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Itzamná Ollantay
Itzamná Ollantay

Nómada quechua. Hijo de la Pachamama. Activista y defensor reflexivo de los derechos humanos y de la Madre Tierra. Abogado, teólogo y antropólogo de formación en la ciencia occidental.

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Notas recientes
El partido político es una herramienta, pensada y organizada por una grupo reducido de personas, para ganar elecciones y gestionar el Estado.
Curiosamente, casi nadie menciona al actor principal, el Gobierno norteamericano, de esta “Santa Cruzada” contra la corrupción. Aunque todos saben y defienden (con razón) a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), entidad promovida/financiada por el gobierno norteamericano (en buena medida).
La sistemática estigmatización/criminalización de las resistencias comunitarias en los territorios en disputa tiene una relación simétrica con la ausencia de defensores “clásicos” de los derechos humanos en dichos lugares (activistas profesionales, ONG, abogados, etc.).
Jimmy Morales, al saberse investigado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), decidió descabezar (de la manera más escandalosa) dicho organismo internacional (declarando persona non grato, y ordenando la expulsión inmediata del país del Jefe de ese organismo internacional), para así intentar evitar que el proceso jurídico prospere en su contra.

Entre el 8 y 16 de agosto, del presente año, el Centro para la Autonomía y Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CADPI) y la Coalición Internacional por la Tierra (ILC), realizaron un curso interactivo sobre la elaboración participativa de mapas 3D, en la ciudad de Bilwi, Nicaragua.

Encuestas recientes indican que más del 80% de venezolanos están en contra de la intervención militar extranjera contra su país para resolver los problemas internos. Ahora, no hay más opción democrática que esperar y confiar en la Asamblea Constituyente para pacificar y continuar construyendo el país.
Los diferentes derechos colectivos e individuales de los pueblos indígenas ya tienen mayoría de edad como normas jurídicas vigentes a nivel internacional y nacional.
Creer que la CIDH es una autoridad ecuánime para el respeto y cumplimiento de los derechos humanos en América es tan ingenuo como creer que el milenario Muro de las Lamentaciones sea el auditorio divino en la tierra.
La espiritualidad maya, cualificado por el Estado, al manejar un discurso espiritualista, y una ética de “fuga mundi”, se constituye en una de las potentes herramientas de dominación/anulación para los mismos pueblos indígenas. 
Este reglamento transitorio, es y será el mejor legado del actual Gobierno para las empresas nacionales e internacionales perturbadas por las resistencia comunitarias en los territorios indígenas. Pero, también es y será una de las peores pesadillas contemporáneas para las comunidades y pueblos en resistencia.