Libros asesinados en  Brasil

Las «formas constitucionales del olvido”, fueron fundamentales en los procesos de transición a la democracia, tras las dictaduras impuestas en el continente latinoamericano, que culminaron en procesos políticos y sociales de amnesia obligada. Sin embargo, el impacto cultural represivo, dejó una marca en la memoria individual.

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14 de octubre de 2026 Hora: 10:22

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«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.» (Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 19.)

Fueron perseguidas con especial ensañamiento, las artes expresadas en la literatura, el cine, la música, el teatro, la prensa y otras manifestaciones que articulaban ideas consideradas «peligrosas» para las dictaduras en América Latina, durante las décadas de los 40 al 80 del siglo XX, en Brasil, Chile, Argentina y Uruguay.

Para garantizar este disciplinamiento social, la prohibición en materia de lectura fue una de las principales herramientas. La censura fue un instrumento utilizado, un objetivo estrictamente pensado para amedrentar el pensamiento crítico de la sociedad y suprimir el pan del espíritu. Aquí van los ejemplos.

La política del libro fue una respuesta del ‘Estado Novo’, durante el Estado Novo de Getúlio Vargas en Brasil (1937-1945). Su objetivo: ocupar el espacio público y difundir una cultura oficial, en consecuencia, tanto los intelectuales como sus producciones textuales sufrieron con la persecución y la censura.

El libro, como guardián de la memoria y del patrimonio cultural, era un objetivo a “proteger” por el Estado, que impuso la ‘censura previa’, mediante el artículo 122 de la Constitución (sección de Derechos y Garantías Individuales) a fin de “garantizar la paz, el orden y a seguridad pública”.

Significaba que el gobierno podría exigir que un texto —de prensa, teatro, cine y radio— tuviera que pasar por las manos de un censor o a una autoridad competente antes de su publicación o representación.

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Getulio Vargas

 En este sentido fue creado el Departamento de Propaganda y Difusión Cultural (DPDC), con la finalidad de incidir en el desarrollo de la propaganda del régimen. Luego se transformó en el Departamento Nacional de Propaganda (DPN) y se creó el Departamento de Imprenta y Propaganda (DIP), órgano regulador centralizado y portavoz oficial del régimen, que concentró  en la censura de las ideas de los disidentes políticos.

El Servicio Secreto era valioso al efecto, como mecanismo de fiscalización y represión sobre individuos sospechosos. Al efecto, complementa la Policía Política para la prevención, detención y castigo comportamientos que no se ajustaran a la ideología del Estado Novo.

Las inspecciones en las librerías y la investigación detallada de las actividades y posiciones políticas de escritores, bibliotecarios y libreros, estaba entre las labores del DOPS, por lo que se hizo habitual la requisa de poesías, literatura política, novelas, folletos.

Igualmente intervienen la propiedad de mimeógrafos e imprentas clandestinas, como prueba efectiva de subversión. Inteligentemente, soltaban la cuerda para algunos escritores. Aquella “relativa libertad” formó parte de una estrategia de Getúlio Vargas para atraer a una parte de los intelectuales. La policía política de Brasil, formó parte de los cuadros de muchos regímenes autoritarios del período, como Italia, Alemania, Portugal y España.

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Estado Novo

El ejercicio prolongado de la censura provocó la autocensura, la castración intelectual y contribuyó a la destrucción de potenciales vocaciones. De esta forma también la “autocensura” sustituyó en parte a los censores externos, impuestos de la gravedad de las consecuencias al publicar un libro “subversivo” que les costaría la cárcel.

Con ejemplos se entiende mejor. Francisco de Mello Cabral, escribió el libro de poesías Templo de luz. En un informe de la Secretaría de Seguridad Pública del DOPS, consta que el Departamento de Imprenta y Propaganda de São Paulo aprobó la edición de mil ejemplares, no obstante, la censura fue llevada a cabo por los agentes de la Policía Política fueron a la imprenta a leer el libro y condenaron la obra, por “pregonar la revuelta, atentar contra la moral pública, ofender las buenas costumbres y pregonar la revolución comunista”. Ese mismo año 1944, Mello Cabral pudo publicar sus poesías, con fondos personales.

El destacado periodista y escritor Mário Pinto Serva, fue invitado a escribir un capítulo por el escritor Mário de Albuquerque Maranhão Pimentel para su libro ‘São Paulo de Piratininga’. Cuando terminaron la impresión del libro,  apareció un funcionario del DIP que debía poner el visto bueno en la publicación y para censurar al periodista, declaró que el libro no podría salir. La solución a este caso, fue que el periodista tachase su nombre y solo entonces autorizaron la publicación.

En la investigación de Gabriela de Lima Grecco, Profesora del Departamento de Historia de la Universidad Autónoma de Madrid, señala que captaban a los intelectuales con formación en periodismo, letras o derecho, ofreciéndoles un sueldo elevado para desempeñar mediante nombramiento o invitación, cargos como censores: censor-jefe, censor-técnico, censor-revisor y censor-auxiliar.

Fueron intervenidos por la Policía, especialmente  los lugares de difusión literaria relacionados con el movimiento obrero y con los intelectuales de izquierda. Infiltrándose en sus filas, crearon mecanismos de control para vigilar estos espacios de la literatura. Muchas personas fueron consideradas “peligrosas” y su actuación fue calificada de “crimen político”. Sus obras fueron estimadas como ‘prueba de delito’, por lo que incontables intelectuales terminaron prisioneros o expulsados de Brasil.

Actuaban contra personas, grupos marcados por la “subversión”. Intervienen las llamadas telefónicas, requisaron sus cartas, observaban las conferencias y clases en las universidades, considerados como “focos comunistas”. Igualmente se actuaba contra los contenidos de textos, hasta poemas que circulaban clandestinamente, citando al dictador o a personas del gobierno; considerado como difamación, se convertía en un crimen contra el Estado.

Otros escritores engrosaron las carpetas, denominadas “prontuarios”. En estos expedientes políticos, hombres y mujeres “subversivos”, quedaron las huellas de aquellos escritores que fueron censurados, así como los libros que fueron escritos en la clandestinidad y hoy forman parte de la historia de la literatura brasileña.

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Jorge Amado

La policía política tachaba de “comunista intelectual” a Jorge Amado, uno de los escritores más destacados cuyos libros fueron prohibidos, secuestrados y quemados en Brasil. El escritor brasileño, es hoy uno de los más reconocidos internacionalmente y de los más  traducidos de todos los tiempos. La obra de Amado es una de las más adaptadas para cine, teatro y televisión.

En 1937 fueron secuestradas las obras de Jorge Amado, José Lins do Rego y Monteiro Lobato, en varias librerías bahianas por orden del coronel Fernandes Dantas. Hechos como este generaban rechazo y solidaridad con los escritores. Ejemplo de ello fueron los artículos periodísticos donde razonaban de la siguiente manera: Hamilcar de García, “un libro es el producto de una conciencia; y ellos saben que, para dominar, para reducir los hombres a un rebaño dócil, es absoluta la necesidad de aplastar todo lo que en el ciudadano existe de conciencia individual”.

En contraposición, en 1937 apareció otro artículo que argumentó: las novelas de autores del Nordeste (como es el caso de Jorge Amado y Lins do Rego), “tienen fondo comunista […] y pretenden ser las semillas nefastas de las fantasías marxistas […] La necesidad de asumir una actitud enérgica, excepcionalmente enérgica, fue en buena hora comprendida por el gobierno”.

Amado logró salir de Brasil a mediados de 1941, se exilió en Uruguay y en Argentina. En este país escribió la biografía de Luiz Carlos Prestes, el Caballero de la Esperanza, fue publicada en 1942, años más tarde fue prohibido y quemado en la misma ciudad de su publicación.

Fueron quemadas en el estado de la Bahía (Brasil), por decisión del interventor interino, cerca de 1.820 libros de Jorge Amado y José Lins do Rego, importante escritor y periodista brasileño, bajo acusación de propaganda comunista. También incineraron los libros señalados como volúmenes “comunistas”, en bibliotecas de Pernambuco.

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Cuando la ‘autoridad’ comprendió que quemar los libros en una plaza era inconveniente, se normaliza el perfil bajo. Carlos Drummond de Andrade fue un poeta, periodista y político brasileño, quien lo definió irónicamente: mejor era la eliminación “discreta” de los libros. Como sucedió con la obra del escritor José BentoMonteiro Lobato, quien fue uno de los intelectuales más influyentes de la literatura infantil en Brasil, durante las primeras décadas del siglo xx.

En 1941 a Lobato le construyeron un proceso judicial, a pesar de las numerosas protestas de los intelectuales. Fue arrestado “preventivamente por actividades contra la seguridad nacional”. El fiscal del Tribunal al efecto, Clóvis Kruel de Morais, analizó su producción literaria y lo calificó como peligroso por incitar “en los espíritus infantiles, un sentimiento erróneo sobre el gobierno del país”.

En particular la obra juzgada fue ‘Peter Pan, el niño que no quiso crecer’, fue señalada por el fiscal como “una contraposición entre el tratamiento de los niños ingleses y los brasileños, inculcando a estos un sentimiento de inferioridad”. También fue acusado de enviar una carta insultante al presidente Getúlio Vargas y al General Góis Monteiro, por lo que resultó condenado a seis meses de prisión. Como todo hombre creativo, utilizó este tiempo para traducir al portugués la novela ¿Por quién doblan las campanas?, de Ernest Hemingway.

A pesar de las numerosas protestas de los intelectuales, Monteiro Lobato tuvo que cumplir parte de la condena y fue indultado el 17 de junio de 1941, por orden de Getúlio Vargas.

El libro en cuestión desapareció de las librerías y bibliotecas. Fue confiscado por todo el Estado de São Paulo y en las ciudades de Santos, Paranguassú, Lins, Rio Preto, Lorena y Olimpia. Años más tarde el periodista Carlos Drummond de Andrade lo describió así: “no hay solamente hombres asesinados: hay también libros asesinados. Los libros perseguidos, presos, zurrados, amputados, desfigurados y quemados”.

Otros libros considerados como atentados a la defensa nacional, del mismo autor, fueron sacados de las bibliotecas escolares de Río de Janeiro: A Historia do mundo para crianças, Reinações de Narizinho, Caçadas do Pedrinho, O Saci, Viagem ao céu, Aritmética de Emília, A menina do narizinho arrebitado, O poço do Visconde, Emília no país da Gramática, Fábulas e Historia das invenções.

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Escritor Monteiro Lobato

El Estados Unidos de la primitiva Guerra Fría (1947-1953) había tolerado a los estados subdesarrollados que luchaban por el fin del colonialismo, a la vez que se declaraban ajenos al comunismo.

Entre tanto, en Brasil todo lo que no contribuyese a la construcción de la “brasileñidad”, fue valorado como “ideología exótica”. Este fue el caso del escritor y “orientador intelectual” del movimiento Liga Comunista Internacional, Fulvio Abramo. Por ser dueño de una “vasta biblioteca”.

El artículo 131 de la Constitución de Brasil, sentenciaba: “Cuando hiciesen propaganda política de ideas extranjeras contrarias al sentimiento nacional”, aludiendo a las ideologías extranjeras expuestas en la literatura, que fueron consideradas “nocivas” para la seguridad nacional.

Todo ello agregaba cuerpo al fantasma del  “enemigo-político”, representado en ideas foráneas e inmigrantes. A tenor de ello, la actividad ‘subversiva’ del escritor Fulvio Abramo, no favorecía el proyecto de nación. Así entraron en la ‘lista negra’, obras como O Capital, Dez dias que abalaram o mundo, Impressos de Moscow-Russia, No país dos soviets. Desde esta perspectiva, el autor fue condenado a dos años de cárcel por el Tribunal de Seguridad Nacional.

Para entonces, el asunto de la vigilancia de ideas se convirtió en una ‘bola de nieve’ cuesta abajo. Con este fin, desde 1918  el gobierno creó una sección especializada de la policía, cuyo objetivo era identificar, registrar e investigar a los extranjeros. Ahí entró el acoso contra el ruso Alexandre Wainstein, quien había creado la compañía editorial Editorial Pax desde 1930, con la especialidad de la traducción de libros extranjeros.

El delirio de la supuesta conspiración para disolver el Estado Novo, llevó al gobierno de Getulio Vargas al nombramiento de la  “campaña de disolución”, tras lo cual señalaron abiertamente a algunos editores.

El Decreto 702 de 1936, amparó al DOPS para vincular al editor Wainstein a una gran red subversiva, lo que condujo a su expulsión del territorio brasileño. Tal fue así que relacionó con este fin a la Editora Brasiliense con una amplia red de preparación cultural de intelectuales de izquierda, como el historiador Caio Prado Júnior, quien encabezó una tradición historiográfica identificada con el marxismo, pero crítica con el estalinismo. Igualmente fueron señalados representantes de la Facultad de Derecho y algunas instituciones extranjeras, como la Sociedad Brasil-México y el Instituto Brasileño-Argentino; así como las revistas: Renovação, Continental y Hoje.

Muchos de los libros ‘subversivos’ también se encontraban en la biblioteca de Patrícia Rehder Galvão, más conocida por el seudónimo de Pagu. La escritora, activista, y periodista brasileña, desarrolló un bagaje de experiencias y un pensamiento crítico y cuestionador.  Con el movimiento modernista brasileño, se rebeló ante la dictadura de Getúlio Vargas, lo que le costó el encarcelamiento en repetidas ocasiones.

Pagu fue la primera mujer convicta por asuntos políticos en el Brasil y su disidencia fue doble: como mujer y como militante política. Su escritura también tuvo un matiz revolucionario, prueba de ello fue ‘Parque industrial’, su obra iniciática considerada también como la “primera novela proletaria brasileña”.

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Patrícia Rehder Galvão (Pagu)

El principal elemento de inestabilidad política fue el ‘Comunismo’, por lo que -aunque fuera por sospecha o posesión de libros- se obligaba a los extranjeros a abandonar Brasil. Hasta 1942, momento de ruptura con el Eje, el gobierno brasileño mantuvo estrechos vínculos con el de Alemania. Después de esta decisión política, los italianos y alemanes también sufrieron persecuciones.

Los datos expuestos forman parte de la investigación de la profesora Gabriela de Lima Grecco, titulada: ‘De la pluma como oficio a la pluma oficial: estado y literatura durante los nuevos estados de Getúlio Vargas’.

El artículo significa que en Brasil, los hogares fueron un escenario de diversas formas de resistencia cotidiana. La literatura clandestina fue leída, imaginada y producida en las moradas, como refugio, espacios libres para la imaginación y exilio interno, Eran encontradas y protegidas las bibliotecas particulares con libros ocultos, notas y apuntes contra la dictadura, libros “camuflados”. Todo sucedió a riesgo del control policial sobre estos espacios de intimidad y de que se allanaran las casas, refiere la historiadora.

Esa resistencia discreta, implicó limitaciones importantes a la acción censora. Sin embargo, no dejaron de provocar que naciera en lo cotidiano, diversas formas de emancipación que no encontraban reflejo en la calle. Basta sentir lo que Jorge Amado ‘La única revolución posible es dentro de uno mismo’.

Autor: Rosa María Fernández

Fuente: TeleSUR