José Martí, el criollo rebelde que le nació a un español
José Martí (1853-1895), fue periodista, poeta, orador, ensayista, epistológrafo, escritor, maestro, traductor, considerado entre los iniciadores del movimiento modernista. Fue un genio literario y político.
José Martí
12 de agosto de 2026 Hora: 10:23
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Durante la travesía en alta mar, el joven Martí cumplió los 18 años. Iba rumbo a España el criollo rebelde que le nació a un español.
Hijo de padres españoles. Su madre, Leonor Pérez Cabrera de Islas Canarias; Mariano Martí Navarro, su padre, natural de Valencia y en La Habana un Sargento Primero del Real Cuerpo de Artillería, entre otros oficios, celador de Policía.
Dentro de la humildad de su hogar, latían valores humanos contra el abuso impune de la administración colonial, por lo que pudieran ser muchas las causas, algunas ideológicas y hasta espirituales, las que generaban un nuevo modo de ser en la naturaleza hispánica de los hijos de los españoles. Al menos así fue para el joven Martí, quien vivió en un permanente examen de conciencia. Era, dijo alguna vez: «la misma levadura rebelde, y en cierto modo democrática, del español segundón y desheredado…».
“De aquí a dos horas en barco desterrado para España. Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas para tanto y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente hombre, sólo a Ud. lo debo y de Ud. es cuanto bueno y cariñoso tengo”. Escribió previo a su partida de la isla un 15 enero de 1871, en una emotiva carta a su profesor y mentor espiritual Rafael María de Mendive.
Salió de Cuba en calidad de deportado a bordo del vapor Guipúzcoa y arribó a las costas de Santander, Cantabria, el 1 de Febrero de 1871.
Sospecha de infidencia
Varios meses después de aquellos convulsos días, Martí y su amigo Fermín fueron a juicio por “sospechas de infidencia” y condenados a prisión. Con apenas 17 años, lúcido y lampiño de barba, fue llevado a la Brigada Primera de Blancos del Presidio Departamental de La Habana, identificado como el recluso número 113. Era el 4 de abril de 1870 cuando escribió:
Voy a una casa inmensa en que me han dicho
Que es la vida expirar,
La patria allí me lleva. Por la patria,
Morir es gozar más.
Lo más visible era su cabeza rapada y los grilletes atados desde la cadera hasta el tobillo de la pierna derecha, cuando José Martí fue conducido a la cárcel aquel 21 de octubre de ese mismo año, con una sanción penitenciaria impuesta por seis años de prisión y a su amigo Fermín, una de seis meses.
Físicamente endeble, su cuerpo no estaba preparado para soportar prolongadas faenas de trabajo forzoso, aun así manifestó solidaridad por la situación de sus compañeros de presidio, muchos hombres de avanzada edad y otros adolescentes.
Apenas un adolescente y soportaba el peso de los hierros sobre los tobillos, ni los golpes que estos infligían en las cadenas, sobre la zona pélvica. Pasado el tiempo del inhumano castigo, aquella carga le provocó un severo padecimiento y tres intervenciones quirúrgicas durante el exilio en España. Finalmente, en México tuvieron que extirpar un tumor en un testículo. Todos los dolores que arrastró de por vida, como cadenas, le provocaron dificultad al caminar y la necesidad del reposo prolongado en varios espacios de tiempo.
Abuso impune
Para quienes se pregunten qué indujo a la detención y enjuiciamiento de José Martí, rememoramos lo sucedido en La Habana un 4 de octubre de 1869. Fue tras los sucesos del Teatro Villanueva.
La representación escénica exacerbó los ánimos de los cubanos que se encontraban en el foro el 22 de enero de 1869, por lo que el gobierno colonial español, representado por miembros del Cuerpo de Voluntarios irrumpió en el teatro, dispararon y golpearon a los asistentes. Se desató una ola de detenciones contra algunos sospechosos de infidelidad a la Corona, que resultó con varios muertos, heridos y numerosas detenciones.
Después de participar en una gran parada militar, algunos integrantes del Cuerpo de Voluntarios pasaron por la calle Industria, donde vivía Fermín Valdés Domínguez, mientras este conversaba con sus amigos. Los jóvenes les resultaron sospechosos a los miembros armados del cuerpo español y al retorno de su ronda, se presentaron para realizar un violento registro.
Allí encontraron una carta de José Martí y su amigo Valdés Domínguez, donde criticaban a su condiscípulo Carlos de Castro. Martí lo calificaba de traidor y “apóstata”, por solicitar su ingreso al ejército español en el execrable Cuerpo de Voluntarios y no colaborar con la lucha independentista de Cuba.
Como consecuencia se produjo la detención de Eusebio y Fermín Valdés Domínguez, Atanasio Fortier, Santiago Balbín, Manuel Sellén y posteriormente fue detenido José Martí.
Aquella noche nefasta tras los sucesos del Teatro Villanueva, Martí se encontraba en los preparativos para imprimir el periódico La Patria Libre, que solo tuvo una edición al día siguiente.
Muy angustiados, Doña Leonor y Don Mariano recurrieron una y otra vez a las autoridades para pedir indulgencia por el cruel encarcelamiento de su hijo adolescente, en las canteras de San Lázaro. La madre suplicó piedad al Gobernador Superior Civil, su padre igualmente lo hizo ante el Capitán General de la Isla. Fue así que lograron para el mes de septiembre, después de un año de difícil existencia, el joven Martí fuera llevado por dos meses hasta la Finca El Abra, en Isla de Pinos, hasta el terreno propiedad de un amigo de su progenitor, al conmutarle la pena del encierro por la deportación hacia España.
Retornó brevemente a La Habana para partir como exiliado. Sufrida la travesía, lleno del sufrimiento por la separación de su patria y de sus padres, llegó el primero de febrero a Cádiz y seguidamente fue hacia Madrid para llevar una vida de humildad, recelos y desconfianza hacia su persona.
Su naturaleza rebelde fue expuesta durante el primer año, cuando polemizó directamente con la prensa madrileña que atacaba a los patriotas cubanos y los acusaba de violar las leyes del país. En contacto con el cubano, también deportado, Carlos Sauvalle, el 24 de marzo describió en un artículo las atrocidades cometidas por los guardias del presidio en Cuba, contra Nicolás del Castillo, un anciano que se hallaba encarcelado.
El conmovedor texto titulado Castillo, fue escrito posteriormente en evocación al brigadier revolucionario Nicolás del Castillo, preso político de 75 años, condenado a diez años de trabajos forzados. En ese escrito acusó con agudeza la opresión del gobierno colonial hacia el pueblo cubano y denunció la inaceptable condena al patriota preso: “Sabía yo que allí se nos castigaba; sabía que se nos trataba con crueldad; pero no podía creer, ni que la crueldad llegara a tal refinamiento, ni que el castigo llegara hasta la iniquidad”.
Julio Burell, un joven periodista que lo conoció, lo describió así: «… Me habló de su alma española, de sus gustos españoles, de su amor por aquellos libros que en la destartalada biblioteca infundía en su espíritu el espíritu de España…». Contó que Martí escribió páginas que transcriben el espíritu de España. Dijo que se descorazona, cuando en una larga entrevista con Cristino Martos, tiene expresiones con palabras de gran orador, considerado entonces una esperanza de la política liberal: «No cabemos en Cuba los dos juntos; o ustedes, o nosotros…»
Varios meses después, Martí también publicó en España otro trabajo más extenso denominado El presidio político en Cuba. En su valiente ensayo se preocupa por el destino de sus compatriotas condenados a prisión acusados de luchar por la independencia de Cuba. En la parte inicial aseguró: “Dante no estuvo en presidio. Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su Infierno. Las hubiera copiado, y lo hubiese pintado mejor”.
En España no dejó de pensar sobre la situación de su tierra natal y en la lucha por la independencia. Igualmente pensando en su desarrollo, solicitó matricularse en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, aunque posteriormente en la Universidad Literaria de Zaragoza, logró graduarse de Licenciado en Derecho Civil y Canónico, y Licenciado en Filosofía y Letras, con calificación de sobresaliente. Por faltarle 240 reales, no pudo obtener los documentos y marchó a México sin poder llevarse consigo ambas credenciales.
A propósito, la Universidad de Zaragoza, el mayor centro de educación superior del Valle del Ebro, celebró en 2017 su aniversario 475 de fundada. En ese contexto le otorgó a título póstumo, la más alta distinción que entrega la Casa de Altos Estudios: a José Martí, la Medalla de Oro. Fue considerado por la dirección del centro un «egresado ilustre», informó entonces el diario Granma.
El señor José Antonio Mayoral Murillo, rector de la Universidad de Zaragoza, explicó que la Institución considera a José Martí como una de las figuras de las que tiene que estar orgullosa. «Creo que así hemos pagado esta deuda que teníamos. Es importante que se sepa que estuvo aquí, que se formó aquí, Martí es un poco nuestro».
En 1995, fecha de conmemoración del centenario de su caída en combate, fueron expedidos los certificados y entregados posteriormente al entonces Ministro de Cultura Armando Hart Dávalos. En el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza colocaron un busto del Héroe, el honorable estudiante graduado en sus predios.
José Martí (1853-1895), fue periodista, poeta, orador, ensayista, epistológrafo, escritor, maestro, traductor, considerado entre los iniciadores del movimiento modernista. Fue un genio literario y político.

Los ‘aventureros’
Como parte de una campaña contra los derechos de Cuba y las acciones de los cubanos residentes en la capital española, el 3 de septiembre de 1871 el diario La Prensa imprimió un artículo calificando peyorativamente como ´filibusteros’ a los patriotas cubanos, forma despectiva de conceptuarlos y hacerlos responsables de actuar contra la amnistía dictada por las autoridades.
Los autores decían que no era España el lugar para trabajar por la causa defendida por los insurrectos de Cuba, sino que sabían que tenían “expedito el camino para ir a tomar el fusil del incendiario en los campos de aquella Antilla, o una plaza en los buques de los filibusteros.”
Una semana después, los cubanos ripostaron desde el periódico liberal El Jurado Federal, en un artículo firmado por “Varios cubanos”. Desde aquí acusaron de calumnioso al diario La Prensa, argumentando que los autores de esa respuesta no se intimidaba “por su ampuloso lenguaje y depravada intención”, dispuestos a llevar el asunto ante los tribunales y mantener el combate en la prensa que abogaba por la república federal.
La Prensa contestó en un artículo sin firma y el 17 de septiembre salió la segunda respuesta, firmada por “Varios cubanos”, donde exigían fueran presentadas pruebas concretas de los actos de esos llamados filibusteros e invitaba a que se preguntara en El Jurado Federal el nombre de los firmantes. Dos redactores de La Prensa volvieron a acusarlos de conspirar contra “la madre patria” y de ser “filibusteros y laborantes”.
Ante el calificativo insultante contra ‘los conspiradores por la independencia’, Martí y su amigo Carlos Sauvalle, firmaron el tercer texto final de la afilada polémica, convertidos en acusadores. Los cubanos contraatacaron con la afirmación de que conocían el nombre de ambos redactores de La Prensa, manchados legal y moralmente por el infame tráfico de esclavos, pero que se callaban los calificativos, porque no querían escribir “al lado del de un triste, manchado con la sentencia de un tribunal por delito común, por delito en causa de negros que, por lo que tiene de repelente en sí, es el más repugnante de todos los delitos.”
Más de un rasgo estilístico demuestra la pluma martiana en esos artículos. Firmado en Madrid el 15 de febrero de 1873, fue reproducido en La Cuestión Cubana, de Sevilla, el 12 de abril de 1873, un texto que citaba: Y en Cuba hay 400 000 negros esclavos, para los que, antes que España, decretaron los revolucionarios libertad y hay negros bozales de diez años, y niños de once, y ancianos venerables de ochenta, y negros idiotas de cien en los presidios políticos del gobierno,—y son azotados por las calles, y mutilados por los golpes, y viven muriendo así.
Continuaba: — Y en Cuba fusilan a los sospechosos, y a los comisionados del gobierno, y a las mujeres, y las violan, y las arrastran, y sufren muerte instantánea los que pelean por la patria, y muerte lenta y sombría aquellos cuya muerte instantánea no se ha podido disculpar. Y hay jefes sentenciados a presidio por cebarse en cadáveres de insurrectos,—y los ha habido indultados por presentar en la mesa partes de un cuerpo de insurrecto mutilado,—y tantos horrores hay que yo no los quiero recordar a la República, ni quiero decirles que los estorbe,—que son tales y tan tremendos, que indicarle que los ha de corregir es atentar a su honor.
Pero esto demuestra cómo es ya imposible la unión de Cuba a España, si ha de ser unión fructífera, leal y cariñosa, —cómo es necesaria resolución justa y patriótica; —que sólo obrando con razón perfecta se decide la suerte de los pueblos, y solo obedeciendo estrictamente a la justicia se honra a la patria, desfigurada por los soberbios, envilecida por los ambiciosos, menguada por los necios, y por sus hechos en Cuba tan poco merecedora de fortuna.
Cuba reclama la independencia a que tiene derecho por la vida propia que sabe que posee, por la enérgica constancia de sus hijos, por la riqueza de su territorio, por la natural independencia de este, y, más que por todo, y esta razón está sobre todas las razones, porque así es la voluntad firme y unánime del pueblo cubano. Este preclaro texto, fue tomado de una compilación de escritos de José Martí, resumidos en sus: Obras completas. Edición crítica. Año 2000.
Martí en Madrid
Vale destacar algunos sucesos que caracterizaron su paso por la capital española, donde inmediatamente localizó a su compañero del colegio Anacleto, de La Habana – ya mencionado- Carlos Sauvalle, igualmente deportado de Cuba, quien le tendió la mano y lo puso en contacto con los círculos de exiliados en Madrid. Convencido de que “la única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. El patriotismo no es más que amor, la amistad no es más que amor”.
Su fértil actividad política trascendió durante su sonado enfrentamiento al periódico La Prensa, al esclarecer los verdaderos motivos que condujeron al fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en La Habana. La publicación madrileña aseguró que tan aborrecible crimen se produjo como castigo a los jóvenes educandos universitarios, por haber profanado la tumba del periodista Don Gonzalo de Castañón. A partir de la infame afirmación, Martí impugnó la publicación, ofreciendo argumentos sobre el hecho que se produjo debido a la deshonra del ejército español, tras los éxitos militares de los mambises insurrectos en el Oriente cubano durante la Guerra de los Diez Años.
Fue en Madrid que -inició estudios de derecho en la Universidad Central a la vez que, junto con Fermín, colaboró con diversos grupos de españoles progresistas con los que debatió sobre temas de política y filosofía, se interesó por la masonería. Martí fue masón por Derecho, cuando muy joven aún se inició en la Logia Armonía, de Madrid. Realizó Masonería Oficial cuando, en esa misma Logia, desarrolló, como Maestro Masón y como Orador de su Cuadro, una magnífica labor fraternal esotérica, aseguró el Hermano José Echemendía, orador de la Logia Chaparra, en su investigación titulada Martí. Ideario masónico.
Martí fue iniciado como Maestro Masón desde el año 1871, en la Logia Caballeros Cruzados no. 62, de Madrid, y que llevaba una vida activa en la citada logia como secretario. Se sabe también que usó el seudónimo de Anáhuac. En la referida Logia, por tratarse de un Gran Oriente, el Lusitano Unido, obtuvo también grado de Sublime Príncipe del Real Secreto Caballero Rosa Cruz, que es el Grado 18 de la masonería filosófica. También destacósu labor fraternal desplegada en las logias que visitara durante su estancia en Estados Unidos de Norteamérica, en América Central y América del Sur.
Buscó tiempo el joven Martí para visitar lugares históricos, museos, tertulias literarias y se inscribió en el Ateneo de Madrid para acceder a su extraordinaria biblioteca y a la sala de estudio, donde por un módico precio permaneció investigando y escribiendo por largas horas.
Sus escritos eran críticas a la dominación española en la Isla y el régimen de opresión colonial en que vivían sus coterráneos. Publicó artículos y reseñas que fueron bien acogidas por los lectores de influyentes publicaciones como La Soberanía Nacional, de Cádiz; La Cuestión Cubana, de Sevilla; El Jurado Federal, de Madrid;y La República, de Nueva York.
A propósito de los acontecimientos del 11 de febrero de 1873, José Martí escribió el artículo titulado La República Española ante a la Revolución Cubana, el cual hizo llegar a todos los integrantes del nuevo Gobierno, donde subrayó el derecho legítimo de los cubanos a ser libres e independientes de la dominación impuesta a la Isla por España. La oportuna publicación tuvo lugar tras la abdicación del rey Amadeo de Saboya, también cuando el Senado y el Congreso se instituyeron en Parlamento, proclamando la República española.

Pasión por Zaragoza
Durante la infancia, José estuvo con sus padres dos años en Valencia; también allí nació Carmen, una de sus hermanas a la que llamaba ‘la valenciana’. Posteriormente estuvo José Martí exiliado en España, cerca de cuatro años en Cádiz, Sevilla, Madrid y Zaragoza, y unos dos meses, en su segunda deportación en Santander y Madrid.
A pesar de sus convicciones contra la dominación colonial en Cuba, amaba a España. “Al español liberal y bueno, a mi padre valenciano, a mi fiador montañés, al gaditano que me velaba el sueño febril”, dijo en discurso de Tampa, Estados Unidos, reproducido bajo el título de Con todos y para el bien de todos, el 26 de noviembre de 1891.
De todas las ciudades ibéricas, fue Zaragoza donde tal vez se consolidó su espíritu rebelde, concluyó sus estudios universitarios y aprendió a amar a una mujer. Llegó a Zaragoza, a mediados de 1873 y permaneció por 18 meses, mayoritariamente en un modesto apartamento ubicado en la calle de las Platerías (actualmente denominada Manifestación) número 13.
Él y Fermín disfrutaron de los espectáculos desde una posición predilecta: el palco 13 gracias a su amistad con algunos de los actores del Teatro Principal. Al actor y director teatral Leopoldo Burón, le escribió como obsequio el drama La Adúltera, una obra polémica y moral. “En Zaragoza jamás nos creímos deportados, ni en tierra extraña”, expresó Valdés Domínguez en sus memorias.
Martí escribió además del drama simbólico mencionado, el libro La República Española ante la Revolución Cubana (publicado) y la obra de teatro Amor con amor se paga. A propósito, fue durante un entreacto que fue presentada Blanca de Montalvo, un gran amor correspondido que conservó hasta el fin de sus días.
«Cuando termino mis clases en la Universidad, me gusta pasear por la plaza del Mercado y llegar a la animada calle Platerías. Y ahí, no muy lejos de las ruinas romanas, vivíamos como en familia. Mis días en la Pensión Don Félix fueron los más felices de mi vida estudiantil. Don Félix era nuestro amable y servicial casero, además de padre de dos bellas hijas.», describió.
Encontró mejor clima ante un padecimiento respiratorio, producido por el polvo de las canteras del presidio y la relajación para las molestias por el uso de grilletes. Con apenas 20 años se destacó en el periódico Diario de Avisos de Zaragoza, de tendencia republicana, cuando toda España vivía grandes tensiones, los zaragozanos invadieron las calles y sucedieron combates recurrentes.

Benimaclet y Martí
Va un lustro de traducida e impresa en valenciano: “Lucía Jerez”, la única novela conocida de José Martí.
La iniciativa corresponde a la editorial valenciana L’Encobert, traducida (al valenciano) por José A. López Camarillas. El prólogo de la publicación, nos dice: el 26 de noviembre de 1891. «La gente que conoce a José Martí, sí que sabe que su padre era valenciano. Otra cosa es que, por motivos políticos, su figura no haya tenido tanta difusión como otros modernistas, y el ejemplo de Rubén Darío es el más evidente».
«Es nuestra pequeña y humilde aportación a la normalización de la lengua», dijo después de largas investigaciones, José Luis Grosson, quien también lo considera un honor personal.
Igualmente han investigado algunos apellidos característicos de Benimaclet entre los antepasados de José Martí, como Navarro, Belenguer, Ribes, Olmos y Martínez. De esta región era la abuela paterna de José Martí.
Así mismo, consta en la iglesia parroquial del pueblo valenciano que su abuela (paterna) Manuela Navarro Beltrán, se casó en 1809 con un campesino, vecino de Campanar: Vicent Mart y allí nació el primero de sus seis hijos, una niña. El matrimonio fue de Benimaclet a una de las barracas entre el mar y la huerta en el Canyamelar. Posteriormente la familia se mudó a Alicante y al volver a Valencia se establecieron la calle Morvedre de València (la actual calle Sagunto). Allí nació en 1815 Mariano Martí, el padre de José.
Vinculado al ejército, Mariano Martí fue a Cuba en 1850, vinculado a su compañía de artilleros, donde fue ascendido a sargento. Posiblemente fue un primo que tenía en La Habana, quien le presentó a su cuñada, la canaria Leonor Pérez. De este amor, nacieron en Cuba: José Martí (1853-1895), y dos de sus hermanas, Leonor y Ana.
Detalla el libro que la familia Martí se vuelve a Valencia en 1857, ubicados en la calle Tapinería. Una placa atestigua al transeúnte, que allí vivió durante dos años de su infancia, José Martí, quien después retornó a Cuba con la familia. Y aunque fue deportado en dos ocasiones a España por su actividad política, nunca volvió a ponerse en contacto con sus parientes valencianos.
La obra repasa también la influencia que tuvo en la literatura el escritor José Martí, considerado el precursor del modernismo latinoamericano y destaca tradujo al castellano a autores como Edgar Allan Poe, Hans Christian Andersen, Lord Byron o Víctor Hugo. También se le considera antecesor del modernismo en la poesía, y de hecho uno de sus versos está incluido en la famosa canción ‘Guantanamera’.
Los cinco últimos años de su vida, el hijo de un sargento de artillería valenciana y nieto de una vecina de Benimaclet los dedicó a preparar la insurrección armada en Cuba, donde fundó el Partido Revolucionario Cubano y donde se pueden encontrar calles, monumentos o aeropuertos dedicados a su memoria.
‘Lucía Jerez’, cuyo título original fue ‘Amistad funesta’ está inspirada en ‘Mujercitas’ de Louise Mary Alcott, a la que José Martí admiraba. Fue publicada por entregas en el periódico de Nueva York ‘El latinoamericano’, bajo el seudónimo de Adelaida Rai.
Como dato curioso, en Benimaclet hay una calle nombrada José Martí, pero dedicada a un reverendo del mismo nombre que nació allí en 1878 y murió en 1936 en Paterna. No obstante, en València se recuerda la presencia de José Martí, el patriota cubano, con la placa conmemorativa en la casa donde residió siendo niño junto a su padre en C/ Tapinería, colocada en 2003 por la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí en el 150 aniversario de su nacimiento. Para la observación de los transeúntes, la placa fue colocada en el edificio por el lado de la plaza del Miracle del Mocadoret.
Igualmente se instaló en 1993 por el Ayuntamiento de València, un monolito en los jardines centrales de la Avda. Blasco Ibáñez, en el número 134, con un bajo relieve con el rostro del Héroe Nacional y un fragmento del poema Cultivo una Rosa Blanca. También hay una pequeña y casi perdida calle con su nombre.
Más allá de la familia, el aporte literario de José Martí al modernismo es conocido por sus versos libres y versos sencillos, Los valencianos se enorgullecen que también, que su literatura tenga esa huella. Por ejemplo citan a Vicent Andrés Estellés (1924-1993), quien fue el principal renovador de la poesía valenciana contemporánea y su obra La rosa de papel, uno de los poemas más conocidos de la literatura valenciana, esté dedicado directamente al revolucionario cubano.
José Martí fue fundamental para enriquecer la literatura hispánica con las vanguardias francesas, británicas y norteamericanas de la época, Como periodista y traductor de Poe, Helen Hunt Jackson, Lord Byron o Víctor Hugo, especialmente el estilo del verso libre de Walt Whitman, que él también adoptó a Versos libres y del cual recibieron influencia: Juan Ramón Jiménez, García Lorca o Miguel Hernández.
Seis años y una vida
José Martí vivió durante tres etapas en España un total de 6 años, aunque jamás olvidó esa huella hereditaria, tampoco la España popular y luchadora en que estuvo y que influyó notablemente en el desarrollo de su formación política.
Dejó bien claro su respeto y gran amor por el pueblo español, su cultura, y determinó que la guerra nunca estuvo dirigida contra los españoles, sino contra la codicia e inhumanidad de los representantes de la metrópoli española en la isla que lo vio nacer. Consciente de que«la justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del Derecho: eso es la Revolución».
Esta figura mayor de las letras hispanoamericanas y fundador del Partido Revolucionario Cubano, unió a los patriotas de dentro y fuera de la Isla para independizarse de la Monarquía española y tratar de evitar que el voraz imperialismo -del Norte revuelto y brutal- se echara encima con toda su fuerza y propósito de anexión.
El ejemplo y el ideario martianos se han convertido hasta hoy, en camino para los que luchan por la causa universal del mejoramiento humano: « (…) y para el cruel que me arranca, el corazón con que vivo, cardo ni oruga cultivo; cultivo una rosa blanca».
Autor: Rosa María Fernández
Fuente: TeleSUR




