El racismo anti-Árabe y anti-Musulmán estadounidense | Opinion | teleSUR
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El ministro de Defensa Saudí, el príncipe Mohammad bin Salman (C), visita el Centro Internacional de Defensa de Exposiciones y Congresos (IDEX) en Abu Dhabi 22 de febrero de 2015.

El ministro de Defensa Saudí, el príncipe Mohammad bin Salman (C), visita el Centro Internacional de Defensa de Exposiciones y Congresos (IDEX) en Abu Dhabi 22 de febrero de 2015. | Foto: Reuters

Publicado 10 marzo 2015
No estoy seguro si el público en general en los EE.UU. es totalmente consciente de que la representación de los Árabes y Musulmanes en su entorno cultural es una reminiscencia de algunas de las campañas más desagradables de adoctrinamiento racista en la historia. Parece que Hollywood no tiene límites cuando se trata de deshumanizar a los pueblos del Medio Oriente y adherentes del Islam.

¿Cómo es que el nivel de la corrección política en los EE.UU. es a menudo tan alto, para bien o para mal?

Para un cinéfilo aficionado como yo, muy pocas empresas son tan gratificantes y significativas como ver películas de calidad o series de televisión. Sin embargo, me encuentro reflexionando sobre las mismas preguntas una y otra vez al ver las producciones norteamericanas.

No estoy seguro si el público en general en los EE.UU. es totalmente consciente de que la representación de los Árabes y Musulmanes en su entorno cultural es una reminiscencia de algunas de las campañas más desagradables de adoctrinamiento racista en la historia. Parece que Hollywood no tiene límites cuando se trata de deshumanizar a los pueblos del Medio Oriente y adherentes del Islam.

La mayor parte de ese material está al límite de ser insoportable. Si usted piensa que Jack Bauer y "24", fue una especie de pináculo de este fenómeno, se equivoca. La exitosa serie "Homeland", por ejemplo, la lleva a un nivel completamente nuevo. Ambos representan una tendencia general.

“La cultura popular de Estados Unidos se  mantiene burlándose de la imagen del Árabe machista, patriarcal, conservador e Islamista”

Es una historia interesante. Mientras Francia y el Reino Unido lamían sus heridas por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, las ambiciones de la  ‘realpolitik’ Estadounidense descendieron sobre el Medio Oriente. Dejemos a un lado las relaciones bilaterales con sus otros aliados de Oriente Medio y sólo centrémonos en una sociedad particular. Un componente importante en la consolidación del poder de Estados Unidos en la región era forjar una relación indestructible con Arabia Saudita. Durante más de medio siglo, la alianza Arabia Saudita –  EE.UU. ha estado dando golpes a los intentos de democratizar los procesos políticos en el Medio Oriente. Como Christopher M. Blanchard pone en su informe del Servicio de Investigación del Congreso Arabia Saudita: Antecedentes y Relaciones de Estados Unidos:

"Una serie de acuerdos, declaraciones de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos, la venta de armas, planes de formación militar, y despliegues militares han demostrado un fuerte compromiso de seguridad de Estados Unidos a la monarquía Saudita desde 1940. Ese compromiso de seguridad fue construido sobre los intereses económicos compartidos y la antipatía hacia el Comunismo y fue puesto a prueba por el conflicto regional durante la Guerra Fría".

Piense en el igualitarismo de género. Es un logro de cierto tipo y por el cual, la cultura popular de Estados Unidos se  mantiene burlándose de la imagen del Árabe machista, patriarcal, conservador e Islamista, mientras que, entre otras muchas cuestiones, alegremente ignora que el gobierno que han elegido y al que pagan impuestos ha hecho una de sus prioridades el mantener a los monarcas Saudíes en el poder, mientras que dificulta y aterroriza a los movimientos que abogan por la igualdad de género.

Tenga en cuenta las consecuencias que deben extraerse sólo de los hechos siguientes: Arabia Saudita es el mayor socio comercial de los EE.UU. en el Medio Oriente; desde finales de 2012, la Administración ha informado al Congreso de más de $ 24 mil millones en venta de armas a Arabia Saudita; el cuadro superior de los políticos de Estados Unidos, incluyendo al Presidente Obama, elogiaron al difunto Rey Abdullah después de su fallecimiento.

¿Conclusión? Los EE.UU. es una fuerza de progreso, estabilidad y democracia y los Árabes son, misóginos, atrasados, regresivos y anti democráticos. Caso cerrado.

En materia de racismo anti-Árabe y anti-Musulmán inherente al entorno cultural de EE.UU, una de las preguntas que me encuentro pensando es la siguiente: ¿Cómo es que el nivel de la corrección política en los EE.UU es a menudo tan alto, para bien o para mal, sin embargo, éstos estereotipos raciales e insultos racistas hacia los Árabes y Musulmanes son vistos como algo tan normal?

Después de haber tomado nota de esto, comencé a prestar más atención al fenómeno. Desde entonces, me di cuenta de que a veces era difícil encontrar series de televisión o películas que no contenían este tipo de racismo. Teniendo esto en cuenta, era una especie de entretenimiento el seguir el tsunami de indignación cuando se estrenó la Pasión de Cristo de Mel Gibson. Periódico tras periódico publicaban denuncias histéricas contra la película, como si debiera interesar a alguien, para empezar, la manera en que Gibson interpreta las sutilezas del registro bíblico. La Liga Anti-Difamación, por ejemplo, declaró que:

"Nos entristeció y nos dolió mirar que en "La Pasión de Cristo” continúa la representación inequívoca de los Judíos como responsables de la muerte de Jesús. No hay duda en esta película sobre quién es el responsable. En cada oportunidad, la película de Gibson refuerza la noción de que las autoridades Judías y la mafia Judía son, en última instancia, los responsables de la Crucifixión".

Cualquier cosa que uno piense sobre esto, una cosa está clara: si el mismo grado de sensibilidad fuera aplicado a la representación de Árabes y Musulmanes en la cultura dominante estadounidense, los diarios del país y otros medios de comunicación estarían llenos de indignación merecida y muy enfática. Sin embargo, esas críticas son una rara ocurrencia.

Como Edward Said escribió: "La conexión entre política imperial y cultura es asombrosamente directa" De hecho, queda por ver cuánto tiempo le toma a la cultura Estadounidense para dar un salto hacia adelante e interiorizar que, aunque suene sorprendente, el racismo contra los Árabes y los Musulmanes es tan condenable como el racismo contra otras etnias y religiones.


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