Casos de derecho de autor, a calzón quitao
En ocasiones los sellos disqueros y a veces los intérpretes se hacen los locos a la hora de asentar los créditos autorales.
La salsa vive y está vigorizada según cada país, cada zona y según las ganas y creatividad de quienes la aman y reconocen en ella no un apéndice de negocios, sino una inmensa posibilidad cultural.
13 de mayo de 2026 Hora: 18:14
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Hay muchas historias, anécdotas, casos en los que el Derecho de Autor ha estado involucrado, unas veces sin mayores consecuencias después de un reclamo o aclaratoria, y otras que se han convertido en casos históricos. Por ejemplo, lo que hizo Walt Disney con su gran amigo Ub Iwerks (Ubbe Ert Iwwerks) a quien literalmente le tomó la imagen de Mickey Mouse (el ratón Miguel). Iwerks no hizo la gran demanda. Solo le retiró la amistad y renució a su trabajo. Demostró que la imagen del famoso ratón era creación suya.
Hay creadores que no reclaman porque ya están mayores, cansados, o han partido físicamente. Es el caso del venezolano César del Ávila, quien vivió con su tema “El Pavo Real” lo que vivió Alberto Arvelo Torrealba con “Florentino y el Diablo”, o lo que vivió Luis Mariano Rivera con su “Canchunchú Florido”. Los tres enunciados tienen autores venezolanos harto conocidos pero los sellos disqueros y a veces los intérpretes se hacen los locos a la hora de asentar los créditos autorales.
Cesar del Ávila (1950)
Acotamos que César del Ávila definió rítmicamente como corrío a su tema, un seis numerao. De allí se agarró José Luis Rodríguez para lanzar el estribillo pop que en la década de los ochenta le generó muchas divisas y fama. Numerao/ viva la numeración… (si era en dólares, mejor)
Otros casos
El dominicano Wilfrido Vargas acudió en unas cuantas oportunidades a temas de Colombia, sobre todo de su costa Atlántica, para enriquecer bien el repertorio de su orquesta o de otras creadas por él, como Las Chicas del Can.
Un buen ejemplo es “El hombre divertido”, incluido en el álbum “El Funcionario” de 1983. Los productores del sello Karen alegaron que no habían encontrado el nombre del autor y por eso etiquetaron el tema como D.R. (Derechos Reservados). Y resulta que el autor de este “Hombre divertido” fue Esteban Montaño Polo, de la costa Atlántica de Colombia (departamento de Magdalena). No solo eso. Montaño Polo es el autor de la mundialmente conocida “Cumbia Cienaguera” de 1951.
En cuanto a “El hombre divertido”, su primer intérprete —y quien la grabó y cantó— fue el acordeonero Luis Enrique Martínez.
El Hombre Divertido (original)
Otro caso emblemático en República Dominicana fue el de la controversia entre el gran cultor de la bachata, Luis Segura y el merenguero Bonny Cepeda (el mismo que cantaba que los niños no podían salir de Cuba…). El tema de la controversia fue la bachata “Pena por ti” que Cepeda terminó alterando hasta en el título y la llamó “Penas”. Lo grave estuvo en que Cepeda intentó registrar un tema que ya estaba registrado.
Willie y Fania
También está el caso de “Amor verdadero”, grabado por Willie Colón para el sello Fania en 1981. No hay crédito autoral en ese disco, pero es solo un decir: Es que ni siquiera el tema “Oh, que será” de Chico Buarque, de Brasil, tiene crédito. Lo cierto es que tomaron el tema y lo cambiaron en letra y estilo, sin intentar saber más del genial autor guyanés, a quien conocimos en Varadero, Cuba. Su nombre es Edmond Montague Grant, popularmente conocido como Eddy Grant, quien desarrolló una brillante carrera con temas propios junto a su banda multirracial The Equals (Los Iguales). Temas contra el racismo, contra el apartheid y por la justicia lo hicieron destacar pronto además de su calidad.
“Amor verdadero” sonó mucho con Willie Colón y también sonó el despojo autoral que le hicieron al guyanés, quien dicho sea de paso fue capaz de demandar en 2020 a Donald Trump por el uso no autorizado de su tema “Electric avenue”… y ganó.
Amor verdadero. Eddy Grant (original)
También está el caso de “El Todopoderoso”, del venezolano Perucho Torcat, con versión de Héctor Lavoe para el álbum “La voz”, de 1975, el primero que hacía como solista. En este disco aparecen como autores Héctor Lavoe y Willie Colón. El sello Fania puso toda la carne al asador para este álbum que contó con los mejores instrumentistas del sello en cuestión.

“El Todopoderoso” es pieza de la autoría del venezolano Pedro María “Perucho” Torcat, crédito que nunca se le adjudicó. Varios años después, y fallecido Perucho Torcat a los 25 años apenas, Lavoe volvió a tomar un tema de Torcat con letra del también venezolano Ricardo Quintero, del grupo Madera y fallecido en la absurda tragedia del Orinoco. Ocurrió en el álbum “De ti depende” de 1976, por supuesto, con producción de Willie Colón, al que solo el retrato de su abuelita hacía llorar, porque el saqueo le resbalaba. En ninguno de los dos temas hubo regalías para los autores, como tampoco habría cuando Johnny Pacheco se apropió hasta del nombre del dúo cubano “Los Compadres”… Salvamos en parte a Héctor Lavoe que clamaba en los montunos “A lo venezoliche”, como queriendo reivindicar una autoría que Fania ocultó.
El Todopoderoso. Perucho Torcat. (original)
Hay otro caso de Fania, entre muchos. Acá fue la grabación del tema de Gipsy Kings (España) “Bamboleo”. Ciertamente, Gipsy Kings había incorporado la introducción de “Caballo Viejo” del venezolano Simón Díaz. Pero los gitanos no supieron lo que hizo Fania. Se enteraron al visitar medios radiales en Venezuela. Fania jamás pidió autorización, nos dijeron. Como dicen los músicos populares: fue un fusil.
Bamboleo. Gipsy Kings (original y en vivo)
Quiebra con fractura múltiple
El tema del crédito, del Derecho de Autor con el reconocimiento correspondiente, más la alteración de letras y melodías originales fue el marco para uno de los mayores escándalos de demanda en la música del Caribe, que llevó a la quiebra absoluta a un magnate del mundo del disco y del espectáculo, con aristas que involucran a escritores, directores de cine y a músicos de alto relieve como Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa.
Comienza por el escritor cubano Leonardo Padura, quien señaló que seducido por la salsa a raíz de la visita del venezolano Oscar de León a la Isla, gracias a sus posibilidades reunió varias entrevistas y publicó en 1997 el libro “Los rostros de la salsa”. No fueron todos los que estaban en la obra, ni estaban todos los que fueron protagonistas, comenzando por el detonante que él confiesa: Oscar de León. Ese libro fue el guion del documental “Yo soy, del son a la salsa” y el sendero por donde comenzó la quiebra empresarial del Rey Midas de la Salsa, como siempre fue llamado Ralph Mercado, a quien siempre reconocimos en Venezuela su afecto para apoyar a los músicos de salsa del país. Muchas, pero muchas veces estuvo en Venezuela.
Padura afirmó que el documental tuvo muy mala suerte comercial porque el productor, que tenía una empresa disquera en Nueva York, no pagó unos derechos de autor musicales y el documental no se pudo comercializar.
Hay que señalar que primero estuvo el documental con guion de Padura y dirección del también cubano Rigoberto López, en el que fue alterada la letra del tema de Glenn Monroig, y luego estuvo el disco de Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa donde se incluye también el tema, sin autorización, vulnerando el derecho de autor del boricua.

Glenn Monroig, el hijo del famoso Gilberto Monroig, comenzó sus andanzas discográficas y autorales hacia 1980. No fue seducido por la banalidad y la mediática disquera, aunque como autor se vinculó a personajes de la talla de Emmanuel, Luis Enrique, Cheo Feliciano, Lucecita Benítez, Nydia Caro, y su padre, Gilberto Monroig. Para 1982 ya tenía su sello disquero independiente y su estudio de grabaciones, con excelentes perspectivas pues el público boricua lo respaldó gracias a su innegable talento y voz.
Yo soy. Glenn Monroig (original)
Por su parte Rafael Mercado Prieto, Ralph Mercado, nacido en Nueva York en septiembre de 1941 como hijo de un dominicano y una boricua, desde muy joven se inclinó por el mundo del espectáculo y la producción de musicales hasta amasar un verdadero emporio que impulsó grandemente a las Estrellas de Fania. El hombre detrás de los grandes eventos y giras de Fania fue Ralph. Y cuando con su vista larga vio la debacle a corto plazo de Fania, estableció sólidamente su sello disquero RMM y una cantidad de empresas propias conexas para producción, contrataciones, giras, publicaciones, etc.
En 1998, RMM filmworks produjo el documental “Soy del son a la salsa”, dirigido por el cubano Rigoberto López con guion de Padura. En dicho documental, Cheo Feliciano interpretó la canción “Yo soy”, de la autoría de Glenn Monroig, sin solicitarse el correspondiente permiso al compositor para hacer uso de su composición en la película, es decir se violó el derecho de autor. La canción no solo fue usada sin permiso, sino que fue también modificada. Posteriormente vendría la grabación comercial del tema a cargo de Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa, también sin permiso y con modificaciones.
Yo soy (Feliciano y Santa Rosa)
Por esta razón, Monroig demandó al productor y ganó el litigio de primera instancia y también la apelación. Mercado tuvo que pagarle a Monroig 7.7 millones de dólares, cifra que luego ascendería a 11 millones por los intereses. Este hecho suscitó el final de RMM y de Mercado en la escena de la promoción y la producción de artistas, aunque posteriormente tanto Mercado como Monroig pactaron un pago un poco menor. Solo un poco menor. Ralph Mercado tiró todo su emporio a la quiebra comercial. Con esa decisión fueron muchos los artistas que quedaron sin sustento base. Se especuló en torno a que la acción de Monroig perjudicó a la salsa. La salsa vive y está vigorizada según cada país, cada zona y según las ganas y creatividad de quienes la aman y reconocen en ella no un apéndice de negocios, sino una inmensa posibilidad cultural.
Ralph Mercado murió el 10 de marzo de 2009, víctima de un agresivo tumor cerebral contra el cual luchó por tres años.

Para ser justos, no fue Glenn Monroig quien llevó a la quiebra a Ralph Mercado, sino el pasar por encima de algo tan sencillo como reconocer un derecho de autor, y respetarlo.
La decisión del tribunal sentó un precedente que ha servido a posteriori a varios músicos para ventilar sus propios casos, como por ejemplo Sammy Marrero, el eterno vocalista de “La Selecta” de Raphy Leavitt (El Buen Pastor) y de Charlie Aponte, cuando ventiló un litigio con Rafael Ithier, del Gran Combo de Puerto Rico, que al ser ganado por Aponte abrió compuertas para que vocalistas de la salsa reclamaran sus derechos reales y no las compensaciones a las que los tenían acostumbrados.
Son muchísimos casos más, en los que África tiene mucho que demandar. Ojalá Cuba hable acerca del robo por más de 60 años de sus regalías musicales, explotadas por los Estados Unidos de Norteamérica y su perniciosa industria musical y de espectáculos, esa que intenta ahogar la memoria cultural de los pueblos latinoamericanos.
Autor: teleSUR - Lil Rodríguez




