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Rousseff advirtió desde los inicios del proceso para su destitución, que dicha idea tenía mucho que ver con su condición de mujer.

Rousseff advirtió desde los inicios del proceso para su destitución, que dicha idea tenía mucho que ver con su condición de mujer. | Foto: www.nytimes.com

Publicado 31 octubre 2020


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Desde su llegada a la presidencia Dilma dejó en claro su interés en que las mujeres asumieran roles protagónicos en la vida política brasileña.

Hace una década Dilma Rousseff se convirtió en la primera mujer electa como presidenta de Brasil, cargo que ocupó del 1 de enero de 2011 hasta 2016, cuando el golpe de estado parlamentario en su contra impidió que culminara su segundo mandato.

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Desde su llegada a la presidencia Dilma dejó en claro su interés en que las mujeres asumieran roles protagónicos en la vida política brasileña.

"Vengo a abrir puertas para que muchas otras mujeres puedan, en el futuro, ser presidentas. Y para que —en el día de hoy— todas las mujeres brasileñas sientan el orgullo y la alegría de ser mujer", expresó en su primer discurso como mandataria ante el Congreso.

No obstante, Rousseff advirtió desde los inicios del proceso para su destitución, que dicha idea tenía mucho que ver con su condición de mujer. "¿Por qué quieren que renuncie? Porque soy mujer y porque piensan que soy frágil. Y no lo soy, así no ha sido la historia de mi vida", respondió.

 

La advertencia de la líder socialista quedo en evidencia durante el proceso político en su contra cuando los parlamentarios opositores, impulsados por el machismo, le gritaban “Ciao Querida” en sus últimos días como presidenta legítima de Brasil, mientras ella acuñaba que el proceso de impeachment era “un gran prejuicio contra la mujer".

Según la oficina nacional de estadísticas IBGE, las mujeres son mayoría en la población brasileña en un 51 por ciento. Sin embargo, dentro del Congreso brasileño solo ocupan cerca de 10 por ciento de los 594 escaños de ambas cámaras.

Las manifestaciones en su contra durante el proceso de golpe parlamentario, convirtieron a la 36 presidenta de Brasil en una burla, le faltaron el respeto. La campaña en redes sociales pro impeachment alcanzó un fuerte tono misógino y sexista.

Los medios privados, con O Globo a la cabeza, transformaron la mirada de la opinión pública en Brasil, al presentarla como una mujer de perfil autoritario, poco dialogante y tozudo.

La revista brasileña IstoÉ, publicó una gran foto de la mandataria en portada donde parecía estar gritando, bajo el título: "Las explosiones nerviosas de la presidenta".

Asimismo, se distribuyeron pegatinas para motoristas con una imagen de Rousseff con las piernas abiertas que se colocan en torno a la boca del depósito de gasolina y, además, un supuesto video pornográfico.

Incluso, el actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dedicó su voto en favor de la destitución de Rousseff al militar que la torturó. Mientras el diputado de izquierdas que se enfrentó físicamente a Bolsonaro, Jean Wyllys, calificó toda la votación en la Cámara como “una farsa sexista”.

La reacción de sus seguidores fue convertir a Dilma en un ícono del feminismo en Brasil, ante la realidad de acoso sexual en las calles brasileñas, cifras de once violaciones por día y un nuevo Gobierno formado por un gabinete exclusivamente de hombres blancos, fenómeno sin precedencia desde la junta militar (1964-1985).

Tras la imposición del Gobierno de Michel Temer, el "Ciao Querida" fue transformado por la izquierda y el feminismo brasileño en vítores de "Vuelve querida" o "Dilma, guerrera, de la patria brasileña".


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