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Armando Interiano Nájera lamenta no conseguir un trabajo que devengue US$4.50 por un día en la comunidad El Cañón.

Armando Interiano Nájera lamenta no conseguir un trabajo que devengue US$4.50 por un día en la comunidad El Cañón. | Foto: Santiago Botón y Rolanda García

Publicado 25 noviembre 2015

El testimonio de Armando Interiano Nájera da cuenta de este flagelo que azota a la comunidad El Cañón, de ese país centroamericano.

Es una gran fortuna ganar unos Q35.00; aproximadamente US$4.50, por un día de trabajo en la comunidad El Cañón, Camotán, Chiquimula, afirman las familias.

Lo malo es que ese trabajo de Q35.00, no se consigue, lamenta Sebastiana Amador García, vecina de la comunidad El Cañón, ubicada en ese Corredor Seco.

Armando Interiano Nájera, que recolecta entre pedregales su paupérrima cosecha de frijol que fue desflorada por la reciente sequía, refuerza esta versión.

Las semillas de frijoles que sembró sobre el terreno arrendado, dice Interiano que las compró con la paga de su trabajo en las fincas cafetaleras en el vecino país de Honduras.

Su compañera de hogar, Sebastiana Amador, delata que parte de las semillas las tuvieron que sacrificar para la alimentación “y por eso el cultivo fue poco”, justifica.

El trabajo en los campos agrícolas en Honduras los ha salvado de la hambruna que azota en estas laderas de Camotán, Chiquimula, coinciden las entrevistadas. 

Sin embargo, cuando finaliza la cosecha de café, llega la época más cruel, atestigua la campesina Vitalina García Eraso.

Con un lenguaje acompañado de abundantes gestos, la abuelita Valentina Eraso, también narra su sacrificio en la reventa de cal para ganar, literalmente, unos centavos. 

Cuenta que recorre las laderas cargando sobre su cabeza una cubeta de metal desbordada de cal, para ganar parte del sustento de su familia y de sus nietos abandonados, porque uno de sus hijos murió durante una epidemia de cólera que azotó esa región hace seis años, relata.

Es la historia que representa la hambruna en cuantiosas familias del Corredor Seco, señala Jeremías Hernández, de la organización Central Campesina Indígena “Nuevo Día”, en Camotán, Chiquimula.

De hecho, son parte de cuatro familias asistidas por “Nuevo Día”, que denunciaron en el año 2011, al Estado de Guatemala por violar el Derecho a la Alimentación de cinco niños.

Recuerda Hernández, que en aquel entonces se toparon con la sorpresa que para la justicia guatemalteca, no existía la figura del delito de violación al Derecho a la Alimentación.

Uno de los casos fue conocido por Alejandro Maldonado, cuando fungía como Magistrado de la Corte de Constitucionalidad, recuerdan los activistas de Nuevo Día.

Finalmente dos de las cinco demandas prosperaron en el año 2013. Un Juzgado condenó al Estado por violación al Derecho a la Alimentación. A su vez, se le obligó a tomar 26 medidas de reparación.
 
Una de las medidas, es la compra de tierra para las cuatro familias, por la entidad del Fondo de Tierra; incumplida por ahora, lamenta el campesino Armando Interiano.

A pesar de que dos de las cinco demandas están resueltas, las familias aún viven en un escenario contradictorio. Frente a la cámara de TeleSUR, una de las niñas remojaba un pedazo de tortilla en un tazón de café para su alimentación. 
 
Mientras atrás de la vivienda de palma de otra familia demandante, atraviesa el cableado de energía eléctrica, sin embargo, el hogar es alumbrado con un panel solar instalado por entidades no gubernamentales.

Durante la presidencia de Alfonso Portillo y de Álvaro Colom, la hambruna de Camotán y Jocotán, Chiquimula, ocupó portadas y principales titulares, según quedó registrado.

Aparentemente la hambruna terminó cuando el empresario Dionisio Gutiérrez retiró en el Corredor Seco, la mirilla de la artillería mediática que esgrimía, sugiere uno de los entrevistados fuera de cámara.

Por: Santiago Botón y Rolanda García


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