El «Saco de Ashley». Las vidas de los negros importan
El «Saco de Ashley» es aparentemente un simple costal de algodón crudo, con un texto bordado; sin embargo, lo que dice revela una historia atormentada: la venta de una niña esclava de nueve años.
20 de mayo de 2026 Hora: 16:17
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Un enigmático objeto fue exhibido en el nuevo Museo Nacional Smithsonian de Historia y Cultura Afroamericana (NMAAHC)en Washington, D. C. El «Saco de Ashley» es aparentemente un simple costal de algodón crudo, con un texto bordado; sin embargo, lo que dice revela una historia atormentada: la venta de una niña esclava de nueve años.
Fue llamada Ashley como esclava y el saco -un regalo de su madre- fue todo lo que ella se llevó. Tras la investigación de Mark Auslander, se ha rastreado el Saco de Ashley desde la época de la esclavitud, hasta la actualidad.
Adquirido en un ‘mercado de pulgas’ en Springfield, Tennessee, en 2007, fue exhibido en el museoNMAAHC durante cinco años (2009-2013), provocando un gran impacto emocional y reflexión en miles de visitantes.
Además de su contenido material, cargó una leyenda que suma más de cien años. Fue cosido en un trozo de tela de 84 x 45 cm. En el tercio inferior del saco, sólo diez líneas hilvanadas con hilo de bordar de algodón de tres colores, narraron la historia que no debía ser olvidada.

Mi bisabuela Rose
La madre de Ashley le dio este saco cuando
Fue vendida a los 9 años en Carolina del Sur
Contenía un vestido andrajoso, tres puñados de
nueces pecanas, una trenza de cabello de Roses. Le dije
Estará lleno de mi amor siempre,
ella nunca la volvió a ver.
Ashley es mi abuela
Ruth Middleton
¿Cómo fue la terrible fragmentación familiar que obligó la trata de esclavos? Sobre ello va la memoria que permaneció al menos por cuatro generaciones, cuyo único objeto heredado fue preservado de forma creativa por sus sucesoras, bajo el sufrimiento de ser esclavizadas como propiedad, finalmente liberadas, pero nunca compensadas.
Si la historia es correcta, suponemos que Ashley atesoró toda su vida el objeto regalado por su madre durante la esclavitud y también cuando fue libre; posteriormente lo heredó su hija. Esta debió dejarlo en custodia de la que fue nieta, una mujer llamada Ruth Middleton, quien en 1921 bordó como un mantra esas palabras.

«Rose» y «Ashley», fueron rastreadas en la investigación y aparecen entre las personas esclavizadas que fueron propiedad del poderoso comerciante Robert Martin (1790-1852), cuya fortuna ascendió a más de 300.000 dólares. En su palacio de Charleston en Carolina del Sur tenía siete esclavos, entre ellos una mujer llamada Rose, valorada en 700 dólares. Solo superada en precio por los esclavos: Cicerón 1.000 y Jack 800, según el Departamento de Archivos e Historia de la localidad.
El precio promedio de un esclavo en el sur de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX, era de aproximadamente 350 dólares. Si bien los hombres alcanzaban los precios más altos por su trabajo y eran considerados «de primera categoría», a las mujeres esclavizadas se les atribuía un valor único. Además de su valía como trabajadoras, eran potenciales reproductoras. También las compraban y vendían en forma de «esclavitud sexual». Para todos: mujeres, hombres y niños esclavizados, ser separados de sus seres queridos, era lo más aterrador y doloroso de sus vidas.

La plantación de Robert Martin contenía alrededor de 105 esclavos en 1853, en el condado de Barnwell, «Milberry Place». Estaba situada junto al río Savannah, a unos 160 kilómetros al oeste de la ciudad portuaria de Charleston, según fue publicado en un anuncio periodístico sobre la venta judicial de la propiedad, catorce meses después del fallecimiento del Sr. Martin.
La investigación refiere que la Sra. Martin, su viuda, compró el terreno de la Plantación Milberry a principios de 1854, que para 1860 tenía 125 esclavos, ubicando allí a su hijo Robert Jr. Varias personas esclavizadas fueron vendidas para obtener efectivo; las otras permanecieron durante la Guerra Civil, hasta que se logró la libertad en 1865.

Para entonces, la ciudad de Nueva York era una ciudadela de trata de esclavos africanos, también Rhode Island, un centro para el comercio de los esclavizados, como ocurrió con Massachusetts. O sea, en el Sur se ‘almacenaban’ los africanos y en el Norte estaba la financiación del comercio. Visto así se mina la noción simplista de que el Norte era abolicionista y el Sur favorecía la esclavitud, refiere el historiador Gerald Horne, acerca de la resistencia de los esclavos y los orígenes de Estados Unidos de América.
Poco después de la investidura de Abraham Lincoln (1860), estalló la Guerra Civil Estadounidense en 1861. Antes del conflicto, el Presidente y otros líderes republicanos no buscaban abolir la esclavitud, sino detener su expansión a nuevos territorios y estados del oeste americano, algo inaceptable para los políticos sureños, creyendo que los estados libres pondrían al poder estadounidense en su contra.
Tras la anulación por el Congreso de las leyes sobre esclavos fugitivos en 1862, fue prohibida la esclavitud y a la vez, autorizaba al Presidente a emplear en el ejército a personas anteriormente esclavizadas. Fueron reclutados 180.000 soldados y marineros afroamericanos.

La Proclamación formal de la Emancipación -considerada una medida de guerra- fue el 1ro de enero de 1863, cuando la nación se acercaba a su tercer año de la sangrienta guerra civil. La proclamación declaró “que todas las personas detenidas como esclavos” dentro de los estados rebeldes “son, y en adelante serán libres.”
Sin embargo, tras amplios conflictos bipartidistas en el Congreso y la Cámara de Representantes, en diciembre de 1965 fue incorporada a la Constitución, la 13.ª Enmienda. Habían transcurrido 246 años después de la primera compra de mano de obra esclavizada, al desembarcar el barco en Jamestown, Virginia, cargado de personas aprisionadas en África.
Rose
El Sr. Robert Martin había dejado escrito en su testamento, la voluntad de que Rose y el resto de sus esclavos domésticos, cuidaran de la Sra. Martin y sus hijos menores en el número 16 de la calle Charlotte en Charleston. Aunque aclaraba que sus pertenencias, incluyendo a las personas esclavizadas, podían ser vendidas a discreción de su viuda.
Quien sabe hoy si Rose fue vendida después de 1953 o murió antes de 1865. Existe un registro al momento del fallecimiento del acaudalado esclavista a finales de 1852, de una Rose y una Ashley propiedad del mismo comerciante de Carolina del Sur, ubicadas en feudos separados por casi 200 kilómetros. El texto del bordado sugiere que Rose y Ashley no volvieron a verse.
El año 1921 en que se bordó el saco de Ashley, parecería que Ruth Jones Middleton (nieta de Ashley) era una madre soltera de unos dieciocho años que vivía en Filadelfia. Aunque su vida es un enigma, se sabe que murió de tuberculosis en 1942, después de una larga hospitalización. Igualmente se sabe que a su hija Dorothy Helen, solo contaba con treinta dólares para una tumba sin nombre. Allí permanece Ruth, la bordadora, en el cementerio de Mount Lawn, de las afueras de la ciudad.

Segundo Pasaje Medio
El comercio interno de esclavos —denominado el Segundo Pasaje Medio— era la forma de separación más temida. Con la venta a larga distancia, se perdió el rastro de miles y miles de personas, como parte de la expansión de la esclavitud hacia el sur y el oeste. Los historiadores estiman que los traficantes de esclavos compraron y vendieron dos millones de personas esclavizadas a través del comercio dentro de Estados Unidos.
Los abolicionistas convirtieron este comercio en un poderoso símbolo de la esclavitud, mientras a nadie le importaban los seres humanos con trauma físico, emocional y espiritual, como tampoco las familias destruidas, ni las vidas que cobró.
Las mujeres y niñas esclavizadas eran separadas por los esclavistas mediante ventas locales, por varios motivos, por ejemplo al ser «regaladas» a jóvenes blancas de la clase esclavista para que sirvieran como doncellas personales, por parte de sus padres o abuelos. Ocurría igualmente al repartirse la herencia tras su muerte, como para maximizar sus ganancias, a través del método del alquiler en épocas de menor actividad agrícola, por meses o años.

El éxito económico se basaba en la explotación de los esclavos, por lo que aumentaba la vulnerabilidad de las mujeres: eran obligadas a trabajar para los esclavistas y como medio de reproducción. Otra forma de explotación, era obligar a las mujeres a amamantar a los bebés que no eran suyos, ya fueran de familias blancas o de otras mujeres esclavizadas utilizadas para otras funciones.
Los esclavistas intentaban preservar el valor de su propiedad desde antes del nacimiento, pero las mujeres negras esclavizadas eran maltratadas cuando incumplían con las expectativas. Antes de una paliza solían obligarlas a desnudarse y permanecían atadas. Si estaban embarazadas, antes debían cavar un hueco en la tierra y tumbarse boca abajo para recibir el castigo, para proteger al hijo-mercancía por nacer. El asunto era el ejercicio del poder y el escarmiento, porque para preservar su propiedad rara vez el azote llevaba a un esclavo a la muerte.
El sistema esclavista estadounidense utilizaba a las mujeres para probar medicamentos y realizar prácticas quirúrgicas de alto riesgo de obstetricia y ginecología. Las mujeres esclavizadas en la región costera del sur de Estados Unidos representaban más de la mitad de la población subyugada.
En las plantaciones, una población alfabetizada era considerada una amenaza, y en Estados Unidos se promulgaron leyes que prohíben a los esclavizados leer y escribir. La historiadora Tiya Miles, ha abordado este problema de una manera audaz e innovadora en All That She Carried. La historia comienza en Carolina del Sur en 1852, con una cruda descripción del terror que habría sido familiar para toda mujer esclavizada: «Rose se encontraba en una profunda angustia existencial aquel fatídico invierno cuando falleció Robert Martin, quien iba a ser su amo». Rose no tenía control sobre su futuro y sabía lo que le esperaba: la subasta que la separaría de su hija de nueve años, Ashley, para siempre. Reseña de Colin Grant, en The Guardian.

El libro de Miles se propone reconstruir la historia de las mujeres cuyas vidas estuvieron marcadas por la esclavitud, fue laureado con el Premio Nacional del Libro de No Ficción de 2021. En este se interpreta y explora el significado cultural de lo que Ashley guardaba en su saco: la trenza del cabello de Rose; el vestido andrajoso; tres puñados de nueces pecanas y los «susurros de amor».
Para la autora, la trenza de cabello es el objeto más simbólico e inusual: «una visión de las creencias de Rose sobre el poder espiritual y la conexión trascendente»; concluye que el cabello de la madre tenía como propósito infundir su espíritu al saco.
Las leyes suntuarias dictaban lo que podían vestir las mujeres no libres. Probablemente nacieron del temor de la clase terrateniente, porque impedían que las personas esclavizadas resultan sexualmente atractivas para los hombres blancos o ascendieran socialmente. Ashley tuvo que conformarse con una prenda tosca y de mala calidad, hecha de «tela negra», un símbolo de la esclavitud.
Aunque las nueces pecanas eran un manjar caro, se podía recolectar -y secarlas- por las personas esclavizadas. Los susurros de amor decretan que Rose mantendría una presencia permanente en la vida de su hija. Trascendieron más allá del tóxico tránsito por la vida, que comienza para ellas al ser compradas como esclavas, como consta en el libro de contabilidad que enumera la propiedad a nombre de Robert Martin y el valor monetario de Rose (700 dólares) y Ashley (300 dólares) cuando fueron exhibidas en la subasta.
Una mujer blanca que no quiso revelar su nombre, compró el Saco de Ashley en febrero de 2007, por veinte dólares, a un hombre blanco en un mercadillo al aire libre en Springfield, Tennessee. Aunque intentó obtener ganancias en eBay y una casa de subastas de Nueva York, fue un sueño con la niña Ashley lo que la detuvo.
Una búsqueda en internet la llevó a Middleton Place , una fundación sin ánimo de lucro que fue la residencia de Henry y Mary Middleton, dos acaudalados propietarios de esclavos. Fue así que Ashley regresó de Filadelfia a Carolina del Sur cuando la compradora lo donó al museo histórico de Middleton Place, cerca de Charleston. Esta Fundación ya había dado pasos para incorporar la narrativa de la esclavitud en su misión interpretativa, con una exposición permanente en 2005, sobre la esclavitud en una de sus dependencias conocida como la Casa de Eliza , que incluía los nombres de unas 2600 personas esclavizadas relacionadas con la plantación. El Saco de Ashley se colocó en una vitrina especialmente construida, en el vestíbulo de la planta baja, junto a otros artículos vinculados a la esclavitud.

Debido a las reacciones emocionales de muchos visitantes, algunos guías voluntarios se quejaron de que el saco distraía del objetivo principal de la visita: destacar la riqueza, el liderazgo político y el cosmopolitismo de los Middleton blancos.
Aunque el personal de conservación e interpretación tenía la esperanza de que demostrara tener una conexión histórica con las familias, tanto negras como blancas. Quizás los visitantes de todo el mundo podrían reflexionar sobre qué harían en difícil situación de Rose, escribirle cartas a ella o a Ashley, desafiando el poder de la palabra escrita conque Ruth confrontó el paso del tiempo.

Pasado esclavista
Ese pasado esclavista de Estados Unidos es uno de los capítulos más trágicos de su historia, desde que se compraban esclavos negros para trabajar principalmente en plantaciones agrícolas de arroz, tabaco o algodón.
“Separados pero iguales”, era una manera práctica de discriminar a la población negra con la implementación de las leyes Jim Crow -estatales y locales- en los Estados Unidos, promulgadas a fines del siglo XIX. Funcionaron entre otras políticas formales e informales para mantener la segregación entre blancos y negros, que limitaron severamente las oportunidades para los estadounidenses no blancos. Como consecuencia, millones de afroamericanos abandonaron el sur de Estados Unidos, para escapar de estas disposiciones legales.
El legado de la esclavitud y los esfuerzos por superarlo, continúan como temas centrales en la sociedad y la política estadounidenses, particularmente durante la era de la Reconstrucción posterior a la Guerra Civil y el movimiento por los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960. La historia resalta la obra de los activistas de los derechos civiles, como Martin Luther King Jr., gracias a cuya lucha y resistencia, las personas negras fueron ganando derechos en el país.
Por ejemplo, en 1964 la Ley de los Derechos Civiles implementó ‘el fin’ de la segregación racial, al año siguiente fue la Ley del Derecho a Voto y en 1968, el Acta de Igualdad de Vivienda. Aunque las leyes y políticas racistas más punitivas han sido derogadas, hoy existen diferencias entre la población negra y la blanca no hispánica en los Estados Unidos, porque la discriminación racial no ha sido resuelta, por la desigualdad en la protección y la falta de inversión en las personas perjudicadas por la discriminación.

Es evidente la disparidad de oportunidades en la vida de estadounidenses negros e hispanos en Estados Unidos, entre la población en situación de pobreza y en la creciente brecha racial de las últimas décadas. Se suman las grandes diferencias en el sector educativo, la discriminación racial en el mercado laboral, que genera inseguridad económica entre los distintos grupos sociales.
Las brechas raciales comienzan en la infancia, son expresadas de por vida en el acceso a la salud. Los estadounidenses negros e hispanos enfrentan tasas más altas de abuso infantil, obesidad en la infancia, exposición al plomo y enfermedades crónicas en la edad adulta que los estadounidenses blancos, refiere un informe gubernamental del Departamento del Tesoro.
Para no olvidar un nombre, recordemos cuandoel afroamericano George Floydfue detenido en Mineápolis, por pagar en una tienda con un billete de 20 dólares supuestamente falso. Durante el arresto, Floyd fue inmovilizado.
Era un 25 de mayo del 2020, cuando el policía blanco Derek Chauvinpresionó con su rodilla el cuello del detenido durante casi nueve minutos, mientras Floyd decía: “No puedo respirar”. Floyd murió asfixiado, según la autopsia. Su muerte puso en la mira la violencia racial, la desigualdad y la diferencia de oportunidades, no solo en los Estados Unidos. Muchos personas se manifestaron bajo el lema ‘Black Lives Matter’ (las vidas de los negros importan, en español).

Un año antes de este hecho, (2019) las cifras oficiales reportaban que 1.098 personas habían muerto bajo custodia policial en los Estados Unidos, donde las personas negras tienen más probabilidades que las blancas, de acabar en la cárcel o de morir durante la custodia policiaca, reseñó la ONG Mapping Police Violence.
Estos datos muestran que en las cárceles hay más representación de personas negras, que en la sociedad norteamericana. Las personas negras constituyen el 40% de la población carcelaria del país, afirma un reporte de la BBC; pero en el país los afroestadounidenses o negros estadounidenses, componen el 12,4 % de la población total de los Estados Unidos de América, siendo esta la segunda minoría más grande luego de la población hispana.
En 2016, la población carcelaria de ese país alcanzó los 2,16 millones (en comparación, en China la cifra oficial fue de 1,6 millones).De pesos, unos 60.000 reclusos trabajan, recibiendo unos US$0.90 la hora por su labor. En tanto, el trabajo penitenciario generóingresos por más de US$1.000 millones. Se estima que el 25% de todas las personas que están en prisión a nivel mundial son estadounidenses.
Según datos de la organización Poverty USA, en 2018 los nativos americanos eran el colectivo con la tasa de pobreza más alta, el 25,4%. Los negros eran los segundos, con un 20,8%. Los blancos, por otro lado, tenían una tasa del 10,1%.
Recientemente, en marzo del 2026, Estados Unidos anunció la apertura de 60 investigaciones comerciales contra economías de todo el mundo, para determinar si sus gobiernos han fallado en impedir el ingreso a sus mercados de productos elaborados con trabajo forzado.
La decisión fue comunicada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), que activó el procedimiento bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, uno de los instrumentos más utilizados por Washington, para enfrentar prácticas que considera desleales o perjudiciales para su comercio. Según la autoridad estadounidense, el objetivo es determinar si las políticas o prácticas de estos países son “irrazonables o discriminatorias” y si afectan el comercio estadounidense. Más claro que el agua. El interés no es beneficiar a las personas usadas para el trabajo forzado.

“Tengo un sueño”
“Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.” Martin Luther King. Discurso “Tengo un sueño”.
El 14 de octubre de 1964, con sólo 35 años se convirtió en el hombre más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. La luchadeLuther King, fue reconocida mundialmente por perseguir la igualdad, la justicia y el cambio social sin el uso de la violencia. A finales de marzo de 1968, con el objetivo de apoyar la huelga de basureros afroamericanos que buscaban la mejora de sus condiciones laborales, viajó hasta Memphis, Tennessee. El 4 de abril de 1968, fue asesinado mientras estaba en la terraza de la habitación del Motel Lorraine, Martin Luther King con sólo 39 años.
Autor: Rosa María Fernández
Fuente: teleSUR




