La conmovedora cercanía la palabra

La escena que les narro ocurrió en medio de un campo de caña, cuando el corresponsal Gerónimo Álvarez Batista, se acercó al Comandante Guevara para pedirle una entrevista sin imaginar las consecuencias.

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28 de junio de 2026 Hora: 11:44

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Corrían los días de febrero de 1963 y aún Santa Clara conservaba el torbellino que la envolvió tras la heroica batalla de los rebeldes, antes del triunfo de la Revolución cubana.

Álvarez Batista, quien trabajaba para el periódico nacional Hoy y local Adelante, había atravesado el campo en una desvencijada motocicleta, cargando con una cámara fotográfica de cajón, marca Kodak.

Al observar que el Che participaba en los cortes de caña, en áreas del central Ciro Redondo, en Morón (actual Ciego de Ávila), se acercó a solicitar su momento periodístico, sin esperar que por respuesta recibiría de forma cortante la respuesta: – ‘aquí se viene a cortar caña, no a tirar fotos’. Respondió el Che, antes de agregar como buen apostador de la verdad periodística: – “cortas caña a la par mío y después te doy la entrevista”.

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Para entonces el Che se desempeñaba como Ministro de Industrias y a Gerónimo le tocó ‘luchar la entrevista’, asistiendo con puntualidad durante varias jornadas al corte de caña, para ganar el respeto del mítico guerrillero, no tan fácil interlocutor.

Posteriormente el periodista logró su objetivo, por ello la historia cuenta con emblemáticas imágenes del Che Guevara en plena actividad de la cosecha de corte manual y mecanizado de la zafra azucarera, junto a un grupo de curtidos trabajadores y técnicos agrícolas.  

Más adelante, Blas Roca Calderío, director del periódico Hoy y líder histórico del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, quien le había avisado al corresponsal de la presencia del Che en los campos de caña de Morón, lo llamó para entregarle una cámara nueva y decirle que el Che le había contado el trabajo que pasó para hacer tan buenas fotos con aquel trasto viejo de cajón.

Es que el Che como buen fotógrafo, respetaba su trabajo y como periodista, siempre se sintió más cómodo que del otro lado de la cámara.

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«Mi posición no es de ninguna manera la de un diletante hablador y nada más…» Escribió a los 26 años a su tía Beatriz, en carta desde Guatemala (12 de febrero de 1954), con lo que afirmó su posición como protagonista en las luchas de los pueblos.

Desde la provincia central de Cuba, en el Boletín de Santa Clara, el periodista Barrero del Valle describe una conversación con el Che tras la victoriosa campaña insurgente, dirigida en esa parte del país por Camilo y el Che. Fueron cinco días intensos de combate donde las fuerzas revolucionarias de la Columna No. 8 Ciro Redondo, comandada por Ernesto Che Guevara, con el apoyo del pueblo santaclareño, batallaron contra un enemigo varias veces superior hasta  la toma de Santa Clara, enclave estratégico donde se decidió la derrota de Fulgencio Batista.

La conversación descrita con la inscripción: «Con el “Che” Guevara»,  tuvo lugar en la sede de la Columna número 8, Comandancia General de las Fuerzas Revolucionarias, en la oficina el Distrito Este de Obras Públicas, en Santa Clara y entre varios temas habló sobre la libertad de prensa.

 «Puede usted preguntar lo que guste, tanto del movimiento como de nosotros en particular, ambas cosas son una página abierta a la vista de todos. La libertad de prensa está garantizada por nosotros, y si acaso hubiere alguna limitación esa sería de tiempo únicamente, ya que debo marchar a la Habana rápidamente y no me va a ser posible prolongar mucho esta entrevista, como hubiera sido mi deseo».  El concepto fue publicado en el Boletín de Santa Clara, 15 de enero de 1959.

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Faltaba poco para que las victoriosas columnas guerrilleras del Che y de Camilo Cienfuegos (Columna 2 «Antonio Maceo»), se dirigieran a La Habana, a la orden impartida por Fidel para ocupar los cuarteles de La Cabaña y Columbia, respectivamente. De esa forma, el Ejército Rebelde se establece en puntos claves de La Habana donde, como en todo el país, comienza la huelga general revolucionaria convocada por Fidel para detener el intento de arrebatar el triunfo al pueblo, mientras el Comandante en Jefe inicia desde Santiago de Cuba su marcha hacia la capital.

Nada paralizó la guerra mediática contra Cuba y su Revolución, organizada y dirigida desde Estados Unidos, a pesar de un clima nacional sin censura alguna.

El Che tampoco cree en insinuaciones de ningún tipo y concede mucha importancia a la polémica periodística. «Me debo a la opinión pública y a quienes han confiado en mí como revolucionario». Por eso  acudió al periódico Revolución el 10 de marzo de 1959, para aclarar aspectos de una nota informativa de la revista Carteles. Allí se anunció que el Che viviría en Tarará.

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Le aclaro a los lectores de Revolución que estoy enfermo, que mi enfermedad no la contraje en garitos ni trasnochando en cabarets, sino trabajando más de lo que mi organismo podía resistir para la revolución.. Mientras, solicita al director: Te agradeceré la publicación de estas líneas para una mejor ilustración a nuestro pueblo, sobre la actuación de quienes hemos contraído una responsabilidad con él.

Lo cierto es que dado su padecimiento de enfermedad respiratoria inflamatoria crónica, recrudecida en las condiciones de lucha de la Sierra Maestra y el de cursar de la ofensiva rebelde, por indicaciones médicas fijaron su estancia transitoria y reposo cerca del mar, para tratar las consecuencias invalidantes de un mal que lo aquejaba desde su niñez: el asma crónica.

Esa opinión que disiente y es concebida, precisa: «en la misma medida en que seamos capaces de llevarla con el mayor rigor científico posible y con la mayor ecuanimidad. (…) creemos que es importante el cuidado de la forma y del método de discusión».

Y es que la curiosidad  y la inquietud lo llevaron desde temprana edad a intentar la práctica del periodismo, como cronista de la revista «Tackle». Firmaba sus notas con el seudónimo de «Chang-cho», simpática relación con el apodo que sus compañeros del equipo de Rugby le impusieron, aparentemente porque al adolescente no le gustaba bañarse.

Desde niño poseía una legítima vocación literaria, cultivada por su madre. Junto a Alberto Granado y motocicleta ‘La Poderosa’, descubrió las rutas y realidades de Latinoamérica recogidas posteriormente en sus Notas de viaje.  El joven narró minuciosamente con una prosa reflexiva, lo que «palparon» sus ojos. También lo recibió un periódico local de Chile (Temuco), donde obtuvo algún dinero escribiendo, para aportar a la travesía.

Durante su segundo viaje por América, también en su estadía en Panamá, Ernesto Guevara publica con su nombre, en la revista «Siete», el artículo sobre las investigaciones realizadas en las ruinas de Machu Picchu, Perú.

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Con los últimos ataques aéreos en Guatemala de 1954, dedicó varios días a la redacción de un análisis del proceso guatemalteco, con el objetivo de denunciar al imperialismo yanqui como promotor del desenlace contrarrevolucionario. Igualmente su enfoque precisó la posibilidad y necesidad de que el pueblo empuñara las armas contra sus enemigos.

El artículo muestra su capacidad como observador acucioso, el hábito de recoger sus vivencias y reflexiones. Yo vi la caída de Jacobo Arbenz, culmina con una expresión premonitoria: «La lucha comienza ahora». Aunque no han aparecido los originales de este trabajo, fue posible reproducir su contenido a partir de varios testimonios de quienes tuvieron la oportunidad de leerlo en aquella época.

Previamente Ernesto Guevara colaboraba en la redacción de una tesis relacionada con la reforma agraria y continuaba su trabajo nocturno en el Centro de Maestros. Compartía su tiempo con la Alianza de la Juventud en tareas de vigilancia y defensa civil. Al radicalizarse la situación, formó parte de las milicias para ir a luchar en el frente de combate, pero no lograron llegar al Presidente.

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Mientras compartía alojamiento en el centro de Ciudad México, dedica el tiempo que le deja su gratuita actividad médica en la Sala de Alergia del Hospital General, a la precaria actividad de fotógrafo ambulante. ‘Compré una máquina fotográfica y, juntos, nos dedicamos a la tarea clandestina de sacar fotos en los parques’. Contó años después al escribir»El Patojo», en la revista Verde Olivo, La Habana, agosto 19, 1962. Fue una crónica memorable escrita por el Che al conocer de la caída en combate -ocho años después- del guatemalteco Julio Roberto Cáceres.

Ernesto hacía las veces de fotorreportero y redactor, aunque en las publicaciones no se le reconociera el crédito, según la costumbre del momento.

Si Guevara hubiera permanecido en el ejercicio de la medicina, probablemente sería un buen alergólogo. La hemeroteca de la Sociedad Médica del Hospital General de México, donde ejerció el joven argentino doctor Ernesto Guevara, conserva los impresos originales de varios trabajos de investigación científica realizados por el doctor Guevara, procedente de Guatemala y por entonces residente en México D.F.

El trabajo que requirió una dedicada redacción, fue publicado en el volumen II, número 4 (mayo de 1955), de la Revista Iberoamericana de Alergología –Alergia– que dirigía el doctor Mario Salazar Mallén, eminente médico mexicano. «Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos»- fue dado a conocer con motivo de la realización de un congreso médico sobre esa especialidad en la ciudad de Veracruz. 

Casi dos años antes de enrolarse con los revolucionarios cubanos en la expedición libertaria en el Yate Granma, Ernesto fue corresponsal en México de la Agencia Latina (AL), con el objetivo de informar acerca de los Juegos Panamericanos que tuvieron lugar del 12 al 26 de marzo de 1955.

«Tenía el preciado cargo de redactor deportivo de la Agencia Latina (…). Mi trabajo durante los Juegos Panamericanos fue algo agotador en todo el sentido de la palabra, pues debía hacer de compilador de noticias, redactor, fotógrafo y cicerone de los periodistas que llegaban de América del Sur»; escribió a su amiga cordobesa Tita Infante. En el país azteca, también fungió como fotógrafo profesional de la revista «La Función del Médico en América Latina».

Che era periodista de vocación. Ya en la Sierra Maestra participó con Fidel en la fundación de la emblemática emisora guerrillera Radio Rebelde en 1957. A través de esta plantica, narraron cómo iba progresando aquella docena de guerrilleros reagrupados en Cinco Palmas en 1956, tras lo que con razón calificó Che como naufragio, más que desembarco.

Radio Rebelde consiguió el mayor rating nacional de audiencia para finales de 1958. A través de su frecuencia el pueblo conoció lo que estaba sucediendo en el país y en contraste con los hechos, eran desmentidos los partes del Gobierno batistiano.

El Che vio allí la oportunidad de fundar un periódico producido totalmente en la Sierra Maestra, con la incorporación de Geonel Rodríguez y Ricardo Medina, dos militantes de la clandestinidad que llegaron a las montañas con un mimeógrafo a cuestas.

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Así se comenzó a editar en ‘El Hombrito’ la versión de ‘El cubano Libre’, un periódico que fue fundado por los mambises en 1888 y vuelto a imprimir el plena manigua de 1895. En su machón el primer número lleva el siguiente subtítulo: «De nuevo en la manigua redentora. Órgano del Ejército Revolucionario. Sierra Maestra. Nueva Era». El Comandante Guevara, firmó sus artículos con el seudónimo El Francotirador.

Después del triunfo de la Revolución cubana, Che cuenta a su madre que espera la llegada de Jorge Masetti, a quien va a encargar la creación de una agencia de noticias internacional. No muchos conocen que los fondos para su creación los aportó el Movimiento 26 de Julio y era el Che quien los entregaba en aquellos difíciles momentos, refirió el Semanario Orbe.

El 9 de enero en La Habana, Ernesto Che Guevara recibió a Carlos María Gutiérrez y a Jorge Ricardo Masetti, quienes junto al escritor colombiano Gabriel García Márquez, serían los iniciadores de la agencia de noticias Prensa Latina, como la voz de la Revolución ante el mundo.

Tanto «Prensa Latina», como la revista «Verde Olivo», fueron proyectos de Guevara que avalaron la función de la prensa como formadora de la ideología. En esta última, firmaría de nuevo con su antiguo alias de la Sierra Maestra.

Ernesto Guevara participó en el programa «Telemundo pregunta», que se emitía por la televisión cubana el 28 de enero de 1959, donde respondió sobre temas neurálgicos de la naciente Revolución.

Para septiembre de 1959, a su regreso a Cuba después de la primera gira que realiza por Asia, África y Europa, describe las experiencias recogidas en los diferentes países visitados, con el título de «América desde el balcón afroasiático», en «Humanismo», y una serie de artículos para la revista «Verde Olivo».

A fines de 1959 sale publicado con una dedicatoria a su amigo Camilo Cienfuegos, su libro Guerra de guerrillas.

Como Presidente del Banco y Ministro de Industrias, se concentró durante el día en tales labores y como analista de la geopolítica internacional en altas horas de la madrugada, por lo que no se sabe cómo logró producir durante cinco meses de 1960, catorce artículos en la revista Verde Olivo. Firmado como El Francotirador, para la sección Sin bala en el directo, tal como lo hiciera en la Sierra Maestra.

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La serie de artículos publicados por la revista que funcionaba como órgano de prensa del Ejército Rebelde, fueron compilados en sus «Memorias de la guerra revolucionaria».

En resumen, escribió en menos de seis años más de 70 colaboraciones de diferentes asuntos y géneros para Verde Olivo, revista a la que donó su cámara fotográfica.

El mundo conoció lo que quizá pueda catalogarse como su ideario, con la publicación el 12 de mayo de 1965 de: El socialismo y el hombre en Cuba. Fue enviado en una carta al periodista uruguayo Carlos Quijano, director del semanario Marcha.

La revista Tricontinental, Órgano del Secretariado Ejecutivo de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, recibió el mensaje enviado a la Conferencia de igual nombre celebrada en La Habana, difundido por la prensa cubana el 18 de abril de 1967.

«En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladora y nuevos gritos de guerra y de victoria». Este legado es un clásico dentro de su pensamiento, junto a la Carta de despedida a Fidel.

Una revolución que comienza, fue publicado con carácter exclusivo enla revista brasileña O´Cruzeiro (en tres partes, el 16 de junio y el primero y el 16 de julio de 1959) y posteriormente fue reproducido enen Bohemia, (Año 59, núm. 42).

«Pueden tener seguridad nuestros amigos del continente insumiso que, si es necesario, lucharemos hasta las últimas consecuencias económicas de nuestros actos, y si se lleva aún más lejos la pelea, lucharemos hasta la última gota de nuestra sangre rebelde, para hacer de esta tierra una República soberana con todos los atributos de una nación feliz, democrática y fraternal de sus hermanos de América«.

En 1963 la revista Cuba Socialista publica su valoración, que resulta tan actual en estos días: «Los yanquis intervendrán por solidaridad de intereses y porque la lucha en América es decisiva (…) Pero, de ahora en adelante, lo harán con todas sus energías; castigarán a las fuerzas populares con todas las armas de destrucción a su alcance; no dejarán consolidarse al poder revolucionario y, si alguno llegara a hacerlo, volverán a atacar, no lo reconocerán, tratarán de dividir las fuerzas revolucionarias, introducirán saboteadores de todo tipo, crearán problemas fronterizos, lanzarán a otros estados reaccionarios en su contra (…) De hecho, la eclosión de la lucha americana se ha producido. ¿Estará su vórtice en Venezuela, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador? «

Hubo en Che aptitud de escritor. Lo describe la intelectual cubana Graziella Pogolotti y afirma que las acuciantes presiones a las que estuvo sometido, también lo hicieron comprender la exigencia de ofrecer una perspectiva a largo plazo, junto al análisis de la experiencia acumulada.  “(…) Pudoroso siempre, afirmó alguna vez que todo revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor. (…) Agigantado por tan conmovedora cercanía, permanece entre nosotros, cada vez más imprescindible».

Al año siguiente de la caída en combate de Ernesto Guevara de la Serna, en 1968 se publica en Cuba el Diario del Che en Bolivia, aunque le faltaban 13 páginas censuradas por militares bolivianos. En octubre de 1987, en la mayor isla antillana fue publicada la edición ilustrada del Diario del Che en Bolivia, con todas las páginas que traía el original, gracias a la labor investigativa de un dedicado equipo de intelectuales cubanos.

Después de su asesinato en Bolivia – el 9 de octubre de 1967 enLa Higuera, provincia de Vallegrande, departamento de Santa Cruz – se publicó el artículo «Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana», donde describió los sucesos ocurridos durante o «Crisis de octubre».

En el escrito describe el valor del pueblo cubano: «Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas, y que cuando se hace sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua, salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, decisión de lucha aunque fuera solo».

Autor: Rosa María Fernández

Fuente: teleSUR