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La información fue publicada por la cadena de radio y televisión Irib con datos de un informe del servicio secreto de la nación iraní. (Foto:Archivo)

La información fue publicada por la cadena de radio y televisión Irib con datos de un informe del servicio secreto de la nación iraní. (Foto:Archivo)

Publicado 3 febrero 2014

La jornada electoral del día de ayer muestra, en primer término, una normalidad que es digna de encomio, y que da muestra del avance democrático que llevamos recorrido, muy especialmente en lo que corresponde al comportamiento ciudadano. Aunque los liderazgos tanto gubernamentales como partidarios han puesto de manifiesto, a lo largo del año y medio de campaña en el terreno, que les falta mucho para ser inequívocamente ejemplares en el ejercicio de sus facultades y en el cumplimiento de sus obligaciones, la ciudadanía, por su parte, pone en evidencia un proceder cívico cada vez más relevante, como se graficó en los comicios de este domingo, en los que no hubo incidentes de violencia ni significativos disturbios de insatisfacción. Y eso que el TSE, con su configuración actual y con muchas de sus decisiones, no está a la altura de la responsabilidad que le corresponde.

Es claro que nuestro proceso evoluciona, con dificultades pero en forma progresiva, lo cual indica que la democracia ha tomado posiciones irreversibles, y que desde el poder podrá haber intenciones de torcer algunas de sus líneas pero sin que se vean reales posibilidades de regresión. El Salvador está en la ruta de la modernización, que debe sustentarse en los criterios de un pragmatismo inteligente y funcional, y esto tendrá que reconocerlo quienquiera que asuma la responsabilidad de gobernar de aquí en adelante.

Los datos oficiales preliminares sobre los resultados de la elección de este domingo confirman lo que venía siendo la previsión más firme en las últimas etapas de la campaña: que habrá necesidad de una segunda vuelta entre el FMLN y ARENA. Los números de esta primera ronda dan claro indicio de que a la segunda el partido de izquierda llega en posición cómoda y que el principal partido de derecha tiene una ardua tarea por hacer. En las próximas semanas veremos, sin duda, un recrudecimiento de la campaña, sobre la base de las cifras del 2 de febrero; y lo que se espera es que el electorado tome aún más conciencia de que tiene ante sí un desafío trascendental, por el momento que vive el país y por los intereses de nación que están en juego.

Lo más probable es que, al final, las diferencias numéricas entre los que ganen y los que pierdan sean muy pequeñas, lo cual hará aún más imperioso entrar de inmediato en una dinámica de preparación del escenario que permita generar acuerdos de base en los temas principales de la agenda nacional pendiente. De lo contrario, será el país entero, sin distingos de posiciones o de ideologías, el que pagará las facturas crecientes, que ya son suficientemente alarmantes.

De los sucesivos eventos electorales van quedando lecciones para todos, y el que tuvo lugar ayer no es ni podría ser la excepción. Por el contrario, las lecciones resultan ahora más evidentes que nunca. Lecciones para los que resultan más holgados y para los que resultan más constreñidos. Lo primero que tendría que hacer cada quien es reconocerlas y asumirlas, aun entre el ajetreo de la campaña que se reactivará este mismo día. Y en cuanto al evento electoral que viene hay que hacer todo lo necesario para motivar a más votantes, afinando estrategias y precisando propuestas. La tarea fundamental para todos consiste en que luego del 9 de marzo haya mejores posibilidades de que el país arranque de veras y en forma coordinada hacia el futuro.

Fuente: http://bit.ly/Mq5EJ5


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