El Conticinio de Laudelino Mejías
Por memoria y preservación traemos el caso de un músico venezolano de la talla de Laudelino Mejías, poco conocido en su vida, obra y trayectoria, pero del que todos amamos el inmenso vals que es “Conticinio”.
Laudelino Mejías
14 de octubre de 2026 Hora: 12:56
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El aniversario del natalicio de un músico valioso es siempre digno de destacar sobre todo en las sociedades que han dado a sus culturas el lugar que corresponde en la memoria y el agradecimiento del colectivo. En las efemérides de la música (como de la cultura toda) se efectúan actos buscando que los más jóvenes conozcan de sus antecesores en la tradición cultural y que los mayores se reconforten en el recuerdo y la gratitud.
A veces nuestra memoria falla, nuestro soporte de permanencia se tambalea y los que dirigen organismos culturales se ocupan más de otras cosas que de la preservación de la identidad de sus pueblos. De hecho, a veces se celebra más a un músico que se corresponde con un esquema de dominación cultural, esos que lejos de expandir contraen nuestra memoria.
Precisamente por memoria y preservación traemos el caso de un músico venezolano de la talla de Laudelino Mejías, poco conocido en su vida, obra y trayectoria, pero del que todos amamos el inmenso vals que es “Conticinio”.

Laudelino
Salió de las tierras andinas, de una hermosa zona de mesetas y montañas y de valles y lagunas, zona de ternura, cadencia y nostalgias. Zona alejada del vértigo costero central pero cercana por la perseverancia y el espíritu de lucha.
Laudelino nació en Trujillo, donde la altura se inclina y el llano se empina como si quisieran abrazarse. Estado natal del Doctor José Gregorio Hernández, del sabio Rafael Rangel, del propio Laudelino y del historiador y diplomático Mario Briceño Irragorry, entre otros.
Nació en la madrugada del 29 de agosto de 1893 en lo que llamaban La Calle Arriba, hubo fiesta a pesar de que trataba de las postrimerías de un siglo convulso, de misterios por resolver y horizontes por descubrir.

Su padre, Aparicio Lugo era músico y muy respetado como clarinetista mientras que su madre, Juana Paula Mejías era una hermosa trujillana a la que le encantaba cantar. De ella y de su abuela Isabel aprendió el niño Laudelino sus primeras canciones, y a veces el padre acompañaba con la guitarra. Laudelino siempre llevó el apellido de su madre. Aparicio quería que su hijo fuera tipógrafo pero ya la terquedad y la música se daban la mano en ese pequeño. Con el tiempo el padre cedió en sus pretensiones y le dio las primeras clases musicales.
Tenía 8 años de edad cuando vio morir en 1901 a su madre, a Juana Paula Mejías, y quedó en el abrazo solidario de su abuela Isabel, quien se hizo cargo de él y lo mantuvo a punta de la dulcería que ella hacía y que él vendía tempranito por las calles del pueblo. Diez años después, en 1911 perdería al padre, quien fuera su primer maestro en el pentagrama.
En las Horas, de Laudelino Mejías. Grupo Optimus de Trujillo
De lleno en la música
Laudelino logró ingresar a la Banda de los Hermanos Vásquez, integrada por 13 músicos. Todos los domingos, en la retreta a cargo de los Vásquez, Laudelino se aprendía todas las piezas nacionales y europeas. Le gustaba mucho la obra de Beethoven.
El 9 de septiembre de 1908 se fundó la Escuela Filarmónica y comenzaron a correr nuevos tiempos para la música en su estado y para él. Ingresó a la Escuela Filarmónica para ser el mejor alumno entre los 50 estudiantes aceptados por el centro de estudios musicales.

Tan bueno fue Laudelino Mejías estudiando, empeñoso y disciplinado que obtuvo en forma unánime la opción de la codiciada beca para continuar estudios en Europa.
Feliz con la noticia corrió no hacia el padre sino hacia su abuela Isabel para contarle del mérito obtenido. Y claro que su abuela se alegró pero también entristeció porque perdería a su muchacho, y vaya usted a saber… Entonces Laudelino valerosamente renunció a la beca pues no pensaba dejar sola a quien tanto se había esmerado por no abandonarlo a él. Ocho años después de este evento ya Laudelino era Director de la Escuela Filarmónica. Era 1916. Estrenó su vals “Heliotropo” , contrajo matrimonio con María Angélica Palazzi Granados en octubre de ese año y renunció al cargo para viajar a Maracaibo ingresando a la Banda de la Ciudad y continuando sus estudios. En 1921 compuso y dio a conocer su vals “Mirando el lago”.
Mirando el Lago, de Laudelino Mejías
En 1922 Laudelino viajó a Valera, en su estado natal para encargarse de la Banda Lamas, a la que reorganizó. Es acá cuando compone su inmortal vals, que originalmente tuvo como título “La hora más silenciosa de la noche”. Su amigo Rutilio Martínez le sugirió cambiarlo por “Conticinio”, más corto y con igual significado.
Conticinio, de Laudelino Mejías. Arreglo de Aldemaro Romero. Orquesta Sinfónica de La Juventud Simón Bolívar. Dirige Alfredo Rugeles

La pieza fue estrenada en la Plaza Bolívar de Valera por la Banda dirigida por el propio Laudelino Mejías. Entre los asistentes estuvo Eyisto Delgado, de Barinas. Al tiempo Laudelino quiso poner letra a su vals y convocó a un concurso radial que ganó precisamente Eyisto Delgado, autor entonces de la letra que se conoce.
Eleazar Agudo. Conticinio. Letra de Eyisto Delgado y Música de Laudelino Mejías
“Conticinio” tiene versiones en todo el mundo. En el caso venezolano se pierde de vista, desde Juan Vicente Torrealba, Ilan Chester, Aldemaro Romero y Serenata Guayanesa hasta Don Pío Alvarado y Alirio Díaz. Muchas orquestas sinfónicas internacionales la han ejecutado, y hasta el maestro Toño Fuentes de Colombia con su guitarra hawaiana hizo una versión.
El después
Hacia 1928 Laudelino fue llamado a dirigir la Banda de su estado natal. Era la Banda Lamas, después bautizada Sucre y posteriormente fue rebautizada con el nombre del autor de Conticinio. Ese mismo año Laudelino sufrió el derrame cerebral que le inutilizó la mano izquierda. Se despidió del clarinete pero no de la Dirección y mucho menos de la Composición. Tampoco se despidió del afán por la formación de nuevos músicos y de que cada estado del país tuviera su Banda con rango y reconocimiento. No es que se dedicó a los grandes conglomerados. Se esmeró en los pequeños pueblos del país, en las placitas que ansiaban sus retretas con trajes domingueros.
Recibió entonces una solicitud desde Ciudad Bolívar. La Banda “Dalla Costa” ameritaba su sapiencia. Y Laudelino Mejías marchó hacia allá para encontrar a una agrupación sólo con nueve músicos y nueve instrumentos. El trabajo fue duro, arduo pero logró rearmar la Banda con 40 músicos y un prestigio creciente.

Retornaría a Trujillo
En 1954 tuvo otro derrame cerebral y una hemiplejia que ya le impidió dirigir.
Prosiguió su vida en tranquilidad pero a finales de 1962 tomó una decisión y así como estaba marchó a Caracas para llegar a la casa de su hijo Gilberto, médico, para decirle que no se sentía bien. La familia acudió enseguida y todos trataron de hacerle gratas las horas, pero en la madrugada del 29 de agosto de 1963, luego de otro derrame cerebral Laudelino Mejías rindió tributo a la vida. Fue sepultado al lado de su esposa.
Tenía 70 años y un viaje a Europa por hacer. La inmortalidad y el afecto de su patria fueron su inmensa compensación.
Alirio Díaz
Autor: Lil Rodríguez
Fuente: TeleSUR




