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Panamá parece revivir la historia de corrupción y robo a cien años de la inauguración del Canal interoceánico por el que transita el 5 por ciento del comercio mundial

Panamá parece revivir la historia de corrupción y robo a cien años de la inauguración del Canal interoceánico por el que transita el 5 por ciento del comercio mundial | Foto: Reuters

Publicado 26 junio 2016

El 21 de enero de 1882 se iniciaron las excavaciones para lo que tres décadas después sería el Canal de Panamá, un verdadero hito para la navegación y el comercio. Un siglo ha transcurrido desde ese momento, la ruta interoceánica es ampliada sin que esto vaya en beneficio del pueblo panameño. La historia se repite a un siglo de aquella experiencia de corrupción y explotación. 

La historia

La Revolución Industrial, el desarrollo de la navegación y el comercio mundial forzaron durante el Siglo XIX la apertura de rutas que se ajustaran a las necesidades del intercambio mundial de mercancías y a los intereses de los imperios nacientes. La economía capitalista exigía acortar los grandes trayectos de navegación que pasaban por el Cabo de Hornos y el Estrecho de Magallanes, mediante la excavación y construcción de canales.

Nació entonces la idea de la construcción del Canal de Suez, ejecutado entre 1859 y 1869 por Francia, que permitió la comunicación entre el mar Mediterráneo y el mar Rojo, es decir, entre Europa, Asia, África Oriental y Australia. En América también circulaba desde la colonia la idea de un canal que uniera los océanos Atlántico y Pacífico. Las opciones eran Nicaragua, el valle de Atrato y la provincia de Panamá (donde finalmente se desarrolló) ambas en la República de Colombia.

A mediados del Siglo XIX el transporte a través se realizaba en ferrocarril, el cual recorría la ruta Colón-Panamá. No obstante, este medio dificultaba el transporte de mercancías de gran volumen que debían ser llevadas a través del estrecho de Magallanes.

El canal francés

En mayo de 1879, el francés Ferdinand de Lesseps, quien había completado la excavación del Canal de Suez, presenta su proyecto de canal interoceánico a nivel en el Istmo de Panamá. La iniciativa, con un costo de 600 millones de francos, sería desarrollada por la empresa “Compagnie universelle du canal interocéanique de Panama”.

El 21 de enero de 1822 se iniciaron las excavaciones para la construcción del canal. La característica más notoria era la sobreexplotacioón de los obreros, aunada a las dificultades relacionadas con los accidentes geológicos que atrasaban la ejecución de la obra (la empresa no siguió la ruta natural idónea, sino la paralela al ferrocarril); y las epidemias de malaria, fiebre amarilla, tuberculosis, viruela y disentería que causaron la muerte a cientos de trabajadores (se calculan entre 6 mil y 12 mil fallecidos). La tasa de mortalidad entre los obreros llegó a 176 por mil.

Los plazos acordados no podían ser cumplidos y los recursos se agotaron; las dificultades geológicas impedían la construcción del un canal a nivel. En 1889 se dio a conocer un escándalo por malversación de fondos y sobornos para obtener nuevos financiamientos públicos en el cual estaban implicados funcionarios gubernamentales y empresarios franceses, así como el mismo Ferdinand de Lesseps y su hijo, lo que llevó a la liquidación de la empresa.

Con la empresa quebrada, la obra fue asumida por el ingeniero jefe de la obra, Philippe-Jean Bunau-Varilla quien cede al gobierno estadounidense los derechos de explotación y construcción del Canal de Panamá y el control de la zona en torno al mismo.

La ocupación estadounidense

Esta decisión estuvo precedida por un debate en el Congreso de EE.UU. sobre la pertinencia del proyecto y las condiciones bajo las cuales ese país accedería a continuar la obra. El informe de los representantes colombianos a las negociaciones sobre el Canal, Nicolás Esquerra y Carlos Tórres avizoraban las intenciones imperiales y la separación de Panamá de la República de Colombia.

“Resuelto mañana ese conflicto a favor de Panamá, como es de esperarse que lo sea, se nos planteará en seguida de una manera neta y con toda aspereza esta cuestión; los Estados Unidos necesitan que el canal quede bajo el exclusivo control, dominio y soberanía del gobierno de la Unión, lo que vale exigirnos de un modo o de otro, el abandono de nuestra soberanía en el itsmo. El sacrificio de nuestra integridad nacional”.

En Panamá convergen en esta etapa intereses comerciales británicos, norteamericanos y franceses; con una burguesía comercial istmeña (importadora y reexportadora) asociada a estos, que clama por la libertad de aduanas, contra el centralismo y por el federalismo. Una burguesía sin un proyecto nacional que trascendiera el control y usufructo de la zona de tránsito como socia menor de los intereses extranjeros, cuyo interés era obtener bienestar económico a partir de la construcción del canal. Las cosas no han cambiado mucho desde entonces.

En septiembre de 1902 tropas norteamericanas invaden Panamá con el pretexto de garantizar el “libre tránsito” del ferrocarril afectado por la presencia de guerrillas liberales en la zona. La ocupación estadounidense invocó y manipuló el Tratado Mallarino Bidlack para justificar la invasión.

Poco después se evidenciaría la intención estadounidense, tras el rechazo del congreso colombiano a la “oferta” norteamericana. A mediados de 1903 se consolidaría la conspiración auspiciada por EE.UU., la Compañía del Ferrocarril y sectores de la burguesía panameña que lograrían la separación de Panamá de la República de Colombia el 03 de noviembre de ese año.

El tratado Hay-Bunau-Varilla que valida la operación de construcción del canal y el control norteamericano se firma el 18 de noviembre de 1903. El presidente republicano Teodoro Roosevelt, autor de la Doctrina del Gran Garrote, señalaría ese mismo año:

"El Canal de Panamá nunca se habría comenzado si yo no me encargaba de eso, porque si yo hubiera seguido los métodos tradicionales (...) dentro de 50 años empezarían los trabajos.(...) En consecuencia, yo tomé Panamá (el famoso “I took Panama”), empecé el Canal y entonces puse el Congreso, no a discutir el Canal, sino a discutirme a mí".

El 14 de agosto de 1914 fue oficialmente inaugurado el Canal de Panamá y en 1963 sus operaciones se extenderían a las 24 horas del día.

Panamá lucha por la soberanía sobre el canal

A partir de ese momento se inicia la lucha de los panameños por la soberanía sobre le Canal, la cual ha tenido varios momentos heróicos. Algunos hitos de importancia han sido:

1914- El Presidente Belisario Porras plantea por primera vez la necesidad de un nuevo tratado sobre el Canal de Panamá.

1936- El tratado Arias-Roosevelt anula la posibilidad de intervención militar norteamericana en los asuntos internos del Estado panameño. No obstante, las fuerzas estadounidenses instalan la Escuela de las Américas, centro de formación de represores, dictadores y violadores de derechos humanos en toda la región.

1964- Estudiantes del Instituto Nacional izan la bandera panameña en la zona del canal. Por esta acción son masacrados por el ejército estadounidense con un saldo de 21 muertos y más de trescientos heridos. Como consecuencia del hecho Panamá rompe relaciones diplomáticas con EE.UU. y exige negociar un nuevo tratado. El presidente estadounidense Lyndon Johnson accede a la solicitud panameña.

1972- El General Omar Torrijos proclama una nueva Carta Magna en la que proclama la soberanía panameña sobre el Canal de Panamá.

7 de septiembre de 1977- El General Omar Torrijos, Jefe de Estado de Panamá, y Jimmy Carter, presidente de EE.UU., acuerdan la entrega de la administración del Canal a su propietario legítimo y el cierre de las bases militares estadounidenses en territorio panameño.

En 1981 Torrijos perecería en un misterioso accidente aéreo, que muchos investigadores atribuyen al gobierno norteamericano.

20 de diciembre de 1989- EE.UU. invade a Panamá, la mayor operación militar norteamericana desde la guerra de Vietnam. La ciudad de Panamá fue bombardeada.

El 31 de diciembre de 1999, en cumplimiento del Tratado Torrijos-Carter la administración del Canal pasa a manos del gobierno panameño.

Los gobiernos de Balladares y de Moscoso representaron el retroceso de lo alcanzado por el pueblo panameño, marcado por política neoliberales y un uso de los recursos generados por el Canal en contravía a los intereses de las grandes mayorías.

Con el ascenso de Martín Torrijos a la presidencia en 2004 se dió un nuevo impulso al Canal y propuso la ampliación del mismo, ajustado a las nuevas realidades del comercio mundial.

El Canal de Panamá hoy

Con una inversión estimada en 8 mil millones de dólares iniciaron las obras de ampliación del canal. En la obra participan cerca de 10 mil obreros.

De esto ¿qué ganan Panamá y los panameños?

Sin duda la ampliación de la ruta interoceánica y su posición estratégica refrenda a Panamá en la geopolítica mundial. No obstante, esta posición estratégica está controlada por EE.UU., un poder al que no han renunciado desde 1846, a pesar de la administración panameña del canal.

El control del Canal interoceánico forma parte del plan operacional estratégico del imperio estadounidense que incluye el establecimiento de bases en Latinoamérica con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo o cualquier otra excusa que valga para justifica su presencia militar (ayer fue el comunismo)

Por otra parte, el Canal empieza a disputar su monopolio en el tránsito de mercancías, una vez anunciada la construcción de una nueva ruta a través de Nicaragua, esta vez con la participación china, país con quien EE.UU. disputa el posicionamiento geoestratégico mundial.

Un siglo después de la inauguración del Canal las obras de ampliación están envueltas en corruptelas y explotación de la mano de obra. Los beneficiados son los mismos, empresas extranjeras, mientras los sectores dominantes se adhieren a sus intereses para gozar de los pírricos beneficios a costa de los intereses de la nación panameña.

Efectivamente, las ampliaciones son realizadas por el consorcio Grupo Unidos por el Canal (GUPC), dirigido por la empresa española Sacyr, las empresas italiana Impregilo, la belga Jan de Nul y la española Constructora Urbana. Como ayer, luego de mostrar al mundo la capacidad financiera, el consorcio denuncia agotamiento de los recursos financieros, cambios de precios en las obras, obras adicionales “no contempladas en el proyecto”, en fin un sobreprecio a la “oferta original” que debe ser pagado por los panameños.

El Consorcio ganó en 2009 la licitación para la construcción de las obras con una oferta de 3 mil 118 millones de USD y con la meta de terminar en el 2014.
Ahora solicitan 2 mil 400 millones de dólares adicionales, un incremento “provocado por 17 reclamaciones de sobreprecios reclamado por GUPC”. El nuevo plazo de culminación es 2016. La historia se repite. 10 mil trabajadores son amenazados con ser lanzados a la calle si no se cumplen las demandas del poderoso grupo.

De ese monto, la Junta de Resolución de Conflictos, una instancia arbitral, reconoció recientemente un reclamo del consorcio por 233 millones de dólares. Si la junta acoge otros pedidos del GUPC, "nos va a costar más de lo que habíamos planteado originalmente", advirtió el administrador del Canal, Jorge Quijano.

Estas actividades “normales” de las transnacionales contra los intereses de nuestras naciones, son acompañadas de la mirada cómplice de gobernantes como Martinelly, cuya tarea consistía en reprimir los movimientos sociales y pueblos indígenas quienes resisten a la arremetida neoliberal que está detrás de la ampliación del Canal, así como de los proyectos extractivistas en materia de minería y generación de energía hidroeléctrica que existen en el país. Los medios justifican, ocultan y manipulan, en consonancia con los intereses del gran capital.



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