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Moreno se ha desligado del expresidente Rafael Correa

Moreno se ha desligado del expresidente Rafael Correa

Publicado 24 enero 2018
No hay una sola señal que indique que el gobierno de Moreno oriente sus políticas y acciones hacia el campo popular para disputar con las derechas y empresarios una nueva geografía social en Ecuador y por lo mismo queda en duda cuánto se podrá modificar la correlación de fuerzas.

Una campaña electoral siempre revela lo peor y lo mejor de la política y de quienes por muchos años sostuvieron y administraron el Estado desde los poderes económicos, empresariales y mediáticos. Y esta vez no ha ocurrido lo contrario: las élites criollas se han unido para apoyar la propuesta de Lenin Moreno, a pesar de todo lo que dijeron de él durante el primer semestre del año pasado. En un solo coro –a ratos estridente e inentendible- convocan a un SI totalitario y poco reflexivo.

Y no cabe duda que tampoco será en esta contienda electoral donde se resuelvan los problema de fondo de la política ecuatoriana: élites arrogantes y egoístas, transnacionalizadas a favor del capital y el mercado, partidos políticos buscando copar espacios del Estado a favor de sus clientelas y grupos sociales sin norte ni orientación real para transformar la sociedad en sus inequidades.

Pero además no hay una sola señal que indique que el gobierno de Moreno oriente sus políticas y acciones hacia el campo popular para disputar con las derechas y empresarios una nueva geografía social en Ecuador y por lo mismo queda en duda cuánto se podrá modificar la correlación de fuerzas.

Por lo visto hasta ahora, quienes van a hablar con Rafael Correa (durante sus extenuantes recorridos por pueblos y ciudades por donde pasa estos días en plena campaña a todo frenesí) no hablan de feminismo, ecologismo, sexismo ni mucho menos de calentamiento global. Quieren y le piden ayuda para tener vivienda, empleo y una vida digna para todos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, urbanos y campesinos, letrados e iletrados. Es una diferencia absoluta y que la política (entendida como conflicto y disputa) olvida estos días de campaña por culpa o gracias a la consulta popular. Las élites empresariales, políticas y mediáticas no hablan de lo que necesita el pueblo, mucho menos de empleo o de salud y educación gratuitas. Es más exigen privatizar la seguridad social, las carreteras y las centrales hidroeléctricas, incluso el Banco Central. 

Por tanto, ¿qué está en disputa entre los antagonistas de esta coyuntura? ¿Esta particular etapa evidencia un antagonismo de otra naturaleza y con otra perspectiva histórica? ¿Quiénes son los sujetos políticos de esta disputa? ¿A quiénes está soslayando el Gobierno en su acción política concreta al proponer una consulta que entusiasma a lo peor del anti correísmo y a quienes habiendo sido ministros o asambleísta de Alianza PAIS en la década pasada quieren modificar lo construido por Correa? ¿Cuáles son efectivamente los errores de la década pasada que se quieren corregir en los próximos cuatro años?

Las respuestas posiblemente estarán a la vista después del 4 de febrero dependiendo de los resultados de la Consulta, porque por ahora no hay claridad ni de las corrientes a favor o en contra de este evento político dada la baja credibilidad de las encuestadoras, el llamado voto oculto y sobre todo el manejo mediático que impide una versión más cercana a la realidad.
Cuando los ministros de Moreno hablan de profundizar la democracia están convencidos que desde el 5 de febrero, de ganar en las siete preguntas, los cauces y alamedas de la participación ciudadana y la fiscalización política serán el gran estímulo de las clases y sectores populares. Pero muchos dicen que después de esos comicios Moreno empezará realmente a gobernar y pondrá las cartas sobre la mesa de su verdadero programa y orientación ideológica.  

Lo que en realidad preocupa es si ha variado la centralidad del conflicto democrático del Ecuador de los últimos 15 años. Las élites criollas odian a Correa porque quizá puso en cuestión su razón de ser en una democracia. No lo odian precisamente por su temperamento o porque ahora se haya diferenciado de Moreno. Los más evidente de esto es cómo lo tratan en los medios privados y comerciales, con el claro propósito de aniquilar su imagen, enterrarlo políticamente y hasta borrarlo de la historia. 

Una consulta supondría desatar más fuerzas en disputa y las soluciones a los bloqueos institucionales, por decir lo menos, pero estamos frente a recalentamiento de la disputa que suponíamos se había resuelto en Montecristi y que con su mayor expresión (la Constitución del 2008) abría esos otros cauces para instituciones y políticas públicas y alejar a los poderes fácticos y a las élites corruptas del manejo corporativo y clientelar del Estado.

Por ahora la política es ajena a un asunto de fondo: cambiar las estructuras esenciales de la inequidad, injusticia y a favor de un bienestar, del buen vivir y para que no sean más ricos los ricos y más poderosos los poderosos grupos de presión. Si el 4 de febrero el pueblo ecuatoriano se pronuncia no será precisamente sobre lo que se pregunta sino como una reacción a la ausencia de expectativas en el futuro cercano, más allá de los cantos de sirena de los medios mercantilistas que saben perfectamente que harán todo para que nada cambie y --sigan en su perorata de jueces de la moral y la política.
 


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