Crónica de la entrega de solidaridad desde Argentina a Cuba
Romper el bloqueo: Llegan a Cuba 45 kits solares del movimiento de solidaridad desde Argentina
Entrega de Kits de paneles solares. Foto: Belén de los Santos
16 de agosto de 2026 Hora: 11:28
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Llegada al Caimito
Después de una hora de viaje desde La Habana llegamos a Caimito, provincia de Artemisa. Sus calles rurales están tranquilas, el sol y el verde lo dominan todo. Alguien se abanica en el frente de una casa, alguien pasa en bicicleta y mira la guagua que nos trae: enorme, fuera de lugar entre las casitas. A simple vista, quizá no se note que detrás de estas puertas se lleva a cabo un genocidio silencioso.
Kenia sale a recibirnos y nos extiende los brazos con una enorme sonrisa; su mamá, emocionada, aguarda algo más atrás. Nos estaban esperando. Enseguida llenamos la casa entre disculpas y permisos y “por favores” y “adelantes”. En el living está Adrián: en parte, el motivo de nuestra visita.

Adrián tiene 27 años. De hecho, los está cumpliendo hoy, así que el motivo de festejo es doble. Lo suyo es el mundo tech y le gusta particularmente aprender sobre economía digital. Cuando tenía un año le diagnosticaron calcinosis cutis, una afección de la piel que le produce una acumulación de depósitos de calcio en los tejidos. Con el correr del tiempo, la enfermedad le ha causado un progresivo deterioro en brazos y piernas, además de una propensión a lesiones en la piel que corren riesgo alto de infección.
Los tratamientos para intentar mejorar su condición de vida fueron muchos. Incluso se le adjudicó una nueva casa en una zona del municipio más alejada de las avenidas, para evitar el polvo y contaminación del transporte. Pero una recomendación fue determinante: mantener una buena refrigeración en la casa, especialmente vía aire acondicionado, para reducir el riesgo de infección. Desde ese momento, recuerda su mamá Kenia, las visitas al hospital fueron disminuyendo.
Hablar del impacto en el sistema energético que produce el bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene sobre Cuba parece técnico, frío, impersonal. Para Adrián, son apagones que le impiden mantener el ambiente climatizado que necesita para evitar una infección.
Todo empeoró a partir del 29 de enero de este año, cuando Estados Unidos impuso un bloqueo total de petróleo a la isla con una nueva orden ejecutiva. Desde entonces, un solo buque de petróleo ingresó al país (suficiente solamente para el abastecimiento de un par de semanas de energía). Los apagones se hicieron más y más pronunciados: hoy pueden superar las 22 horas diarias, incluso más.

Un largo recorrido de solidaridad
El viaje de La Habana hasta acá nos llevó una hora, más o menos. Pero el recorrido fue mucho, mucho más largo. Comenzó hace meses y a muchos kilómetros y países de distancia, cuando el Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba comenzó a tejer reuniones presenciales y virtuales.
A solo semanas del ataque a Venezuela, Estados Unidos impuso el bloqueo total de petróleo a Cuba, un país que depende de las importaciones para un 70% de su producción energética. Era un golpe brutal a un sistema energético ya asediado: menos horas de luz para refrigerar alimentos, para cocinar; menos horas de quirófano en los hospitales, menos producción en las fábricas. Y para Adrián, menos horas del aire acondicionado que lo protege de la infección, del celular y televisor que le permiten, a pesar de su enfermedad, una vía de entretenimiento y aprendizaje.
La convocatoria fue abierta a todo el que se quisiera sumar: presencial, en la Casa de la Amistad Argentino-Cubana en Buenos Aires, y virtual, para todo el entramado de solidaridad y Casas de la Amistad de todo el país. Y la respuesta no tardó en llegar.

Estamos con Cuba
Con denunciar no alcanza. Ese fue el primer consenso. Era necesario idear una estrategia de ayuda solidaria concreta. Una campaña que permitiera además contar una y otra vez qué es lo que pasa en Cuba y por qué, qué tiene que ver con nosotros al sur del continente, y sobre todo qué podemos hacer. Una campaña de información pero que hablara de historias reales, de vivencias específicas, de personas con nombre y apellido afectadas por medidas impersonales: historias como la de Adrián y su mamá, Kenia.
Y hacía falta hacerlo en unidad. ¿Cómo, si estamos tan lejos? ¿Cómo, con la crisis que tenemos acá? ¿Cómo, si a metros nada más le están pegando de nuevo a los jubilados?
Las respuestas llegaron en conjunto, reunión a reunión, charla a charla. ¿Cómo? Uniendo esfuerzos, con diferentes estrategias, cada uno en su territorio, pero con un objetivo común: la recaudación de fondos para llevar paneles solares a Cuba. ¿Cómo? Explicando que defender la humanidad y soberanía de nuestro continente no es algo de allá lejos, es una de nuestras luchas cotidianas. Que la solidaridad cubana atraviesa las historias de muchas de nuestras familias y organizaciones. Que todavía somos muchos los que creemos que una decisión política no puede dejar sin energía a una guardia pediátrica, sin remedio a quien lo necesita. Así surgió la campaña de unidad y solidaridad. Así surgió Estamos con Cuba.
El mensaje se propagó: por redes, mensajes y radios comunitarias. Las reuniones virtuales extendían el esfuerzo a todo el país. Y esos jubilados que daban y dan pelea cada miércoles también se sumaron: no había oposición entre uno y otro objetivo, al contrario.
Con los meses se sumaron esfuerzos y la solidaridad se llevó a la calle. El 30 de mayo cientos marcharon por las calles porteñas denunciando el bloqueo, convocando a sumarse al esfuerzo solidario, al esfuerzo conjunto. Y el 4 de julio, día de festejos en el país agresor, las organizaciones volvieron a unirse para gritar que ¡Cuba no está sola!
En el esfuerzo cotidiano y constante, se recibieron a diario las donaciones de todo un pueblo dispuesto a desafiar la voracidad del imperio. Mientras tanto, las autoridades estadounidenses sacaban una a una medidas ejecutivas que buscaban cerrar todas las puertas, impedir incluso la llegada de la ayuda solidaria: medidas que hoy mantienen 7000 containers de insumos lejos de suelo cubano.
Pero la determinación fue más fuerte y el 30 de julio se concretó lo imposible. Un container cargado de 45 kits solares de 3 kw cada uno llegó al Puerto Mariel, listos para ser distribuidos a las casas de quienes más lo necesitan. Uno de ellos, destinado a Adrián.

Testimonio de lo posible
Escribo apurada, anotando ideas antes de que se acabe la última línea de batería. Así vivimos, pero no nos resignamos, porque puede que esa última línea alcance para contar la historia de Adrián, de todos los Adrianes que habitan esta isla. Y contar la historia un movimiento de solidaridad que logró a fuerza de empeño cruzar el continente justo cuando parecía que ya nada puedía hacerse.
La guagua va dejando Caimito, que vuelve a su tranquilidad habitual. De los 45 kits que llegaron, 5 se quedarán acá. Otros en La Habana, muchos van rumbo a oriente.
No son suficientes para frenar la injusticia del bloqueo. Pero sí son testimonio de lo que es posible. Como lo es Cuba, todos los días.
Autor: Belén de los Santos
Fuente: teleSUR




