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El candidato presidencial republicano Bobby Jindal (D) y su retrato blanqueado (I), que cuelga en su oficina.

El candidato presidencial republicano Bobby Jindal (D) y su retrato blanqueado (I), que cuelga en su oficina. | Foto: Twitter

Publicado 3 agosto 2015
Frases como "blanqueado" no ayudan a entender el poder racial.

Desde que el Gobernador republicano de Luisiana, Piyush "Bobby" Jindal, anunció su candidatura presidencial, ha sido el hazmerreír de los asiáticos a través de América del Norte, e incluso los indios de la India. El mes pasado #BobbyJindalisSoWhite fue tendencia, cuando enfáticamente declaró que estaba "cansado de toda esa habladuría de ser americanos con guión. No somos indios-americanos, afro-americanos, irlandeses-americanos, americanos ricos o americanos pobres. Todos somos americanos".

A diferencia de la mayoría de los funcionarios de color, Jindal va hasta los extremos para repudiar su bagaje cultural. Su lema de campaña es "Bronceado. Descansado. Listo". Como converso al Cristianismo, se distancia de sus identidades indias e hindúes, hace dos años escribió un artículo de opinión titulado, "El Fin de la Carrera". Es la cima de sus drásticos recortes fiscales neoliberales, así como su conservadurismo social evidente en su vehemente oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo. Louisiana tiene la tasa de encarcelamiento más alta del país, donde Negros y Latinos representan casi el 85 por ciento de la población carcelaria. También confiesa que "El Islamismo radical está en guerra con nosotros", y va aún más lejos en sus provocaciones: "Lo que no es aceptable es gente que quiera venir a conquistarnos. Eso no es inmigración, por cierto, es colonización".

Por estas razones se han burlado de Jindal y su política modelo para minorías, ya que por una parte borra el racismo estructural con el fin de mantener el mito de la meritocracia, y por otra, reproduce la anti-negritud y la Islamofobia en sus declaraciones y prácticas.

¿Las Minorías Modelo, son "blanqueadas"?

Es fácil burlarse de Jindal  a causa de sus deseos explícitos de asimilar la blancura (tiene un retrato blanqueado de sí mismo colgado en su oficina). Pero yo diría que una de las caracterizaciones erróneas más peligrosas del mito ‘minoría modelo’, es su presumida proximidad a lo blanco. La moneda de la lógica minoría modelo, no es a través de la blancura (es decir, ser blanqueado) sino de manera explícita a través de la diferencia racial. Esto es evidente a través de las prácticas estatales sobre el multiculturalismo, que celebra la diversidad racial y cultural en formas superficiales. Más sustantivamente esto se manifiesta dentro del propio mito de la minoría modelo: minorías modelo que se ejemplifican no por su asimilación a la blancura, sino por sus características culturales supuestamente únicas (trabajar duro, redes de parentesco familiar, excelencia académica, etc.) que crean diferentes formaciones raciales dentro de la supremacía blanca. Esto se superpone en una multiplicidad de maneras, pero el mito minoría modelo, normalmente se basa en las diferencias de poder cuidadosamente mantenidas entre indígenas y las personas no indígenas, entre los Negros y personas no-Negros, entre musulmanes y no musulmanes, entre los que tienen la ciudadanía y los migrantes indocumentados.

Intuitivamente sabemos que esto crea condiciones muy dispares para las comunidades Indígenas y Negras en relación con otras comunidades raciales:  Las tasas de encarcelamiento y detención; la menor esperanza de vida; la negación de acceso al agua, refugio, alimentos y educación; salarios más bajos y tasas de desempleo más altas; extraordinariamente altos incidentes de violencia contra las mujeres y las personas trans; así como vivir diariamente experiencias de no pertenencia, genocidio, desplazamiento y empobrecimiento deliberado. Por lo tanto, es precisamente el posicionar a las minorías como modelo de una determinada raza, en lugar de la blanca, que perpetúa los sentimientos anti-Indígena, anti-Negro, anti-Musulmán y / o anti-migrantes indocumentados ("mira, estos no son blancos pero son capaces de tener éxito económicamente y son respetuosos de la ley"). 

Por supuesto, no hay nada innato en esas comunidades para que sean calificadas como minorías modelo. La deliberada selección del Estado, incluyendo inmigración y acceso a instituciones, junto con narraciones menos penalizadoras de los medios, informan y moldean un acceso diferenciado al poder. Como se pregunta la comentarista Jennifer Pan: "¿Qué estructuras políticas han permitido a algunas comunidades de origen asiático prosperar económicamente, y en qué casos ha ocurrido esto a expensas de otros grupos étnicos y raciales? ¿De qué manera la narrativa "minoría modelo" opera como parte de los legados de colonización, esclavitud y la inmigración que han conformado la jerarquía racial en los EE.UU."? Como antirracistas, operamos dentro de un marco imperfecto de igual victimización, que aplana el poder racial y asume la singularidad de la supremacía blanca. La caracterización de las minorías modelo como 'blancas' cabe perfectamente dentro de este marco que elude las discusiones de las especificidades de las formaciones raciales.

Como la socióloga Tamara Nopper escribió específicamente sobre la lucha contra la negritud: "En pocas palabras, los Latinos y Asiático-Americanos, presumiblemente, no pueden ser anti-Negro o tener poder estructural sobre los Afroamericanos como Latinos o Asiáticos-Americanos. Sino que, como NBPOC (Gente no negra de color), deben ser "blancos" o "actuar como blancos" o "convertirse en blancos". En cambio, sostiene, "Tenemos que abordar teóricamente que los Asiático-Americanos y Latinos no tienen necesidad de ser asimilados (según la mayoría de las medidas tradicionales), ser fenotípicamente blancos, ser aceptados por los blancos, ser igual a los blancos, o estar libre de la violencia y el racismo blanco para tener más poder estructural en comparación con los afroamericanos". En la misma línea, Beenash Jaffri, crítica y estudiosa de las razas articula que las comunidades de color, a pesar de que no son privilegiadas de la misma manera que los blancos, debemos cuestionar nuestra propia complicidad en el colonialismo. Ella escribe: "[La complicidad] exigiría, por ejemplo, que pensemos en el llegar a vivir a la casa, al barrio no como un objeto que poseemos, sino como un campo de operaciones en el cual llegamos a estar socialmente posicionados e implicados...Pensar en términos de complicidad, desvía nuestra atención y nos enfocamos en estrategias y relaciones que reproducen las jerarquías sociales e institucionales".

Jindal es uno de nosotros

Para desafiar con éxito el mito de ‘minoría modelo’, tenemos que entenderlo no solamente en relación con la blancura, sino como parte de las lógicas raciales que crean comunidades "positivas" frente a las comunidades "problema". Si bien es más fácil ridiculizar  a personas como Jindal por querer "ser blanco", es más difícil para los movimientos raciales y de justicia social estar en sintonía con el poder racial dentro y a través de las comunidades de color. Bobby Jindal es, después de todo, uno de nosotros. Esto significa que tenemos que ir más allá de los enfoques anti-opresión que homogenizan la racialización dentro de la supremacía blanca y, en cambio, descubrir las trayectorias específicas anti-Indígena, anti-Negro, anti-Musulmán y el racismo anti-inmigrante indocumentado que sustentan el capitalismo racial, anti-negritud y el colonialismo. Esto requiere nuestra intencionalidad para combatir estos racismos dentro de nuestras propias comunidades, nuestra humildad para aprender cómo nos beneficiamos de la lógica del modelo de las minorías, y nuestra responsabilidad hacia los que llevan la peor parte de la supremacía blanca.
Harsha Walia (HarshaWalia) es un activista del Asia Meridional y escritora con sede en Vancouver,  Unceded Indigenous Coast Salish Territories in Canada. Ha participado en las bases de la comunidad migrante de justicia, feminista, antirracista, solidaridad indígena, movimientos anticapitalistas y antiimperialistas por 15 años. Es autora de ‘Undoing Border Imperialism’.


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