IA. Una serpiente que se come su propia cola

En una reciente publicación de Substack -plataforma para crear y enviar un boletín informativo y blog de forma gratuita- fueron expuestos escenarios hipotéticos sobre cómo los avances de la Inteligencia Artificial (IA) podrían alterar la economía.

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24 de septiembre de 2026 Hora: 12:28

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El informe de Citrini Research en Substack, acerca de la disrupción por IA, provocó la caída de las acciones de 823 puntos de Dow Jones. O sea, alteró el índice bursátil más famoso del mundo que mide el desempeño de las 30 empresas más grandes de EE.UU.

Lo anterior nubló el panorama, unido al anuncio del Presidente Donald Trump de que subiría los aranceles al 15%, mientras Wall Street tenía la persistente debilidad en las acciones tecnológicas de la IA.

Este es sólo un ejemplo, de cómo actualmente se puede desatar un infierno económico en un ‘santiamén’, que impacta a la economía de varios países. Tal como lo recuerda la secuencia de laadaptación radiofónica de 1938, de La guerra de los mundos de Orson Welles, célebre por convencer a los aterrorizados oyentes, de que los extraterrestres habían invadido realmente el planeta.

Por los tiempos que corren,la historia de invasión marciana resurge cada cierto tiempo de entre los escombros, para recordarnos las amenazas que sirven de comodín a quienes tiran de los hilos, para  generar las crisis y las ansiedades de la época.

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¿Qué tipos de IA existen?

Recientemente leímos que «El Proyecto Panamá sigue en marcha». Lo que para algunas personas puede ser el objetivo de las investigaciones en IA, para otros es un camino distópico de ciencia ficción, donde se desencadena una IA incontrolable.

Ray Kurzweil, Director de Ingeniería de Google y líder de proyectos de la IA, había estimado el 2045, como la fecha en que la inteligencia artificial superaría a las capacidades humanas. Al parecer los algoritmos nos colocan frente a un espejo: el futuro ya está aquí.

La BBC ha publicado un relato basado en la historia de Marçal Font, poeta y profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Barcelona, quien lleva 20 años trabajando como librero que vende y compra libros usados, de segunda mano o descatalogados, desde laLibrería Fénix, un referente para el comercio de libros antiguos de la ciudad catalana de Badalona. «Hace 20 años que me dedico a ser librero de viejo, o sea, que de compras extrañas he tenido millones, con lo cual ya no me alarmo», le cuenta al periodista Matías Zibell.

El pedido de finales de abril del 2026, lo alarmó por el extraño patrón de compra. Provenía de una empresa ubicada en Canadá. En Mayo volvieron los pedidos, pero no era la primera vez que la librería enviaba libros en catalán al exterior. «Mandamos libros hasta Japón», pero a Font le pareció conveniente investigar lo que podría resultar un fraude.

«No es frecuente buscar a quiénes nos compran, pero en ese caso empezamos a mirar, más que nada, porque eran pedidos en una ventana de una hora o 40 minutos. Teníamos tres o cuatro correos pidiendo un número dispar de libros. Y los gastos de envío asociados eran disparatados».

«Y ahí fue cuando empezamos a tirar del hilo y encontramos otra gente, con las mismas inquietudes que Marçal, en Alemania, en Nueva Zelanda… Y entonces lo vimos súper claro», consultó con su amigo Xavier Vinaixa, a quien  lo une el amor por los libros y la pasión por la inteligencia artificial.

«Me llamó y me dijo, ‘oye, me están entrando aquí pedidos con patrones raros, el mismo cliente, con envío al exterior y pagando tres veces gastos de envío’. El investigador de inteligencia artificial y director técnico de la empresa tecnológica Sorensen.ai, lo primero que pensó es que no fuera una estafa.

«En el caso de Marçal, me comentaba de pedidos que le llegaban, por ejemplo, de la historia de los embutidos catalanes, cosas que seguro que no se han usado todavía para entrenar (a la IA)», dijo Xavier Vinaixa. «Cuando hablamos de IA normalmente se sobreentiende que hablamos de un LLM (siglas en inglés de Large Language Model), un gran modelo de lenguaje», aclara.

Un librero de Haarlem, en Países Bajos, también se sorprendió al recibir un pedido masivo de libros. En el comercio de libros antiguos es muy poco frecuente que la gente quiera comprar más de un libro. Así que, si alguien viene y dice ‘quiero un par de cientos de sus libros’ resulta muy extraño», contó el anticuario Pieter de Vries al periódico británico The Telegraph, narrado en el artículo «Barbarie cultural: cómo las empresas de IA están destruyendo los libros del mundo».

Otro pedido similar ocurrió en la ciudad australiana de Victoria, cita el diario The Guardian. Lo hicieron desde la misma compañía que le compró al barcelonés Marçal Font: «Hicieron el pedido, pagaron por adelantado y no pusieron reparos a los gastos de envío», explicó desde Australia, la librera Delfina Manor.

Los artículos mencionados, hacen referencia a la investigación periodística que destapó lo que se conoce como el «Proyecto Panamá».

Hace alrededor de un año atrás, la empresa de inteligencia artificial (IA) Anthropic resolvió una demanda colectiva presentada por autores, quienes alegaron que la compañía había utilizado sus obras sin permiso, para entrenar sus modelos de IA, por lo que Anthropic tuvo que pagar al conjunto de los escritores, un total de US$1.500 millones.

Era un plan para digitalizar todas las obras escritas por la humanidad, dijo el diario Washington Post, cuandopublicó -cuatro meses después- en exclusiva, un documento que fue parte del proceso judicial ante la demanda de los autores. «El Proyecto Panamá es nuestro esfuerzo para escanear de forma destructiva todos los libros del mundo», indicaba el texto filtrado, que más adelante especificaba: «No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto».

«Y ahí empezaron a surgir los testimonios de libreros alrededor del mundo, que reciben órdenes de libros que nadie tocaba, y de algunas empresas que se dedican a escanear estos libros y darles el texto ya escaneado a las empresas de inteligencia artificial. Así aparece el tema de la destrucción de los libros». Dijo uno de los autores que emplazó a Anthropic en esa demanda colectiva. Fue Maximiliano Firtman, profesor argentino y autor de libros sobre programación e inteligencia artificial, quien relató el dictamen del juez: si la empresa compraba el ejemplar del libro, podía usarlo para entrenar a la IA.

«El procedimiento ‘destructivo’, es básicamente un proceso que comienza con el corte del lomo para que las hojas queden sueltas; las páginas ya separadas se introducen en escáneres industriales de alta velocidad, que las escanean mucho más rápido, de manera automática». El libro ya no puede armarse de nuevo y sus restos suelen enviarse a reciclaje.  

Rodrigo Álvarez, periodista especializado en tecnología en el medio Todo Noticias (TN) de Argentina, explicó que hay dos métodos para digitalizar libros, uno de los cuales no implica la destrucción del ejemplar, ya que usa escáneres planos o dispositivos con forma de V que escanean las páginas sin desarmar la encuadernación. «Las empresas eligen esta segunda alternativa por una cuestión de escala: permite digitalizar millones de ejemplares con mayor rapidez y a un costo menor. En el caso documentado de Anthropic, para el Proyecto Panama se usó este procedimiento».

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Se dice que para preservar los textos escritos a lo largo de la historia, pero el objetivo principal obedece al entrenamiento de la inteligencia artificial. Después de incluir toda la información de la red -Wikipedia, foros, blogs -, siguieron con notas de periódicos y hasta con subtítulos de los videos de YouTube.

El profesor argentino, Maximiliano Firtman, añade: “Todo lo que tenían a mano se lo daban a esa máquina que se traga textos, y cuando esto se terminó, empezaron a buscar en los libros impresos que ya estaban digitalizados, luego en las bibliotecas y ahora empezaron a buscar libros extraños que no son comerciales. ¿Y que están dónde? En librerías de libros usados y anticuarios».

«Es que las compras indiscriminadas destruyan ejemplares raros o agotados sin comprobar antes cuántos de esos ejemplares quedan en stock de distribuidoras y librerías, o incluso en poder de las personas». Insiste el periodista de Tecnología (TN) como ‘el mayor riesgo’.

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguos de España, declaró que la destrucción de los libros escaneados para entrenar a la IA ha generado cuestionamientos, e insistió en que se debería distinguir, si se trata de ejemplares de tiradas masivas o de tiradas limitadas. «Como comerciantes que preservamos el patrimonio y que realizamos una labor de conservación, creemos que el uso final de una obra, de una edición muy limitada, escasa o única, lógicamente, no debería ser la destrucción».

No se debe confundir digitalización con conservación. «La digitalización de un libro no es lo mismo que conservar un libro; generalmente ese archivo digital suele quedar en una base de datos privada, fuera del alcance de lectores, bibliotecas e investigadores», advirtió Álvarez, el periodista tecnológico. Añadió que en esta digitalización extrema, también pueden perderse características que exceden al texto, como su encuadernación, anotaciones, ilustraciones, calidad de impresión, procedencia y otras particularidades.

Si un libro tiene depósito legal, asegura una conservación de 5 o 10 ejemplares como mínimo, «que se destruya un ejemplar para que toda esa información vaya a un formato nuevo de conocimiento me parece hasta bien», explicó el librero Marçal Font: «No soy nada romántico en ese sentido». En cambio su preocupación radica en que la digitalización de todo el material producido por la humanidad, deje de lado aquello que no cuenta con un ISBN (siglas en inglés de International Standard Book Number), el número que identifica cada libro publicado.

Advirtió que podrían perderse para futuras generaciones si no se lo digitaliza también: «Toda la disidencia política del mundo, la lucha LGTBI, todos los fanzines de rebeldía, la contracultura, todo lo underground se ha hecho sin ISBN».

La ausencia de estos «metadatos», deja en las sombras claves fundamentales para la buena interpretación de un texto, con lo cual los datos que se producen -incluso para la propia industria de IA- en su opinión son deficitarios, indica el librero Marçal Font. «Que haya un trasvase de conocimiento del formato libro a los nuevos formatos me parece muy positivo; en los siglos XV y XVI, ya hubo un proceso similar con esos libros de la recién inaugurada imprenta, y también se perdía la calidad de los datos de un formato a otro. ¿Eso cómo se resolvió? Con metadatos».

«La solución que proponemos es escanear nosotros nuestro patrimonio en nuestra lengua, lo guardamos y licenciamos los datos; si tú quieres los datos, yo te los doy de la mejor manera posible y el libro me lo guardo, porque para la gente que hace investigación es importante también cómo el libro tiene la portada, cómo ha sido cosido, no solo el contenido», insiste el librero Font.

Dos libros -con el mismo texto- pueden tener un valor cultural muy diferente. «Pueden tener la misma información, pero uno tiene un ex libris (una etiqueta decorativa pequeña que se pega en el interior de la cubierta delantera, para indicar quién es su propietario), una encuadernación artesanal o anotaciones, que no se van a poder trasladar al formato digital, un poco lo que ocurre con el formato del libro electrónico». Especifica Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguos de España.

La demanda de datos continuará, hasta que ya no haya con qué alimentar a la inteligencia artificial, dijo el director técnico de la empresa tecnológica Sorensen.ai. «Creíamos que la IA se iba a quedar pequeña, cuando ya no haya más capacidad de proceso. Pues no, el tope son los datos, la IA se ha quedado pequeña porque ya no hay más datos».

Aún no sabemos qué pasara cuando se acabe la información generada por humanos: «Lo siguiente que hay son los datos sintéticos, los textos escritos por la propia IA. El mayor riesgo de acá a unas décadas, es que cuando todo se lo preguntemos a una IA, sin ir a las fuentes, esa IA se empiece a degradar porque se está entrenando con la misma información que generó la propia IA»,indicóFirtman.

Es una serpiente que se come su propia cola: «Las empresas alimentarían a sus modelos con contenido generado por otras inteligencias artificiales y en ese caso podrían multiplicarse errores, hacer cada vez más básico el lenguaje, como un resumen de un resumen de un resumen, cada vez más sencillo, una síntesis de una síntesis que se aleja de la información original», dice el periodista Rodrigo Álvarez.

Mientras tanto, en la Librería Fénix de Marçal Font, las compras «extrañas» de abril y mayo, se han ido modificando. «Han ido cambiando de logística y de empresa. También nos empezaron a hacer mandar los libros no sólo a Norteamérica, sino a Alemania». «El Proyecto Panamá sigue en marcha».

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Ya existen varios perfiles de nuestras acciones financieras y sociales en internet, que son utilizados para hacer predicciones sobre el comportamiento humano.

El rastreo de los hábitos, gustos, el seguimiento del fondo efectivo en el banco o cuánto debes de tus tarjetas de crédito. Para esa parte del mundo que utiliza Netflix y Amazon, en las redes sociales desde tu propio celular, ‘naturalmente’ tienen un registro de cuántas horas y en cuáles contenidos utilizas. Modelos que influyen hasta en las decisiones de compra, al ‘escuchar’ las necesidades del individuo y mostrarle tendenciosamente determinados anuncios publicitarios. Toda esa información facilita a los modelos de la IA, trabajar con esos números, revisarlos constantemente y encontrar las tendencias.

La IA también genera severos impactos socio-éticos. Por ejemplo, hace un par de años el equipo de desarrollo de Amazon, encontró problemas con su algoritmo de selección de personal: era machista y no le gustaban las mujeres. Ello obedece a los patrones en la selección del personal de la última década. Acerca de los sesgos de los algoritmos, un informe de la compañía tecnológica Capgemini reveló que el 90%, de unas 800 organizaciones, reconocía -al menos un caso- en el que un sistema de inteligencia artificial generó problemas éticos para su negocio. 

Para empezar por el principio, en la conferencia de Dartmouth – el germen de la IA-, ninguno de los 11 ponentes, ni de los 20 participantes era una mujer. Actualmente, debido a los avances tecnológicos y la automatización, lasmujeres tienen 1,5 veces más necesidad de cambiar de trabajo que los hombres. La cifra revela un impacto desigual y creciente de la inteligencia artificial en el mercado laboral latinoamericano.

En el 2026 los resultados revelan que la transformación impulsada por la IA, está redefiniendo el entorno laboral y el crecimiento. Visto y comprobado que la IA podría profundizar problemas de desempleo, la precarización laboral y/o la desigualdad, vinculados con la automatización de tareas laborales o basadas en el procesamiento de información estructurada, que pueden ser realizadas por sistemas de inteligencia artificial.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), uno de cada cuatro empleos en el mundo, está potencialmente expuesto a la inteligencia artificial generativa, lo que indica que millones de empleos deberán transformarse o reducirse, a medida que las empresas y organizaciones adopten estas herramientas.

Será un desafío político y social sobre economías más automatizadas, que pueden dejar atrás a millones de trabajadoras/es. Estiman que entre el 26% y el 38% de los empleos en América Latina, podrían verse afectados por la inteligencia artificial, mientras que entre un 2% y un 5%, tienen la tendencia de automatizarse completamente, básicamente en sectores administrativos y de servicios.

Algunos expertos en IA predicen que a medida que las herramientas de IA avancen a gran velocidad, también aumente el riesgo para los empleos humanos, por lo que el pronóstico dice que la mitad de los empleos administrativos de nivel inicial se perderán para 2030.

La fuerza laboral debería prepararse para el empleo afectado, básicamente en el trabajo altamente automatizable. También el peligro estará sobre los recién graduados universitarios, porque la IA reducirá la demanda de trabajadores ‘junior’; enfrentarán un mayor riesgo de desplazamiento los traductores, profesionales de software, empleados de centros de llamadas y quienes realizan tareas digitales de rutina.

Se proyecta que la tasa de participación de la fuerza laboral (TPFL) caiga de aproximadamente el 61 % para 2030 y hasta el 55 % para 2050.

En marzo de 2026, el investigador de IA Andrej Karpathy (cofundador de OpenAI y exdirector de IA de Tesla), publicó un conjunto de datos que califica 342 ocupaciones de EE. UU., en una escala de exposición a la IA de 0–10, basándose en datos del Manual de Perspectivas Ocupacionales de la Oficina de Estadísticas Laborales, que cubre aproximadamente 143 millones de empleos en EE. UU.

Para Darío Amodei (director ejecutivo de Anthropic) en los próximos cinco años la IA podría eliminar el 50 % de todos los empleos administrativos de nivel inicial, lo que podría llevar las tasas de desempleo de EE. UU. al 10–20 %. Lo califica drásticamente como un posible «baño de sangre administrativo». Muchos siguen sin ser conscientes del poder disruptivo a corto plazo de la IA, enfatizó Amodei. También en los países de altos ingresos, las economías con gran peso de los servicios, hacen que la fuerza laboral esté especialmente expuesta.

Está previsto que los más afectados serán los empleos en zonas urbanas, en manos de trabajadores con mayor educación e ingresos. Otros expertos sugieren que al menos entre un 8 % y un 14 % de los empleos podrían ver mejorada su productividad sin necesidad de una total automatización. Todo depende de los obstáculos en el entrenamiento, el acceso digital y la infraestructura.

La inteligencia artificial remodelará rápidamente el mercado laboral, para bien o para mal. Un reciente estudio por países, indicó que la IA podría afectar a porcentajes del mercado laboral que oscilarían entre el 27 % en Ecuador (2,28 millones de empleos) y el 38 % en Costa Rica (840.000), ligeramente por debajo de la media de los países desarrollados, del 43 %. También señala que los países con más empleos afectados, podrían ser Brasil (37 millones, un 37 % del total de trabajadores nacionales), Colombia (8,24 millones, un 35 %) o México (20,48 millones, también un 35 %).

Muchos trabajadores sienten como si les estuvieran llevando a un futuro que no pidieron. La desconfianza dará paso a la cólera, cuando el uso que le den las empresas a la IA -si no los favorece en sus empleos- los prive de sus medios básicos de vida, a otros los saque de la clase media y frustre las aspiraciones de sus hijos.

Autor: Rosa María Fernández

Fuente: TeleSUR