Guillermo de León Calles: Un Griot Falconiano
El inmenso poeta que nos acaba de dejar su maleta de sueños, porque decidió donarla para partir liviano, nació en Pedregal, pueblo falconiano pegadito a Lara, otro estado mágico.
El poeta Guillermo de León
8 de febrero de 2026 Hora: 10:37
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Nunca fue tan fértil la tierra árida como en el estado Falcón de Venezuela. Desierto, sequías, serranías de escasa altura, arena, mucha arena, y viento, mucho viento, una brisa que acompaña y no duerme.
Por eso el poeta Guillermo de León Calles escribía:
“Abro los ojos /En este mediodía inútil
y la sed me conduce /a beber tierra.
Corro el riesgo /de sepultarme
pero no importa / porque pienso que el mundo
limita contigo/ hasta en las profundidades
(Sed)
No solo él tomaba conciencia de la condición de “pueblos tristes” que denunciaba Otilio Galíndez en torno a los olvidos oficiales hacia la real interioridad venezolana. Con conciencia los padres del entonces niño Guillermo de León Calles decidieron ir más al norte en su propio estado natal, tal vez buscando el mar…
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El inmenso poeta que nos acaba de dejar su maleta de sueños, porque decidió donarla para partir liviano, nació en Pedregal, pueblo falconiano pegadito a Lara, otro estado mágico. Pedregal sin embargo tiene un río, unas aguas termales y hasta una maravillosa zona hábitat donde miles de iguanas descansan y florecen sin ser perturbadas. Los de Pedregal saben de ancestralidades, pero pocos los consultan.
En ese pueblo hermoso, con casas de colores mostaza y azul respiró por primera vez Guillermo el 17 de septiembre de 1943, el cuarto de ocho hermanos pero al que, por alguna seña del destino bautizaron con el nombre de su abuelo paterno, quien era poeta. Por eso se llamó Guillermo Segundo.
Maximiliano de León Medina y Carmen Calles de León salieron con su carga de muchachos desde Pedregal hasta Coro, ciudad de bandera y misa, pero el destino era Punto Fijo, zona de mar y refinerías con sus insólitos mechurrios, de pesca en mares de bajo fondo, su eterna brisa, cujíes, cardones y posibilidades.
En Punto Fijo se hizo Guillermo. Era 1953, tenía 10 años y ya venía formado desde Pedregal. El enamoramiento fue inmediato. Y así como la hojilla de las barbas del abuelo, así fue Guillermo de León Calles: Él y el amor.
Mañana es septiembre
Él y Punto Fijo, ciudad de vientos, también de bares por obra y gracia de los gringos. No debemos ni podemos olvidar que en las décadas de los cuarenta y cincuenta tanto la Creole como la Shell tuvieron permanencia y pertinencia en la construcción de las refinerías de Amuay y Punta Cardón, y en su manejo. La autorización vino del gobierno venezolano de 1945 y Paraguaná se convirtió en un centro industrial clave, con la podredumbre ética que caracterizó a gringos que apostaron a que falconianos y personas llegadas de todo el país perdieran el salario en esos bares. Todo lo palpó Guillermo de León y muchos falconianos, entre ellos también Alí Primera.
Un Griot
En África cada ritmo, cada movimiento tiene sentido. La música organiza el conjunto de la existencia. Pero no es posible hablar de ella sin hacerlo de los Griots, la casta artesanal dedicada tradicionalmente a la música y a la poesía.
Hacemos el paralelismo porque Guillermo de León Calles fue un auténtico Griot del estado Falcón, memoria de su región natal, narrador vital, veraz y agradecido, solidario a la hora de compartir, dotado de la nobleza infinita de esa tierra de espantos y aparecidos donde la poesía y la música fueron cómplices seguros de su sensibilidad.
A diferencia de los Griots en África que fueron sometidos, ellos los primeros a una colonización europea que los desarticuló, Guillermo de León Calles, junto a su pueblo fue armando el tinglado de resistencia ante los intentos alienantes de los gringos que allí estaban, en las refinerías y en sus urbanismos privados.
Ni la Pinta ni La Niña Carota Ñema y Tajá
El problema visual del poeta se agudizaba pero no declinó nunca en su condición de cronista, de relator memorioso, de Griot falconiano.
Periplo y Poesía
En un día de juventud Guillermo Segundo decidió viajar a Caracas para ampliar conocimientos. Estudió dramaturgia, arte que le permitió sentir desde otra perspectiva. Luego viajaría a Maracaibo para estudiar administración. Con afanes y sueños viajó por la geografía venezolana, vivió la música y la poesía de otras regiones, conectó con nuevos amigos que aportaron horizonte a la diversidad cultural venezolana que seguía tejiendo hilos sólidos, como Ariadna, enriqueció el alma… y siempre retornó al sabroso corazón del viento: Punto Fijo. Siempre lo supo con Alí Primera: “La Savia/ para ser fruto/ debe entrar por la raíz”.
Si la tierra tierra fuera
Se nutrió de la brisa, y de los pescadores, de los obreros refinadores y de los verduleros, se nutrió de la leyenda de las Ánimas del Guasare, y de los escritores y poetas que en su tierra florecen en marcado contraste con paisajes de arena y cardones. El Poeta Guillermo de León Calles lega una poesía cargada de ternura y pertenencia, de un aliento noble que siempre rompió los silencios y las angustias. Dan fe de ello
“La piedra no está hecha de piedra” (1974), “El Canto a Bolívar” (1983), “Los dientes están de demás” (1976), “Cantos para arrullar abuelos”(1983), “La llovizna del Turpial”(1985), “Palabra de honor”(1986), “Memorias de Punto Fijo” (1987), “Relatos de mi otra infancia” (1989), “Vuelto ebrio” (1991) entre otros títulos.
Fue cronista de Punto Fijo. No toda ciudad o región se da el lujo de tener un cronista poeta. Usualmente la inclinación es hacia la historia, pero Guillermo de León, indagador al fin y al cabo pudo y supo combinar sus dos pasiones. Tan así es que fue integrante de la Academia de la Lengua, capítulo Venezuela, siendo además y por derecho propio Patrimonio viviente del estado Falcón. Por si fuera poco fue cofundador del municipio Carirubana (capital Punto Fijo) y del Ateneo de la ciudad en 1966.

De su obra
“El mar amarillo, cuentan otros custodios de los atardeceres de Punta Cardón, se puso así porque el sol molió su despertar y aquel día, los antiguos altares se refugiaron en sus brazos para que no se los llevaran los huracanes de voces oscuras”.
(Mar amarillo)
“La escuela está situada al este de las tres carabelas/ y navega en un mar de lápices prestados. Nadie trajo esta escuela, la sentó un tiempo extraño en su pupitre roto/ y después le inventaron su patio de jazmines y el río de los niños pidiendo un mar de almendras. La escuela es un portón/ una tinta sin mancha, un vuelo de uniformes/ tal vez sea una ventana y un muchacho siguiendo la ruta de los pájaros”
(La escuela)
“Que dulce sería este mundo/ si al manto de ozono fresco le remendaran la vida/ con hilos de caramelo.
Qué linda sería la tierra si la tierra tierra fuera/
con su fauna piel de monte y una flor en la conciencia.
Qué linda sería la tierra si la tierra tierra fuera.
Y que libres los turpiales/ si sus vuelos consiguieran el camino limpiecito/ barrido por las estrellas. Qué puro sería el planeta/
si los ríos le regalaran/ un océano azul cielo/ donde lavarse la cara.
(Si la Tierra Tierra fuera)

A Guillermo de León Calles:
“Te lloro, te canto, te agradezco.
Mi ternura es la rosa roja que te cobija
El sueño de tus palabras que en mi adolescencia cobijaste
Esa rosa volará en nosotros
abrazada en multiversos coloridos
y en la luz del útero cósmico de tus poemas
¡¡¡seguirá pariéndote siempre!!!
Hasta Siempre, Poeta de la Ternura!
(La Chiche Manaure)
“Su obra es un reflejo de nuestras luchas y alegrías, de nuestras tradiciones y sueños. A través de sus versos y poemas, nos enseñó a mirar más allá de lo superficial, a encontrar la belleza en la cotidianidad, a descubrirnos en la profundidad de la más sencilla ternura, y a valorar sustancialmente nuestras raíces”.
(Simón Petit)
“Guillermo deja un vacío irreemplazable en la literatura contemporánea. Su obra, que transitó entre la sencillez del pueblo, el paisajismo más tierno y la profundidad del pensamiento universal, lo consagra como una de las voces más genuinas de nuestra tierra.
«La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.»
(Hermanos Colina. Maracaibo)

Epílogo
Muchas veces estuvimos reunidos, alegres, declamando y contando historias en un lugar de Punto Fijo que todos amamos: “Las Turas”. Allí el poeta se unía a dilectos como Simón Petit, Heberto León, Héctor Hidalgo, Asdrúbal Hernández y los hermanos Mora. Los cantores eran citados por él para tejer primaveras. Lilia Vera, Cuatrocantos, José Montecano, Adelis Freitez, la Chiche Manaure, Orángel Lugo, Jesús el gordo Paéz, Tilo Clara, Yolanda Delgado, Hanoi, y muchísimos más incluyendo a posteriori a los hijos de Alí Primera porque el Cantor de la Patria Buena en aquellos tiempos o estaba fuera de Venezuela o regando su voz alzada por los campos del país.
Lo que se ha perdido con la partida de Guillermo de León Calles no es poco. Fue la voz de una convocatoria para atisbar el presente y avizorar los colores del futuro.
Amarillo, azul y rojo.
Ocho estrellas.
Autor: Lil Rodríguez
Fuente: TeleSUR




