Lenguas originarias: palabras del corazón y la resistencia

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20 de agosto de 2026 Hora: 09:30

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La diferencia de sentir en el idioma materno, ha sido muy claramente definida por un gran hombre de otro continente en resistencia. Nelson Mandela, dijo: ‘si hablas a una persona en una lengua que entiende, las palabras irán a su cabeza. Si hablas en su propia lengua, las palabras irán a su corazón’.

Ha llegado esta frase proverbial hasta el saber Latinoamericano, tras el anuncio para la creación de 400 Casas Comunitarias de Lengua Indígena (CALI), gestionado por el Gobierno de México. Con una inversión de unos 114 millones de pesos mexicanos (6, 607,421.76 Dólar estadounidense), las CALI tienen el objetivo de rescatar, fortalecer y revitalizar las lenguas originarias del país.

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Las CALI son espacios destinados a la enseñanza, el uso, el aprendizaje, la documentación, la promoción, la transmisión intergeneracional y la difusión de las lenguas indígenas.

El náhuatl, es principalmente común en los estados de Veracruz, Guerrero, Puebla y Durango por lo que se ha definido como la lengua indígena más hablada en México. En segundo lugar está el maya yucateco, más utilizado en los estados de Quintana Roo y Yucatán. Otras lenguas indígenas que se hablan comúnmente son el mixteco, el zapoteco, el otomí, el totonaca y, por último, el mazateco.

México es el hogar de 284 lenguas indígenas, de un total de 307 lenguas establecidas, por lo que este esfuerzo de crear centros comunitarios para la enseñanza, documentación, capacitación, promoción y difusión de las lenguas indígenas a travésdel Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), y las secretarías de Cultura y Educación, fortalecerá la enseñanza, transmisión y preservación de 62 lenguas pertenecientes a 58 Pueblos Indígenas, en 22 estados del país.

La iniciativa responde a la instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo de implementar la reforma al Artículo 2° Constitucional, para reconocer y promover el uso y preservación de las lenguas indígenas como parte esencial de la diversidad cultural de la Nación.

Para su comprensión, dicho Artículo 2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, fue traducido a ocho lenguas originarias, donde se reconoce el derecho de los Pueblos y Comunidades Indígenas a fomentar el uso, desarrollo, preservación, estudio y difusión de sus lenguas como un elemento constitutivo de la diversidad cultural de la Nación; además de promover acciones interinstitucionales que garanticen sus derechos lingüísticos y culturales.

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Cuauhtémoc, Ciudad de México, México, 21 de febrero de 2025. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina “Las mañaneras del pueblo”, en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. Foto: Presidencia

En ese sentido, la mandataria reconoció el papel fundamental de las mujeres en la transmisión de la lengua materna: “¿Quiénes transmiten la lengua? Las mujeres, se llama lengua materna porque quien la traduce, quien la dice, somos las mujeres”(…) “Yo creo que nuestra visión como parte del Proyecto de Nación que representamos y es el mensaje que damos a todos y a todas, es justicia, respeto, no discriminación, reconocimiento, inclusión (…) todos somos iguales”, puntualizó la presidenta Sheinbaum.

“La mujer indígena es quien es más discriminada en nuestro país y esto tiene que acabarse, es parte de esta revolución de las conciencias que representa nuestro movimiento, porque ¿de dónde viene el clasismo, el racismo? De ciertos sectores y nosotros no podemos permitir que eso ocurra en México y la mejor manera es el reconocimiento, desde el gobierno”. Desde el primer año de gobierno, dedicado a la mujer indígena, la presidenta mexicana argumentó el por qué: “Justamente por eso, porque a diferencia de quien discrimina, nosotros la reconocemos como esencia y fortaleza de la nación”, señaló.

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En México más de 7 millones de personas tienen una lengua materna distinta al español; sin embargo, la diversidad lingüística ha presentado pérdidas importantes. A inicios del siglo XX, un 15.4 por ciento de la población mexicana hablaba alguna lengua indígena. Para el año 2020 quedaba un 6.2 por ciento, explicó Alma Rosa Espíndola Galicia, encargada de despacho de la Dirección General del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI),

En este sentido, la subsecretaria de Ciencias y Humanidades de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Violeta Vázquez-Rojas Maldonado, aseguró que la desaparición de las lenguas se debe en parte a que, de acuerdo con datos del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred), el 28 por ciento de la población indígena ha reportado haber sido objeto de discriminación, de los cuales el 31.4 por ciento refiere que ha sido por hablar una lengua materna.

El proyecto para la creación de 400 casas comunitarias y 400 promotoras lingüísticas, prevé sean administradas por las propias Comunidades Indígenas, en su carácter de Sujetos de Derecho Público y en un marco de respeto a la diversidad cultural y lingüística para lograr sociedades sostenibles. Para los pueblos indígenas, las lenguas no son únicamente símbolos de identidad y pertenencia a un grupo, sino también vehículos de valores éticos a transmitir.

Las Casas Comunitarias de Lengua Indígena (CALI) comenzarán con 23 lenguas y variantes en muy alto riesgo, en regiones ya definidas donde existen Planes de Justicia y el Programa “General Lázaro Cárdenas del Río”. Allí desarrollarán materiales educativos, actividades de enseñanza y estrategias para impulsar el uso de las lenguas en los ámbitos familiar y comunitario como sistemas de conocimientos, mediante los cuales estos pueblos forman un todo con la tierra, cruciales para su supervivencia.

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Un elemento a destacar es que México cuenta con 23 radiodifusoras culturales indígenas y 53 proyectos comunitarios para el fortalecimiento de las lenguas indígenas, quienes entre otros enfoques acompañan la tarea “Aléjate de las Drogas. El fentanilo te mata”, con su traducción a 11 lenguas indígenas.

La visión integral destaca que no sólo se trata de hablar las lenguas indígenas, sino también establecer su relación con los saberes y la identidad cultural. Para ello, la Universidad de las Lenguas Indígenas de México (ULIM), imparte carreras como la Licenciatura de Enseñanza de Lenguas Indígenas; la Licenciatura en Interpretación y Traducción en Lenguas Indígenas.

El próximo año escolar será añadida la Licenciatura en Comunicación Indígena Intercultural y la Licenciatura en Literatura Indígena. En apoyo a este propósito se ha realizado la traducción de 180 títulos a 20 lenguas indígenas para primaria y secundaria; como también se crearon 16 nuevas instituciones educativas interculturales y otras 26 de las habituales, de acuerdo con el informe de la Secretaría de Educación Pública.

En México hay múltiples formas diferentes de referirse a una misma realidad,además de expresarlas en idioma español. Son exactamente 69 formas diferentes de ver el mundo en lenguas indígenas, de las que se hablan 364 variantes, agrupadas en 11 familias lingüísticas. Algunos de sus conceptos manifiestan una manera de comprender el mundo,que no tienen una traducción directa al español.

La riqueza lingüística es inconmensurable. Sólo por detrás de Brasil, México está entre los diez países del mundo con más lenguas originarias. Lo afirma el libro «Intraducibles»: «Son auténticos tesoros lingüísticos que nos regalan los hablantes de México y que expresan desde sentimientos hasta formas de comer o de observación de la naturaleza», define su coordinadora Gabriela Lavalle.

Otro dato refleja la importancia de apostar por su conservación, es que en México el 12% de las personas que hablan alguna lengua indígena, no dominan el español. Sin embargo, las estadísticas reflejan pérdidas. A comienzos del siglo XX, un 15.4 por ciento de la población hablaba alguna lengua indígena, actualmente sólo el 6% de la población total del país. Son esos 7,3 millones de personas que hablan alguna de sus lenguas originarias, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística mexicano (INEGI).

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Por ejemplo, las lenguas originarias de México con más y menos hablantes son: Náhuatl:1.651.958 hablantes; Maya: 774.755 hablantes. Le sigue Tseltal: 589.144 hablantes; Ayapaneco: 71 hablantes, Kickapoo: 63 hablantes, Awakateko: 20 hablantes, según el Censo de Población y Vivienda del 2020.

Es sabido que la desaparición de las lenguas ancestrales, debilitaría la identidad y la memoria colectiva; también significaría una pérdida de conocimiento clave para el futuro del país y de la región. Revertirlo es parte del Plan Nacional de Desarrollo 2025–2030, en su eje transversal sobre derechos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, al promover la protección, revitalización y transmisión de las lenguas indígenas, parte fundamental del patrimonio cultural vivo de México.

Desde 1983 se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, como una fecha para visibilizar sus luchas y derechos. María de los Ángeles Gordillo Castañeda, directora General de Educación Indígena, Intercultural y Bilingüe, recordó que desde el año pasado fue traducida la Cartilla de la Mujer, a 35 lenguas indígenas escritas y actualmente se trabaja en otras 27.

El objetivo es que las mujeres indígenas y afromexicanas, tengan acceso a esta herramienta pedagógica, sin importar la región donde vivan. La traducción, es una herramienta poderosa para quienes aún no han podido ejercer plenamente sus libertades. Fue realizada con una metodología colectiva de pares lingüísticos, permitió analizar conceptos clave como igualdad sustantiva y derechos digitales.

La invisibilidad estadística sobre los pueblos originarios, se expresa en que sólo 8 naciones cuentan con información étnica, de los 18 países de América Latina y el Caribe que disponen de datos por las encuestas realizadas en hogares y empleos.

Hasta ahora, existe información de que se realiza una indagación acerca de la pertenencia a pueblos indígenas en México, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, Venezuela, Panamá y Perú.

Sucede que las poblaciones indígenas y afrodescendientes en América Latina y el Caribe enfrentan desafíos específicos para salir de la pobreza. Sufren limitaciones y rezagos en el acceso a la educación, los servicios de salud y laborales, por lo que definitivamente, entre ellos se manifiestan altas tasas de empobrecimiento.  

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De acuerdo con un informe del Banco Interamericano de Desarrollo en el 2020, son pobres un  43% de la población indígena y el 25% de los afrodescendientes de la región. Las diferencias en la llamada “pobreza multidimensional” entre grupos étnicos, son sistemáticamente altas en muchos países.

Las tasas de pobreza: el bajo nivel de vida, la salud deficiente y la educación insuficiente o nula -salvo pocas excepciones- son en promedio dos veces más altas que para el resto de latinoamericanos, precisa el reporte “Desigualdad de oportunidades para los pueblos indígenas y afrodescendientes”.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo -OIT- el 52 % de los indígenas ha migrado -en un acto de sobrevivencia- hacia los centros urbanos. Los han obligado a hacerlo. Han sido impulsados por el saqueo de sus tierras, el deterioro ecológico y la violencia.

El 85 % de los descendientes de etnias originarias en Latinoamérica, son forzados a laborar en la economía informal, cifra muy superior al 50% de la proporción del total de la población que trabaja en la región.

Al evaluar esta realidad, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU, afirma que más del 90% de su población está atrapada en la pobreza, después de una investigación desglosada “por etnia, raza y casta”.  También son reconocidos mayores sufrimientos, en las llamadas «tribus o castas inferiores». En igual sentido, se comprobó la desventaja social y de acceso a las oportunidades para las mujeres y las niñas, quienes también corren un mayor riesgo de sufrir violencia doméstica. 

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La OIT refiere que: “Los trabajadores indígenas tienden a ser más autónomos o trabajadores familiares no remunerados, que el resto de la población. De acuerdo con los datos disponibles, el 16% de los indígenas en edad de trabajar están en el trabajo familiar no remunerado, el porcentaje para sus contrapartes no indígenas es del 4%”.

Actualmente el cambio climático afecta gravemente sus economías de subsistencia. Están amenazados por las políticas homogeneizadoras, los proyectos extractivos y la criminalización de líderes indígenas. Estas afectan directamente a sus culturas y lenguas, profundamente ligadas al entorno.

Los pueblos indígenas derivan sus identidades, valores y sistemas de conocimientos de la interacción con el medio, los mares o los bosques. Sus lenguas son el producto de ese entorno, ya que las formas de describir lo que les rodea, constituyen la base de su especificidad lingüística. A menudo se folklorizan o mercantilizan, despojándose de su contexto. Esto es una forma de despojo y de imposición de modelos ajenos a las realidades de los pueblos. Cuando ese medio se modifica, la cultura y la lengua se ven afectadas, explica la Dra. Kati Álvarez, catedrática de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central del Ecuador.

En el tratamiento de las lenguas ancestrales existen vacíos. Por ejemplo, a excepción de los Kichwa y los shuar, no cuentan con diccionarios, ni gramáticas acordes a la realidad de cada nacionalidad, resalta la investigadora ecuatoriana. Llama la atención, la ausencia de una producción literaria que acompañe los procesos educativos de dichos pueblos, así como la inexistencia de una planificación lingüística que defina con claridad los productos, los tiempos que se requieren para el cumplimiento de metas, que contribuyan a los territorios, a los pueblos y las nacionalidades. 

Aún los planes de desarrollo siguen enfoques occidentales, no culturalmente ubicados en contexto. Existen contradicciones en la política pública y falta de materiales y procesos alineados con un Estado plurinacional e intercultural. Lamentablemente es una realidad común en Latinoamérica esa falta de metas definidas y recursos insuficientes para apoyar a los pueblos y sus territorios.

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Si una lengua indígena se pierde, se apaga una forma única de entender el mundo. A través de su cultura, los pueblos forman un todo con la vida, con las relaciones sociales en sus territorios. En este sentido, las lenguas originarias son clara expresión de resistencia, cruciales para su supervivencia.  Representan la posibilidad de descolonizar términos como “desarrollo” y dotarlos de nuevos significados como la lucha por una vida digna, efectiva contra el despojo, el racismo, las injusticias y exclusiones generadas por el colonialismo y neoliberalismo.

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Autor: Rosa María Fernández

Fuente: TeleSUR