Cecilia de La Habana
La novela “Cecilia Valdés”, gira bajo el peso de un romanticismo realista, designado a ser un espejo de la situación social y las tradiciones socioculturales. Sus protagonistas han generado hasta hoy diversas polémicas en torno a su existencia real
Cecilia Valdés interpretada y el autor villaverde. Foto Cuba en la memoria
30 de septiembre de 2026 Hora: 10:12
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- ¡Se cree Cecilia Valdés!
Lisonjero o celoso, así podría escucharse el comentario al pasar por la calle una atractiva mujer cubana, en una isla donde el piropo es parte de la idiosincrasia. Y es que la belleza mítica, ficticia o real de la Cecilia Valdés de la novela del propio nombre, ha llegado intacta a nuestros días estimulando el imaginario popular.
‘…La boca tenía chica y los labios llenos, indicando más voluptuosidad que firmeza de carácter. Las mejillas llenas y redondas y un hoyuelo en medio de la barba, formaban un conjunto bello, que para ser perfecto sólo faltaba que la expresión fuese menos maliciosa. (…) ¿A qué raza, pues, pertenecía esta muchacha? Difícil es decirlo. (…) tales eran su belleza peregrina, su alegría y vivacidad, que la revestían de una especie de encanto, no dejando al ánimo vagar sino para admirarla y pasar de largo por la faltas o por las sobras de su progenie. Llevaba también el cabello siempre suelto y naturalmente rizado (…) parecía tan pura y linda que estaba uno tentado a creer que jamás dejaría de ser lo que era’.

Sobre la ardiente y vocinglera mulata Cecilia, quizás cuelgue el enigma de haber sido realmente un nombre en algún libro de bautismos y no sólo en la imaginación de Cirilo Villaverde, autor de Cecilia Valdés o La loma del Ángel, novela fundacional de la literatura cubana del siglo XIX.
La novela “Cecilia Valdés”, gira bajo el peso de un romanticismo realista, designado a ser un espejo de la situación social y las tradiciones socioculturales. Sus protagonistas han generado hasta hoy diversas polémicas en torno a su existencia real.
Los periodistas Luis Sexto, y tres décadas previas, su colega Reinaldo Peñalver Moral, investigaron el tema en torno a la ‘realidad de sus personajes’ y de acuerdo con sus indagaciones, cierta tumba en el cementerio de Cristóbal Colón en La Habana pertenece a Cecilia Valdés.
En el primer tomo de «Cecilia Valdés», impreso en La Habana en 1839, el novelista expresó en una carta-prólogo dirigida a su amigo Don Manuel del Portillo: … “los personajes que en ella figuran, nacieron en esa loma…”
Pero hasta hoy nos trae sobre dudas la protagonista de la obra literaria,cercana al costumbrismo y al realismo crítico. Cecilia Valdés o La loma del Ángel, fue impresa su segunda adaptación en 1882, desde un taller tipográfico de Nueva York, donde se editaba el periódico en español El Espejo. Fue en Estados Unidos, donde residió Villaverde desde 1849, que concluyó la versión definitiva.
En ese prólogo de la obra editada en Nueva York, Villaverde señaló: … “he llevado el realismo, según lo entiendo, hasta el punto de presentar los principales personajes de la novela con todos sus pelos y señales, como vulgarmente se dice, vestidos con el traje que llevaron en la vida, la mayor parte bajo su nombre y apellidos verdaderos”…
Evidentemente tuvo que salir huyendo de las autoridades coloniales españolas de Cuba, porque Villaverde participó -en1848- en una conspiración libertaria, en las regiones cubanas de Trinidad y Cienfuegos; después desempeñó la función de secretario del general Narciso López, quien desembarcó dos veces en Cuba con expediciones integradas por cubanos y norteamericanos. El caudillo López, nacido en Venezuela y propulsor de la anexión de Cuba a los estados esclavistas del sur de la Unión, fue apresado en el segundo intento y ejecutado en 1851. Cuentan que fue la esposa de Villaverde, Emilia Casanova, quien cosió la bandera enarbolada por López.
En carta fechada el 21 de noviembre de 1883, dirigida al escritor Julio Rosas, el novelista cubano expresó acerca de sus personajes:…“todos los que en ella figuran los he tomado de entre mis amigos, condiscípulos, conocidos, parientes, etcétera”…También admitió que para describir a su protagonista, escogió a una mujer real. Sin embargo, pocos historiadores dieron crédito a sus palabras, incluso algunos fantasearon con que usó sus propias iniciales (C V.): Cecilia Valdés.
La tumba fría
Posiblemente la tumba con el nombre de Cecilia Valdés, en la Necrópolis de Colón en La Habana -descrita en la Bohemia del 13 de diciembre de 1974- guarda los restos de la famosa mulata de la Loma del Ángel y los del supuesto fruto de sus amores con Cándido Rubio Lima; o sea, el verdadero Leonardo Gamboa de la novela, quien realmente no murió asesinado como narra la ficción.

No muy lejos de la tumba del escritor, quien yace en un hermoso panteón de mármol adornado con un obelisco, está esa modesta tumba, que probablemente guarde los restos mortales de quien fuera la musa viviente del novelista.
Su existencia real ha sido una controvertida tesis, salida de un fragmento de la carta escrita por el propio Villaverde a un conocido, donde confiesa que, para crear el personaje se inspiró en “una mulata muy linda con quien llevó amores Cándido Rubio, mi condiscípulo y amigo, en La Habana”.
Los datos asentados en la Necrópolis nos acercan a la verdad. La lápida indica que la fecha de la muerte de la mujer de nombre Cecilia Valdés, sucedió el 21 de mayo de 1893, lo que concuerda con la historia de la Cecilia literaria. Para más detalles, el libro de Inhumaciones describe otros elementos de verosimilitud de la tumba fría: que la fallecida era mestiza, natural de La Habana e hija de la Real Casa de Maternidad.

La locura es peor que la muerte. En la novela, Cecilia aun sin llegar a los veinte años, termina desquiciada por la muerte de su amante Leonardo y dadas las secuelas de su parto, por lo que es internada en un albergue para dementes.
Los nombres de Cecilia Valdés y Cirilo Villaverde, también coinciden en el recuerdo de los habaneros en un espacio físico más distendido, que los ubica en la época de la Habana colonial. Al pasear por la iglesia del Santo Ángel Custodio, en la muy conocida Loma del Ángel, se advierte una escultura en bronce del artista Eric Rebull, que identifica a Cecilia. Unos metros más adelante, un busto de Cirilo Villaverde con una suave sonrisa, sugiere -desde 1946- la contemplación del escritor a su musa.
Los menos románticos dicen que en Cuba hubo muchas Cecilias de apellido Valdés, mientras el destacado investigador e historiador cubano Pedro Deschamps Chapeux, había logrado comprobar que varios personajes de la novela de Villaverde habían sido “de carne y hueso”. Dado el resultado de las investigaciones, la Cecilia María de la Merced Valdés había adquirido su propia tumba en 1886, para utilizarla siete años después rodeada de misterio.
Fue importante la contribución de Femando Hernández Benítez en la Necrópolis de Colón, tras una larga búsqueda en los libros de enterramientos, para llegar a esa información. La dama nacida el 10 de agosto de 1807 e hija de la Real Casa de Maternidad, tenía 78 años cuando se hizo propietaria de la tumba que ya estaba ocupada.
Antonio Valdés fue sepultado antes en ese mismo sepulcro. El primero de junio de 1883, a la edad de 40 años, fue enterrado el hombre fallecido de tuberculosis y también hijo de la Real Casa de Maternidad o sea, que no se identificaron sus padres. Tres años después, Cecilia María de la Merced Valdés, solicitó al Obispo de La Habana obtener la propiedad a perpetuidad del terreno situado en: cuartel noreste, cuadro número 6, campo común, hilera cuatro, fosa doce del tramo tercero, donde aún yace Antonio Valdés. Para adquirir la propiedad, fue fijado el valor del terreno por la suma de 20 pesos oro.

Siete años después y víctima de esclerosis cerebrovascular, falleció Doña Cecilia a los 86 años, en su morada de la calle San Nicolás, número 179, en La Habana y fueron sus vecinos quienes la acompañaron hasta su sepultura, compartida con Antonio Valdés, posiblemente el hijo de esta Cecilia Valdés. Así evitó que fueran exhumados por propósito desconocido, los detalles.
Alrededor del nacimiento de Antonio Valdés existe más de un enigma. Nació el 29 de agosto de 1842 y fue bautizado de forma privada por el cura Don Cristóbal Soler. En el libro de bautismos de la iglesia del Espíritu Santo, aparece como padrino de Cándido Rubio Lima (Leonado Gamboa en la novela) un individuo nombrado Alexandro Romay. Antonio Valdés fue bautizado con el nombre de Antonio Juan Alexandro Valdés.
Después de la ceremonia sacramental a hurtadillas, el bebé fue llevado con cinco meses de nacido a la Real Casa de Maternidad el 25 de enero de 1843.
El Arzobispado de La Habana dijo que se trata de un caso insólito en la historia de la Casa Cuna, porque después que el pequeñito Antonio Valdés ingresó en la Real Casa de Maternidad, con una nota adjunta en sus pañales donde se hacía constar el día de su nacimiento y su bautizo, fue bautizado nuevamente.
A la edad de 21 años solicitó permiso al Arzobispado de La Habana, para cambiar este nombre Antonio Juan Alexandro Valdés, por el de Alejandro.
Cándido Rubio Lima (Leonardo) -aquel padrino del niño- contrajo matrimonio en el Espíritu Santo, el 13 de abril de 1815 con Camila María del Carmen Entralgo de Almanza y uno de los testigos se nombra Gerónimo de Salazar. Dieciocho años después, en la parroquia de Jesús del Monte contrae matrimonio el joven Antonio Valdés, donde firma como testigo el propio Gerónimo de Salazar.
Gerónimo —íntimo amigo de Cándido Rubio Lima— fue intermediario para entregar a Antonio Valdés la pensión que le hacía llegar mensualmente su supuesto padre. La conclusión a la que llega el investigador, precisa que José Gerónimo de Salazar, era sacristán de la iglesia del Espíritu Santo en 1846 y apareció una constancia como acreedor, fechada en 1858, donde Gerónimo aparece debiendo la suma de 42 pesos oro y 5 reales a Antonio Valdés, todavía un menor de edad.

También es posible que Gerónimo, un individuo de la desahogada posición económica, dedicado al lucrativo negocio de la cigarrería en esa época, protegiera a Antonio empleándolo en algunos trabajos que en alguna ocasión dejó de pagarle.
El periodista también aporta pruebas del posible incesto en la vida real, entre Cecilia y Cándido Rubio Lima (Leonado Gamboa, en la novela). Refiere que Cándido Rubio Bujedo – padre de Cándido Rubio (hijo) (Leonardo en la ficción)- había tenido una hija en concubinato con la mulata Rosario Alarcón —según la novela—, con el nombre de CeciliaMaría de la Merced Lorenza.
Dos años después de nacer la presunta hija Cecilia, el señor Rubio Bujedo consumó su matrimonio en 1809 con Doña Gertrudis Lima y de esta unión tuvo tres hembras y dos varones. Todas las hijas hembras a excepción de Rosario, la mayor, fueron bautizadas con el nombre de: María de la Merced Lázara y María Antonia de la Merced. Nótese que denominó Rosario a su primera hija.

Autor
El inicio de Cecilia como personaje protagónico, estuvo en el mencionado relato de 1839 publicado en la Imprenta Literaria de Lino Valdés, con el título “Cecilia Valdés», que ya esbozaba a la futura novela.
Lo mejor que hizo Villaverde fue atreverse a reescribir la obra, después de 43 años de presentada su primera versión y la llevó más allá de un intento costumbrista cuando la narrativa cubana empezaba a exigirles una personalidad literaria, con su edición definitiva: “Cecilia Valdés o la Loma del Ángel”.
Villaverde enriqueció su óptica de escritor, con las aspiraciones de un revolucionario que transitó del anexionismo al independentismo. El nuevo enfoque crítico de la sociedad colonial contra cuyos estigmas y crueldades él mismo luchaba, hizo crecer el relato y el análisis de la sociedad en que le tocó vivir.
Elrenombrado Cirilo Villaverde fue periodista, traductor y escritor se convirtió en una figura icónica de la narrativa cubana. Nacido el 28 de octubre de 1812 en el ingenio Santiago, de la costa norte de la provincia de Pinar del Río.
La obra revela una realidad que el propio Villaverde vivió y sufrió. La esclavitud, la dependencia colonial, el patriotismo y las ansias de libertad de un pueblo. Era la sociedad colonial caracterizada por la diferencia de clases y la discriminación racial, además de retratar la posición marginal de las mujeres, especialmente de las criollas. La novela Cecilia Valdés, fue pionera en la construcción de la identidad cubana y un verdadero reflejo de las tradiciones y costumbres del siglo XIX en La Habana, Cuba.
Cambio del desenlace
Entre la realidad y la ficción, el autor tuvo que escoger, cuando llegaron a La Habana de 1879, los primeros ejemplares de su novela “Cecilia Valdés” editados en Nueva York. En aquellos momentos, aún vivía en La Habana su amigo Cándido Rubio, de cuya historia había tomado hasta la mulata protagonista con la que mantuvo amoríos.
El historiador Deschamps, resalta que dada su amistad con Cándido Rubio Lima, desde sus años de estudiante, seguramente no ignoraba su matrimonio con Doña Camila Entralgo y Almanza, hija de un escribano de renombre en La Habana. Por todos estos testigos del relato, se imagina que el escritor Villaverde, tuvo que dar un giro al final, hacia un desenlace violento a su obra. Valiéndose quizás de un hecho real ocurrido en 1835, aunque su relato se enmarca de 1812 a 1831.
Detenido y condenado a muerte, Villaverde tuvo que huir de la Habana el 31 de marzo de 1849, junto a otros implicados en la conspiración de la “Mina de la Rosa Cubana” y se dirigió a Estados Unidos. Regresó casi una década después (1858) por una amnistía dictada por el gobierno colonial español.
En esa década, su viejo amigo y condiscípulo Cándido Rubio Lima, se hizo de una dotación de 208 esclavos. Su sólida posición económica y social, la obtuvo como fabricante de azúcar, dueño del ingenio “Jesús María”, situado en la zona de Quiebra-Hacha. También realizaba operaciones de préstamos y compra-venta de propiedades, en compañía de su cuñado Don Antonio del Valle Hernández.
Además de la autenticidad de sus personajes protagónicos, hubo otros secundarios, que según el investigador E. Rodríguez Herrera, eran identificables en la época. Se refiere al negrero Joaquín Gómez, el traficante Pedro Blanco, cuyas actividades fueron narradas en la novela “El Negrero”, de Novás Calvo. También al célebre músico Brindis de Salas o el médico Tomás Montes de Oca y su esposa Agueda Valdés. Menciona al casi legendario Tondá, favorecido por el capitán general Francisco Dionisio Vives, entre otros personajes que entre los años 1812 y 1831 formaron parte de la sociedad que resalta la historia de Cecilia Valdés, a quien todo indica, Villaverde conoció.
Cecilia en otras artes
Precisamente la cubanía y raigambre popular de la narración, han merecido la atención e inspirado a artistas de diferentes manifestaciones del arte, enfocados en su personaje principal y en la época contada. Villaverde publicó, además de Cecilia Valdés, cortas narraciones aparecidas en la prensa de la época, colaboró habitualmente con periódicos y se vinculó a la causa revolucionaria independentista cubana. Fue en Nueva York director del diario separatista “La Verdad” y se dedicó también al magisterio.
De acuerdo con el historiador Max Henríquez Ureña, ningún analista histórico ha podido igualar a Villaverde, para dar a conocer el siglo XIX cubano. “Cecilia Valdés” reafirma lo anterior con excelencia y legitimidad.
Cecilia, llegó a las tablas como la obra cumbre del teatro lírico cubano. Expuesta en el género Zarzuela y Comedia lírica, se presentó el 26 de marzo de 1932, en el Teatro Martí de La Habana, con una puesta en escena de una hora y 45 minutos. La música fue creada por el gran maestro Gonzalo Roig y el libreto de Agustín Rodríguez, con José Sánchez-Arcilla.
Tanto música como argumento respiran cubanía, en su forma, géneros y ritmos de la música tradicional cubana. La partitura de esta zarzuela revela el talento de Roig para la creación destinada al teatro, gracias a su experiencia como violinista y director de orquestas teatrales. Su dominio de la composición lírica se manifiesta en su inventiva melódica, la eficacia dramática de las escenas musicales y su gratificante escritura vocal.
Ha sido la zarzuela más representada en Cuba, donde se registra un número superior a las 3000 partituras de teatro lírico. Ha superado el millar de presentaciones en el extranjero en escenarios de Moscú, Leipzig, Madrid, México y Nueva York. Dentro de las celebridades que la kan representado ha estado la eminente soprano lírica, Alina Sánchez, quien además le ha aportado autenticidad con su apariencia de hermosa mulata cubana.
Yo soy Cecilia, Cecilia Valdés….
Siento en mi alma cubana la alegría de vivir.
La danza a mí me fascina
Bailando soy la mejor.
Según las vivencias del propio Roig: «La Cecilia Valdés yo la escribí en un mes y días. Pero no fue sólo escribirla, sino instrumentarla también. Estaba dedicado exclusivamente a la obra. Yo no vivía nada más que para aquello. Me ponía un mono por la mañana, me iba para el teatro y allí me llevaban la comida». Roig escribió esa obra pensando en la voz de Caridad Suárez, quien, sin embargo, no tuvo el honor de ser la primera Cecilia Valdés, porque la mexicana Elisa Altamirano fue un nuevo y bello amor del autor y se decidió por ella para el estreno, a pesar de su pequeña tesitura. Quedó lista la partitura en el mismo mes de marzo, copiada con tinta negra por el propio Roig y encuadernada sin lujos ni detalles en una medida de treinta y uno por veintidós centímetros.
Aunque la primera Cecilia de la zarzuela cubana no fue cubana sí lo fue la segunda. “En 1935 se hizo necesario una reposición de la zarzuela Cecilia Valdés también en el Teatro Martí, en el mes de marzo, ahora interpretada por Rita Montaner. En la partitura de esa zarzuela que copió José Guede aparece, en la página ciento veintiuna, esta nota de Gonzalo Roig, escrita el 16 de marzo: «Una grandiosa interpretación de esta obra. Sobresaliente interpretación de Rita Montaner. No me defraudó». El día 17 escribe otra nota: «Magnífica actuación de Rita Montaner». Y en la página ciento dos vuelve a escribir el Maestro el 19 de marzo: «A Rita Montaner, que hace en esta berceuse una interpretación genial, artística y única».
Hierve la sangre en mis venas,
soy mestiza y no lo soy.
Yo no conozco las penas,
yo siempre cantando voy.
El papel de Cecilia en el teatro lírico es uno de los más codiciados dentro de la dramaturgia cubana de todos los tiempos.
¡Cecilia Valdés! Mi nombre es
precursor de la alegría.
Yo canto y bailo a porfía…
¡Yo soy Cecilia Valdés!
Cecilia en la gran pantalla.

Cuando la actriz Daysy Granados, encarnó en 1981 el personaje de Cecilia, tras la mirada de Humberto Solás, uno de los grandes maestros del cine cubano de todos los tiempos, la leyenda pasó para siempre al cine.
El cineasta resultó ser un sorprendente constructor de personajes femeninos, desde la ficción o la literatura, que reflejan totalidad las contradicciones y adversidades que su sexo le impone en cada contexto histórico. Entonces, para enfrentar a Cecilia Valdés no hizo una reproducción exacta, sino una reinterpretación, lo que provocó opiniones encontradas entre público y críticos especializados.
La película realizada por el Instituto de Arte e Industria Cinematográfica de Cuba (ICAIC), constituyó uno de los hitos de la cinematografía cubana.Solás crea su propia Cecilia, releyendo la historia y recontextualizando su mito.
Refiriéndose a Cecilia, como personaje protagónico de Humberto Solás, el crítico Joel del Río apunta: ‘en Cecilia, el personaje femenino se convierte en símbolo polisémico y encarnación de la espiritualidad, la resistencia y la delicadeza, más allá de cualquier propósito coyuntural o vanamente polémico. (…) la Cecilia villaverdiana (que en polémica versión de Solás se transmuta en Oshún y se asemeja a la Caridad del Cobre) pueden verse cual alusiones simbólicas a la Isla, en esa centuria traumática y fundacional que fuera el siglo XIX latinoamericano’.
Por su parte, la actriz Daisy Granados mereció por su actuación en esta película, el premio a la Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Panamá en el año 1982. Recordamos que una serie de televisión con un total de seis horas en la pantalla chica, fue la segunda opción para el disfrute popular. El primero de julio de 1982, la película se estrenó simultáneamente en catorce salas cubanas.
Cecilia pintada
Del pincel del célebre holguinero Cosme Proenza Almaguer (1948-2022), de un estilo muy definido y reconocido universalmente por la elegancia y la exquisitez, apareció Cecilia.
– (…) ‘Normalmente no utilizo personajes vivos o muertos reales; siempre personajes inventados o preferiblemente de la literatura, que son tan inventados como los que pudiera imaginar yo’, dijo Cosme en entrevista concedida a Nirma Acosta.
Perfilada en el lienzo de Cosme Proeza que sintetiza la sensualidad y maravilla de esta mujer cubana en ambiente bucólico y surrealista.
De su Cecilia Valdés, describió: ‘El que se sienta buen cubano tiene que haber leído a Cirilo Villaverde; Cecilia Valdés es un libro imprescindible. Por eso, no tuve que investigar, solo tuve que sentirlo. No quise utilizar ningún referente vivo o modelo, porque soy de los que cree que la mejor imagen es la que cada cual alberga dentro. Usar un referente real es mucho más fácil; pero es mejor parirlo completo. Por tanto, esa Cecilia, que no es un personaje real, sino como yo la he querido dar, es sencillamente un personaje que está dentro de esta nebulosa que se crea entre el objeto artístico, la obra literaria y nuestro pensamiento’.

Cosme proenza, celebridad de la pintura cubana junto a su Cecilia.
– (…) ‘Con Cecilia Valdés evité, en lo posible, todo lo anecdótico. Sencillamente aparecen los elementos que la rodean, propios de una época —ni siquiera la ropa; la ropa recuerda algo de la moda de la época, pero no es eso. Es lo que la envuelve, que le permite flotar; nace, como si fueran plantas, pero es un vestido propiamente dicho. La flor mustia que tiene en sus manos también es una gran flor, una flor enorme que pesa, que tiene otra connotación, quizá dentro de la parte sentimental —más trágica— de la vida de Cecilia, pero sin contar anécdotas’.
Flores para Cecilia.
El mito de Cecilia sigue rondando entre los cubanos. Por eso han sido y serán múltiples las versiones de la novela “Cecilia Valdés o La loma del Ángel”, donde destaca el tema nacionalista y la búsqueda de la autenticidad. Todavía no existe la certeza de la identidad frente al personaje, en la tumba con su nombre del cementerio de Colón en Ciudad Habana. Aun así, continúan las flores sobre su tumba.
Por Rosa Maria Fernandez.




