del 17-18 de julio de 1936, los últimos enclaves del suroeste extremeño estaban a punto de ser tomados por las tropas golpistas. Dos meses después de resistencia, la población y las fuerzas de la república no pudieron hacer frente ante el avance de las tropas fascistas por la provincia de Badajoz.
Aquellos pobladores que huían –el 17 y 18 de septiembre de 1936– ya estaban ya cerca del territorio libre, cuando fueron atacados. Próximos a los municipios de Reina y Fuente del Arco -al sur de la provincia de Badajoz -fue asesinados el primer centenar de personas. La mayoría eran niños, ancianos, mujeres y hombres que no tenían con que defenderse de ningún ataque.
Desde Valencia del Ventoso caminaron un centenar de kilómetros, mientras cargaban pocos enseres en carretas, donde también llevaban algunos animales. Intentaban ponerse a salvo en el enclave republicano de Azuaga, aun no ocupado por el ejército fascista. Tras este ataque, algunos huyeron de retorno a sus pueblos. Unas 1.200 personas resultaron prisioneros y una buena parte fusilados en los días posteriores a su captura.

Algunos españoles insisten en que estos hechos forman parte, junto con la matanza de Badajoz, de uno de los sucesos represivos más importantes de la Guerra Civil y aun resultan ignorados para la mayoría de la población extremeña, sobre todo para los más jóvenes. Una historia silenciada por instituciones en el poder y por las propias familias, que tendieron un manto de impunidad con el falso concepto de la reconciliación, a través del olvido y la injusticia.
Durante esta ‘III Marcha Columna de los 8000’, fue recordado que el actual gobierno de la Junta de Extremadura, pretende negar el genocidio cometido por el franquismo, aplicando una política agresiva contra las mayorías sociales, con su amenaza inicial de derogar la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Extremadura.
Desde Sevilla en dirección a Madrid, dirigidos por el comandante Antonio Castejón y el teniente coronel Carlos Asensio Cabanillas, iban sembrado el terror con asesinatos, violaciones, saqueos sobre las poblaciones tomadas en su avance.
A mediados de septiembre de 1936, toda la parte oeste de la provincia de Badajoz estaba en manos de los sublevados, solamente quedaban en poder de la República, las comarcas de Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra.
Fuente del Arco
Miguel Santana Sánchez, recuerda: ´la columna de mineros estuvieron un día o dos en Segura y luego se marcharon´. Sobre el 15 de septiembre pasaron por una zona próxima a Fuente del Arco.
Otro testimoniante, Justo Vila, precisó que unas 2500 personas, al cruzar las vías del ferrocarril Sevilla-Mérida, se encontraron con una patrulla de regulares que les dispararon causando algunas bajas. Finalmente algunos milicianos, armados básicamente con escopetas, hicieron huir a la patrulla causándoles una baja.
Algunos de los que huían pasaron a Portugal y fueron devueltos a España por António de Oliveira Salazar, quien lideró el ´Estado Novo´, nombre de la dictadura que gobernó Portugal sin interrupción durante 41 años, entre 1933 y 1974.
Lo intentó el miliciano y vecino de Valencia del Ventoso, Francisco García Girol, pero los vecinos de los pueblos fronterizos portugueses les avisaron del peligro que correrían en Portugal: ‘ahí no se metan ustedes, y nos volvimos atrás´.
Igualmente la memoria guarda el valiente gesto del teniente Antonio Augusto Seixas, militar portugués, quien desobedeció órdenes superiores y albergó a 1435 personas en un improvisado campo de refugiados en Barrancos. Salvados de la represión franquista, los embarcó en el buque Nyassa rumbo a Tarragona.
Este buque estuvo a punto de ser atacado por instrucciones del Cuartel General de Franco, el 11 de octubre: ´Sobre Jefes, Oficiales y Suboficiales huidos de Badajoz al ser ocupada y que se encontraban detenidos en el Fuerte de Caixas (Portugal), que se trata de reintegrar a España, debiendo impedirse que pasen a zona enemiga´.
Se estima queno se llegó a atacar al buque, porque iban a bordo 58 miembros de la Policía de Seguridad Pública, más cuatro agentes de la Policía Internacional y de Defensa del Estado, conocida como policía secreta del Estado Novo (PIDE). Además de estar escoltado por el buque contratorpedero Douro, de la Marina de Guerra de Portugal.

Hacia la libertad
Las gentes se iban concentrando en diferentes lugares: Fregenal de la Sierra, Burguillos del Cerro, Jerez de los Caballeros y Valencia del Ventoso; aquí se organizaron las columnas que partirían hacia zona republicana.
Tras la caída de Burguillos del Cerro, el 14 de septiembre, la gente se marchó mayoritariamente a Fregenal de la Sierra.
De Valencia, todo perdido, organizamos la salida a zona republicana, guiados por el compañero Peñas, minero de Ríotinto, que conocía bien el terreno, y por mí que por haber realizado inspecciones de trabajo durante más de dos años conocía la región. NarróFrancisco Gómez Rodríguez, secretario del Ayuntamiento de Almendralejo: A las 10 de la noche requisionando cuantas mulas y caballos había, para mujeres, responsables y viejos, salimos de Valencia en dirección Llerena, modificando luego el itinerario hacia Azuaga y Fuente del Arco.
Francisco Gato, un vecino de Segura de León, todavía recuerda aquellos días: Fregenal estaba que no le cabían tantas personas. Los que han estudiado el tema con más profundidad, como el historiador José María Lama y el escritor Francisco Espinosa, hablan de 8.000 personas reunidas en dos grupos, que tendrían que cruzar 100 kilómetros de territorio enemigo.
´Iban niños chiquininos, las mujeres embarazadas´, precisó Dolores Flores Moriche, vecina de Burguillos del Cerro. La columna la componían hombres, mujeres niños, ancianos, en ocasiones familias enteras, a los que les acompañaban unos pocos milicianos mal armados encabezando la columna. La gente iba sin comida, sin agua –uno de los graves problemas que tuvieron que afrontar en el camino, ya que había sido un verano muy seco. Las charcas y los arroyos estaban secos. Algunos llevaban los pocos enseres que habían podido recoger cargados en mulas, caballos o borricos.
´El diputado campesino Sosa, con algunos compañeros enérgicos dirigió la expedición. Dos mil personas formaban la primera columna, con once fusiles y un centenar de escopetas como toda protección armada. Los fusileros marchaban delante haciendo la descubierta. Detrás, en mulos, burros, a pie, la caravana interminable de gente inerme. Las mujeres se relevaban en las cabalgaduras. Dentro de los serones de esparto, colgando a uno y otro lado de las bestias, llevaban a los niños pequeños, como se llevan los melones o los cochinillos al mercado´.
El escritor y docente Francisco Espinosa, dijo que el armamento de que disponían era 14 fusiles de los carabineros de Fregenal; 20 de los guardias civiles y carabineros de Cumbres Mayores, unas mil escopetas y ´bombas caseras´ hechas por los mineros onubenses.
El éxodo
Para que tengamos una idea precisa, el éxodo se inició por el camino viejo de Fregenal de la Sierra, una vía de comunicación de tierra que servía para caballerías y carruajes entre esta localidad y Segura de León. La columna avanzó desde la Cañada Real Leonesa Occidental y a unos tres kilómetros al sur de Fuente de Cantos, abandonando la cañada por el campo a través de la carretera.
Los mandos de los sublevados en Sevilla conocían de la existencia de la columna, porque recibieron información desde la zona, por lo que enviaron un avión de reconocimiento que les sobrevoló. Cansados y asustados, los pobladores que huían cruzaron la Vía de la Plata y se internaron en el camino conocido como la Senda, que atraviesa Montemolín, Puebla del Maestre y Llerena. Para la tarde del 17 se internan en la Cañada Real del Pencón, próximos a la zona controlada por el gobierno de la República.
Aunque las tropas franquistas sabían que eran personas que huían de sus lugares de origen, decidieron atacarlos el 18 de septiembre de 1936, en la Cañada del Pencón, con una compañía del regimiento Granada, apoyada por guardias civiles y falangistas. Los atacantes al mando del comandante Alfonso Gómez Cobián, colocaron ametralladoras en la parte alta del cerro, entre Fuente del Arco y Llerena.
´Cuando vi pasar un escuadrón de caballería, decían que iban a Fuente del Arco; y los que estaban allí de guardia, ya sabían a lo que iban; que iban a por una columna que venía de Fuente de Arcos, que no era una columna, que eran huidos […] que pretendían llegar a Azuaga´. ExplicóAntonio Perozo, vecino de Llerena.
En cuanto la columna estuvo a tiro, iniciaron el ataque para masacrar por igual a milicianos y civiles. Era como tirar al tiro al blanco.
´El monte aquel era como un fuego; allí no se veía na´ más que cuando tiraban con las ametralladoras […] allí murieron mucha gente. Eso no se puede contar. Eso no se puede imaginar nadie lo que pasó allí´. Contó un vecino del lugar, que vio huir en desbandada a muchas personas, algunos hacia la sierra; desesperados, otros corrieron para atrás. Allí se separaron familias que nunca más volverían a reunirse.

Nunca se sabrá la cifra real, porque los franquistas incendiaron los montes para aniquilar a los que huyeron a la sierra; aunque según los datos oficiales hubo ochenta muertos y treinta heridos. De los supervivientes, unos continuaron hacia la zona republicana, mientras otros volvían a sus poblaciones de origen, a donde les estaba esperando su asesinato ante un paredón.
Vecinos de predios cercanos fueron obligados a incinerar y a enterrar los cadáveres. Un pozo minero -San Antonio- situado a poca distancia de donde ocurrió el criminal ataque, fue la tumba anónima de varias personas. Realmente nadie sabe cuántos muertos, ni siquiera en cuantos otros pozos los tiraron. Mientras tanto huían a través de la sierra, acosados por soldados y guardias civiles. Muchas personas fueron hechas prisioneras.
El teniente de la Guardia Civil, Antonio Miranda Vega, lideró uno de los ataques en Zanje, acompañado de algunos falangistas como Julio Burgueño y Victoriano Maesso, dejando 25 muertos enterrados en ese lugar y 50 detenidos, entre ellos 10 mujeres.
Un sobreviviente de la columna, que anduvo escondido por la sierra escondido, dejó testimonio: […] En la columna iban viejos, mujeres y niños y unos 5.000 hombres capaces de luchar, pero sin armas. Nos hicieron muchas bajas, porque tenían emplazadas cuatro ametralladoras en puntos altos de la sierra, mientras íbamos subiendo. Entonces la columna se partió, de forma que ya no pudimos pasar todos, quedando aislados unos 1.500 compañeros muchos de los cuales, por no conocer bien el terreno, cayeron en su poder.
Aquello fue tan horrible que cuesta recordarlo –continua el testimonio – por eso nos dividimos en grupos para no ser vistos y así estuvimos hasta finales de noviembre, en que ya quedábamos sólo siete y nos dirigimos a la zona de La Nava, El Repilado y Cortegana. Alli pasamos parte del invierno. Luego nos mataron a un compañero ya mayor, Nicomedes, de cincuenta y tantos años, y entonces nos fuimos cada uno por su lado. Ya no podía más y me fui al pueblo, al doblado de la casa de mis padres. La narración corresponde a Antonio Muñoz Calvo, vecino de Castaño de Robledo, Huelva.
El teniente general del Ejército español, Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, uno de los principales cabecillas del golpe de Estado (18 de julio de 1936) que dio inicio a la Guerra Civil, decretó una gran victoria el mismo día 18 de septiembre, cuando la realidad es que habían decretado un asesinato masivo de gentes, prácticamente desarmadas.
´En Badajoz se ha efectuado limpieza de focos constituidos por gente huida de Sierra Morena. Tales operaciones han sido efectuadas por la columna del comandante de infantería [Alfonso] Gómez Cobián, que guarnece el sector de Llerena, el cual habiendo tenido noticias de una concentración enemiga, la atacó brillantemente, haciendo 80 muertos, 30 heridos y 2.200 prisioneros, con armas y caballos. Es decir que esos milicianos, como son tan valientes, siendo en número de más de dos mil trescientos, se dejaron derrotar y capturar por fuerzas compuestas por no más de quinientos hombres. Según las últimas noticias se han recogido más de cincuenta caballos y una gran cantidad de armas y municiones, que no pueden detallarse todavía porque se está procediendo a clasificarlas. A los prisioneros se les está arrojando en los corrales de las casas y se procede a darles de comer, pues se hallan extenuados, y en situación lastimosa. Entre ellos hay diversos heridos, como consecuencia de la confusión que se promovió en sus filas. Hay varias mujeres, algunos maestros de escuela y otros hombres de carrera´.
Ametrallar a los que intentaban cruzar la vía, fue la orden. Los sobrevivientes tenían delante la vía del tren, situada a 2 o 3 kilómetros del lugar de la emboscada. Los esperaban en una locomotora con dos vagones llena de soldados franquistas.
Malheridos, algunos lograron llegar a Valverde de Llerena y a Azuaga. A través de Peñarroya, fueron trasladados a Madrid en trenes que pertenecían a la línea de ferrocarril de vía estrecha. Algunos extremeños de los que llegaron formaron parte del Batallón de los Castúos, integrado mayoritariamente por jornaleros y trabajadores del campo, que vivían en Madrid o habían huido del avance de las tropas sublevadas desde Extremadura.
De acuerdo con la versión de Manuel Martín Burgueño, Catedrático de Filosofía, abogado y escritor, en la mañana del día 19 de septiembre, en un lugar entre el Cerro de la Guedija y el Entalle, el capitán Gabriel Tassara destinado en Fuente del Arco, se disfrazó de miliciano y, empleando una bandera republicana y un megáfono, logro engañar a unos 2000 integrantes de la columna.
Junto al cortijo de la Castora, en donde le esperaban un grupo de falangistas camuflados que el capitán Tassara dijo que eran un grupo de escolta, consiguió desarmarlos prometiéndoles mejores armas y desde allí los trasladó a Fuente del Arco. Al llegar a la plaza del pueblo, se descubre el engaño cuando la bandera republicana que ondeaba en el ayuntamiento, es cambiada por la de los sublevados. En la misma plaza del ayuntamiento algunos de ´los huidos´prisioneros, fueron ejecutados.
Otra versión señala que un avión, simulando ser republicano, pidió por los altavoces que los fugitivos se concentraran en el cortijo Los Tejares, allí el capitán Tassara y un puñado de falangistas disfrazados de milicianos y enarbolando la bandera republicana, les dijeron que les acompañarían a Fuente del Arco, donde les proporcionarían comida y armas.
Sea cual fuera la versión definitiva, el engaño fue calificado como «hazaña», lo que le valió al capitán Tassara, que fuera condecorado con la medalla al mérito militar. Así lo reseña un informe de la Guardia Civil, de 8 de noviembre de 1938.
El 18 de septiembre pasó por los límites de este término [Llerena], en dirección a los pueblos de la Transierra, Reina y Fuente del Arco, una columna roja compuesta por unas 8.000 personas de ambos sexos, procedentes de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, y de algunos pueblos de ésta, de tránsito para la zona roja, de cuya columna, debido a la astucia y pericia del señor capitán Tassara, destacado en Fuente del Arco, copó con sus fuerzas y las que fueron de auxilio de esta ciudad [Lerena], unas 2.000 personas, entre estas unas 30 mujeres y niños en las proximidades del Fuente del Arco, trayéndolas a esta localidad donde fueron construidas en prisión.
La plaza de toros y un almacén conocido como La Maltería, en Llerena, sirvió para agrupar e identificar a los prisioneros, mientras se pidieron informes a sus pueblos de origen, de los cuales dependía su vida.
Durante un mes, un camión cargado de prisioneros iba a diario al cementerio, donde eran ametrallados después de cavar su propia tumba. Los vecinos escuchaban sus lamentos, mientras eran conducidos hacia la muerte. El que manejaba la ametralladora, estaba un día ahí en la puerta ´dándoselas´… como una valentía, contó Antonio Perozo, vecino de Llerena.
Como que tengo cuatro hijos, que me sueño muchas veces con eso todavía. Ahí murió mucha gente. Comentó una pobladora del lugar. Se habla de más de 1.000 personas asesinadas en Llerena, que no han sido inscritas en ningún registro.
A Zafra llegaron unos camiones con 30 o 40 personas procedentes de Llerena y prácticamente todas fueron fusiladas ese mismo día, 19 de septiembre.
Del barco prisión Cabo Carboeiro, anclado en Sevilla, se decía que era fácil entrar pero muy difícil salir. Allí llevaron a unos 500 andaluces, hacinados en las bodegas, soportando unas terribles temperaturas, sed y hambre. Los más desafortunados aparecían a diario flotando sobre las aguas.
Una muerte especialmente cruel fue la de Modesto José Lorenzana Macarro, alcalde de Fuente de Cantos (Badajoz). Según el destacado escritor e historiador español, Eduardo Pons Prades, el alcalde de Fuente de Cantos fue un político socialista español que ejerció durante el periodo del Frente Popular en la Segunda República. De profesión hornero, tenía unos 47 años, estaba casado y era padre de varias hijas.
La figura histórica de Modesto José Lorenzana Macarro, es recordada principalmente por la humanidad y sus esfuerzosdedicados a mejorar las condiciones de su pueblo. Asimismo afloran las trágicas circunstancias de su muerte, tras el estallido de la Guerra Civil.
Algunos cuentan que alcalde de Fuente de Cantos, quien iba en la columna de los 8000, al pasar cerca de su pueblo «enloqueció» y se dirigió allí para entregarse a los falangistas. Al día siguiente le ataron por los pies a la cola del caballo de un terrateniente y lo arrastraron a galope por el pueblo hasta que murió.
Según Cayetano Ibarra Barroso, historiador conocido por su vinculación con la investigación de la memoria histórica, Lorenzana se enteró de que su mujer y sus hijos estaban prisioneros en el ayuntamiento. Él pensó que si se entregaba, liberarían a su familia. A pesar de que algunos compañeros intentaron impedírselo, Lorenzana abandonó la columna. Una cuadrilla de falangistas de Fuente de Cantos, bajo el mando de un jefe local conocido como Sixto Castillón Fernández, le encontró escondido en una especie de alcantarilla, cerca de un lugar conocido como La Gallega. Lorenzana se entregó arrojando su arma a Sixto y pidiéndole que le matara allí mismo.
Lorenzana fue conducido a Fuente de Cantos, junto a otras personas que habían sido apresadas al separarse de la columna. Al entrar en el pueblo lo amarraron al caballo de un tal Diego Pérez. Al llegar a la plaza el caballo se encabritó y arrastró unos metros a Lorenzana. A empujones le metieron en el ayuntamiento, sacándole al poco tiempo a la plaza, sentándole en una silla. Allí le pegaron puñetazos, le dieron patadas y le insultaron. Cuando se cansaron, lo trasladaron a la plaza de la iglesia y allí lo asesinaron el día 26 o 27 de septiembre de 1936. Su cadáver estuvo tirado toda la noche en la plaza de la iglesia.
Tragedia
Este es uno más de los crueles episodios protagonizados por las columnas que partieron de Sevilla con destino a Madrid, dirigidas por el Carnicero de Badajoz. Juan Yagüe Blanco (1891–1952) fue el responsable de sembrar el terror y la muerte por donde pasara. Militante convencido de la Falange Española y amigo de José Antonio Primo de Rivera, desempeñó un importante papel durante el golpe de Estado de julio de 1936 y posteriormente durante la Guerra Civil española. Primero estuvo al mando de la columna que ocupó Extremadura y también como comandante del Cuerpo de Ejército Marroquí durante la batalla del Ebro.
Juan Yagüe Blanco fue considerado responsable de la masacre de Badajoz, perpetrada tras la toma de la ciudad por las tropas bajo su mando. Tras la guerra, fue nombrado por Franco como Ministro del Aire y posteriormente capitán general de la VI Región Militar, en Burgos. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial llegó a mantener contacto y afinidad con Hermann Göring, jerarca de la Alemania nazi.
Un ejemplo más de la violencia ejercida por los sublevados desde el inicio de la guerra, premiados por el genocida Francisco Franco, que impuso una dictadura en España por casi cuarenta años.
Millones de españoles crecieron y vivieron bajo el dominio de Franco, sin ninguna experiencia directa de derechos o procesos democráticos, lo que tuvo efectos profundos en las estructuras políticas, en la sociedad civil, en los valores individuales y en los comportamientos de los diferentes grupos sociales.
´Muchos españoles, durante años y años, defendieron y aceptaron estar organizados, y obligar a quienes no lo quisieran estar, conforme a estrictas reglas autoritarias. Con memorias divididas, esos trágicos sucesos del pasado han proyectado su larga sombra sobre el presente´. Así refiere la página del Instituto Cervantes titulada: ´La dictadura de Franco (1939-1975) ´.
Este homenaje está dedicado a la memoria necesaria, a quienes integraron el primer éxodo masivo de la Guerra Civil Española, conocida como ‘La Columna de los 8000’, en cuya tercera edición junto a cientos de españoles, esta autora tuvo el honor de caminar los diez kilómetros.
Autor: Rosa María Fernández
Fuente: TeleSUR




