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La representación venezolana sumó otra medalla en su participación en el Panamericano de esgrima en Colombia (Foto:Archivo)

La representación venezolana sumó otra medalla en su participación en el Panamericano de esgrima en Colombia (Foto:Archivo)

Publicado 25 febrero 2014

Este lunes, la fiscal general, Luisa Ortega Díaz hizo de conocimiento público el estatus legal de las denuncias que han sido procesadas la última semana. En dicha rueda de prensa, la Fiscal destacó que el Ministerio Público ha recibido 13 denuncias de violaciones de derechos fundamentales en relación a las protestas. Trece, y no “miles” como quieren hacer notar medios y factores políticos interesados que contribuyen deliberadamente con el enrarecimiento general.

Es cosa sabida que el recurso de los derechos humanos es una de las vías preferidas para activar los mecanismos de satanización mediática allanando el camino para ejecutar por distintas vías la intervención extranjera. “No hay oficinas del Ministerio Público en los canales de televisión privados”, recordó la Fiscal.

Y más que un comentario inteligente, lo dicho por Ortega Díaz apunta a señalar la nada bienintencionada costumbre de usar los medios de comunicación alineados contra Venezuela como tribunal y última palabra sobre lo que es denunciable o no, de por qué es denunciable, y por qué nunca se esclarece sino que, por el contrario, se amplifica a niveles exacerbados que adulteran cualquier investigación.

Un caso difícil (y descarado)

Es noticia extendida, hipertrofiada, explotada por la prensa, la televisión y los medios digitales en los últimos días el que uno de los jóvenes que han sido detenidos por su participación en los hechos de violencia que han azotado algunas de las ciudades más grandes del país fue violado por la Guardia Nacional Bolivariana con el cañón de un fusil.

El joven Juan Manuel Carrasco no posee un examen médico que avale su denuncia, pero los medios de comunicación y las redes sociales han servido para instalar la matriz de las violaciones y torturas en la opinión pública nacional, y especialmente en la internacional.

Según denuncia la fiscal, no existe rastro en el cuerpo del joven que asemeje los severos daños físicos que habría dejado una acción como la denunciada por el joven. En esta sociedad machista, cualquier hombre que se decida a lanzarse con valor a denunciar una violación de ese tipo, mínimo debería apertrecharse con cuanto examen y testigo le sirva como prueba, pero este joven no tiene ni una foto, ni el rastro de una lesión.

En una primera audiencia de presentación realizada el pasado 15 de febrero, ni el joven denunciante ni su abogado informaron sobre violación alguna. La denuncia de violación fue posterior, y en palabras de la fiscal “otro abogado sale después denunciando a los medios que hubo violación con un fusil. Hay que decir las cosas en clara voz, nada dijo en la audiencia de presentación”.

El canal español Antena 3, así como su sitio web, han hecho referencia al caso “del español Juan Carrasco” (¿qué hace un ciudadano español alterando el orden público en Venezuela?) con la posible intención de generar una reacción por parte del gobierno español, sin embargo este último no se ha pronunciado (lo cual se explica también por la falta de evidencias que sustenten las acusaciones del joven).

Agresiones que no son juego (sino guerra psicológica)

La violación es frecuentemente utilizada como un arma de guerra. En el Congo un 22% de los hombres han sido abusados sexualmente, según afirma un artículo que, además, aclara: “en un conflicto armado en el que la violencia está por todas partes, la violación es un instrumento de dominación total, de subyugación completa”. De allí la “conveniencia” de victimizar públicamente a los estudiantes que han protestado en los últimos días, y con ello satanizar automáticamente al Gobierno revolucionario. Sin pruebas.

En otro enlace de fácil acceso encontramos un artículo más, de marzo de 2012, en el que se afirma que las tropas de Muammar Al Gadaffi habrían violado tanto a hombres como a mujeres, y peor aún, que “no se ha llevado a cabo ninguna investigación en relación con las infracciones cometidas” por los “excombatientes rebeldes”.

El brutal asesinato del líder libio se vería justificado por estas y otras acusaciones igual de fuertes. En otro texto se afirma que Gadaffi, además de mujeres y hombres, también habría violado niños y ministros.

Hay además un artículo que habla de la violación como arma de guerra en Libia, y concluye que “las organizaciones de Derechos Humanos, la ONU y la Corte Penal Internacional no deben dejar pasar más tiempo para dictaminar qué está sucediendo exactamente”.

Uno más, en la misma línea, se titula “La violación se convierte en arma de guerra en Siria”, indica que “no se puede demostrar la implicación del Presidente Al Assad en las violaciones denunciadas”, pero arguye que “sus mandos no hacen nada para evitar los abusos”, al tiempo que hace un guiño a la ONU y otras organizaciones gringas de derechos humanos.

La similitud entre ambos artículos da cuenta de una operación fría, premeditada, cuya intención es la de aterrorizar al público y dirigir su opinión hacia donde más le conviene a los intereses estadounidenses.

En horas de la mañana de este lunes, el gobernador del estado Táchira, José Vielma Mora, declaró que las manifestaciones estudiantiles comenzaron es esa entidad el día 5 de febrero pasado a raíz de la violación de una joven estudiante de la ULA. Hasta los momentos, y pese a que la joven ha sido buscada para que presente la denuncia formal ante las autoridades y de ese modo poder iniciar una investigación, dicha estudiante no ha sido encontrada: la violencia andina que hemos visto desatarse durante casi tres semanas podría tener un origen ficticio.

Fuente: http://misionverdad.com/?p=4102


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