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La caída del rey español Fernando VII provocó una crisis política en las colonias iberoamericanas. Los insurgentes bolivianos se levantaron ante los españoles y entre ellos Bernardo de Monteagudo.

La caída del rey español Fernando VII provocó una crisis política en las colonias iberoamericanas. Los insurgentes bolivianos se levantaron ante los españoles y entre ellos Bernardo de Monteagudo. | Foto: Notiamerica

Publicado 20 mayo 2019

Cada año los habitantes de La Paz, Bolivia, festejan en las calles la revolución del pueblo boliviano contra los ocupantes del imperio español.

El 25 de mayo de 1809 se produjo un levantamiento popular contra las autoridades de la Real Audiencia de Charcas, en la ciudad de Chuquisaca, actualmente Sucre (Bolivia), a favor del rey Fernando VII de España. Este hecho es conocido por la historiografía independentista iberoamericana como el Primer Grito Libertario de América. 

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La caída del rey español Fernando VII provocó una crisis política en las colonias iberoamericanas. Los insurgentes bolivianos se levantaron ante los españoles y entre ellos destacó Bernardo de Monteagudo, quién manifestó su desacuerdo con José Bonaparte como nuevo rey de España y las colonias, tras la invasión francesa en la metrópoli. El movimiento popular encabezado por Bernardo de Monteagudo y otros seguidores, fieles al rey Fernando, fue justificado por las sospechas de que la Real Audiencia de Charcas, dirigida por Ramón García de León y Pizarro, planeaba entregar el país a la infanta Carlota Joaquina de Borbón.

Se realizaron protestas populares en las calles de Chuquisaca bajo el lema "Muera el mal gobierno, viva el Rey Fernando VII". Como llamada al pueblo, se hizo sonar una de las campanas de la iglesia de San Francisco hasta rajarse. La campana ahora es llamada “La Campana de la Libertad” y se toca cada 25 de mayo en honor a la "Chispa de la Liberación Americana".

El arzobispo Moxó y Francolí, acosado por la multitud y por pedido de algunos miembros de la Audiencia, inició gestiones ante García de León y Pizarro para que pusiera en libertad a Zudañe, un juez que fue arrestado anteriormente durante la revuelta. Al no tener respuesta, se presentó ante él una delegación solicitando el retiro de la artillería desplegada por el gobernador. García de León y Pizarro aceptó, pero una vez que entraron los delegados populares en el palacio, los oficiales leales al gobernador rechazaron las exigencias y abrieron fuego sobre la multitud matando a algunos de ellos.

El pueblo reaccionó apoderándose de la artillería y municiones, exigiendo el arresto del gobernador. Como consecuencia, García de León y Pizarro dimitió y la Audiencia asumió el mando político y militar de la zona, nombrando a Álvarez de Arenales como comandante general del ejército.

La Revolución de Chuquisaca es considerada por los historiadores como el primer movimiento independentista en Iberoamérica. Sin embargo, existe una reciente corriente revisionista que denomina a este evento simplemente como una revolución monárquica por sus expresiones iniciales de lealtad a Fernando VII, afirmando que en realidad fue una revuelta entre fernandistas y carlotistas en un contexto alejado de intenciones independentistas.

La Revuelta de Chuquisaca posiblemente no tuvo un origen independentista, aunque un grupo de dirigentes de la misma intentaron aprovechar las circunstancias para buscar la independencia, entre ellos destacan Mariano Michel, José Manuel Mercado, Álvarez de Arenales, Gregorio Lanza y Bernardo de Monteagudo que fueron enviados a diferentes ciudades para transmitir sus leales intenciones.

La primera victoria independentista tras la Revolución de Chuquisaca estuvo a cargo de Mariano Michel, que cumplió su cometido en La Paz, donde permaneció un mes. Logró que los líderes independentistas locales se hiciesen con el poder y depusieran el 16 de julio al gobernador Tadeo Dávila y al obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega. Allí se formó la junta de gobierno denominada Junta Tuitiva presidida por el coronel Pedro Domingo Murillo.


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