Brasil elige entre Lula y Bolsonaro, dos modelos de país y un parteaguas geopolítico

Brasil decide entre el cambio estructural y la continuidad de políticas sociales de Lula, el Brasil de los brasileños, o el cambio de Bolsonaro, cuya más clara certeza mira a la Argentina de Milei y el eje de ultraderecha que hoy se rige desde afuera de América Latina.

lula bolsonaro octubre26

«No es un hombre contra otro. Es el modelo de país que quieren, el futuro de nuestra nación que estamos construyendo», ha recalcado Lula durante la campaña electoral. Foto: EFE.


25 de octubre de 2026 Hora: 01:19

    🔗 Comparte este artículo

  • PDF

Más de 158 millones de votantes están convocados este domingo en Brasil para elegir en la segunda vuelta electoral al presidente que asumirá el 5 de enero de 2027 para gobernar durante los próximos cuatro años. La mayor economía de América Latina no solo define su futuro, también hacia qué lado se inclina la correlación de fuerzas en la región, donde la tendencia ha favorecido a la ultraderecha en las últimas elecciones.

Los centros de votación estarán abiertos durante nueve horas, desde las 08:00 hasta las 17:00 (11:00-20:00 GMT). Antes de que finalice la jornada se debe conocer el resultado: si los brasileños escogen reelegir al progresista Luiz Inácio Lula da Silva, o se inclinan por el «cambio» que representa el ultraderechista Flávio Bolsonaro.

El hijo mayor del expresidente golpista Jair Bolsonaro dominó la primera vuelta, el 4 de octubre, con 47.03%, frente al obrero devenido estadista y líder histórico del Partido de los Trabajadores, 45.16%. Para la segunda vuelta, con corrimientos mínimos, ha prevalecido la polarización.

Las encuestas de los últimos días han mostrado ligera ventaja para el senador de ultraderecha, pero dentro del margen de error, lo que indica el empate técnico. Incluso en ese rango, reflejaron, además, una paulatina recuperación en la intención para el candidato del PT, que busca su cuarto mandato no consecutivo. Se hizo más estrecho el empate técnico.

El jueves, un estudio divulgado por Datafolha reflejó igualdad numérica: Lula y Bolsonaro estaban empatados al 50% en los votos válidos, una medición que excluye votos en blanco, nulos e indecisos. Una elección reñida de punta a cabo, de pronóstico incierto, seguida muy de cerca desde Washington, en todas las capitales de la región y aún más allá. La campaña hacia el balotaje, más que reforzar las bases, ha apuntado a los indecisos y a alrededor de 30 millones que no acudieron a las urnas el 4 de octubre.

«Me gustaría pedirles el voto, porque o mantenemos la democracia funcionando o vamos a tener un miliciano gobernando este país», alertó Lula la noche del viernes, en el último debate televisivo antes del balotaje, que podría impulsar la movilización a las urnas.

Muchos analistas han coincidido en que el mandatario de izquierda tuvo mejor desempeño. Se apoyó en el legado de sus mandatos, con una reconocida política social, y a la vez en el expediente económico de la actual gestión.

Ese expediente incluye inversión en infraestructura, récord en exportaciones, diversificación y apertura a más de 700 nuevos mercados internacionales; una expansión del PIB por encima de 3% en 2023 y 2024, de 2.3% en 2025 y prevista en torno a 2% en 2026, un año de incertidumbre económica global; mínimo de desempleo (el más bajo desde 2012), incremento del salario real de +12% entre 2022 y 2026, y la tasa de pobreza en un piso histórico de 3.5%.

A la par, millones de empresas creadas, inflación controlada en el entorno de 4%, según datos de agosto, y superávit comercial por encima de 7.000 millones de dólares en 2026, con crecimiento interanual de 13% en exportaciones. El contraste lo ponen el déficit fiscal, las altas tasas de interés y el crecimiento de la deuda pública respecto al PIB.

Lula puede mostrar resultados y, a la vez, reconocer que queda por hacer.

LEA TAMBIÉN:

Brasil ante el balotaje: entrevista con la economista Ana García

Bolsonaro, sin propuestas específicas ni claras líneas de ejecución, debió disculparse dos veces: por su voto contra la baja por maternidad y por llamar «nueve dedos» a Lula, que manejó certera la respuesta: «No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos», respondió en alusión a las acusaciones de vínculos con grupos parapoliciales que pesan sobre Bolsonaro.

Lula recordó que en el estudio estaba Cristiane Gomes, la madre de Ana Clara, la niña de cinco años asesinada por disparos de fusil en Niterói, Río. «Es un monstruo, igual que el monstruo que mató a mi hija», dijo Gomes luego de que Bolsonaro defendiera durante el debate al oficial de policía militar Bruno Dias Delaroli, acusado de matar a la menor y que tenía al senador entre sus abogados defensores. Según Bolsonaro, «fue un intercambio de disparos en una comunidad conflictiva».

El senador del PL, además, fue señalado en la contrastación: según el panel de la agencia Verifica los Hechos, solo un 26% de las declaraciones de Bolsonaro en el debate eran ciertas. Varias de sus declaraciones sobre Bolsa Família, los activos de Lula y las políticas de seguridad fueron cuestionadas por controles independientes.

Al debate se suma un giro en la estrategia de Lula tras la primera vuelta: el vuelco en las redes sociales, el crecimiento en su canal Ejército de Lula (que Meta, X y Google hallaron sin irregularidades tras una revisión, según informe enviado al Tribunal Electoral Superior), y un intenso programa de multitudinarias concentraciones y mareas rojas en ciudades como Belo Horizonte, São Paulo y Río. Pero también Bolsonaro ha tenido sus grandes marchas verdeamarillas. En la recta final, trascendió la violencia desde el lado bolsonarista.

Lula multiplicó sus anuncios, logró la aprobación en el Congreso del fin de la escala 6×1, perdonó las deudas a millones de trabajadores autónomos, lanzó medidas de incentivo para el sector de los videojuegos y envió al Parlamento una propuesta para que el transporte público sea gratuito los fines de semana y los festivos en los casi 6.000 municipios del país.

Este sábado, jornada final de campaña, la marea roja cubrió Río de Janeiro y Lula también tuvo un recibimiento masivo en São Paulo. Decenas de ciudades acogieron multitudinarias marchas por su candidatura. Bolsonaro encabezó un desfile en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais.

«El pueblo tiene que elegir entre alguien que besa la bandera nacional o alguien que besa la bandera estadounidense. Es un asunto de soberanía, y no permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie», dijo Lula.

En rueda de prensa antes de un masivo evento en la Avenida Paulista, el líder progresista afirmó: «Durante muchos años, incluso los mayores que hacen campaña política no han visto un movimiento en la sociedad como el que hemos visto en esta segunda ronda. La sociedad brasileña quiere cambios, pero quiere un cambio estructural que haga que el país siga avanzando en la dirección correcta. La sociedad brasileña no quiere retroceso».

«Nunca imaginé presentarme a unas elecciones con un mentiroso, un miliciano sin cualificaciones. No tiene compromiso con la verdad. No sabe distinguir entre mentiras y verdad. Miente sin vergüenza. Solo sobre el caso Vorcaro, mintió más de 50 veces», dijo.

Repitió, como en otros momentos de la campaña, que no es una elección entre dos nombres, sino entre dos modelos de país: «Trabajamos duro para convencer a quienes no fueron a votar, que anularon su voto y que están indecisos para que vayan a votar mañana. No es un hombre contra otro. Es el modelo de país que quieren, es el futuro de nuestra nación que estamos construyendo».

Varios estudios han señalado que la mayor parte de los seguidores de Bolsonaro se inclinan por el cambio (en el que se inserta el antipetismo) junto a valores conservadores, libre mercado y menos Estado, mayor visibilización de la seguridad, que en la experiencia reciente de América Latina significa militarización contra garantías y derechos.

Un factor señalado ha sido el voto evangélico, en el entorno del 60% a favor del ultraderechista, una tendencia ya vista en Colombia y, en los últimos años, cada vez más influyente en la región con la Teología de la Prosperidad y el individualismo frente al proyecto social, parte dinámicas sociales y parte remanente del contexto de la Guerra Fría, la avanzada regional de la CIA contra la Teología de la Liberación y la izquierda en los 70 y los 80.

La historia reciente en América Latina trajo cambios con los que, desde Argentina y Colombia, se ha intentado prevenir a los brasileños. Bolsonaro y su entorno han dicho que seguirían el «modelo Milei», en lo que coinciden con el entorno de Santiago Abascal y Vox, en España. Desde la experiencia concreta, José Campagnoli, líder del Movimiento Derecho al Futuro y exdiputado en la ciudad de Buenos Aires, decía recientemente a Brasil de Fato: «Lo que propone Flávio Bolsonaro es lo que estamos sufriendo en Argentina. Lo que dice que hará es lo que nuestro pueblo está sufriendo».

La motosierra de Milei, el «presidente más sionista del mundo», ha desvencijado los presupuestos y frentes sociales, pero también el tejido industrial, los salarios y el ahorro doméstico, con una fuga de capitales de 48.000 millones de dólares y más deuda, 370.000 empleos perdidos y 30.000 empresas cerradas. El «milagro» de De la Espriella trajo muy pronto recortes sociales, en la libertad de expresión y en medios públicos; desmontaje de regulaciones ambientales para favorecer la minería y el extractivismo en áreas vitales para la biodiversidad y la provisión de agua; represión a la protesta por la censura contra la memoria histórica; desatención de los damnificados por el terremoto de agosto y cero transparencia en los fondos para la recuperación; espectáculo y puesta en escena, llaves de cartón, «roscas» cuando clamaba por meritocracia y total deriva antisoberana en política exterior, con decisiones que se anuncian primero desde EE.UU. o Israel.

Brasil elige este domingo entre dos modelos, dos futuros. Es, en gran medida y en el contexto latinoamericano, la frontera geopolítica. La mayor economía regional, pero también tierra de vastos recursos, agua, minerales críticos y la mayor parte de la Amazonía. Mucho por conservar y mucho por entregar. Nunca ha sido más patente que hoy en América Latina la correlación entre soberanía y futuro, en una trinidad que se completa con «recursos naturales».

Lula o Bolsonaro: de un lado, liderazgo regional con inclusión, regulación estatal, derechos laborales y respeto a las diversidades; inversión social, desarrollo desde lo interno, soberanía y más por hacer en el proyecto progresista en el que Brasil sigue siendo de los brasileños, con retos y un Legislativo adverso. Del otro, desregulación, privatización, ataque al Estado y lo social-público, desmontaje ambiental, entrega automática de soberanía y recursos a proyectos extranacionales, la impunidad del modelo Bukele y el caos a favor de pocos del modelo Milei; otra cabeza de playa del eje sionista en esta parte de Nuestra América.

Autor: teleSUR - DE

Fuente: Agencias