Elecciones de medio término: ¿Qué cambia si ganan los demócratas?
Organizaciones comunitarias y centros de análisis registran a un dia de los comicios una cifra récord, y en incremento, de más 55 millones de votos anticipados. Foto; EFE.
Por: Pablo Pozzi
3 de noviembre de 2026 Hora: 11:58
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En lo económico es muy difícil que haya cambios sustanciales. Estados Unidos está en una situación crítica desde hace ya varios años. Barack Obama, Joe Biden y Trump no han hecho más que agudizarla involucrándose en guerras eternas.
Parece que se van despejando las dudas (si alguna) en torno a las elecciones de medio término en Estados Unidos. Ya hasta los republicanos suponen que ganarán los demócratas, y lo único que queda por definir es cuál será la diferencia. Hasta en Michigan donde el candidato a senador Abdul el Sayed ha sido acusado por Trump de «musulmán, terrorista y comunista» (no le dijo negro porque queda feo), las encuestas le dan siete puntos de ventaja sobre su contrincante republicano. En los últimos diez días todas las encuestas dan que los demócratas han ampliado su ventaja. Hasta en las elecciones para gobernador de Virginia y Nueva Jersey parece que van a perder los trumpistas.
En síntesis, si los resultados se ajustan a lo esperado los demócratas se van a alzar, el martes de viene, con una mayoría en la Cámara y en el Senado, y probablemente una mayoría de los gobernadores estaduales. Esto último es importante porque el sistema norteamericano establece gran parte del poder político a ese nivel (recaudación de impuesto, mando de la Guardia Nacional, recuento de votos y organización de elecciones). Más allá de la magnitud del triunfo, ¿qué va a cambiar?
Vamos a diversos niveles: política interna, política exterior y economía. En cuanto a la política interna, poco va a cambiar. Muchos de los demócratas no se diferencian demasiado de los trumpistas. Por ejemplo, la gobernadora de Virginia y oficial de la CIA, Abigail Spanberger, es una blue dog democrat, que coincide más con Trump que con el ala “moderada” de su propio partido.
Funcionarios como Scott Bessent, Pete Hegseth y Marco Rubio es probable que continúen en sus cargos. Y por supuesto que buena parte del Partido Demócrata coincide con los MAGA en torno a la expulsión de inmigrantes y su reivindicación de “valores familiares y cristianos”. De hecho, el hackeo de las computadoras de Homeland Security y la publicación de seis 600 nombres de agentes de ICE, con direcciones y teléfonos ha tenido un mayor impacto del que puede tener el resultado electoral.
Una cuestión importante, en el nivel político, es que el trumpismo se está erosionando en su apoyo popular, si bien retiene casi 40 por ciento de opinión positiva y un 37 por ciento de adhesión. Esto se debe sobre todo a los numerosos problemas económicos que tienen, en parte derivados de la cuestión petrolera, pero sobre todo de mantener un gasto bélico absolutamente desmedido.
Y si bien muchos analistas suponen que la mayoría de la juventud es hoy en día anti Trump, esto hay que matizarlo bastante, sobre todo porque las universidades, colegios y secundarias evangélicas son muy numerosas y esos jóvenes tienden a ser adherentes del MAGA.
Más allá de los matices, y si bien un triunfo demócrata traerá pocos cambios sustanciales, la realidad es que impactará fuertemente sobre el mundo MAGA, sobre todo en aquellos políticos que aspiran a suceder a Trump en la presidencia que se lanzarán al ruedo en 2028. Ni hablar de entre los demócratas, ya que la derrota es huérfana y la victoria tiene muchos padres. En ese sentido podemos esperar que los próximos dos años, hasta las presidenciales de 2028, sean conflictivos.
En lo económico es muy difícil que haya cambios sustanciales. Estados Unidos está en una situación crítica desde hace ya varios años. Barack Obama, Joe Biden y Trump no han hecho más que agudizarla involucrándose en eternas guerras que son financiadas con emisión de dinero y bonos de Tesoro para comprar armamento que tiene un impacto nulo en el crecimiento económico.
A eso hay que agregar que los grandes sectores de poder (desde el complejo militar industrial, pasando por las finanzas, hasta las petroleras que se han beneficiado de la guerra de Irán) no tienen ningún interés en reducir sus ganancias para poder redireccionar la economía hacia actividades más productivas. En síntesis, el modelo económico neoliberal, inaugurado por Ronald Reagan y continuado por Bill Clinton, continuará con un consenso bipartidista, gane quien gane. Pensemos que los astronómicos presupuestos militares votados en los últimos 20 años gozaron del apoyo de ambas bancadas.
En política exterior las cosas tampoco son muy distintas. Una mayoría de los demócratas apoya a «Israel» y el genocidio en Gaza, a Zelensky y la Guerra de Ucrania, a la confrontación con China, la India y Rusia. Lo mismo podemos decir de la agresión a Cuba; no olvidemos que el gestor de la invasión de playa Girón fue JF Kennedy que continuó la política de Dwight Eisenhower. Ni hablar de que la promoción de gobiernos de ultraderecha (por no decir neofascistas) goza de amplio consenso.
En ese sentido el triunfo de Lula tiene más impacto que un congreso controlado por los demócratas ya que pone un freno a la intervención en los países del continente y al esfuerzo por convertir América Latina en un patio trasero en serio. No olvidemos que el silencio demócrata frente al secuestro de Nicolás Maduro fue algo ensordecedor.
En síntesis, un triunfo demócrata va a tener escaso efecto en modificar las políticas de Estados Unidos en el corto y mediano plazo. Sin embargo, puede tener un impacto en términos de resquebrajar la coalición neoliberal y de incentivar formas de organización y movilización que vienen en lento crecimiento desde Black Lives Matter hasta las marchas de los vecinos de Minnesota en contra del ICE.
Autor: Pablo Pozzi
Fuente: Al Mayadeen
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