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Hace cinco años (enero de 2011) varios países de Medio Oriente fueron sacudidos por revueltas, levantamientos, protestas e intervenciones encubiertas que dejaron como resultado una reconfiguración del mapa de la región. Desde entonces las crisis internas han escalonado sumiendo a esta estratégica región del planeta en un clima de inestabilidad permanente. A los anteriores hechos se les denominó por Occidente como “Primavera Árabe”.

 

El fenómeno comenzó con la llamada revolución tunecina, cuya fecha de inicio suele contarse desde la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que protestó contra la policía, el cuatro de enero de 2011. 

¿Pero cuales fueron los antecedentes, posibles causas y actores más relevantes durante la denominada Primavera Árabe? ¿Fue espontánea la Primavera Árabe?,¿qué intereses geoestratégicos y políticos hubo detrás de ella?, ¿qué países cayeron bajo esta oleada de protestas y qué intereses estaban en juego? ¿Cuál fue el papel de las potencias occidentales?

En meses, 3 gobiernos prooccidentales fueron derrocados en el mundo árabe: en El Líbano el parlamento expulsó del poder al gobierno de Saad Hariri y los movimientos populares derrocaron a Zine el-Abbidine Ben Ali en Túnez y, en Egipto, a Hosni Mubarak, posteriormente arrestado.

Estos cambios de régimen se acompañaron de manifestaciones contra la dominación estadounidense y el sionismo. Favorecieron, en el plano político, al eje de la resistencia conformado, en el plano estatal, por Irán y Siria, y en el plano infraestatal por los movimientos Hezbollah y Hamas.

Para imponer la contrarrevolución en la región, Washington y Tel Aviv recurrieron a su mejor apoyo: Arabia Saudita y su clan gobernante.

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El gigantesco movimiento popular que sacudió a la totalidad del mundo árabe desde sus primeros temblores iniciados en Túnez el 17 de diciembre de 2010 vino determinado por una larga y profunda acumulación de elementos explosivos:

Las raíces de las revueltas árabes no deben buscarse en la escasa “división de poderes” o en las imperfectas “Constituciones” de esos países, sino en la dependencia económica y financiera de dichas naciones, el enorme endeudamiento inmobiliario de los hogares, la geopolítica de los hidrocarburos y el intervencionismo de los distintos bloques imperialistas.

No se trató de movimientos “espontáneos”, sino de dinámicas populares de larga duración, que hunden sus raíces en las Revueltas del Pan de los años 70 y 80, que fueron provocadas por los programas de ajuste estructural o, por emplear la nomenclatura actual, por los “planes de austeridad” del FMI.

A finales de 2010 se volvió a producir un repunte histórico de los precios mundiales de los productos alimenticios. Esta fue la chispa que hacía falta para desencadenar el proceso. Pero si las causas no son las que decía la gran prensa, tampoco lo fueron los métodos. El sabotaje, el bloqueo de carreteras, la huelga y el enfrentamiento directo con las fuerzas del orden fueron la verdadera cara de la primavera árabe..

Además, la oleada huelguística en Egipto, por ejemplo, se desarrolló contra la voluntad de la Federación Nacional de Sindicatos Egipcios, que representa algo similar a las CC OO y UGT del Estado español. En Túnez sucedió casi exactamente igual: las huelgas fueron promovidas por los trabajadores, totalmente al margen de la Unión General de Trabajadores Tunecinos, que las rechazó explícitamente. Lo mismo podría decirse en el caso de Argelia: la Unión General de Trabajadores Argelinos era conciliadora y opuesta a las movilizaciones. 

A los anteriores factores hay que sumar la falta de crecimiento económico, la inmensa tasa de desempleo (la media más alta de todas las regiones del mundo), la corrupción endémica generalizada, las descomunales desigualdades sociales, los gobiernos despóticos carentes de legitimidad democrática, el trato de súbditos serviles que recibían los ciudadanos, etc.

La gran masa de gente que emprendió la acción por toda la región árabe fue una amalgama que comprende un amplio abanico de capas y categorías sociales afectadas en diverso grado por algunos factores del complejo espectro de elementos determinantes que hemos mencionado. Sin embargo, la mayoría compartía una aspiración común a la democracia, relativa sobre todo a las libertades políticas, la celebración de elecciones libres y limpias y la redacción de constituciones democráticas. Estos fueron algunos de los denominadores comunes que aglutinaron a las masas implicadas en el levantamiento en todos los países árabes en los que se manifestó con vigor.

Detrás de todos estos levantamiento pronto se hizo visible la mano de las potencias occidentales, como siempre, con EE.UU. y Francia, entre otros, a la cabeza.

El periodista e intelectual francés, Thierry Meyssan, relata que cuando se hallaba en Libia, durante la agresión «occidental», tuvo la oportunidad de consultar un informe de la inteligencia exterior. El informe decía que el 4 de febrero de 2011 la OTAN había organizado en El Cairo una reunión para iniciar la «primavera árabe» en Libia y Siria. Según el informe, John McCain había presidido la reunión. Aquel documento contenía una lista detallada de los participantes libios, encabezados por el segundo personaje más importante del gobierno libio de la época, Mahmud Jibril, quien había cambiado abruptamente de bando al entrar en aquella reunión para convertirse en el jefe de la oposición libia en el exilio. Recuerda Meyssan que, entre los delegados franceses presentes, el informe citaba el nombre de Bernard-Henry Levy, personaje que nunca ha ejercido oficialmente ningún tipo de función en el gobierno francés. Muchas otras personalidades participaron en aquel encuentro, entre ellas una nutrida delegación de sirios residentes en el extranjero.

Túnez

​Según los especialistas la Primavera comenzó en Túnez, país que durante varios años estuvo gobernado por el dictador Zin Al Abidin Ben Ali. Las protestas en su inicio reclamaban el aumento de los salarios y mayores medidas por parte del gobierno para enfrentar la creciente carencia que se sumía el país norafricano. Poco a poco y condicionado por la falta de implicación del propio Ben Ali en la solución de los problemas, las manifestaciones tomaron un giro sorprendente hasta comenzar a exigir la salida del dictador y su familia del poder. Juan Cole, especialista en asuntos de la región árabe expresó en su artículo "Lo que la revolución tunecina y WikiLeaks nos dicen sobre el apoyo de EE.UU. a dictaduras corruptas en el mundo musulmán":

Los cables del Departamento de Estado publicados a través de WikiLeaks son notablemente reveladores cuando tienen que ver con cómo el hombre fuerte tunecino Zine el-Abidine Ben Ali y su familia ampliada (incluido el clan de su esposa Leila Trabelsi) se pegaron a la economía tunecina y le chuparon la sangre. Las fascinantes descripciones de diplomáticos estadounidenses hacen que la “familia” presidencial suene como vampiros de True Blood que triunfan sobre Bontemps, Luisiana.

En julio de 2009, por ejemplo, el embajador de EE.UU. cenó con Nesrine Ben Ali el-Materi y Sakher el-Materi, la hija del presidente y su yerno, en su suntuosa mansión. Materi, quien ascendió gracias al nepotismo para dominar los medios tunecinos, ofreció una cena de 12 platos, con jugo de kiwis -”no disponible normalmente aquí”- y “helado y yogurt helado traído en avión de Saint Tropez”, todo servido por un enorme personal de sirvientes bien remunerados. El embajador notó el tigre mascota de la pareja, “Pasha”, que consumía “cuatro pollos por día” en tiempos de extrema penuria económica para tunecinos de a pie.

Otros cables detallan la manera como los clanes Ben Ali y Trabelsi participaban en una versión tunecina de negocios ilícitos con información privilegiada, utilizando su conocimiento de las futuras decisiones económicas del presidente, para tragarse bienes raíces y compañías de las cuales sabían que aumentarían repentinamente de valor. En 2006, el embajador de EE.UU. estimó que un 50% de la élite económica de Túnez eran parientes consanguíneos o por matrimonio del presidente, un grado de nepotismo difícil de encontrar fuera de algunas de las monarquías del Golfo Pérsico.

Egipto

Gobernado con mano dura desde 1981 por Hosni Mubarak, Egipto fue otro de los escenarios de la Primavera Árabe. Aunque la realidad de Egipto es muy diferente a la tunecina, las expresiones encontraron un punto catalizador tras la caída de Ben Ali el 14 de enero. La mayoría de los reclamos iban en contra del deterioro de la situación social y favor de mayores medidas del gobierno para detener el impacto de la crisis y el ascenso de los precios de los alimentos en la población. A principios del año, focos de manifestaciones se sucedieron en varios espacios del país, principalmente en El Cairo la capital y la ciudad de Alejandría donde el 28 de enero, casi medio millón de personas provocaron una inmensa manifestación que provocó la salida de las fuerzas policiales. Tras estos hechos, Mubarak convocó a los manifestantes a regresar a sus casas e hizo la propuesta para iniciar un proceso de reconciliación nacional proponiendo cambios sustanciales en la nómina del gobierno aunque sin tocar para nada su permanencia como presidente de la nación.

Libia

A finales de febrero de 2011 la situación política en Libia se deterioró rápidamente. Numerosas manifestaciones contra el Coronel Gadafi se sucedieron por todo el país, alentadas por los gobiernos occidentales. Varios funcionarios de alto rango decidieron desconocer la autoridad del gobierno y sumarse a la insurrección. Los alzados anunciaron la formación de un gobierno paralelo en Bengasi bajo el nombre de Consejo Nacional de Transición. Este gobierno estuvo dirigido por Mustafá Abul Jalil, quien hasta el 21 de febrero se desempeñara como Ministro de Justicia de Gaddafi. Dos meses antes, Amnistía Internacional lo había puesto en la lista de los responsables de violaciones de derechos humanos en África del Norte.

En los dos primeros meses del conflicto los grupos armados dominaron el este del país, basificándose en Bengazi, y algunos puntos aislados del resto del país. La ofensiva del ejército libio, apoyado por la aviación estaba a punto de aniquilarlos cuando se produjo la intervención armada de la OTAN, amparada en una resolución de las Naciones Unidas que les permitía la creación de una zona de exclusión aérea.

Inmediatamente la OTAN violó la resolución de la ONU y comenzó una intervención abierta a favor de las bandas armadas, bombardeando por mar y aire las fuerzas de Gadafi y destruyendo su equipamiento, aviación, fuerzas blindadas y líneas de suministros. Esto produjo un viraje radical en la guerra y los supuestos rebeldes, en medio de una gran campaña mediática, entraron en Trípoli en agosto. Rápidamente fueron reconocidos por la mayor parte de la comunidad internacional, a pesar de que en varias regiones de Libia aún se combatía.

En octubre, Gadafi fue sorprendido por un bombardeo de la OTAN mientras abandonaba Sirte en una caravana de vehículos. Capturado herido por los milicianos fue vejado y brutalmente asesinado por estos y su cadáver exhibido públicamente. Tras la muerte del líder libio y la caída de Bani Walid terminó la guerra con la victoria de las bandas armadas que sumieron al pais en la inestabilidad e ingobernabilidad que se mantiene cinco años después.

Siria

A principios de febrero de 2011, en momentos en que no había en Siria ningún tipo de manifestación, apareció en Facebook una página titulada The Syrian Revolution 2011. En dicha página se convocaba a un«Día de la cólera» que debía tener lugar el viernes 4. Aunque Al-Jazzera se hizo eco de la convocatoria, esta no encontró seguidores en ninguna parte. El canal de televisión qatarí deploró tal ausencia de reacción y denigró a Siria, calificando ese país de «reino del silencio» (sic). Varios hechos violentos se sucedieron en puntos aislados del país y pronto se desencadenó una fuerte agresión secundada desde el exterior que ha dejado decenas de miles de muertos, heridos y millones de desplazados.

En mayo de 2013, el senador John McCain estuvo ilegalmente cerca de Idleb, en territorio sirio, donde llegó a través de Turquía para reunirse con líderes de la llamada «oposición armada». El viaje sólo se hizo público a su regreso a Washington.

La estancia de McCain en territorio sirio fue organizada por laSyrian Task Force. Contrariamente a lo sugiere su nombre, la Syrian Task Force es una organización sionista encabezada por un palestino asalariado del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel, uno de los grupos de presión sionistas más importantes del mundo.

En las fotos publicadas podía verse junto al senador a Mohammad Nur, vocero de la Brigada Tempestad del Norte –miembro del Frente al-Nusra, (o sea de al-Qaeda en Siria), que había secuestrado y aún retenía en su poder a 11 peregrinos chiitas libaneses en Azaz [9]. Interrogado sobre su relación con secuestradores miembros de al-Qaeda, el senador McCain dijo que no conocía a Mohammad Nur y afirmó que el individuo se había metido en la foto.

Los resultados de la llamada Primavera Árabe están a la vista de todo el mundo. En Egipto, con los sueños de millones de personas traicionados, cambió todo para que todo siguiera igual. Libia es hoy un estado fallido con dos grupos que se denominan Gobierno y dos parlamentos. Un país federado, sin monopolio de la violencia por un Estado y en el que cada cuadra, cada localidad está dominado por bandas armadas más preocupadas por robar el petróleo que por el bienestar de sus habitantes. Yemen, Siria e Irak resisten las arremetidas de bandas armadas fundamentalistas financiadas por Arabia Saudita y sus socios occidentales y sin claras perspectivas de soluciones a corto plazo.

Lo que se quiso mostrar al mundo como un renacer de una nueva cultura política y paradigma de cambio pronto se reveló como una crisis sistémica más de un capitalismo que con uñas y dientes se aferra a sus privilegios en el otoño de sus días.

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