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Miguel Angel Ferrer
Miguel Angel Ferrer

Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.

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El gobierno de Venezuela lleva casi 20 años preparándose para resistir cualquier intentona de derrocamiento en sus múltiples variables: golpe de Estado, invasión militar directa, bloqueo económico, comercial y financiero, golpe blando, invasión militar mercenaria, magnicidio, boicot petrolero, falsas crisis migratorias, minado de puertos, guerra mediática, propaganda negra, bombardeo aéreo quirúrgico, bombardeo aéreo masivo, insurrección militar y guerra civil.

Elba Esther Gordillo no cayó en prisión por ladrona o por corrupta o por su enriquecimiento inexplicable y a todas luces ilegal, ilegítimo, inmoral, mal habido, criminal. Fue a la cárcel como castigo por su indisciplina política al haberse opuesto a la mal llamada reforma educativa de Peña Nieto. Y esa negativa la convirtió en la principal presa política del peñismo.
La noticia es una bomba, pero no resulta sorprendente: la Suprema Corte de Justicia de la Nación recortará sus gastos y se sumará al programa de austeridad propuesto por Andrés Manuel López Obrador.
Unos y otros (y muchos más) defienden sus inmorales ingresos invocando el principio jurídico que reza: “Ninguna ley tendrá efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna”.
Son muchas y muy variadas las señales de que a partir del domingo 1 de julio pasado México vive una nueva y promisoria época. Una primera señal relevante de enorme valor simbólico fue la reunión el 3 de julio entre López Obrador y Peña Nieto.
Formalmente, a partir del 1 de diciembre de 2018 el gobierno mexicano  regirá de nuevo sus relaciones exteriores por los principios de no intervención, libre autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias.
La inmensa hazaña, la enorme proeza, lo que parecía imposible de lograr finalmente se consiguió. Y la hazaña no sólo fue haber sepultado al pripanismo bajo una montaña de votos, sino, sobre todo, haber derrotado las evidentes y monumentales tentativas de fraude electoral. Esta es la médula de la gesta que México vivió el domingo 1 de julio.
Al paso de los días es evidente que se está desinflando el golpe suave que pretendía derrocar al gobierno de Nicaragua. Una reedición de los intentos de golpe blando que se vivieron en Venezuela en los pasados meses.

Indudablemente la dirigencia sandinista cometió un grave error al decretar una reducción del cinco por ciento en las pensiones de los jubilados. Y aunque la impopular medida fue casi de inmediato derogada, Estados Unidos y la antigua derecha somocista y chamorrista, enemigos históricos del sandinismo, aprovecharon el yerro para desatar la violencia y demandar la abdicación del gobierno sandinista. 

A dos semanas de las elecciones presidenciales, todos los indicios públicos disponibles auguran el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Y también van en ese sentido algunos indicios de carácter privado: muchos connotados pripanistas muestran un aire de resignación ante ese hecho que consideran inevitable. Algunos de éstos incluso señalan que en Los Pinos priva notoriamente esa misma atmósfera de resignación.