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  • Manifestantes iraníes muestran carteles con el retrato del clérigo y dirigente chií, Nimr Baqir al Nimr, durante una protesta convocada en Teherán.
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    Manifestantes iraníes muestran carteles con el retrato del clérigo y dirigente chií, Nimr Baqir al Nimr, durante una protesta convocada en Teherán.

Arabia Saudita rompió relaciones con Irán el domingo 3 de enero sumándose esta medida a la histórica enemistad entre ambas naciones. La relación entre estos dos países ha oscilado entre periodos de hostilidad y posible acercamiento. 

 

La tensión entre Arabia Saudita e Irán alcanzó nuevas alturas después de que las autoridades saudíes ejecutaran al jeque Nimr al-Nimr, un prominente clérigo chiita saudí que fue arrestado hace dos años y condenado a muerte por fomentar la inconformidad contra la familia real sunita de Arabia Saudí.

Después de la ejecución realizada el sábado 2 de enero, manifestantes iraníes irrumpieron en la embajada saudí en Teherán y arriaron la bandera saudí.

La ejecución de Al-Nimr también causó oleadas de condena y apoyo entre las comunidades sunitas y chiitas de Medio Oriente, algo que los analistas dijeron que podría desembocar en un conflicto abierto entre ambas corrientes del Islam.

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El líder del grupo chiita libanés Hezbolá, el jeque Hassan Nasrallah, también criticó a Arabia Saudí por la ejecución y dijo que "nunca en ningún otro momento Arabia Saudí había mostrado su verdadero rostro al mundo. El rostro dictatorial, criminal y terrorista y está haciendo esto todos los días".

Nasrallah, Secretario General de la Resistencia Libanesa, Hezbolá dijo que “a decir verdad, la ejecución de Sheij Nimr comporta diversos mensajes de parte de los Al Saúd, que están dirigidos al conjunto de la comunidad internacional. Mediante esta ejecución, Arabia quiere decir al mundo que no está preocupada por el mundo islámico ni la opinión pública internacional ni la islámica. Ni siquiera las opiniones de sus amigos o de sus aliados le afectan, y mucho menos los sentimientos y opiniones de las personas. Su odio y rencor son tales que les impiden incluso entregar el cuerpo de Sheij Nimr a su familia”.



El segundo mensaje es que “toda persona que sea crítica, será ejecutada y, de este modo, si queréis vivir en este reino debéis aceptar ser tratados como borregos o, en caso contrario, seréis degollados como borregos”. Arabia está infectada por la cizaña confesional. Arabia ha dirigido un mensaje a los políticos, a los diplomáticos, a los sabios, según el cual “de ahora en adelante, no habrá negociaciones con nosotros, no habrá diálogo, no habrá mesas de negociación, sólo sangre, guerras y conflictos confesionales”.

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El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, dijo que Arabia Saudí enfrentará la "venganza divina" por la ejecución de Al-Nimr, a la que describió como un "enorme crimen" y una "mala acción".

La tensión entre Irán y Arabia Saudí no sólo quedó confinada a la retórica acusatoria.

Ante los anteriores hechos cabe preguntarse sobre el alcance en el escalamiento de las tensiones entre Arabia Saudíta e Irán en el contexto de la ejecución del  prominente clérigo chiita saudí. ¿Cuáles podrían ser las variadas y graves consecuencias?.

En primer lugar esta nueva crisis entre ambas naciones aumenta el caldeado clima en la región, incidiendo también la inestabilidad y la confrontación, aleja las posibilidades de solución a varios conflictos, aumentaría la crisis económica saudí, al tiempo que estaría marcando su desacuerdo con EE.UU. por el pacto nuclear con Irán.

Pero antes de entrar en el análisis de los factores antes mencionados es importante abordar el contexto en el que se origina la relación Arabia Saudita-Irán. Para comprender la actual rivalidad entre los dos países es necesario tener en cuenta las raíces históricas de una enemistad originada por una herencia de conquista e interacciones.

Durante los reinados de Ciro el Grande y Darío, el Imperio persa, que se extendía desde la costa oriental de Grecia hasta las riberas del Indo, era el más grande jamás conocido. Los éxitos militares árabes llegaron mucho más tarde, con la conquista de gran parte de Persia unos mil 100 años después de Ciro. Estas victorias militares árabes llevaron el islam a territorio persa, lo cual, en último término, resultó en la conversión de gran parte de la población a la rama suní del Islam.

A principios del siglo XVI, el líder Ismail, de 14 años, cambió la religión de los territorios del sunismo al chiísmo, lo cual culminó en una división sectaria que se manifestó a nivel de los Estados, especialmente entre Arabia Saudí e Irán.

Así pues que lo acontecido ahora tiene toda una cadena de antecedentes que se han acentuado en las últimas décadas.

Una de las primeras consecuencias de la crisis actual tiene que ver con el aumento de la inestabilidad regional.

Después del ataque contra su embajada, Arabia Saudí anunció el domingo el rompimiento de los lazos diplomáticos con Irán, Bahréin también siguió el ejemplo de Arabia Saudí, en otra medida que los observadores consideran que profundizará la tensión sectaria en la región.

Durante el levantamiento de su población mayoritariamente chiíta, Bahréin recibió apoyo de Arabia Saudí para aplastarla.

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Sudán, otro aliado de Riad, también rompió lazos con Irán y Emiratos Arabes Unidos redujo el nivel de su representación diplomática en la república chiíta.

Esta tensión, basada mucho en viejos rencores entre ambas potencias por el dominio regional, podría perjudicar la situación en Siria, donde el Gobierno del presidente Bashar al-Assad es apoyado por Irán, mientras que las facciones mercenarias son apoyadas por Arabia Saudí y los otros Estados del Golfo.

El ministro de Información de Siria, Omran al-Zoubi, dijo el sábado que la ejecución de Al-Nimr es "un delito y un asesinato de la libertad de expresión y de los derechos humanos", según la agencia noticiosa oficial SANA.

Por otra parte, el autodenominado Ejército Sirio Libre, conformado en gran medida por mercenarios extranjeros financiados por Occidente y las monarquías del Golfo, indicó en una declaración que apoya la decisión saudí de romper lazos con Irán.

Analistas sirios expresaron su pesimismo por los nuevos acontecimientos en la región, particularmente después de que en los días posteriores ocurrieran explosiones en dos mezquitas sunitas en el centro de Irak, lo que causa temores en el sentido de un nuevo conflicto sectario en Irak.

Irak ha estado sufriendo durante mucho tiempo por las tensiones y ataques de represalia entre los pueblos sunita y chiíta. Dicha situación se ha visto agravada por las acciones del autodenominado Estado Islámico, organización terrorista, que al igual que la banda del ESL en Siria, es financiado por Occidente y, las monarquías del Golfo y el robo de petróleo.

El analista político sirio Maher Ihsan dijo que la nueva tensión es "preocupante".

"Es extremadamente preocupante lo que ocurrió en el escenario político en términos del rompimiento de las relaciones saudí-iraníes porque estas potencias podrían buscar vengarse la una de la otra y sin duda, no se enfrascarán en una guerra directa, por lo que ¿dónde saldarán cuentas? Temo que se venguen la una de la otra en otras arenas, incluyendo en Siria", dijo.

"Una vez más, este país podría ser arrastrado a la zona de conflicto, de la cual aún no ha salido. Temo que la pobre gente de Siria siga pagando las facturas de las guerras de los demás, en el territorio sirio", lamentó.

El temor por el retroceso de Siria se debe a la nueva esperanza surgida a raíz de las recientes reuniones en Viena y Nueva York, durante las cuales las superpotencias y las potencias regionales, incluyendo Irán y Arabia Saudí, acordaron un mapa de ruta para poner fin políticamente al conflicto sirio.

El mapa de ruta, que será implementado primero con una reunión este mes en Ginebra entre representantes del gobierno y la oposición sirios, está diseñado para establecer un diálogo, un cese al fuego como preludio para una solución más amplia a la crisis.

Aunque los detalles del mapa de ruta aún tienen que cristalizarse con el mecanismo adecuado, se teme que la nueva tensión regional pueda perjudicar los nuevos esfuerzos para poner fin a la crisis que ha dejado más de 250 mil muertos y que ha obligado a la mitad de los 23 millones de habitantes del país a huir de su nación.

Por su parte, Ahmad al-Ashqar, otro analista, dijo que el efecto negativo podría ocurrir en países en los que se registra una guerra indirecta entre Arabia Saudí e Irán, como en Yemen y Siria.

"Por desgracia, considero que las repercusiones de la tensión saudí-iraní se incrementarán, lo que se reflejará en la crisis siria porque Siria se ha convertido en un escenario para los conflictos regionales", dijo Al-Ashqar a Xinhua.

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El analista añadió que Irán y Arabia Saudí "no necesitan abrir nuevos frentes, porque ya existen frentes abiertos, lo que significa que Siria seguramente resultará perjudicada por el conflicto de estos países".

Al-Ashqar añadió que "a pesar de nuestra convicción de que los esfuerzos internacionales para establecer una solución política se acercaron, tras los eventos recientes, los esfuerzos políticos podrían demorar, lo que significa más agotamiento para el pueblo sirio".

De la misma manera que en Siria el pueblo yemení puede acarrear con consecuencias producto de la tensión entre Irán y Arabia Saudita. Uno de los objetivos de la guerra saudí contra Yemen es el de imponer su influencia.

Al respecto señaló el líder de Hezbolá que “esta ejecución ha develado el rostro despótico de Arabia Saudí, el rostro de la tiranía, el rostro del takfirismo, este rostro que se ha revelado en Yemen durante 10 meses y donde Arabia ha saboteado todas las negociaciones y donde comete crímenes.

La desastrosa guerra contra los Houtíes (chiitas yemeníes) desde marzo de 2015 -junto a una decena de países musulmanes-, está devastando al país más pobre de la Península Arábiga. Y más allá de destruir toda su infraestructura, los bombardeos ya habrían producido cerca de 7 mil 500 muertos y pone al resto de los 24 millones de habitantes al borde de la emergencia humanitaria, de la cuál tarde o temprano Occidente se deberá hacer cargo. La reciente creación, a mediados de diciembre último, de una alianza saudita con otros 34 países para luchar contra Estado Islámico, de la que Riad fue su principal impulsor, sólo parece ser un gesto para no desentonar tras el éxito que Rusia está alcanzado en Siria y el escándalo post atentado de París el 13 de noviembre último.

Una crisis que traspasa fronteras

Las crisis iraní-saudita también traspasa las fronteras del Oriente Medio y cruza el Atlántico. Todas estas embestidas caprichosas, a primera vista incongruentes del país de los Saud y su nuevo rey Salman, tienen un implícito mensaje a la administración Obama por sus acuerdos nucleares con Teherán, lo que da al país de los ayatolás las posibilidades de romper el acuciante bloqueo que venía sufriendo por parte de Occidente y sus aliados, prácticamente desde el triunfo de la Revolución en 1979 y le permitirá un crecimiento exponencial de su economía y sustanciales mejoras para su pueblo, además de mostrar un pésimo ejemplo para el resto de los países de la región, en que Irán y Arabia Saudita se disputan no solo la preminencia política sino que representan las dos escuelas más distantes del Islam.

Implicaciones económicas

Finalmente están las implicaciones económicas de la crisis saudita-iraní. Arabia Saudita ha conseguido pulverizar los precios del petróleo, lo que está empezando a sufrir en carne propia, y que está llevando, no sólo a muchos de los países productores como Rusia, Irán o Venezuela, sino también a numerosas empresas norteamericanas y europeas, al borde de la extenuación financiera. 

Igualmente la crisis presupuestaria interna de la monarquía se acentúa con la depreciación de su moneda frente al dólar y las caídas en la bolsa. El riyal saudí ha experimentado una fuerte caída en relación al dólar después de que Arabia Saudí cortara sus relaciones diplomáticas con Irán, señala un informe de Fars News.

En el mercado de divisas a plazo, la relación entre 1 dólar y el riyal alcanzó los 680 puntos en relación a los 425 puntos del jueves. El riyal está pegado al dólar en un cambio de 1/3,75 así que los bancos utilizan el mercado de divisas a plazo para protegerse contra los riesgos.

En los últimos meses, el riyal cayó en el mercado de divisas a plazo a su punto más bajo desde 1999 por el temor de los inversores a que los enormes déficits presupuestarios saudíes y la caída de los precios del petróleo obliguen a Riad a abandonar su vinculación actual al dólar.

Por otro lado, los mercados internacionales han reaccionado a la decisión saudí de romper relaciones diplomáticas con Irán y el índice bursátil saudí cayó el lunes 4 de enero un 2,4 por ciento con resultados negativos en todos los sectores

Después de que Riad aprobara un presupuesto para 2016 con medidas de recorte, los inversores parecieron calmarse, pero las tensiones geopolíticas han dañado de nuevo la confianza en la economía saudí.

“Dentro de un año, el mercado de divisas a plazos podría colocar el cambio del riyal en 800 puntos, dependiendo del nivel de la escalada entre Arabia Saudí e Irán”, señaló un agente de bolsa con conocimiento sobre la región.

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