La Bodeguita de Carlos Puebla
Fueron diez años, de 1952 a 1962 los que Carlos Puebla pasó en ese local emblemático, sobre todo en aquella época de la década de los 50 del pasado siglo, con Batista y la represión mandando en Cuba.
Carlos Puebla en la Bodeguita del Medio
7 de agosto de 2026 Hora: 09:58
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La Bodeguita del Medio tenía una historia comenzada en 1942 cuando fue adquirida por el señor Ángel Martínez, quien le puso su apellido al negocio (Casa Martínez) y sustituyó el nombre original (La Complaciente). En aquellos tiempos y en Cuba toda bodega que se respetara tenía que hacer esquina, pero ésta, la del señor Martínez se encontraba ubicaba en el medio de la cuadra, en la calle Empedrado, bastante cerca de la plaza de la Catedral en la llamada Habana Vieja.

Esquina y Bodega
Vale acotar que tanto las esquinas como las bodegas son importantes cuando se aborda la geografía humana de las calles de nuestros pueblos. La esquina es el sitio de la conversación sabrosa, de la crítica, de la música y del piropo. La bodega es en cambio el sitio del comentario, del despellejamiento del otro, del pedir fiao “porque no me han pagado todavía” y el bodeguero o bodeguera pasa a ser casi determinante en la economía de la cuadra o del barrio. Bastantes evidencias deja asentada la música popular del Caribe. Eso sí: tanto en la esquina como en la bodega la política, el béisbol, las orquestas y hasta una nueva forma de hacer los frijoles, salen a flote. El tema no es solamente cubano porque las esquinas y sus aristas están en todas partes, sobre todo en el Caribe.
Pare Cochero
“Qué me has dado vida mía/ que ando siempre noche y día rondando siempre tu esquina”(Charlo y Enrique Cadícamo. Interprete: Julio Jaramillo).
“Por la esquina del viejo barrio/ lo vi pasar/ con el tumbao que tienen los guapos al caminar”. (Pedro Navaja. Rubén Blades).
“Soy un chico delicado /que nací para el amor/ este coche me ha estropeado/ pare en la esquina señor” (Pare cochero. Banguela- Guerra. Orquesta Aragón).
“Las esquinas son iguales /en todos laos encuentras el poste de luz/ y el eterno zafacón /y el mismo bonche de siempre/ afincando un vacilón” (Las esquinas son. Blades- Miranda),
“Caballero, qué caliente/ la esquina del movimiento” (La esquina del movimiento. Senén Suárez. Sonora Matancera. Interpreta Nelson Pinedo).
“En Catalina (esquina) me encontré lo no pensado/ la voz de aquél que pregonaba así” (Échale Salsita. Ignacio Piñeiro. Septeto Nacional).
“Vamos todos pa’ que Luis/ allá por Santa Lucía /la cerveza está bien fría/ y de allí te vais’ feliz/ En la esquina de San Luis /te espero de noche y día” (Pa’ que Luis. Arcadio Martínez. Gaiteros de Pillopo.
“En la esquina de Las Gradillas sale un muerto” (El muerto de Las gradillas. Billo’s Caracas Boys)

La lista pica y se extiende, marca una temporalidad, un espacio a esa arquitectura donde el colectivo desparrama hechos que pasan a ser tradiciones, episodios que enriquecen luego los imaginarios que siguen resistiendo porque la esquina pelea ahora contra el mercantilismo del Centro Comercial que le quita el espacio para entregarlo a la alienación.
La bodega, por supuesto, jala hacia la esquina, pues es “la del movimiento”, del negocio, del comentario para estar al día. Si la bodega está en la esquina la venta está asegurada aunque sea a crédito, o fiao, y los comentarios bodegueros son la sal de la vida del barrio.
“Siempre en su casa presente está /el bodeguero y el chachachá /Vete a la esquina y lo verás/ que atento siempre/ te servirá” (Richard Egües. Orquesta Aragón)
El Bodeguero
La del medio
Quién iba a decir que al lado de la “Casa Martínez” bodega o tienda de víveres montarían, allí, en medio de la calle El Empedrado de La Habana Vieja una imprenta y que el sitio se llenaría de intelectuales y escribidores, periodistas y poetas incluidos interesados en sus publicaciones, que terminaron comprando y comiendo en esa bodega que ya no era tal, porque la esposa del dueño se dedicó a preparar platos de la gastronomía cubana, y pusieron mesitas y su esposo contrató a músicos y convirtió la casa en una fonda.
Debido a la popularidad el dueño la re-inauguró como restaurante en 1950 y le dio el nombre con el que el pueblo ya la tenía bautizada: “La Bodeguita del Medio” (la del medio).

Sería el periodista Leandro García quien iniciaría la tradición de firmar en las paredes del local para dar paso a firmas de luminarias extraordinarias del arte, la música, la literatura y la política. Fue a ese local emblemático al que llegó Carlos Manuel Puebla Concha, un trovador nacido el 11 de septiembre de 1917 en Manzanillo, la hermosa ciudad ubicada sobre el inmenso golfo de Guacanayabo mirando hacia el Caribe de Cuba.
De Cuba traigo un cantar
Su tierra natal lo vio ir y venir de la escuela con una armónica en la mano, y aprendiendo a tocar guitarra con las clases que su hermano tomaba. También daba pasos en la composición musical y en textos que musicalizaba él mismo.
A los 14 años ya estaba trabajando en una emisora de Manzanillo; luego su periplo incluyó a Matanzas, La Habana, Santiago de Cuba y nuevamente La Habana en 1952.
Carlos Puebla entró a trabajar en La Bodeguita del Medio apenas llegó a La Habana. Lo hacía sin sueldo. Él lo dijo alguna vez: “Pasaba los ratos cantando con la barriga llena y el corazón contento”. Lo mantenían a él a y sus compañeros las propinas (generosas, intuimos), la comida de La Bodeguita, igualmente generosa para con ellos y el particular ambiente de ese local que mantiene el recuerdo del paso de personajes como Pablo Neruda, Mario Benedetti, Brigitte Bardot, Agustín Lara, Nat King Cole, María Félix, Cantinflas, Gabriel García Márquez y, por supuesto, Ernest Hemingway, el gran propagandista del Mojito (Coctel) que allí se preparaba. Las necesidades ambientales por la humedad que había en la estructura obligaron con el tiempo a derrumbar las paredes y las firmas. Terriblemente necesario. Pero sinceramente terrible.
El grupo inicial de Puebla en La Bodeguita del Medio estuvo conformado por Santiago Martínez (voz, guitarra), Nero Guada (voz, maracas) sustituido luego por Pedro Sosa, y por Rafael Lorenzo (marímbula), claro, además del manzanillero guitarrista, compositor, director y líder, quien conformó a su grupo incluyendo extraordinariamente la marímbula, instrumento percutivo de directa ascendencia africana.

Fue en ese aposento donde conoció a sus más importantes amigos y defensores y desde donde saltó a la fama internacional, gracias precisamente al sonido tradicional cubano de su conjunto y a la crónica musical que hizo de su tierra y sus circunstancias, incluyendo las políticas. Las canciones de Carlos Puebla entraban para algunos en aquella odiosa definición de panfletarias, y Alí Primera, de Venezuela puso las cosas en su sitio cuando cantó: «Será panfletaria/ pero milito con ella». Y Puebla ahí con una historia que no comenzó en 1959 ni por asomo. Era el trovador que daba serenatas para distraer a la gente mientras los rebeldes sacaban armas de un sitio a otro en tiempos de Batista. Era un militante de la Revolución que se gestaba.
Y en eso llegó Fidel
De las curiosidades asociadas a su fecha de nacimiento, tenemos que Carlos Manuel Puebla Concha nació el día del cumpleaños 5 de Ignacio Villa, Bola de Nieve. Sólo que el Bola nació en Guanabacoa (tierra embrujada en la que también nacieron Rita Montaner y Ernesto Lecuona entre otros) y Carlos Puebla nació en Manzanillo.
Su padre era un mecánico casi siempre desempleado y el jovencito tuvo que trabajar en varios oficios para aportar a la casa. La cosa es que cuando se abrió la primera radio en Manzanillo, comenzando la década de los treinta, Carlos se fue para la radio a cantar… y no paró nunca más. En Manzanillo conoció a Rosalba Juárez, quien era de Holguín y de ella se enamoró, siendo siempre el amor de su vida. Con ella se casaría en 1948, tendrían una hija y con el tiempo, los nietos.
Para 1952 ya Carlos Puebla estaba en La Habana y había conformado Los Tradicionales. La cosa se puso fuerte en Cuba con el Asalto al Cuartel Moncada en julio de 1953, pero lejos de intimidarlo, el asalto se convirtió en un estímulo para Puebla y su grupo. Y es que efectivamente antes del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, ya Carlos Puebla hacía y cantaba letras incendiarias en tiempo de Son montuno con todas las de la ley.
Los Tradicionales se hicieron grupo de planta en La Bodeguita del Medio, y allí vivió Puebla episodios importantes.
Por ejemplo, había que saber quiénes estaban en el local a la hora de cantar temas políticos.
Eran tiempos de Batista. Sin embargo, una vez cantó delante de un esbirro (represor) Los caminos de mi Cuba en el que hacía un paralelo entre los caminos pobres y los de las propiedades de los presidentes. El esbirro sólo le dijo que le agregara un verso cuando él fuera presidente.
Este es mi pueblo, Plan de machete y Ay, pobre de mi Cuba eran temas políticos suyos antes del triunfo de los barbudos.
Con relación a Ay, pobre de mi Cuba, hay una anécdota reveladora. Mandaba Batista y Puebla fue invitado a la televisión debido a su fama. Le pidieron hacer tres temas. Los dos primeros fueron románticos, pero el tercero fue precisamente Pobre de mi Cuba, una guajira con versos como éste: «Aquí falta, según veo, un nuevo gesto mambí/ la palabra de Martí o el machete de Maceo». Y cuentan que cuando terminó de cantar nadie quería salir del canal porque pensaban que afuera ya estaba la policía.
Ay, pobre mi Cuba
De La Bodeguita del Medio es también la historia de Puebla y Nicolás Guillén. Un día llegó Guillén y Puebla lo saludó: «¿Cómo está, poeta?». Y Guillén le dijo: «El poeta eres tú». En entrevista concedida en Cuba, la viuda de Puebla, Rosalba Juárez señaló que entre los amigos del trovador estaban Guayasamín, quien incluso le hizo un retrato, Salvador Allende, Pablo Neruda, Agostinho Neto y Ernest Hemingway, quien escribió en Cuba Por quién doblan las campanas y El viejo y el mar, y que recibió un Pulitzer en 1953 y el Nobel de Literatura en 1954, ambos festejados con Carlos Puebla en La Bodeguita. La medalla del Premio Nobel descansa a los pies de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba.

Carlos Puebla le dio la vuelta al mundo con sus sones militantes y su grupo Los Tradicionales. Falleció en La Habana el 12 de julio de 1989. Fue trasladado a Manzanillo en 1994. En su ciudad natal tiene una imponente estatua y una imagen en el Museo de Cera de Bayamo. La casa de la Trova de Manzanillo se llama «Carlos Puebla», el hombre que compuso Hasta siempre Comandante de un tirón cuando escuchó a Fidel leer la carta de despedida del Che, (3-10-1965) y que compuso Que pare el son cuando se conoció de la muerte del Guerrillero Heróico, además de haber retratado musicalmente como nadie la cotidianidad de su pueblo en revolución.
Che Guevara
Quién iba a decir que 4 días después de la muerte de Carlos Puebla se marcharía también el Poeta Nicolás Guillén…
Una vez se le escuchó decir a Puebla: «Yo no soy un cantante. Yo soy un cantor. Cantante es el que tiene con qué. Cantor es el que tiene por qué». Así sigue siendo.
Autor: Lil Rodríguez
Fuente: TeleSUR




