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Jair Bolsonaro no ha ocultado su acercamiento a EE.UU.

Jair Bolsonaro no ha ocultado su acercamiento a EE.UU. | Foto: Reuters

Publicado 30 marzo 2019

La expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, lamentó que su país registrara una regresión de un régimen democrático a "una variante neoliberal de neofacismo".
 

El presidente ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro, un capitán retirado del Ejército, nunca ha ocultado su simpatía hacia la pasada dictadura en el país suramericano y desde su llegada al poder en enero pasado, emprendió acciones destinadas a conformar un gobierno autoritario y conservado. 

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El mandatario Bolsonaro volvió a reivindicar la dictadura que gobernó Brasil por más de 20 años y exhortó a los militares a conmemorar el golpe militar del 30 de marzo de 1964. Hecho que causó una ola de repudio por sectores opositores y grupos defensores de derechos humanos.

No obstante, para el jefe de Estado brasileño la pasada dictadura (1964-1985) fue un periodo de seguridad y prosperidad para Brasil, aunque está documentada la represión, tortura y la muerte de 473 opositores y desaparecidos.

En su plataforma de gobierno, el hoy presidente presentó cinco programas que alientan una mayor presencia militar en tareas de seguridad,  inmunidad para las operaciones que realice la policía sin tener ninguna restricción y la posesión de armas para civiles.

También incluye un un viraje en la educación al favorecer la creación de colegios militares en todo el país, además de incluir en los planes de enseñanza un modelo ultraconsevador, que condena el comunismo, el aborto, la homosexualidad, entre otros puntos.

El mandatario Bolsonaro, ha criticado los logros obtenidos por los anteriores gobiernos de izquierda en el país suramericano, en materia de libertades y derechos.

El presidente brasileño ha creado polémica por sus declaraciones contra las minorías sexuales, las mujeres, y su crítica constante a los pasados gobierno democráticos en contraste a los elogios a los regímenes militares.

Bolsonaro también ha conformado un equipo de gobierno con militares de carrera, encabezado por su vicepresidente  Hamilton Mourão, general del ejercito retirado en febrero de 2018. 

De 20 ministerios, siete los dirigen militares y un centenar de altos mandos castrenses, la mayoría retirados, ocupan posiciones de liderazgo en varios sectores del gobierno como el general Augusto Heleno, Ministro de Seguridad Institucional, el principal asesor de Bolsonaro.

Bolsonaro incluso niega que haya sido un golpe militar, la asonada castrense del 31 de marzo 1964, que destituyó al presidente João Goulart sino que fue una acción de la sociedad para evitar un gobierno.

En este sentido, las expresiones favorables del presidente brasileño a la época militar no sólo han sido exclusiva en Brasil sino también a los pasados regimenes castrenses del general paraguayo Alfredo Strossner (1954-1989) y del general chileno Augusto Pinochet (1973-1990).

Dilma Rousseff advierte sobre pérdida de democracia
 

La  expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, lamentó en la pasada contracumbre del G20 efectuada en Argentina el año pasado, que su país registrara una regresión de un régimen democrático a "una variante neoliberal de neofacismo".

Incluso, en la votación de la sustitución de la mandataria en el Congreso de Brasil en 2016, el entonces diputado Bolsonaro dedicó su sufragio contra Rousseff a Carlos Brilhante Ustra, condenado por crímenes de lesa humanidad y considerado el artífice de la represión en la pasada dictadura.

Otro de los puntos a resaltar de la administración de Bolsonaro es su acercamiento con Estados Unidos (EE.UU) , que apoyó el golpe militar en 1964, luego de su visita a Washington, donde se reunió con Donald Trump y visito fuera de agenda la sede de la Agencia Central de de Inteligencia (CIA) .

En su visita, el mandatario Bolsonaro acordó el lanzamiento de cohetes y satélites estadounidenses en la base Alcantara, en el norte de Brasil, a pesar de las manifestaciones en contra de esa medida en el país suramericano por la pérdida de la soberanía.

En la pasada reunión en Santiago, entre los mandatarios de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú, se creó el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), una instancia promovida por Bolsonaro y el presidente chileno Sebastián Piñera.

Este nuevo organismo ha sido identificada por los expertos como una especie de Plan Condor II, en relación al esquema creado por las pasadas dictaduras militares en América del Sur en los años 70 y 80, con el respaldo de Estados Unidos, para reprimir y desaparecer a miles de opositores. 


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