Cómo ISIS se convirtió en el rostro del mal | Opinion | teleSUR
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Un seguidor del Estado Islámico

Un seguidor del Estado Islámico | Foto: REUTERS/Stringer

Publicado 6 marzo 2015
La horripilante propaganda del Estado Islámico sirve bien a sus propósitos, y a los de Estados Unidos también.

El gobierno de Estados Unidos y el Estado islámico se hicieron el uno para el otro. Cada uno retrata al otro como sádico tirano. Cada uno tiene grandes ambiciones de poder. Cada uno utiliza hábil propaganda para vender su guerra a sus partidarios.

La principal diferencia es que esto no es un concurso de iguales. Los medios de comunicación occidentales afirman que los "tentáculos del grupo terrorista ahora llegan desde Argelia a Afganistán", pero Estados Unidos es una potencia mundial e ISIS, como se le conoce comúnmente, es poco más que un tigre de papel. Como el analista Gary Brecher señala, ISIS es una fuerza relativamente pequeña, con poca capacidad de lucha para derrotar a un ejército convencional, que es como se ganan casi todas las guerras, o gobernar a una población, que es como se asegura la paz.

No obstante, ISIS ha utilizado la propaganda para perfeccionar una imagen, a la vez aterradora, eficaz y decidida. Ha ayudado a ISIS a reclutar gente de Occidente, al financiamiento de ricos mecenas del Estado del Golfo, y la ayuda de grupos militantes desde Egipto a Indonesia. Pero la verdadera habilidad de ISIS radica en la explotación de los vacíos de poder en Irak, Siria y Libia, resultantes de la intervención Occidental y de Estados sectarios débiles.

Para Occidente, ISIS sirve para un propósito. Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña utilizan a ISIS para justificar la represión interna y el dominio imperial. La propaganda de ambos lados no sólo da forma a la percepción de una "guerra contra el terror", sino en conflictos en el terreno también. La disección de la propaganda muestra por qué ISIS no es una grave amenaza, y cómo Occidente lo utiliza para perpetuar una guerra que no muestra señales de terminar después de 13 años,

ISIS entiende cómo trabajan los medios de comunicación con fines de lucro. Lo que ayer era extremo, mañana es rutina, disminuyendo el impacto político. Así, ISIS sigue subiendo la apuesta con decapitaciones masivas, inmolaciones y desfile de prisioneros en jaulas. Produce vídeos para diferentes públicos, en idioma Inglés burlándose de los Estados Unidos y mostrando la decapitación de veintiún coptos egipcios capturados en Libia y clips en lengua árabe de soldados Sirios decapitados.

Estos videos se ven de manera diferente en el Medio Oriente que en Occidente. El video del piloto de aviones de combate Jordano, Muath al-Kassasbeh, donde está siendo quemado vivo, carecía de narración en Inglés o subtítulos, lo que significa que estaba destinado para un público árabe. Enseñaba a Kassasbeh "caminando a través de estructuras bombardeadas, intercalado con escenas de los equipos de rescate sacando cuerpos quemados de bajo los escombros". Fue derribado en un bombardeo el 24 de diciembre, y en el video, él nombra a ocho naciones árabes que participaron en la misión, junto con Francia y los Estados Unidos.

Cuatro días después de su captura, "Un ataque aéreo de la coalición liderada por Estados Unidos mató al menos a 50 civiles sirios" en la localidad de Al Bab. Decenas de pobladores afirman que la cifra era "varias veces superior", es decir más de un centenar de civiles podrían haber muerto en el ataque aéreo dirigido por Estados Unidos. El Pentágono, sin embargo, desestimó las pretensiones de las víctimas civiles como "no creíble". Es una repetición de la guerra de Irak en el que más de 500.000 iraquíes han sido asesinados desde 2003, pero prácticamente no hay civiles asesinados por las fuerzas estadounidenses, al menos eso afirma el Pentágono.

Al inmolar a Kassabeh, ISIS estaba mostrando que podría dar al enemigo un sabor de su propia medicina. Siria es una, de por lo menos siete naciones, bombardeadas por los Estados Unidos desde el 9/11. Una década antes, los Estados Unidos dio al mundo algunas de las imágenes más icónicas jamás vistas de personas que estaban siendo quemadas vivas. Durante la Guerra del Golfo de 1991, los Estados Unidos bombardeó un refugio antiaéreo lleno de civiles en Bagdad, incinerando al menos a 408 civiles. Al final de la guerra, los bombarderos Estadounidenses mataron a miles de soldados y civiles, en la "carretera de la muerte", en lo que probablemente fue un crimen de guerra. La ilegal guerra de Irak comenzó en 2003 con bombardeos de "Conmoción y Pavor" a objetivos dentro de las principales ciudades, diseñados para destruir "la voluntad de resistir". En otras palabras, era un acto de terrorismo estratégico. Mientras ocupaban Irak, el Pentágono desplegó los devastadores helicópteros de combate AC-130 en zonas urbanas densas, como Sadr City. Utilizó tácticas llamadas "agita y hornea", con bombas de fósforo blanco, que causan quemaduras horribles, tanto en Faluya en 2004, así como en otras ciudades. Y bombardeó las ciudades Iraquíes de manera tan regular que era raramente noticia. Para junio de 2006, un estimado de 78 mil iraquíes ya habían sido desintegrados o quemados hasta la muerte por los ataques aéreos liderados por Estados Unidos.

La misma comparación se puede aplicar a otras tácticas de ISIS. El grupo enseña a prisioneros abusados en jaulas y se han decapitado a más de 100 personas desde el año pasado, según un recuento de Wikipedia. La ocupación estadounidense, por su parte, encarceló a más de 100,000 iraquíes, la mayoría inocentes, y se mantiene a miles en centros de tortura como Abu Ghraib. Además que miles, probablemente decenas de miles, fueron masacrados por los escuadrones de la muerte organizados por Estados Unidos y en prisiones secretas establecidas bajo la ocupación estadounidense.

ISIS tiene que ser visto dentro de esta historia. Su propaganda le ayuda a dar forma al campo de batalla. Al tomar a Kassasbeh como rehén, ISIS debilitó el apoyo de Jordania a su participación en la guerra de Estados Unidos. También fue un recordatorio de que al menos 2,000 jordanos están luchando con el grupo extremista en Siria e Irak. Una encuesta de septiembre del 2014 encontró que sólo el 62 por ciento de los Jordanos ve a ISIS como una organización terrorista, y sólo el 31 por ciento dijo lo mismo de Jabhat al-Nusra- "el grupo oficial de al-Qaeda en Siria". La captura de Kassasbeh llevó a los Emiratos Árabes Unidos a suspender su participación en la guerra aérea, un duro golpe, especialmente después de que el New York Times llamó los Emiratos Árabes Unidos, "el aliado Árabe más incondicional de los Estados Unidos en la lucha contra el Estado islámico".

Del mismo modo, matando a los coptos, ISIS pregonaba su avanzada en Libia, otro país árabe llevado al caos por Occidente. También atizó el sectarismo en Egipto, donde los coptos estaban recelosos de la discriminación por parte del gobierno de la Hermandad Musulmana. Muchos apoyaron el golpe militar de 2013 que derrocó al presidente Mohammad Morsi. Después de eso, los activistas de la Hermandad descargaron su frustración sobre los coptos, atacando y quemando 37 iglesias en un solo incidente. El ataque de ISIS a los coptos inflama el comunalismo y provoca que Egipto bombardee Libia, lo que había sido un secreto a voces desde el pasado mes de agosto. Ahora está acosando al ejército Egipcio en dos frentes, ya que el principal grupo Islamista armado en la península del Sinaí declaró lealtad a ISIS en noviembre pasado.

Se ha hablado mucho de la propaganda y de la teología de ISIS. En un ensayo muy discutido, The Atlantic afirmó que ISIS es fiel a las doctrinas del Islam, a pesar de la débil base para tales afirmaciones. Incluso si se acepta la propuesta de que ISIS está en la corriente principal del Islam, no se deduce que le permita ganar adeptos, construir una organización fuerte, o ganar guerras. Tan poderosos como la ideología, son los medios de comunicación y propaganda en la conformación de nuestra comprensión del mundo, no se puede comer o vivir en ella. El éxito y el fracaso del Estado Islámico en Irak en la última década gira en torno a la economía, el empleo, las condiciones, la seguridad personal, de la comunidad, y la representación política - las mismas condiciones que importan al resto del mundo.

Las raíces de ISIS están en Jordania, con el malogrado complot de Abu Musab al-Zarqawi contra la monarquía en la década de 1990. Después de una temporada en la cárcel, Zarqawi encontró terreno fértil en Afganistán, antes de los ataques del 9/11, y luego en Irak. Los Estados Unidos convirtieron a Irak en un foco de resistencia al destrozar su economía, castigar a los árabes Sunitas por los crímenes de Saddam Hussein, el empleo de partidos sectarios y la política para gobernar el país.

Zarqawi se enganchó a la franquicia de Al Qaeda en Irak (AQI), que reforzó el flujo de reclutas extranjeros y de dinero. AQI se hizo responsable de muchas atrocidades contra los Chiítas, y fue uno de los cientos de grupos militantes que resistieron la ocupación Estadounidense. Lo que hizo de AQI un gran jugador fue el apoyo de los árabes Sunitas que estaban siendo perseguidos por los Estados Unidos y sus aliados Kurdos y Chiítas. Incluso antes de que Zarqawi muera, en un ataque aéreo estadounidense en 2006, AQI fue renombrada como el Estado Islámico de Irak (ISI) y fue alienando a sus seguidores con su medievalismo, que fue mal adaptado a la forma de gobernar. ISI fue dejado de lado después de que tribus Sunitas se volvieron en su contra y el Pentágono aprovechó la oportunidad para poner a decenas de miles de miembros de las tribus armadas, en la nómina de Estados Unidos.

Eso cambió en el 2011, cuando una revuelta general contra el vicioso Estado Sirio proporcionó a ISI con una nueva base de operaciones, y fue rebautizado como ISIS, bajo su nuevo líder, Abu Bakr al-Baghdadi. Luego, en Irak, en 2013 el gobierno reprimió a los manifestantes Sunitas matando a docenas, ocupó las ciudades de mayoría Suní con fuerzas militares sectarias y escuadrones de la muerte, la tortura, según se informa, fue rampante una vez más.

Así que cuando ISIS captura ciudades clave como Mosul, Ramadi y Faluya, en 2014, no fue una conquista militar. Fue una sublevación de los Sunitas desesperados por contar con un aliado contra un gobierno brutal. Incluso después de una década de ayuda, formación y tutela estadounidense, el Ejército Iraquí está tan mal equipado, entrenado y corrupto que se derrumbó a pesar de su superioridad numérica y tecnológica sobre ISIS. Las noticias histéricas de los medios que nos decían que ISIS rodeaba Bagdad y que la ciudad podría caer, eran ridículas. Es una cosa para los soldados Iraquíes atemorizados, sacrificar sus vidas por un gobierno venal en regiones donde son odiados; y es otra cosa para las milicias Chiítas y Kurdas proteger sus hogares y familias. ISIS es tan débil que menos de un año después de su mayor triunfo, su bastión en Irak, la ciudad de Mosul, con mayoría Sunita, está siendo rodeada por fuerzas Chiítas y Kurdas, mientras la Casa Blanca decide si va a desplegar fuerzas Estadounidenses para una nueva invasión.

El establecimiento de un Califato en Irak y Siria fue un golpe propagandístico para ISIS y para los Estados Unidos también. El gobierno de Obama culpó al primer ministro Iraquí, Nouri al-Maliki, por el desorden existente y arregló su destitución. Esto demuestra que los Estados Unidos todavía tienen la última palabra en Irak, mientras evitan aceptar su culpabilidad como el principal instigador del sectarismo y el extremismo que está destrozando el país.

Más significativo aún, demuestra que Washington prefiere los Estados débiles.  Los hombres fuertes son siempre más fáciles de manipular que un estado que tiene una cierta apariencia de división de poderes, participación ciudadana, burocracia funcionando y servicios sociales. Si el gobierno Iraquí habría usado los cientos de miles de millones de dólares en ingresos petroleros que ha ganado en la última década, para desarrollar la economía y la infraestructura, y satisfacer las necesidades sociales, Irak sería mucho más estable. Y no tendría que ser apoyado por los Estados Unidos.

Para proyectar poder desde África a Asia, Washington necesita de ISIS para dar vida a su relato de que la guerra contra el terror es un mal incomprensible, y que se trata de la defensa de la libertad y la venganza justa. La propaganda funcionó inicialmente, ya que coincidió con un estado de ánimo y sed de  venganza después de que Al-Qaeda mató a unas 3.000 personas en suelo estadounidense. Ese apoyo se agotó durante la guerra de Irak, cuando más de 4.600 estadounidenses fueron asesinados.

Mientras que el público estadounidense tiene poca inclinación para otra guerra con tropas en tierra, el uso de la fuerza aérea, fuerzas especiales, mercenarios, milicias y fuerzas preparadas - lo cual minimiza bajas oficiales -ha permitido al Pentágono el estatuto de combatiente y jugar un papel encubierto y apoyar una docena de conflictos en todo el mundo Musulmán.

En cierto nivel, estas guerras tienen muy poco en común. El conflicto de Yemen es impulsado por la pobreza, la inseguridad alimentaria, la degradación ambiental, las divisiones étnicas, y el legado de la Guerra Fría. El conflicto Palestino-Israelí es un caso de colonialismo clásico. Los Estados Unidos se extralimitaron en la invasión a Irak y en su esfuerzo por controlar el grifo del petróleo de Medio Oriente. El conflicto de Bahrein es una lucha entre países Árabes que envuelve a Estados autocráticos, Estados Sunitas del Golfo, ricos en petróleo que niegan recursos a las comunidades Chiítas pobres. La intervención de la OTAN y de Estados Unidos en Libia era un cínico intento de secuestrar la Primavera Árabe, mientras que Siria se ha convertido en una guerra de poder entre Occidente, Israel y sus aliados Árabes contra Irán y Hezbolá en el Líbano. Una serie de conflictos aparentemente nacionales son realmente una aglomeración de disputas regionales y étnicas, como en Pakistán. Hay conflicto entre el Estado y los grupos que buscan la autonomía en Baluchistán, la rivalidad con India por el control de Jammu y Cachemira, y la guerra con los grupos Pastunes que se sitúan en la frontera entre Afganistán y Pakistán.

Si hay un denominador común, es la implicación de Estados Unidos. Muchos líderes políticos de estos países están dispuestos a enrolarse en las guerras de Estados Unidos, ya que ellos, tanto como el aparato del Estado, se benefician enormemente con poder, prestigio y dinero. Pero forzar todo bajo la premisa de que, "ISIS es una amenaza global", deforma las causas profundas de los conflictos, y crea un caldo de cultivo para una nueva generación de extremistas.

Sin embargo, es mucho más fácil convencer a los Estadounidenses de que volver a los tiempos de guerra nuevamente, es necesario, por culpa de ISIS, en lugar de confrontar la historia matizada y las condiciones sociales de cada país. Durante décadas, el Occidente ha demonizado a un líder Árabe o Musulmán, uno tras otro, ha dicho que son "peor que Hitler". ISIS es sólo el último personaje en este papel, y cuando sea finalmente derrotado y disperso, los Estados Unidos y sus aliados encontrarán un nuevo hombre del saco para convertirlo en el nuevo rostro del mal....

**Tomado de teleSUR English


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