Arístides Medina Rubio: lección de historia

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Prof. Arístides Medina Rubio


25 de octubre de 2026 Hora: 15:27

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Que hubo muchos documentos secuestrados, que nuestra historia no comienza con el proceso de Independencia (ni con Colón), que es ahora cuando muchos descendientes de aquellos hombres y mujeres han entregado varios archivos al Estado Venezolano, que hasta hace quince años nuestros textos de historia eran hechos en España… eso y más aportó en conversación el historiador Arístides Medina Rubio, uno de los más grandes defensores de la memoria regional y local venezolana. Su tesis se mantiene:

Sin historia local es imposible la historia universal.

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Arístides Medina

Nació en Puerto Cabello, estado Carabobo, el 27 de abril de 1937, hace 88 años. Se graduó en 1969 de profesor en Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico de Caracas, y en 1974 obtuvo su doctorado en El Colegio de México.

Fundó la Cátedra de Historia de Venezuela en el mismo Instituto Pedagógico (1976). Fue profesor de pregrado, posgrado y doctorado en la universidad Central de Venezuela y llegó a dirigir su Escuela de Historia (1986-1989).

Fue editor de libros y revistas académicas y de divulgación. Estuvo al frente de la Editorial Trópicos, y en 1982 fue cofundador la revista Tierra Firme, que ya ha publicado más de un centenar de números. Hasta 2003 presidió la Fundación Kuai-Mare, ahora llamada Red de Librerías del Sur.

Gran promotor y teórico de la historia regional, con discípulos en toda Venezuela, su influencia en este campo trascendió las fronteras nacionales. Publicó, entre otros libros, La Iglesia y la Producción Agrícola de Puebla. 1540-1800, (1984); Historia Regional. Siete ensayos de Teoría y Método, (1984); Historia Mínima de Venezuela (1994); Introducción a la Historia Regional (1995); Historia Mínima de la Economía (1999) y Lecturas de Historia Regional y Local (2002). En 2018 presentó en la Feria del Libro de Caracas la obra El pueblo venezolano. 15 000 años de Historia, que escribiera junto con Mario Sanoja, Irayda Vargas, Carmen Bohórquez y Luis Britto García.

Entre las diversas responsabilidades que desempeñó estuvo la dirección de la Casa de Nuestra América José Martí en Caracas y la Biblioteca Nacional de Venezuela (2003-2009).

Fue Presidente para el Desarrollo de las bibliotecas nacionales de la Asociación de Estados Iberoamericanos y estuvo entre los fundadores de Centro Nacional de Historia, el que además dirigió.

En 2001 fue elegido en Pontevedra (España), presidente de ADHILAC, contribuyendo a sacar la asociación del marasmo que atravesaba desde 1994. En esa condición, organizó en Caracas la memorable mesa de En defensa de la Memoria, de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad (2004).

Arístides Medina Rubio falleció en Caracas el 1° de octubre de 2019.

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Hace unos cuantos años, en Coro, capital del estado Falcón, hubo una reunión la mar de interesante además de importante y oficial. Tenía que ver con los saberes de esa región tan singularmente pródiga en arenas y agua, en hombres y mujeres de gran valía y en historia, una parte de la cual ha asomado como iceberg, paradójicamente sediento de reivindicación.

Allí estaban el periodista, poeta y escritor Luís Alberto Crespo, Tulio Monsalve, el profesor y escritor Benito Irady y el investigador profundo de su tierra Simón Petit, entre otros. También estaba el profesor Arístides Medina Rubio. Y cuando tomó la palabra, un horizonte desconocido se abrió ante el público asistente a ese encuentro de saberes.

El profesor Medina Rubio se interpelaba, e interpelaba al tiempo y a la historia reclamando de todos apertura para no conformarnos sólo con la historia oficial, que, dijo, parecía descansar sólo sobre los hombros de Caracas. Insólito. En ese momento  nos preguntamos mucho por los pueblos y caseríos que hicieron parte de esa Capitanía General española que no solo nos partió la historia, sino que nos la ocultó.

A la vuelta de los años volvimos a tropezar personalmente con el profesor Medina Rubio, hombre de mar naciente, pues fue en Puerto Cabello donde se alebrestó por vez primera en 1937, el 27 de abril concretamente en la parroquia Fraternidad. Allí, en la ciudad del Castillo Libertador, que tantas historias tiene que contar todavía.

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El tema de las historias locales volvió al tapete una y otra vez en cada encuentro, hasta que solicitamos conversar en torno al concepto. Al fin y al cabo este hurgador de memorias, quien fuera director de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, presidente de la Fundación Kuaimare y su red de librerías, Director General de la Biblioteca Nacional y Presidente del Centro Nacional de Historia, estaba en capacidad de arrojar otra luz sobre nuestra patria y sus fechas. Este el resultado de esa conversación.

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Biblioteca Nacional y Archivo General de la Nación

– Si se habla de un 19 de abril, de un 5 de julio, de Bicentenarios y de otros eventos que tal vez no conocemos. ¿Como estuvo representada la provincia con relación a Caracas?

“La gran contribución que aportamos quienes nos ocupamos de la historia regional y local de Venezuela, es haber reivindicado esos espacios. Nuestra historia se llenó de la historia de Caracas, ni siquiera de la Provincia de Caracas. Lo mismo ocurría con Maracaibo, con Cumaná. Angostura aparecía cuando Bolívar estaba en Angostura, pero fuera de eso, casi nada”.

-Es que hay lugares que solo son famosos por el paso de célebres personajes. La piedra de Mc Gregor por ejemplo, en El Socorro…

“Así pasó en Cojedes, y en muchas localidades que tienen una historia mucho antes del proceso de independencia. Múltiples detalles de esas localidades son manejados por los respectivos cronistas”.

-¿Tendríamos entonces que reivindicar la historia oral?

“Absolutamente. La historia oral es parte de la historia local y regional. El historiador académico trabaja con documentos, con estadísticas, con mapas, con esos recursos. Pero el hombre del pueblo, el saber popular, digamos, trabaja con la memoria, y la única manera de preservar esa memoria es con el testimonio, y ese testimonio pasa de generación en generación y es importante como una fuente histórica que reivindicamos. Hay sucesos que no salen de sus localidades y ni siquiera salen de la comunidad,  pero son memoria”.

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-El caso del Tere Tere, comida tradicional de Guatire, por ejemplo.

“Sí. Mucha gente comenzó a conocer de esa comida porque en ese pueblo, en Guatire hubo quien se dedicó a hacer una revista para recoger esos sabores y esos saberes”.

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Imagen del 19 de abril de 1810

-Lo mismo ocurrió el 19 de abril de 2010 en el Paseo de Los Próceres. Muchos venezolanos vieron por primera vez manifestaciones que no conocían.

“No es que el caraqueño no las conocía. Es que no las reconocía. Actualmente hay, todavía, gran cantidad de personas que no reconocen muchas cosas porque han reducido sus fronteras. Un ejemplo: hay gente que pasa su vida entre Caricuao y la Plaza Venezuela. Allí nació, se desarrolló, se casó, trabajó. Ocasionalmente salió a otro sitio, alguna vez, pero allí pasó  60, 70 años, y resulta que es un espacio pequeño en relación a lo que ocurre en el resto del país donde hay una diversidad verdaderamente múltiple. Te digo más: hay productos que son nacionales, por ejemplo, la hallaca, pero la hallaca tiene expresiones regionales muy particulares. Hay la andina, la margariteña, la central y lo mismo pasa con otros productos que hacen parte de la cotidianidad. Las variables de la artesanía son buen ejemplo. Son nacionales pero tienen sus especificidades”.

 -¿Cuál era el pueblo que  estaba en la Plaza Mayor el 19 de abril de 1810?

“La gente que estaba en la plaza era gente de la Provincia de Caracas. Gente de Charallave, gente de lo que hoy es el municipio Plaza,(Guarenas), de los valles de Aragua, pero no más allá. La gente de lo que es Barcelona, de lo que es Margarita, Cumaná, de lo que era Angostura, la gente de los andes, esa gente llegó al 19 de Abril después, pero eso sí, llegó con rapidez”.

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-¿Cómo así?

“Hoy en día lo que acontece en cualquier parte del mundo se sabe inmediatamente. En 1810 saber lo que ocurría en Caracas requería varias semanas. Pero ese acontecimiento del 19 de Abril se supo casi inmediatamente. No ocurrió como ocurría con los movimientos filosóficos que demoraban tiempo en llegar de Francia a España y de España a América. En el caso de la revolución de 1810 fue inmediato. Entre el pronunciamiento de Caracas y el resto de las provincias transcurrieron 8 días, 10 dias, no más. El país no estaba integrado, estaba aislado. Lo de Caracas fue como un carro que arranca y en el trayecto va incorporando a los demás·.

-¿Quiere decir que la ruta de la emancipación pasa por la de la comunicación?

“Por supuesto, y eso no está estudiado mucho todavía. Se pronuncia el Cabildo de Caracas y se declara la Junta de los Derechos de Fernando VII y luego se transforma en Junta Suprema de Caracas. Esa Junta mandó comunicaciones a las otras provincias pidiéndoles que se declararan a favor del pronunciamiento de la provincia de Caracas. Caracas era la ciudad más importante de toda la Capitanía General, pero como la Capitanía estaba constituida por siete provincias había, por supuesto, que informarles.  Barcelona era Barcelona, Nueva Andalucía era Cumaná, la de Guayana era Angostura, la de Maracaibo era Maracaibo, Mérida era Mérida. Valencia y Maracay formaban parte de la provincia de Caracas. Entonces, los emisarios salieron inmediatamente con el objeto de que esas provincias se pronunciaran a favor del mismo pronunciamiento de Caracas, para lograr un consenso en toda la Capitanía General y lo lograron, porque de las siete provincias las únicas que no se pronunciaron inmediatamente fueron Maracaibo, Coro y Guayana, que luego se incorporaron”.

-¿Lo de los emisarios está bien estudiado?

“No. En los últimos años, se han reivindicado muchísimos papeles que estuvieron vedados para nosotros, para los historiadores y para los venezolanos en general. La oligarquía, los dueños del país secuestraron una parte de la documentación como para que la gente no supiera que era lo que había ocurrido. Un caso palpable es Francisco de Miranda. Juan Germán Roscio, prócer de la independencia escribió un libro, es el libro de su arrepentimiento porque él fue el Fiscal contra Miranda cuando Miranda salió en 1806, el fue el Fiscal que lo condenó y condenó, incluso, a los que capturaron en Ocumare antes de que capturaran a Miranda, condenaron a muerte a algunos, los fusilaron en Puerto Cabello. Bueno, el Fiscal acusador fue Juan Germán Roscio”.

El profesor Medina se queda pensativo, como tratando de colocar sus pasos en ese trecho histórico.

“Uno pasó la vida conociendo al Roscio de la independencia, al Roscio revolucionario, pero estaban escondidos los papeles de ese otro Roscio.  Eso era desconocido. De este modo, hay cualquier cantidad de cosas en los archivos de Miranda que en Venezuela no se conocían, pero ahora si. No se trata de desconocer a Roscio, sino de que se sepa que tuvo otra fase. Luego se publicaron tres tomos de papeles de Miranda que no se conocían en Venezuela. La propia Academia Nacional de la Historia tiene archivos que no han podido ser estudiados”.

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Castillo Libertador de Puerto Cabello

El profesor Medina Rubio apunta  cómo fue secuestrada mucha información que pertenece a todos los venezolanos .También señala cómo esa información se ha venido recuperando para bien de nuestra historia.

“A los archivos de Miraflores no ha tenido acceso mucha gente. Ahora hay un movimiento de historiadores que es bien importante en todo el país. Hay muchos historiadores que ahora están siendo útiles en muchísimos campos, en el quehacer cotidiano, en la política, en la sociedad y hasta en la música. Antes un historiador era como una atalaya, sólo para estudiar cosas que le interesaban a ellos, pero ahora no. Ahora hay cantidad de jóvenes que están abocados a estudiar problemas pequeñitos, problemas que nunca tuvieron tanta beligerancia porque correspondían a pequeños pueblos, pequeños lugares y entonces esta búsqueda ha reivindicado ese pasado, esos nombres y los ha vinculado con la historia nacional”.

-Indudablemente en estos tiempos  hay una “reivindicación de la reivindicación” así como también existe una nueva visión del historiador desde una perspectiva de clase.

“Hasta 1960 la historia que nos contaron era una historia casi que rosa en el sentido de que era una guerra, pero una guerra casi que como divina. Hay un libro titulado La Revolución de Caracas. Te cuento: En 1808 hubo una revolución en Caracas. Hubo un movimiento revolucionario en Caracas que no tuvo mayores efectos en el sentido de que fue delatado, pero de todos los movimientos pre independentistas, el más importante fue el de Caracas de 1808. Fue más importante que el de Pirela, que el de Chirino, más importante que las invasiones de Miranda, en mi opinión. Esa fue una conspiración que la organizaron los ricos de Caracas, los mantuanos de Caracas contra el poder español y como fue delatada, todos esos mantuanos fueron castigados.  ¿Cuál fue el castigo? A ninguno le aplicaron garrote vil. El castigo fue “hágame el favor y se va para su hacienda y se queda allá. No me viene a la ciudad”. Pero en esa revolución estaba el germen de lo que iba a pasar en 1810.

De esa revolución, el primer trabajo se hizo en 1910 cuando se celebró el centenario. Lo hizo Andrés de Ponte, y con ese título: La Revolución de Caracas. Bueno, ese libro se publicó en 1910 y no se volvió a publicar más nunca. Se volvió a publicar después de los años sesenta del siglo pasado. Por eso yo digo que después de 1960, por el trabajo del Archivo General de la Nación y el trabajo de la Academia Nacional de la Historia, el trabajo de la Escuela de Historia, por ahí, comenzó a reivindicarse todo el pasado venezolano, particularmente el que tiene que ver con la independencia. En primer lugar porque se publicaron libros que no se conocían, libros muy antiguos; libros que habían sido escritos, por testigos, memorialistas, militares. Esos libros no se conocían. Se conocieron después de 1960.

Esto nos dio la oportunidad de ver una perspectiva que no conocíamos de la Revolución Nacional de Independencia, de los sucesos desde 1808 hasta 1830”.

El profesor Medina Rubio puntualiza radicalmente:

“Se conocía lo que el poder quería que se conociera, que se divulgara, pero de lo demás, nada.  Desde 1998 para acá la reivindicación se ha multiplicado. El número de archivos se ha elevado. Muchos archivos que permanecían en manos de descendientes han sido entregados al Estado, bien a través de la Biblioteca Nacional o a través del Archivo General de la Nación o a través de la Academia Nacional de la Historia. Ahí están.  Hoy estos archivos permiten un conocimiento completamente distinto del que se ha divulgado hasta ahora.

-Dicen que el maestro aparece cuando el alumno está listo. ¿Comienzan a aparecer estos detalles porque el país avanzó?

 “Sí, pero además hay otra cosa: en el mundo entero ha habido una revolución en la posibilidad del conocimiento no sólo en el campo de las ciencias humanas sino en todos los campos. Los mecanismos de información que tenemos hoy las personas es una verdadera revolución. Y además se ha producido en nuestro país una democratización del conocimiento. Una visión del pasado que permite vivir mejor el presente es la que se va a imponer. Yo estudié historia en el Pedagógico y en la Escuela de Historia y tuve maestros muy buenos y revolucionarios. Gente que, frente al conocimiento formal, tenían otra opinión. También tuve maestros muy reaccionarios y elitistas. Y es que todo esto que estamos conversando, pasa por lo que nos enseñaron. Se va a llevar unos cuantos años lograr la transformación del conocimiento histórico como proceso”.

Como para que no queden dudas de este hecho puntualmente señalado, el profesor Medina Rubio pasea su crónica sobre lo que fueron los textos donde nosotros estudiamos, e incluso nuestros hijos.

“Mira los libros de primaria. Hasta hace unos quince años los libros de primaria se hacían en España y el gobierno los compraba”.

-¿En serio, profesor?

“Esa vaina la acabó Chávez. Siendo yo Director de la Biblioteca Nacional todavía sobrevivían esos contratos, incluso por medio del Banco Mundial. Es decir, el Banco Mundial le daba los préstamos a Venezuela, y el Banco Interamericano de Desarrollo,  pero era para que compraran millones de libros de historia de Venezuela que hacía la Editorial Santillana de España. Y eso se hacía a través de la Biblioteca Nacional. Cuando yo llegué a la Biblioteca, nosotros comenzamos a poner fin a esa barbaridad, Aristóbulo Istúriz, en primer lugar, que era Ministro de Educación, y yo lo seguí, y acabamos con eso. Eso significa que hasta el año 2002 en todas las escuelas de Venezuela los libros de historia de Venezuela lo hacían los españoles. No sólo que los hacían sino que los editaban. Claro. Se transformaron en enemigos de Chávez. Y a la cola de Santillana había una gran cantidad de merodeadores.

Ahora, sustituir una capacidad editorial como la que tenía Santillana, como la que tiene Santillana, redactores de manuales para los diferentes grados, asignaturas, textos para seis, siete millones de niños en la escuela, imagina cuál tiene que ser el tiraje, más su actualización permanente. Llevará unos cuantos años la transformación de nuestro conocimiento histórico”.

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-Lo que de lo que haya acontecido entre el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811 ¿qué no  conocemos?

“Nos estuvo vedado lo que ocurría en otros dominios de América. Lo que ocurría en México, en Cuba, en la Nueva Granada, incluso lo que ocurría en EEUU, porque aunque en el siglo XIX ya EEUU tenía su perfil imperialista había un movimiento académico, un movimiento intelectual a favor de las revoluciones. Eso estuvo vedado y eso todavía en sus manuales no aparece. Tienes que buscar a especialistas entre 1780 y 1820 en EEUU que han investigado en torno a esos hombres que pensaron en torno a las repúblicas y en torno a la libertad.

Eso nos estuvo vedado, y mucho de ese conocimiento no ha llegado, porque hay otra cosa: piensa en el tiempo que tarda un conocimiento hasta que es divulgado. Es decir, desde que el creador, historiador, pensador lo establece, hasta que esa verdad llega a un manual, pasa tiempo. Cada vez es menor, pero pasa un tiempo. No somos los únicos que estamos reconstruyendo la historia. Nosotros estamos haciendo la parte que corresponde a Venezuela, a sus regiones, a sus pueblos, pero en el resto de América también hay gente que está trabajando: en Ecuador, en Perú, en Argentina, y mucho de eso todavía no lo hemos concatenado.

Vasija de Barro

Pasarán generaciones para tener una visión completamente distinta, y más completa. Y cuando decimos completa queremos significar la inclusión de la mayor parte de nuestra historia, de la que nos negaron y de la que tenemos que rehacer. Tenemos mucho tiempo diciendo que la historia de Venezuela comienza en la independencia, o con la llegada de Cristóbal Colón, y se ignora todo lo anterior en una línea de tiempo. La historia desde Colón hasta acá es un pedacito apenas. Lo demás es lo anterior, la parte aborigen y lo siguen ignorando incluso autoridades.

La historia de Venezuela es una historia general de triunfos y derrotas desde sus orígenes, es decir:

El tiempo originario es un tiempo de triunfos

La llegada de los españoles en el siglo XVI es un tiempo de derrota

El coloniaje es un tiempo de derrota

La independencia es un tiempo de triunfos

El siglo XIX fue un tiempo de derrotas porque fue el de las oligarquías.

Oligarcas, temblad

En ese tiempo hay momentos de victorias como, por ejemplo, la Guerra Federal que fue un momento de victoria, el 23 de enero, que fue un momento de victoria, y así. Un tiempo de victoria comenzó aquí, en 1998, un nuevo ciclo histórico.

El proceso de independencia se abrió en 1798, 1808, 1810, se abre, pero no termina, no ha terminado, no hemos cumplido la independencia porque no  tenemos la estructura independiente y nuestros hombres y mujeres no han asumido la independencia como una conducta.

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Líl Rodríguez con el profesor Medina Rubio

El profesor Medina Rubio vuelve al tema de lo regional. Sabe de su importancia para recomponer lo nacional histórico.

“La historia regional y local reivindica la cotidianidad y los pequeños espacios; es que precisamente el hombre de los pequeños pueblos está en conocimiento de su pasado y, por tanto, él entiende los problemas mucho mas fácilmente.

Te doy un ejemplo: en un pueblo no hay agua potable, no hay acueducto. El hombre y la mujer de esa localidad se preguntan ¿Por qué no hay acueducto si hay un tremendo río? Cuando ellos se ponen a pensar en eso, descubren que la causa es que no hay acueducto allí y sí lo hay en otra tierra cercana, usualmente propiedad de un terrateniente, de un poderoso. Entonces él y ella toman una actitud ciudadana independiente, y de lucha. Es uno de los valores de la historia local”.

-Y ¿Qué de la cotidianidad, de los piropos, de los cantos, de los bailes?

“Sabemos que Bolívar era bailador y que Páez tocaba violín, pero esa cotidianidad estuvo marcada por el sello de clases. Era imposible que un pardo, un mestizo, un negro o un aborigen le viera los ojos o la cara directamente a un blanco. Eso estaba prohibido. Fíjate nada más en el término “Mantuano”. El nombre de mantuano se le da a los ricos porque la iglesia estableció que las únicas personas que se podían poner mantas eran las blancas. Los demás, los pardos, los mestizos, los negros no se podían poner mantas, ni siquiera en la iglesia.

Era imposible que un negro piropeara a una blanca. Cada sector, seguramente se piropeaba a sí mismo. Y la comida tenía sello de clase. La de los blancos era exquisita. Nuestro pueblo comía sancocho, una mezcla de todo en una tapara”.

Una canción para Bolívar. (Guaraguao y Alí)

Todas las anteriores conmemoraciones daban por sentado que la independencia fue un proceso que se cumplió. Nosotros sabemos que la independencia no ha concluido; sabemos que es un proceso abierto, inconcluso y en el que estamos comprometidas las generaciones actuales.

La Historia no puede percibirse anclada en el pasado.

No debe percibirse dividida y desarticulada.

Debe tener una intencionalidad vinculada a las realidades locales, comunales y nacionales.

No privilegiar la memorización de fechas, nombres y lugares importantes, descubrir el proceso y los significantes imbricados en ellos.

No sólo dar relevancia a los personajes del pasado, sino destacar los héroes locales, los héroes enterrados por la historia oficial, sobre todo destacar el papel de los colectivos como héroes encapsulados, hacedores de sus propias historias.

Autor: Lil Rodríguez

Fuente: TeleSUR