De Taiwán a Medio Oriente, rivalidad China-EE.UU. eleva el riesgo de conflicto, dice profesor chino

El profesor Qu Qiang, de la Universidad Minzu de China, analiza en entrevista exclusiva con teleSUR las implicaciones del encuentro entre Xi y Trump.

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Qu Qiang, vicedecano de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Minzu de China, durante su entrevista exclusiva con teleSUR. Foto: Bruno Falci / teleSUR.


1 de octubre de 2026 Hora: 11:55

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Desde la cuestión de Taiwán hasta la guerra en Medio Oriente, la rivalidad entre China y Estados Unidos ha pasado a involucrar riesgos que trascienden las disputas comerciales y tecnológicas y que pueden tener consecuencias para la seguridad internacional. Para el profesor Qu Qiang, vicedecano de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Minzu de China, la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump en Washington debe entenderse precisamente en este contexto: no como un intento de poner fin a la rivalidad, sino de crear mecanismos para gestionarla.

“Lo más importante de esta reunión no es que haya producido un avance dramático, sino que haya ayudado a impedir que la relación entre China y Estados Unidos vuelva a entrar en un nuevo ciclo de confrontación”, afirma Qu en entrevista exclusiva con teleSUR.

El encuentro entre ambos presidentes tuvo lugar después de meses de negociaciones comerciales y en un escenario internacional marcado por la guerra en Medio Oriente, las tensiones en torno a Taiwán y la creciente disputa tecnológica entre Washington y Beijing. Para Qu, esta combinación explica por qué la reunión no debe analizarse únicamente a partir de los acuerdos comerciales anunciados tras el encuentro. Lo que está en juego es la capacidad de las dos potencias para establecer límites a una competencia que se ha vuelto estructural.

Para el profesor, mantener el diálogo directo entre ambos presidentes es importante precisamente porque la rivalidad entre las dos potencias involucra cuestiones que pueden llevar a confrontaciones y producir consecuencias mucho más allá de la relación bilateral.

“La relación ya no es simplemente una disputa comercial. Ahora involucra aranceles, tecnología e inteligencia artificial, tierras raras, el Estrecho de Taiwán, seguridad militar y la guerra en Medio Oriente.”

El comercio continúa siendo la cuestión más inmediata de las relaciones bilaterales. Según Qu, los acuerdos alcanzados por ambos países dan más tiempo a las negociaciones y reducen, al menos temporalmente, el riesgo de una nueva escalada arancelaria.

“El comercio sigue siendo la cuestión más inmediata y tangible.”

Entre los puntos discutidos se encuentran la reducción de aranceles sobre productos no sensibles, la creación de un Consejo de Comercio bilateral, el acceso al mercado agrícola y las negociaciones sobre tierras raras y minerales críticos. Los dos países también avanzaron en el diálogo sobre inteligencia artificial.

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Para Qu, la IA presenta una característica particular: al mismo tiempo que se ha convertido en un área de competencia estratégica, también exige cierto grado de cooperación para discutir riesgos y evitar usos considerados peligrosos. La cuestión de las tierras raras sigue una lógica similar, ya que China continúa siendo central en diversas cadenas globales de estos minerales, mientras Estados Unidos busca reducir sus vulnerabilidades de suministro.

En este escenario, Qu sostiene que la relación económica no debería regresar al modelo de integración irrestricta que marcó décadas anteriores.

“El modelo que está surgiendo probablemente será de interdependencia gestionada: las dos economías continuarán comerciando ampliamente, pero las tecnologías sensibles, los recursos estratégicos y los sectores relacionados con la seguridad nacional seguirán siendo objeto de una fuerte disputa.”

Entre los temas discutidos por Xi y Trump, Taiwán ocupa una posición particularmente sensible. Para Beijing, la isla forma parte del territorio chino y la cuestión está directamente relacionada con los llamados intereses fundamentales de China.

Durante el encuentro, Xi pidió a Estados Unidos que se oponga a la independencia de Taiwán y trate la cuestión con cautela. Washington, por su parte, mantiene relaciones no oficiales con Taiwán y continúa suministrando armamento a la isla, mientras afirma apoyar la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán.

Para Qu, Taiwán es el punto de la relación bilateral que entraña el mayor riesgo de una eventual confrontación militar.

“Taiwán es probablemente la cuestión políticamente más sensible de toda la relación, porque, a diferencia de los aranceles o las compras agrícolas, toca directamente los intereses fundamentales de China y la posibilidad de una confrontación militar entre China y Estados Unidos.”

Según el profesor, el objetivo inmediato de Beijing es evitar un deterioro adicional del entorno estratégico alrededor de la isla. Esto incluye, en su análisis, limitar o retrasar nuevas ventas de armas e impedir medidas que puedan ser interpretadas por Beijing como apoyo a la independencia de Taiwán.

Al mismo tiempo, Qu señala que Washington también atribuye importancia estratégica a la cuestión y mantiene compromisos de seguridad con aliados en Asia. Por ello, el profesor no espera que una reunión entre Xi y Trump sea capaz de resolver la cuestión de Taiwán.

“El objetivo más realista es la gestión de crisis: mantener la situación política y militar lejos de una escalada, preservando espacio para futuras negociaciones.”

La guerra en Medio Oriente añade otra dimensión a la rivalidad entre las dos potencias. El conflicto que involucra a Irán tiene consecuencias económicas que van más allá de las fronteras de la región, especialmente por sus efectos sobre los precios de la energía y la seguridad de las rutas marítimas.

Durante la reunión, Xi y Trump también intercambiaron opiniones sobre Medio Oriente, Ucrania y la península de Corea. Según el Gobierno chino, Xi apoyó los esfuerzos para que Estados Unidos e Irán retomen un alto el fuego y avancen posteriormente hacia un acuerdo de paz.

Para Qu, sin embargo, Beijing no debe convertirse en un instrumento de la política de Washington hacia Teherán.

“Es poco probable que China simplemente se convierta en un instrumento de la política de Estados Unidos hacia Irán. Beijing tiene sus propios intereses en mantener las relaciones con Teherán, garantizar la seguridad energética y preservar la libertad de navegación y la estabilidad regional.”

El profesor considera que la contribución china tenderá a darse mediante el incentivo a la contención, el apoyo a las negociaciones y el uso de sus relaciones diplomáticas y económicas en la región para facilitar la comunicación.

La guerra en Gaza también continúa siendo uno de los principales focos de tensión internacional. China defiende un proceso político y la implementación de la solución de dos Estados como vía para una salida duradera al conflicto. Para Qu, la dimensión internacional de la reunión está precisamente en la posibilidad de establecer mecanismos de cooperación entre Beijing y Washington en asuntos cuyos efectos trascienden la relación bilateral.

“Si China y Estados Unidos logran establecer mecanismos de cooperación sobre Irán, seguridad energética, inteligencia artificial y otras cuestiones globales, a pesar de la rivalidad bilateral, esto podría tener consecuencias mucho más allá de los dos países.”

Aunque América Latina y el Caribe no fueron el centro de la reunión, la relación entre Washington y Beijing también tiene efectos sobre la región.

En el caso de Cuba, el contexto está marcado por el endurecimiento de las medidas de presión de Estados Unidos. En febrero, el G77 + China criticó nuevas medidas relacionadas con el bloqueo, incluidas restricciones al suministro de petróleo y sanciones contra terceros que mantengan relaciones comerciales legítimas con la isla.

La cuestión también tiene impactos humanitarios. En junio, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos afirmó que las sanciones estadounidenses estaban poniendo vidas en riesgo y pidió su suspensión.

Para Qu, Beijing tiene interés en impedir que la rivalidad con Washington se transforme en un nuevo frente de confrontación en torno a Cuba.

La situación venezolana está aún más directamente vinculada a la disputa geopolítica. En enero de 2026, fuerzas de Estados Unidos capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro durante una operación militar. El Gobierno venezolano calificó la acción como un secuestro, mientras expertos en derecho internacional cuestionaron la base jurídica para el uso de la fuerza.

Meses después, la propia Casa Blanca comenzó a presentar su política hacia Venezuela en términos de una recuperación de la llamada Doctrina Monroe, afirmando que el Gobierno de Trump había “restablecido” la doctrina en la región.

Es en este contexto que Qu analiza los efectos de la rivalidad sobre América Latina.

“Para Venezuela, las implicaciones son más geopolíticas. Washington ha aumentado drásticamente su énfasis en el Hemisferio Occidental, mientras China tiene importantes intereses económicos y estratégicos en Venezuela.”

Para el profesor, una relación más estable entre Washington y Beijing podría reducir el riesgo de que Venezuela y Cuba se conviertan en nuevos espacios de confrontación directa entre las dos potencias, aunque no eliminaría sus intereses divergentes.

El escenario también tiene implicaciones para Brasil. China y Estados Unidos son importantes socios comerciales, y la disputa por los mercados agrícolas chinos puede afectar directamente a los productores brasileños, especialmente en el sector de la soja.

“Para Brasil, la consecuencia más importante puede ser económica, y no geopolítica. China es un gran mercado para las materias primas brasileñas, particularmente la soja, mientras Estados Unidos busca simultáneamente ampliar sus exportaciones agrícolas a China.”

Según Qu, los países latinoamericanos tienen interés en evitar que la región se convierta en un escenario de disputa entre Washington y Beijing.

A pesar de los acuerdos alcanzados, Qu no considera que la reunión represente el fin de la competencia estratégica entre China y Estados Unidos. Lo que está en discusión, según él, es la creación de mecanismos capaces de impedir que la rivalidad supere determinados límites.

“No deberíamos exagerar la importancia de la cumbre. La competencia estratégica fundamental entre los dos países no ha desaparecido.”

Por ello, el profesor define el encuentro como una cumbre de estabilización, y no de reconciliación.

“Yo describiría la reunión como una cumbre de estabilización, y no una cumbre de reconciliación. Su éxito debería medirse menos por la capacidad de China y Estados Unidos para resolver sus diferencias y más por su capacidad para impedir que esas diferencias se transformen en conflictos incontrolables.”

Para Qu, este quizá sea el principal desafío planteado por la actual fase de las relaciones entre las dos mayores potencias económicas del mundo: gestionar una competencia que no desaparecerá, pero que puede producir efectos mucho más allá de las fronteras de ambos países.

“El verdadero significado de la cumbre es saber si las dos potencias pueden pasar de una rivalidad estratégica sin reglas a una rivalidad estratégica con mecanismos de cooperación y control de crisis.”

Autor: teleSUR - bf - JML

Fuente: teleSUR