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Activista saharaui prisionera 12 años en cárceles marroquíes: “Cada noche me dormía sin saber si despertaría”

Activista saharaui prisionera 12 años en cárceles marroquíes: “Cada noche me dormía sin saber si despertaría” | Foto: Juan Manzanara

Publicado 5 julio 2015

Los 12 años en cárceles de la activista saharaui por los derechos humanos Soukeina Yedehlu fueron un infierno en la tierra. El maltrato físico y psicológico  fueron su pan de cada día.


La activivista pasó más de una década de su vida en cinco cárceles clandestinas marroquíes sometida a continuas torturas, su condena, dice, "era una muerte lenta y agónica”.  Consiguió salir con vida y actualmente sigue luchando por la independencia del Sáhara Occidental. Está segura de que su país será libre, pero no sabe cómo, ni cuándo, ni si ella lo verá. 

El pasado martes se proyectó en Zaragoza el documental Soukeina. 4.400 días de noche, dirigido por la zaragozana Laura Sipán y producido por el Observatorio Aragonés para el Sáhara Occidental. Soukeina Yedehlu tiene ahora 58 años.

“Cada noche me dormía sin saber si despertaría”

Doce los pasó en cinco cárceles clandestinas marroquíes donde cada noche se acostaba pensando que al día siguiente no iba a despertar. Más de medio siglo luchando por la libertad del pueblo saharaui. Tenía cuatro hijos cuando fue capturada por primera vez en enero de 1981, uno de ellos, una niña, murió mientras ella estaba en la cárcel. No llegaba al año de vida.

Ha sufrido en sus propias carnes la máxima expresión de la crueldad humana. Pero no se rinde. Sigue ansiando que su pueblo sea libre. Está segura que lo conseguirán, pero tiene dudas de si ella llegará a verlo. Sus ojos no emanan tristeza, sino rabia y unas ganas infinitas de continuar.

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Ahora vive en Smara, donde nació, pero sigue sin ser libre. No lo será hasta que su pueblo sea independiente. Hasta que termine la ocupación marroquí. La llave, afirma, la tiene el Gobierno español. “Si hubieran escuchado nuestras reclamaciones, Marruecos no hubiera invadido el Sáhara Occidental”, se lamenta.

Antecedentes

Cuando Soukeina fue detenida por primera vez lo perdió todo. La maternidad, su familia, incluso el miedo. Le quitaron la vida. Entre enero de 1981 y julio de 1991 pasó por cinco cárceles. Sufrió terribles torturas como estar colgada del pelo en unas barras de metal mientras la golpeaban, o colgada con la cabeza hacia abajo y las manos atadas a los pies. A esa posición, dice, “los verdugos la llamaban la gallina asada”.
 Kalaat M’gouna fue la cárcel en la que más tiempo estuvo: nueve años y dos meses. Allí, dice, se sentían como “muertos en vida”. Fue liberada el 2 de julio de 1991 “gracias al esfuerzo de varias organizaciones de derechos humanos. Su familia fue a recogerla, pero no reconoció a sus hijos, solo a la más pequeña y porque recordaba una cicatriz en su dedo de cuando tenía dos años. Había pasado una década, su corazón “estaba roto” y su “familia deshecha”.
 Menos de un años después, en mayo de 1992, volvió a la cárcel. Regresaron las torturas, el agua sucia y llena de crema de afeitar y lavavajillas para beber y la comida con escarabajos. Así hasta que el 31 de diciembre de 1993 quedó de nuevo en libertad.
En la prisión, si las sorprendían estudiando las torturaban. Tenían tres pretensiones principales: aprender, tener un juicio justo y recibir la visita de familiares. Otras como mejorar la alimentación o recibir medicación, “eran secundarias”.

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