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Imagenes para contenidos

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Publicado 24 abril 2015

De la lectura se comprende la esencia discriminatoria y racista de la República que finalmente se establece con la Constitución de 1824; la carga ideológica que van heredando las clases dirigentes criollas y mestizas a lo largo de dos siglos

El fuego y las cenizas, los pueblos mixtecos en la guerra de Independencia, de Francisco López Bárcenas, es un libro que va más allá de los propósitos de su autor. Se trata de un trabajo de largo aliento, que, aunque referido a las regiones mixtecas de las otrora intendencias de Oaxaca y Puebla, se adentra magistralmente en un periodo crucial de esta guerra que sigue a la muerte de Miguel Hidalgo, y que se identifica por los liderazgos de José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros y Vicente Guerrero, principalmente, hasta la consumación de la Independencia de México a partir de un pacto entre los distintos sectores de las clases dominantes.

El libro de López Bárcenas constituye una fresca, entretenida y significativa contribución al estudio de esta etapa formativa que da origen a una nación marcada por el relego constitucional, económico, social, político, ideológico y cultural de los pueblos indígenas y afrodescendientes, y por la derrota de los ideales que alentaron a los rebeldes plasmados en el documento conocido como Los sentimientos de la nación.

Con este libro se reafirma López Bárcenas como uno de los intelectuales comprometidos con las luchas de los pueblos más versátiles y consumados del país, que lo mismo elabora un peritaje jurídico y legislativo, en su faceta de abogado (nadie es perfecto), diserta sobre autonomía, minería, derechos y movimientos indígenas, en su vertiente sociológica-antropológica, que escribe sobre diversos temas contemporáneos e históricos, que lo sitúan como un reconocido cronista e historiador, además de articulista habitual de La Jornada.

Con todo y que la narrativa historiográfica ocupa buena parte de sus 343 páginas, la obra no carece de un sustrato teórico interpretativo riguroso y persuasivo, que sin el cultismo que caracteriza a muchos colegas de la academia extractivista da cuenta de la matriz de clase, coloreada por los anclajes étnico-culturales de los sectores sociales, estamentos, personajes, dirigentes y pueblos que participan en la cruenta y prolongada guerra de Independencia. El fuego insurgente y sus cenizas son explicados, en su parte medular, como la lucha entre dos facciones de españoles, los peninsulares y los criollos, unos que controlaban la economía y la política, y otros que aspiraban a hacerlo. Pero el texto no se queda aquí. Presenta, de manera paralela y complementaria, la participación de los distintos pueblos mixtecos en el movimiento insurgente, que se enrolaron en la guerra como una forma de zanjar sus diferencias con los españoles, fueran éstos criollos o peninsulares. López Bárcenas asienta que, inconforme con una versión oficial de nuestro pasado, se propuso escribir una historia que expusiera la participación de los pueblos mixtecos en este movimiento, sus motivaciones, formas y resultados de su aportación a la causa. Así fue como, además de la investigación documental, a partir básicamente de las proclamas de los insurgentes y los partes de guerra de las fuerzas realistas, Francisco recorrió durante tres años los lugares de las grandes gestas, conversando con los descendientes de quienes conformaron las tropas y encabezaron a sus pueblos durante la guerra, el chatino Antonio Valdés, los mixtecos Valerio Trujano y José Remigio Sarabia, el tlapaneco Mariano Maldonado, el negro de la Mixteca costeña Juan del Carmen, entre muchos otros insurgentes.

La obra, estructurada en 14 capítulos, da cuenta de las causas que provocaron el descontento que lleva a una guerra; la manera en que las ideas de Independencia se fueron introduciendo en la Mixteca; los primeros brotes insurgentes, los lugares donde sucedieron y la composición social de los participantes; la forma en que las tropas insurgentes ocuparon y dominaron la región; la respuesta realista para armar la contrarrevolución; la forma en que los insurgentes se reponen; las batallas más importantes cuando la lucha ya iba en decadencia; las deserciones de los españoles rebeldes, junto con su tropa, y el pacto que puso fin a la guerra.

Destaca la extraordinaria crudeza de la guerra, con sus incontables bajas en muertos y heridos de ambos bandos

El autor se propuso hacer una historia amena, de divulgación, dirigida principalmente a los mixtecos que no han accedido a una educación especializada; de ahí su estilo de crónica, reportaje y, para ser más precisos, corresponsalía de guerra, que tiene el escrito. El resultado del esfuerzo es una narrativa que trasciende la época histórica, y el paso de las páginas da lugar a un interés creciente en el seguimiento de las innumerables batallas, las tácticas y estrategias de ambos bandos, la descripción del origen socio-étnico, personalidad, cualidades y defectos de los distintos jefes insurgentes y realistas, el destino trágico, heroico o patético de cada uno, en sus grandezas y debilidades, alianzas y rivalidades, adquiriendo la investigación un valor literario poco común en libros de historia. El lector queda aferrado a trama, vicisitudes y personajes. Destaca la extraordinaria crudeza de la guerra, con sus incontables bajas en muertos y heridos de ambos bandos, la lucha sin cuartel en la que “pasado por las armas” constituye un parte militar recurrente y cotidiano.

De la lectura se comprende la esencia discriminatoria y racista de la República que finalmente se establece con la Constitución de 1824; la carga ideológica que van heredando las clases dirigentes criollas y mestizas a lo largo de dos siglos. Con la Independencia, afirma López Bárcenas, “la situación de los pueblos no cambió positivamente, su condición de sometimiento siguió igual o peor que cuando eran colonia española: no se les devolvieron sus tierras, se les siguió explotando y no se les permitió gobernarse por ellos mismos. Es más, los nuevos dueños del naciente país reconocían de ellos sólo el pasado, pero en el presente los negaban como grupo social, con cultura e identidad propia”.

Felicito a mi colega y compañero Francisco López Bárcenas por esta investigación tan coherente y bien lograda, que resulta de especial trascendencia para las luchas que están dando los pueblos indígenas en el presente contra el despojo y la nueva guerra que libran en defensa de sus territorios y sus recursos; en esta nueva insurgencia que no busca una alternancia entre grupos dominantes, sino la construcción de una nueva nación de pueblos autónomos, libres y emancipados.


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