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Fortaleza Ozama donde ondeó la bandera estadounidense en 1916.

Fortaleza Ozama donde ondeó la bandera estadounidense en 1916. | Foto: Deisy Toussaint

Publicado 17 mayo 2019

Antes de la llegada de las tropas estadounidenses a territorio dominicano, habían invadido a Cuba y Puerto Rico en 1898, a Colombia en 1903, Nicaragua en 1909, México en 1914 y Haití en 1915.

Los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) ya tenían definida su política expansiva con el claro objetivo de construir un gran país, al precio que fuera. Desde las 13 colonias que conformaron esa nación en 1776, comenzaría una expansión hacia el oeste, arrebatando tierras a los indios, comprando a muy bajo costo La Luisiana, La Florida o Alaska, ocupando Texas e incitando a los mexicanos a independizarse de España para luego arrebatarles buena parte de su espacio vital. Posteriormente, contando ya con un vasto territorio que se extendía hasta el Pacífico y aún hasta las islas de Hawai, Guam o Filipinas, intervinieron diferentes países asegurando su hegemonía económica y geopolítica.

Justificaban semejantes injerencias con doctrinas expansionistas como la de James Monroe y su lema “América para los americanos”, la del supuesto Destino Manifiesto, para argumentar que Dios quería que EE.UU. guiara los designios del continente, o la del “Big Stick” (Gran Garrote) con la que Theodore Roosvelt decía “Habla suave, pero enseña el garrote”.

A finales del siglo XIX y principios de XX, gobiernos irresponsables de la República Dominicana, endeudaban constantemente el país con empréstitos cuyos intereses pagaban con nuevos préstamos que tomaban a empresas norteamericanas.

En 1916, el Gobierno estadounidense decidió que era el momento de intervenir para cobrarse la deuda, y de paso organizar la producción de las materias primas que comenzaban a escasear en Europa desde el estallido de la I Guerra Mundial, dos años atrás. De manera, que la maniobra les permitió proveer fundamentalmente de azúcar a los países europeos que en ese momento no podían producir porque sus campos de remolacha azucarera estaban arrasados y la mayoría de los agricultores luchando en las trincheras.

Las tropas norteamericanas desembarcaron por dos lugares: Montecristi en el norte recorriendo la distancia que les separaba de Santiago de los Caballeros, segunda ciudad en importancia del país, y por el Puerto de Haina en el sur, cercano a Santo Domingo, capital de la nación.

En ese momento el presidente dominicano era Francisco Henríquez y Carvajal quien solo pudo manifestar su indignación. El norteamericano, Woodrow Wilsson.

La resistencia del pueblo dominicano, en desigual fuerza, solo se manifestó en una batalla en La Barranquita, cerca de Santiago, que duró algunas horas, y en ciertas acciones de grupos campesinos en el este del país que llamaron “Gavilleros” increpando con algunas intervenciones por sorpresa a las tropas norteamericanas. Se puede mencionar a Gregorio Urbano Gilbert como hombre que encarnó la resistencia y a Américo Lugo quien como intelectual creara textos denunciando la intervención.

Los norteamericanos hicieron carreteras y puentes que optimizaron la conexión de las distintas provincias, y optimizaron los ingenios azucareros para mejorar su rentabilidad. También organizaron la Administración crearon un ejército: “La Guardia Nacional” y fundaron el Sistema Torrent para la titulación de tierras con el que muchos propietarios quedaron despojados por no poder cumplir con los complicados requisitos que el nuevo sistema exigía; así, el Gobierno estadounidense se quedaba con infinidad de parcelas que utilizó para ampliar las plantaciones.

No es casualidad que Haití también la hubieran invadido desde 1915, ahora, con los dos países controlados, traían sin problema la mano de obra barata para trabajar la caña.

Terminada la I Guerra Mundial en 1918 los países europeos fueron poco a poco normalizando sus producciones agrícolas, por lo que los EE.UU. fue bajando las ventas. De manera que desde ese momento se fue negociando la salida de la República Dominicana. Hubo varias propuestas hasta que los dominicanos terminaron firmando el acuerdo “Hugs-Peinado” para la salida de las tropas estadounidenses del país, no sin antes reconocer la nueva deuda por la modernización del la nación, consentir una dependencia política y aceptar unas relaciones comerciales ventajosas para los que iban a desocupar el territorio dominicano.

Antes de la llegada de los invasores a territorio dominicano, habían invadido a Colombia en 1903, Nicaragua en 1909, México en 1914, Haití en 1915 y mucho más atrás, a Cuba y Puerto Rico en 1898, este último convertido en colonial gringa y abandonada y olvidada por los yankees que quedó sumergido en el desosiego después del huracán María.

Estos hechos han demostrado al mundo la estrategia injerencista de Estados Unidos con Latinoamérica y el Caribe que aún continúa.


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