En el Caribe no se hace silencio

De los factores integrantes de la cultura en el Caribe es la música la que más evidencia la influencia de África. Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Haití y Venezuela son ejemplos vivos.

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Nicolás Guillén


27 de junio de 2026 Hora: 13:14

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Los blancos europeos colonizadores no pudieron sustraerse al “embrujo” africano  que ayudaron a trasladar a fuerza de correazos y muerte.

África está presente, muy presente en la música popular del Caribe y aunque no es su única vertiente es la más importante a la hora de definir el blues, el jazz que llaman latino, la conga, la Bomba, el son, el merengue y por ahí la lista sigue.

En algunos países del Caribe se niega la ascendencia aborigen sobre la música. No ven sus maracas. En el caso venezolano hay profundas evidencias de aportes rítmicos y melódicos, y también balanzarios, que enriquecen esa historia de tradición musical y cultural que se preserva.

Es precisamente a raíz de la llegada de los esclavizados africanos cuando se produce la más grande revolución musical del llamado nuevo continente. El ancestral sonido del tambor ha sido con el tiempo consecuente con la irreverencia, la resistencia cultural y la lucha por la dignidad. A esos africanos maltratados y vilipendiados debemos no solo música sino ejemplo.

Posiblemente la raza, la tierra y el amor sean los temas más abordados por la música en el Caribe. Amar lo que somos forma parte de esa profesión que llaman esperanza sentenciada por Catalina Curte Alonso y cantada por Ismael Rivera.

A esa negritud siempre emergente la han defendido grandes autores en nuestro continente como Ricardo Palma, Andrés Eloy Blanco y Nicolás Guillén y le han escrito y cantado personajes como Rafael Cortijo, Miguel Matamoros, Rubén Rada, Ernesto Lecuona, Jesús Rosas Marcano, Cruz Felipe Iriarte, Eduardo Serrano, Ñico Saquito, Alí Primera y Ernesto Luis Rodríguez entre otros.

Rubén Rada (Uruguay) ¿Quién va a cantar?

El poeta Jesús Rosas Marcano en Venezuela es una buena referencia de autoestima racial y buen ejemplo es el tema que entregó a los integrantes de “Un Solo Pueblo” y que éstos convirtieron en símbolo por siempre: “¿Quién ha visto negro como yo?”

¿Quién ha visto negro como yo?

También Enrique Lafontaine con el teatro- musical como propuesta logró dar a conocer no solo en Venezuela sino en toda Centro América y Estados Unidos su obra “Los negros no hacen silencio” mientras los Sones de Negros del estado Lara, es decir, el Tamunangue revelaba otra dimensión de la música de tradición.

Los Negros no hacen silencio. Polo doliente

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Las Chicas del Can de República Dominicana impusieron en su momento “El negro no puede” mientras muchos años atrás Alberto Beltrán, también dominicano popularizaba “El negrito del Batey” con la Sonora Matancera sin pensar que el boricua Luigi Texidor con “Moreno soy” (de Francisco Alvarado), junto a la Sonora Ponceña la pondría en todo el Caribe porque nació de la rumba y el sabor lo heredó del guaguancó, mientras cantando iba haciendo al mundo feliz.

En la selecta lista no podía faltar Bobby Capó con su legendaria pieza “El negro bembón” que en la voz de Ismael Rivera se convirtió en todo un clásico musical del Caribe. A lo mejor por llevárselo detenido se derramaron muchas “Lágrimas negras” al estilo del Trío Matamoros.

Conviene recordar aquello de “Si Dios fuera negro”, de Roberto Angleró que generó tantas reflexiones y comentarios, sabiendo de la plegaria de Andrés Eloy Blanco vuelta exquisitez en la voz de Toña La Negra porque hay “Angelitos negros” y “Pena negra” también, y mucha.

Si Dios fuera negro

Notable es la “Negrura” entonada por el cubano Rolando Laserie mientras “El negrito fullero” de la gaita zuliana es en el amor audaz como buen amigo y parrandero. Ya se sabe: “El negro ahí”.

“El negro Miguel”, “El negro Chombo” y hasta “El negrito de Alabama” hacen parte de la historia colectiva donde está incluida la “Misa negra” de Irakere pidiendo la protección de los orishas, que más de un “Blanco de sociedad” tiene a su lado a un Babalawo serio y capaz.

También hay “Fichas negras”, “Medias negras”, “ojos negros” y “Flores negras” (increible, pero sí).

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Ismael Rivera

El canto de cuna social  tiene un buen ejemplo en “Duerme negrito” y Alí Primera levantó el puño del “Poder Negro”. Ismael Rivera proclamó siempre “Mi negrita me espera” y Oscar D León solo decía: “Mi negra está cansá”.

Víctor Piñero. Flores Negras

Las mujeres también cuentan en este listado de sabor y color. Después de todo se trata de una inmensa masa de trabajadoras, madres, profesionales, amas de casa, investigadoras y genuinas defensoras de su tradición y su tierra. Podemos citar a “La negra Leonor” homenajeada por Ñico Saquito, de Cuba, y también a “La negra Dorotea” salida de la pluma y el canto de Cruz Felipe iriarte, hijo dilecto de La Guaira, la hermosa zona venezolana hoy sumida en dolor y dificultades, pero siempre esperanzada.

La Negra Dorotea. Lilia Vera

En medio de grandes piropos apareció el tema del mexicano Joaquín Pardavé “Negra consentida” que le ha dado la vuelta al mundo unas cuantas veces mientras “La negra Celina” lo hace al ritmo del porro sabroso de Colombia.

¿Y donde queda “La negra del maraquero” como manifestación del arte de la declamación?

Declamar hace parte de la tradición oral y se da la mano con la crónica para relatar historias, leyendas, mitos y creencias. “la negra del maraquero” es del poeta llanero Ernesto Luis Rodríguez. “Ella baila, cómo baila/ jamás quiere descansar dando vueltas por el patio/ como arena en vendaval…”

La negra del maraquero

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Oscar Martínez declamador

Entre los grandes declamadores venezolanos que la han tomado para su obra están Oscar Martínez, Víctor Morillo y Luis Edgardo Ramírez, además del Comandante Hugo Chávez quien jamás le perdió el compás.

Y ese compás Venezuela no lo pierde.

Autor: Lil Rodríguez

Fuente: teleSUR