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Los humanos somos más sensibles a la luz azul.

Los humanos somos más sensibles a la luz azul. | Foto: EFE

Publicado 14 marzo 2017

Los rayos de luz azul tienen una longitud de onda más corta que los rojos, por ello tienden a esparcirse cuatro veces más por el espacio.

Quizás alguna vez te has preguntado por qué el cielo es azul sin imaginar que la respuesta puede ser muy sencilla. El color azul que percibimos en el firmamento procede de los rayos del Sol. Cuando los rayos de luz blanca provenientes del astro rey chocan con la atmósfera y se descomponen y se abre un abanico de colores, cuyo color más perceptible para el ojo humano es el azul.

Ocurre que la luz blanca expulsada por el Sol se constituye de diferentes colores de luz, cada uno con una longitud de onda diferente. Cuando esa luz atraviesa un cuerpo traslúcido o transparente, los colores que la integran se separan y pasan a depender del tipo de cuerpo que atraviesan.

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Los prismas separan la luz blanca en todos los colores que la componen y se da un fenómeno llamado dispersión de Rayleigh, que depende en su mayoría de la longitud de onda de la luz; esto significa que la luz con menos longitud de onda es la más dispersa.

Los humanos no percibimos igual de bien todos los colores, sino que somos especialistas en el verde, a la mitad del espectro, y distinguimos peor los extremos rojo y violeta. Esto significa que el azul es más fácil de ver para nosotros que el violeta.

Aunque las partículas atmosféricas diseminan más la luz violeta que la azul, el cielo toma el color azul porque nuestros ojos son más receptivos a la luz azul y también porque parte de la luz violeta es tragada por la atmósfera superior.

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