Claves de la gestión Petro por una Colombia humana: crecimiento, reforma agraria y solidaridad internacional
En los cuatro años de Gustavo Petro en el poder redujo la pobreza nacional redujo al 28 por ciento, con una medición preliminar posterior de 25 por ciento. Es decir, aproximadamente 4,5 millones de personas dejaron esa condición durante su periodo de Gobierno.
Los indicadores sociales, económicos, laborales, sanitarios y rurales del Gobierno del Cambio confirman la posibilidad de enrumbar al país por una senda diferente a la del neoliberalismo y gobernar por y para las mayorías históricamente excluidas. Foto: @ClauRomeroNader
7 de agosto de 2026 Hora: 23:02
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El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, concluyó este 7 de agosto su gestión 2022-2026, marcada por significativos índices de aprobación popular. Los indicadores sociales, económicos, laborales, sanitarios y rurales del Gobierno del Cambio confirman la posibilidad de enrumbar al país por una senda diferente a la del neoliberalismo y gobernar por y para las mayorías históricamente excluidas.
Las políticas económicas y sociales implementadas priorizaron la generación de empleo, el aumento de los salarios, la disminución de la pobreza monetaria, el fortalecimiento de la clase media y el acceso a derechos en materia de salud, tierra y oportunidades productivas.
En política exterior, Petro buscó convertir a Colombia en «una potencia mundial de la vida», con un enfoque humanista, feminista y participativo para reposicionar al país en el escenario internacional.
Crecimiento, salarios y combate a la pobreza
Cuatro años atrás, la pobreza se encontraba entre el 37 y 38 por ciento. Durante esta gestión se redujo a 28 por ciento, con una medición preliminar posterior de 25 por ciento, «que es la menor del siglo”, afirmó Petro. Aproximadamente 4.5 millones de personas dejaron esa condición.
El expresidente colombiano valoró que reducir la pobreza y fortalecer la clase media fue resultado de una política económica centrada en el empleo, el incremento del salario mínimo y el fortalecimiento de la capacidad adquisitiva de los hogares, con el consiguiente estímulo a la demanda interna.
La desocupación laboral alcanzó 8,1 por ciento en julio pasado, la más baja en un siglo. El Servicio Público de Empleo reportó más de 4,2 millones de colocaciones laborales mientras el Gobierno del Cambio consolidó un modelo de inclusión laboral. Por primera vez el país hizo realidad una reforma laboral «que reconoce el trabajo, fortalece los derechos de las y los trabajadores y mejora su calidad de vida».
Todo ello se inscribió en un contexto de crecimiento económico y de diversificación pese a tensiones geopolíticas internacionales: el país generó exportaciones en rubros no tradicionales y se hizo menos dependiente de la venta de hidrocarburos. La producción agropecuaria registró en 2024 un crecimiento de 8,1 por ciento y el turismo creció 106 por ciento durante el Gobierno saliente.
Petro defendió el incremento del salario mínimo como una decisión clave. Su Gobierno buscó avanzar del concepto de “salario mínimo vital” hacia el mandato constitucional de un “salario vital, familiar y flexible”. Recalcó que “el salario no produce inflación, produce crecimiento económico y puestos de trabajo”, afirmó.
El salario vital es hoy de 2 millones de pesos y en cuatro años aumentó más de 30 puntos porcentuales.
Economía de la Vida: de ese modo definió el líder progresista el modelo que aplicaron en contraste con el neoliberalismo, sobre el cual aseveró que “naufragó estruendosamente en todo el mundo y en Colombia”. Además, el Gobierno le cumplió a 3 millones de adultos mayores que ahora reciben un bono pensional de 230.000 pesos mensuales.
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Con corte al 17 de julio de 2026, Colombia alcanzó 4.626,73 megavatios de capacidad instalada en proyectos solares y eólicos. Cuatro años atrás el país solo tenía 200 megavatios a partir de energías limpias. Se multiplicó más de 20 veces la capacidad en cuatro años y Colombia tiene mayor soberanía energética: la generación hidráulica representa 54,92 por ciento, la energía solar y eólica alcanza 19,23 por ciento y la producción a partir de combustibles fósiles representa el 25,84 por ciento restante.
Reforma agraria y acceso a la tierra
La reforma agraria ocupó un espacio relevante. El Gobierno entregó 2,28 millones de hectáreas. El balance también señaló la constitución de 21 nuevas Zonas de Reserva Campesina y siete Territorios Campesinos Agroalimentarios, entre otros avances en la democratización del acceso a la tierra y en la organización de la producción rural.
Según cifras oficiales, 660.000 personas salieron de la pobreza monetaria en el campo. El crédito de fomento agropecuario, por su parte, alcanzó 161,2 billones de pesos, la cifra más alta de la historia reciente y más del doble de lo registrado entre 2014 y 2018.
En el ámbito productivo, el programa Sembrando Vida financió proyectos de hasta 2.000 millones de pesos para organizaciones beneficiarias de tierras.
Otro resultado fue la recuperación de predios vinculados con economías ilegales. El Gobierno informó que más de 550 predios, equivalentes a 109.000 ha, fueron reincorporados tras haber estado en manos de estructuras asociadas al narcotráfico, el paramilitarismo y la corrupción.
Política de hábitat, vivienda y agua potable
Según los datos citados de la Encuesta de Calidad de Vida de 2025, durante el mandato de Petro un total de 2.2 millones de colombianos accedieron por primera vez al agua para consumo humano. A esta cifra se suman más de 1.94 millones de personas que accedieron a servicios de aseo y 1.67 millones que mejoraron las condiciones para el manejo de aguas residuales.
En total, más de 903.000 soluciones habitacionales se hicieron realidad.
La estrategia de hábitat incluyó el fortalecimiento de la participación comunitaria, la autogestión y la construcción colectiva de soluciones. El Programa Barrios y Veredas de Paz vinculó la política de hábitat con las iniciativas de paz territorial. El Gobierno reportó la gestión de 9.348 viviendas nuevas rurales, el mejoramiento de más de 252.000 viviendas y la entrega de 380.000 títulos de propiedad predial.
Salud preventiva y atención territorial
Entre 2022 y 2026 se aplicó una estrategia de medicina preventiva. Replicando prácticas aplicadas en otros sistemas sanitarios con buenos resultados, se conformaron 14.468 equipos básicos de salud, que brindaron atención a más de 10 millones de familias en los 32 departamentos del país. «Este Gobierno salvó más de 10.000 bebés de las tasas de mortalidades que nos entregaron en el año 2022«, resumía el mandatario, quien defendió que asignar recursos a proteger la vida de las comunidades no es derroche.
La gestión gubernamental en materia de salud redujo la desnutrición infantil en 189 casos, equivalente a una disminución de 71,4 por ciento. También reportó una reducción de 32,9 por ciento en la mortalidad general de menores de un año. La mortalidad de niñas y niños menores de cinco años descendió 34,7 por ciento. En el caso de mujeres embarazadas, se redujo 51 por ciento.
El Gobierno de Petro presentó al Congreso en dos ocasiones una reforma de salud, pero el Legislativo la hundió.
Educación: más libros para ser libres
El presupuesto gubernamental destinado a educación aumentó 50 por ciento frente a los niveles de 2022. El fortalecimiento de la educación pública también se concretó en la transformación y entrega de más de 1.656 obras de infraestructura educativa, las cuales dotaron de mejores espacios de aprendizaje a más de 634.000 estudiantes.
Colombia también amplió el acceso gratuito a las universidades públicas: el 97 por ciento de los estudiantes accede a ellas sin endeudarse. Ello representa casi un millón de jóvenes. “Aumentamos los cupos para nuevos estudiantes en 425.000 cupos a este semestre, y a final de este año llegará a 500.000 nuestra promesa, o sea, medio millón adicional de estudiantes van a entrar a universidades públicas gratuitas”, declaró Petro días atrás mientras destacaba que su Gobierno convirtió la educación en un derecho.
Lucha antinarcóticos y seguridad humana
En materia de lucha contra el narcotráfico, se alcanzaron cifras históricas de incautación de cocaína: más de 3.300 toneladas, la mayor registrada por un Gobierno colombiano. La política antinarcóticos se sustentó en no utilizar la violencia contra las comunidades campesinas ni fumigar contra su voluntad.
A inicios de junio pasado, un total de 31.082 familias campesinas se habían unido al programa de sustitución voluntaria de cultivos de coca y migraron a economías legales, lo cual condujo a una disminución de 25.000 ha de cultivos ilícitos.
Respecto a la seguridad humana, durante la gestión de Petro se mejoraron las condiciones salariales de integrantes de las Fuerzas Militares y de la Policía. El salario vital supera 1.7 millones de pesos. Anteriormente devengaban ingresos de 90.000 a 300.000.
Organizaciones internacionales reconocen que un acierto del Gobierno saliente fue abrir diálogos de paz con diversos grupos armados. La continuidad de esos procesos se vincula con la reducción de la violencia y la atención a las metas del acuerdo de paz con las extintas FARC, cuestión incumplida por el Gobierno de Gustavo Duque (2018-2022). “El diálogo y la paz trae la caída de la tasa de homicidios y romper el diálogo y la paz trae la subida de la tasa de homicidios, por tanto, de la violencia”, aseveró Petro.
Política exterior: nuestroamericanismo, tensiones con EE.UU. y defensa de Palestina
El programa de Petro resumía el objetivo de política exterior en la idea de convertir a Colombia en «una potencia mundial de la vida», con un enfoque humanista, feminista y participativo para reposicionar al país en el escenario internacional.
El sello más reconocible de su gestión fue un marcado apuesta multilateral y «nuestroamericanista», en la línea del pensamiento bolivariano: Petro promovió la integración regional a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y buscó posicionar al país como un actor con liderazgo regional, de orientación multipolar y desvinculado del tradicional alineamiento con Estados Unidos.
Esa vocación integracionista se completó con la reapertura de la frontera con Venezuela en septiembre de 2022, tras siete años de cierre, y con gestos de solidaridad hacia Cuba y a otros gobiernos del llamado Sur Global.
En esta línea, su última visita de Estado fue realizada a la mayor de las Antillas, el pasado 31 de julio. «Quiero desde Cuba oponerme a una guerra en el Caribe», afirmó el mandatario colombiano al llegar a la isla y agregó que «ni los misiles ni la invasión ni el bloqueo son soluciones dentro de los problemas de la humanidad».
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Esa misma vocación de autonomía regional derivó en una relación cada vez más tensa con Washington, sobre todo tras el regreso de Donald Trump al poder en enero de 2025. La primera crisis estalló cuando Petro ordenó devolver dos vuelos con migrantes deportados, y desde entonces los choques se sucedieron: amenazas arancelarias, cruces públicos de declaraciones y, finalmente, sanciones.
En septiembre de 2025, tras pedir frente a la ONU a los soldados estadounidenses que «desobedecieran» las órdenes de Trump en defensa de Palestina, Washington le revocó la visa por considerar sus declaraciones «temerarias e incendiarias». Un mes después, el Departamento del Tesoro lo incluyó, junto a su familia y a varios funcionarios de su gobierno, en la lista de sanciones de la OFAC, bajo el argumento de que su política antidrogas había permitido el aumento de los cultivos de coca.
En paralelo, Petro se convirtió en una de las voces internacionales más firmes en la denuncia contra el genocidio en la Franja de Gaza, una posición que tradujo en acciones concretas: la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel y llamados explícitos, incluso ante la Asamblea General de la ONU, a que la comunidad internacional actuara para frenar la ofensiva israelí sobre la población palestina.
A esos ejes se sumó una agenda ambientalista que Petro proyectó como parte de su política exterior, con la defensa de la Amazonía y el cuidado de la vida frente al cambio climático como banderas frente a foros internacionales, en un discurso que buscaba situar a Colombia —y a los pueblos del Sur Global en general— como protagonistas de las discusiones globales sobre justicia climática, más allá de los intereses de las grandes potencias.
Autor: teleSUR-asm - JDO
Fuente: Gobierno del Colombia - Agencias




