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Con la nueva renuncia se abre la tercera crisis ministerial en el Gobierno conservador de Portugal. (Foto: Archivo)

Con la nueva renuncia se abre la tercera crisis ministerial en el Gobierno conservador de Portugal. (Foto: Archivo)

Publicado 12 marzo 2014

Sin movimiento obrero suena peligroso. Quizá la convocatoria pública que hizo la dirigencia para marchar el 18 de marzo en defensa del petróleo y el 1 de mayo en memoria de los Mártires de Chicago y los millones que se acumulan, sirva para iniciar la movilización que, como bien dijo en su saludo inicial Pablo González Casanova, tendría que incorporar a la mayoría no asalariada reducida al trabajo calificado de “informal” por patrones y gobierno empeñado en someterla a la formalidad que no es otra cosa que el pago de impuestos, licencias y, por supuesto, mordidas y cuotas de protección de inspectores de todo tipo, mucho más déspotas que los de organizaciones criminales.

Noventa organizaciones obreras de 20 entidades nombraron a 375 delegados al congreso de fundación.
Problema principal es que el proletariado agoniza. Hay obreros asalariados con derechos disminuidos según el arbitreo patronal y estatal que alega que sin contratos colectivos, sin cuotas patronales para salud, educación, vivienda y transporte, sin jornada, obra y lugar de trabajo fijos, ha quedado abierta la contratación temporal para el empleo de los millones de solicitantes desesperados. Los sindicatos han sido incapaces de detener esta regresión histórica y en México, el despotismo ha sido tan terrible como la ocupación militar de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro con el despido de decenas de miles de trabajadores.

Las primeras movilizaciones del SME fueron espectaculares porque al contingente de decenas de miles de electricistas se sumaron colonos precaristas, trabajadores de la educación y estudiantes sometidos, campesinos despojados, jubilados y pensionados agonizantes. Creció la audiencia con las brigadas móviles de electricistas en resistencia sembrando embriones de organizaciones de usuarios. Abogados solidarios encontraron en la figura legal de patrón sustituto la permanencia de los contratos colectivos y el SME sobrevivió a la campaña permanente de los medios con patrocinio estatal, incluido el de los consorcios dominantes en el Estado manipulador de las negociaciones inútiles con las secretarías de Gobernación y del Trabajo.

Funcionó al principio la táctica de las movilizaciones acompañando al diálogo y negociación, pero a la larga, el prolongado plantón en el Zócalo, la abnegada huelga de hambre, las movilizaciones en la capital y en los estados fueron desalentadas por las intimidaciones del Estado. La solidaridad internacionalista dio lugar a exitosas giras de los dirigentes a la par que los periodistas de opinión izquierdista escribían en repudio al gobierno de Calderón denunciando la escalada del poder de los consorcios organizados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en todo el mundo.

Permaneció, sin embargo, la esperanza de construcción de una línea proletaria que coordinara a los afectados por la globalización y sus secuelas de corrupción. La esperanza disminuyó en la medida de las ofertas de Estado para reabrir las cuentas bancarias del SME, de atender los fondos de pensiones y servicios, de mejorar la oferta de indemnizaciones para la posible organización de cooperativas de trabajadores.

En especial el gobierno del DF abrió la posibilidad incumplida de formar empresas de servicio y mantenimiento de la energía eléctrica pública urgida de reparaciones. Las asambleas primero combativas, las marchas bien nutridas, las solidaridades a la orden, lograron vencer el intento de formación de una dirigencia espuria cuyo impulsor terminó en la cárcel.

Pero se impuso la sensatez de bajarle a las movilizaciones y a las guardias e intentos de ocupación de centros de trabajo eléctrico. Había que mostrar civilidad para merecer el buen trato del gobierno que firmó acuerdos con el SME mientras la campaña insidiosa de los medios no paraba y la Suprema Corte de Justicia reconocía parcialmente los derechos de los trabajadores. A la par el garrote: siguen en prisión compañeros activistas sorprendidos en alguno de los enfrentamientos con la ley y el orden.

Los intentos frentistas intentados por el SME mostraron su inoperancia pero pueden ser renovados. El Sindicato de Mineros con su dirigente prófugo en Canadá, el de telefonistas dominado por la familia Hernández Juárez en camino al medio siglo en el poder, el STUNAM promoviendo al rector guapo y brillante a la Presidencia de la Republica, resultaron incapaces de ir más allá de la declaración “enérgica” (sic) celebrada por los articulistas progres. La sensatez coqueteaba con el obradorismo, con el cardenismo, hacía de Manuel Bartlett el invitado de honor contra el neoliberalismo, todo en beneficio de avanzar poquito a poco hasta triunfar del todo.

Ahora, la terca realidad tendría que aclarar la ruta. La convocatoria para la nueva central llama a discutir estatutos y formas de representación y dirección. A la par, se ha solicitado el registro de la Organización Política Nacional. Tal parece que, a la par de un proyecto electoral, se trata de construir una base política y social de los trabajadores.

La línea proletaria sin movimiento obrero se ve difícil pero necesaria y urgente. Es posible si afecta la producción, si concreta proyectos autogestivos con una legión de trabajadores altamente especializados. Los trabajadores de la educación en el proyecto tendrían que alentar la construcción de la “democracia cognoscitiva” propuesta por José Revueltas como crítica colectiva teórico-práctica. El ejemplo del Che, sus escritos económico-políticos contra la ley del valor tendrían que llegar a las asambleas con el impulso de maestros y estudiantes de avanzada.

El internacionalismo necesario tendría que ser radical, ir a la raíz del poder de los consorcios, los tratados de libre comercio, los convenios político-militares como el de la Alianza para la Seguridad de América del Norte, que reduce a México a la guerra de baja intensidad como estrategia contrainsurgente.

Esta es la hora de probar la afirmación del Manifiesto Comunista: los proletarios no tienen patria, pero son la única clase capaz de proyecto nacional. Hay que dejar a los estatólatras sensatos la guía al pueblo de pantano en pantano, como decía Mella en los años 20, con la certeza de que la construcción del socialismo desde ahora es el mejor proyecto histórico.

La memoria reciente tiene que ser activada con la reflexión sobre la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, el triunfante Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, con proyectos de autonomía como el de Cherán, con el orden productivo autónomo de más de 60 mil zapatistas organizados como caracoles pacientes y constantes con duro caparazón y con el signo de la curva abierta para seguir y seguir. Esta es la hora de exigirle a la nueva central obrera la urgencia de avanzar sin sensateces retardatarias.

Fuente: http://bit.ly/1gnu51o


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