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  • La Policía disparó bombas de gases lacrimógenas contra una multitud de mil 200 personas, tras la quema de contenedores de basura. (Foto: Reuters)

    La Policía disparó bombas de gases lacrimógenas contra una multitud de mil 200 personas, tras la quema de contenedores de basura. (Foto: Reuters)

Publicado 16 mayo 2014

Brasil está en calma luego de una jornada nacional de protestas en contra de la Copa Mundial de Fútbol que se realizará en este país.

Grupo sociales convocaron a una manifestación en Sao Paulo y Río de Janeiro, sedes principales del Mundial a realizarse en junio, donde la noche del jueves las fuerzas policiales dispersaron una marcha debido a los actos de vandalismos cometidos por un grupo minoritario, pertenecientes a los denominados Black blocs.

En Sao Paulo, tras la quema de contenedores de basura por parte de al menos mil personas hizo que la Policía disparara bombas de gases lacrimógenas.

Un pequeño grupo de manifestantes rompió escaparates, así como destruyeron dos agencias bancarias y una tienda de auto de la calle Consolación.

Al menos 20 personas fueron detenidas y tres ciudadanos resultaron heridos, entre ellas un fotógrafo por el impacto de una bomba lacrimógena en un pie.

En Río de Janeiro, donde se realizarán siete partidos de fútbol, incluida la final de la Copa, mil 300 estudiantes se concentraron en el centro para demandar recursos y fondos para los sectores de educación y salud, luego de dos días de un paro realizado por choferes y conductores de ómnibus.

Pero la situación más tensa se registró en Recife, la capital del estado de Pernambuco, donde los actos de vandalismo y violencia estuvieron relacionados con un paro de policías y bomberos.

A pesar del despliegue de la Fuerza Nacional y tropas del Ejército se reportaron saqueos en tiendas, comercios, supermercados en todos los barrios de la región metropolitana de Recife.

Las escuelas suspendieron las clases y los comercios no abrieron.

Tras el cese anoche del paro y el reinicio de la vigilancia policial, la calma retornó a este territorio del nordeste brasileño.

Esta jornada fue seguida de cerca por el gobierno federal, que evaluó la situación con miras a llamar al dialogo a los grupos sociales y populares.


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