Voceros de la CIA

Un celebre intelectual al servicio de la élite del poder estadounidense y Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, afirma con enorme desparpajo que Rusia y Putin hackearon miles de correos electrónicos de Hillary Clinton, los que al hacerse públicos determinaron la derrota electoral de la carnicera de Libia y, consecuentemente, el triunfo de Donald Trump.

Voceros de la CIA

Lo mismo que Krugman ha hecho otro conocido escritor chileno-estadounidense llamado Ariel Dorfman: hacer suyas las denuncias de la participación rusa en la victoria de Trump. Pero con todo y su celebridad, ninguno de los dos intelectuales ha ofrecido alguna prueba, evidencia o indicio de esa presunta participación rusa.

Ambos se hacen eco de las afirmaciones en importantes medios de comunicación de Estados Unidos que señalan a la CIA (Agencia Central de Inteligencia) como la fuente de tales denuncias. Y como bien se sabe, y desde hace décadas, la tal CIA  es famosa por ser una sólida fábrica de mentiras, infundios y calumnias

¿No sabe Dorfman que de la CIA salieron las campañas de difamación y desestabilización contra el presidente chileno Salvador Allende, finalmente derrocado por un golpe militar, con la participación decisiva de la CIA?

¿No saben Dorfman y Krugman que la CIA estuvo detrás de los golpes de Estado contra Mosadegh en Irán y contra Jacobo Arbenz en Guatemala? ¿No sabe el par de intelectuales que la CIA dio y daba cobertura y legitimidad democráticas a los afanes yanquis por destruir a la revolución cubana y por asesinar al líder de ella, el comandante Fidel Casto? ¿No podrían Krugman y Dorfman buscar por ahí, entre sus contactos, alguna fuente menos inconfiable que la fábrica de falsedades llamada CIA?

Entre éstos, ciertamente, no podrán contar con el FBI (Buró Federal de Investigaciones), agencia policiaca interior que no se ha sumado a la calumniosa campaña contra Trump, Rusia y Putin. Pero ni el FBI podría resistirse a considerar ciertas esas denuncias siempre y cuando la CIA pudiera aportar alguna evidencia de sus dichos.

La tenebrosa agencia de espionaje, especialista en organizar golpes de Estado contra gobiernos insumisos mediante conocidos procedimientos de guerra sucia, propaganda negra, asesinatos selectivos y atentados con bandera falsa, dice que posee esas evidencias, pero que no las hace públicas por razones de “seguridad nacional”. Ah, el viejo truco de sacrificar la verdad en el altar de la patria.

Krugman dice, en clásica frase de tiempos de la guerra fría, que hay muchos “tontos útiles” que le hacen el juego a Trump, a Rusia y a Putin en los empeños de éstos por destruir la democracia estadounidense. Así se les decía antaño a las personas que se negaban a subordinarse a las políticas imperialistas de Washington. A los que se oponían, verbigracia, a la guerra de Vietnam. Bob Dylan y Joan Báez, por ejemplo.

¿Empeños por destruir la democracia estadounidense? ¿Cuál democracia? ¿No habrá querido Krugman decir plutocracia? No parece probable. Porque se ve que la plutocracia estadounidense, con Donald Trump a la cabeza, goza de cabal salud.

¿Puede ser democracia un sistema político que le cierra el paso a la Casa Blanca al candidato que obtuvo más votos de los ciudadanos y le entrega el poder al candidato que logró menos sufragios, digamos casi tres millones? Krugman y Dorfman deberían revisar sus muy insostenibles conceptos sobre la democracia estadounidense.

Según el criterio de Krugman, ni él ni Dorfman puede ser calificados de “tontos útiles”, sino más bien de eficientes, calificados e interesados voceros de las verdades salidas de los sótanos de la CIA.

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Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
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