Rafael Hernández y los suspiros del corazón
Rafael Hernández fue un don vertiginoso, según Chucho Avellanet. “Si algo tenía, es que sus canciones no se parecen”, dijo. “Podía venir con una canción romántica, después con otra patriótica y luego con una tropical, como El cumbanchero”.
Rafael Hernández
25 de febrero de 2026 Hora: 14:19
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Buscando en viejas revistas y periódicos sobre la obra musical del puertorriqueño Rafael Hernández Marín, hasta hoy dueño del arte de combinar los sonidos con el tiempo, damos marcha atrás al reloj para encontramos con artículos de la Revista Bohemia, fundada en Cuba en 1908, publicada actualmente en versión digital e impresa (en reducida tirada) en la mayor isla antillana.
Después del triunfo de la Revolución cubana en 1959, surgió una edición de la Revista Bohemia editada en Puerto Rico entre 1961 y 1965; hechas por los periodistas de origen cubano Guillermo Villarronda y Espinet Borges, radicado en Nueva York, donde aparecen las que dicen fueron las últimas entrevistas que concedió el ‘Jibarito’ Rafael Hernández, objeto e inspiración de nuestro artículo.
Fue en Aguadilla su nacimiento, al oeste de Puerto Rico un 24 de octubre de 1892. Hijo de dos trabajadores tabacaleros: María Hernández Marín y José Miguel Rosa Espinoza, también un guitarrista destacado. Aunque no existen razones ‘oficiales’ para que llevase el apellido materno, si hubo una entrevista donde Rafael se refirió a un padre (¿adoptivo?) al que llamó Gaspar, lo que hace pensar fue una decisión de la madre.
Con José Miguel, María tuvo a sus hijos: Rafael, Victoria, Jesús y Rosa Elvira, todos apoyados en su crianza por Crisanta Marín, la abuela materna, quien le insistió para que estudiaran música.
Para Rafael estuvieron los maestros José Ruallán Lequerica y Jesús Figueroa en un inicio formal del arte musical. Posteriormente, el ilustre maestro Manuel Tizol Márquez, quien perteneció a una ilustre dinastía de músicos, fundador de la Sociedad de Conciertos de San Juan, con un repertorio entre lo clásico y lo popular, mientras mantuvo la batuta de la Orquesta Sinfónica que fundó en Puerto Rico. Rafael aprendió a tocar violín, guitarra, bajo y piano e instrumentos de viento: trombón, corneta, clarinete y bombardino.

En 1917, el Congreso de Estados Unidos extendió la ciudadanía norteamericana a los puertorriqueños, como parte de la Ley Jones-Shafroth. Para muchos estudiosos, en virtud de la relación imperio-colonia, fue utilizada por la necesidad de preparar tropas para intervenir en la Primera Guerra Mundial.
En este contexto, Rafael Hernández Marín fue reclutado para ser parte del Ejército de Estados Unidos, pero no estuvo en el frente. Como trombonista de la banda de guerra del regimiento 65, de South Carolina, le tocó animar a las tropas en el frente occidental europeo.
Hernández, antes de ser músico de retreta de domingos y en la Banda Municipal de San Juan, donde tocaba el trombón, ya había sido tabacalero, aprendiz de maquinista, ayudante de circo entre otros oficios; todo lo intentó cuando salió muy joven de su casa para no volver, con el propósito de salir de la pobreza.
Integrado a la vida militar, tocó en la Banda de Música del Ejército. Hernández fue uno de los 18 músicos negros puertorriqueños, reclutados para la banda musical militar en la ciudad de New York, los Harlem Hellfighters (Luchadores Infernales de Harlem). Cuentan que fueron precursores del Jazz en Francia y en Alemania posteriormente, desde donde este género musical se extendió paulatinamente por toda Europa.
Contó el artista, que la primera composición fue en 1912 con la danza titulada «María y Victoria»; fue la primera de más de tres mil temas registrados, sin contar composiciones inéditas.
Óyeme Cachita.
Al licenciarse, se radicó en Nueva York donde conoció en la bohemia de la época figuras como Luis Muñoz Marín, Luis Lloréns Torres, Luis Palés Matos y Pedro Flores. Rafael Hernández llevaba consigo gran experiencia musical, de arduos años de trabajo en Puerto Rico, EUA, Francia y Alemania, hasta que llega a Cuba.
Un contrato lo llevó a la mayor de las islas del Caribe, para dirigir la orquesta del Teatro Fausto de La Habana, Cuba, en aquel 1920 que vibraba con la trova, el son montuno, la guaracha, guaguancó y la rumba, entre otros ritmos musicales.

En suelo cubano vivió -según se afirma- en la calle Aguacate, entonces número 5, de Habana Vieja. Allí compuso la internacionalmente conocida «Cachita»: “Óyeme Cachita, tengo una rumbita para que tú la bailes como la bailo yo, muchacha bonita, mi linda Cachita, la rumba caliente es mejor que el son”. Compuso sones, canciones rumba, sones y canciones afro, en el más auténtico estilo de los cubanos.
En La Habana sostuvo relación con intelectuales de la talla de Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, quienes profundizaron en las raíces melódicas antillanas. Fue el conocido ‘Divo de la voz de cristal’, el cubano Pablo Quevedo, quien le cantó ‘Campanitas de cristal’ y ya conoció a los integrantes del Trío Matamoros en Nueva York. Fue enriquecedor en ambos sentidos, por eso compuso sones, canciones rumba, sones y canciones afro, en el más auténtico estilo de los cubanos.
En el año de 1939 junto a la fama que lo acompañaba, se detuvo en Cuba por segunda vez, para realizar con el sello discográfico RCA Víctor, grabaciones a cantantes y orquestas como la Riverside, la Orquesta de Alfredo Brito, cuya dirección su director amablemente le cedió, también seleccionó a los cantantes Miguelito García, María Ciérvide y René Cabel, quien en adelante siguió interpretando aquellas composiciones, refiere el investigador Leonardo Depestre Catony.
Luego de cinco años en Cuba, con una intensa actividad artística y mezcla con músicos cubanos, regresó a Nueva York, donde creó el Trío Borinquen. En este periodo se destacaron sus temas: «Siciliana», «Me la pagarás» y «Menéalo». Tras el breve éxito, el Trío Borinquen se disolvió y Rafael fundó una nueva agrupación llamada originalmente Grupo Hernández, luego Conjunto Victoria, que sustentó uno de las etapas más importantes de su carrera en ascenso.
Entrada la década de 1940, viajó a México para cumplir un contrato de tres meses; aunque la estancia de Rafael Hernández, donde contrajo matrimonio, duró 16 años. En este país que definió como su segunda patria, cursó estudios avanzados en el Conservatorio Nacional de Música de México, obteniendo el grado de Maestro de Armonía, Composición, Contrapunto y Fuga, con el profesor Juan León Mariscal y luego con el reconocido maestro Julián Carrillo.
Desde aquí manifestó su genio musical y artístico. Su programa radial en vivo por la Emisora XEW, era seguido por miles de personas donde destaca como compositor y director de una orquesta de 35 músicos mexicanos y cubanos.
Por entonces, en México residían grandes intérpretes y compositores; era preferido el danzón y el son cubano que hicieron su entrada por Veracruz y por Yucatán destacó la criolla dominicana. Mientras tanto, el tango de moda en el mundo, no caló igualmente en el gusto popular, a pesar de los intentos de Agustín Lara. En tierra azteca combina la canción mexicana con el golpe de la rumba cubana, para impactar con éxito en los medios de difusión, cabarets, disqueras y en el cine.
México desbordaba en su producción cinematográfica, donde también encontró oportunidades como Director Musical en las producciones fílmicas: “Crimen del expreso” (1938), “Perfidia” (1939), “Las 5 noches de Adán” (1942), “Virgen de medianoche” (1942), “Cruel Destino” (1943), y “Águila o Sol” (1937), en donde participó con el descollante actor Cantinflas.
Narra la coleccionista de musical Agustine Vélez Jiménez, que en uno de los viajes de Rafael Hernández a Nueva York, le comentaron de una canción suya que alguien había parodiado en un teatro de barrio. Hasta allí fue a comprobarlo, esperó tras bastidores al final del espectáculo; fue cuando conoció a la intérprete a quien finalmente le ofreció sumarse a cantar con él. Se trataba de la puertorriqueña Mirta Silva, de quien reconoció su gran talento y esta agradeció la oportunidad de incorporarse con el Cuarteto Victoria.

Loco de contento con su cargamento.
Fueron temas recurrentes para los periodistas, la célebre canción “Lamento Borincano” y las ideas políticas del compositor.
“Lamento Borincano” – dijo Rafael Hernández- estuvo engavetado por más de tres años en Nueva York donde lo compuse en 1929. Le hacía compañía a “Capullito de Alelí”. Un día, revisando papeles olvidados, encontré la partitura de la primera de estas composiciones y la repasé al piano. Al concluir, un cantante amigo mío, El Canario, que escuchaba a mis espaldas, me arrebató el papel pautado y desapareció. A los pocos meses, llegó desde Puerto Rico “Capullito de Alelí”.
“Lamento Borincano” comenzaba a popularizarse por todo el continente. Igual ocurrió posteriormente con “Capullito de Alelí”, cuya fama se debe a Miguel Matamoros (Cuba).
En esas últimas entrevistas Hernández contó detalles sobre su vida, que permitieron entender la naturaleza de sus canciones. Por ejemplo, dijo: (…) antes de cumplir los diez años, me gustaba reunirme con los jibaritos. Mientras ellos permanecían en las tiendas de víveres, tratando de vender sus cargamentos, yo le sujetaba o cuidaba sus caballos. Al final, negociaran o no sus mercancías, me regalaban algunos centavos.
Desde esos días mi afecto por el Jibarito ha sido invariable. Ahora, sin darme cuenta, he comprendido que el jibarito ya no existe. El tiempo me lo ha triturado como una alcapurria en la boca de un hambriento. Ya no hay jibaritos. Actualmente el jibarito tiene automóviles costosos frente a su casa y es frecuente verlo como turista en capitales de América y Europa. Ahora el jibarito lleva un cargamento, pero de billetes al banco. Por supuesto, me alegro. Yo canté su tragedia cuando había que cantarla. Ahora reivindicado, inexistente, porque es potentado, el jibarito merece mis parabienes.
En torno a sus ideas políticas tuvo a bien dejar claro su parecer: Yo soy independentista, no cabe duda, pero no dejo de comprender que el señor gobernador, Don Luis Muñoz Marín, ha hecho una obra en Puerto Rico que todos estamos en el deber de reconocer. Hay que tener limpieza de espíritu ante ciertas actitudes. Yo soy así .Y un compositor, un artista, con más razón. ¿Podemos negar la verdad cuando esta es objetiva?
Al año siguiente, en 1962, Rafael Hernández llamó al periodista Villaronda para desahogarse y en la entrevista se quejó de ciertas actitudes en su contra: Soy puertorriqueño de raíz, pero a veces la intriga y la maledicencia me obligan a sentirme extranjero. Sé que el pueblo de Puerto Rico me quiere, aunque las piñas y las capillitas exiguas no piensen otra cosa. Se trata, claro está, de algunas piñitas. Y para ello lo único adecuado es el escobillón.
Agregó: Yo era independentista y lo sigo siendo, pero estoy convencido de que la independencia no puede funcionar en Puerto Rico. Cuando regresé a la isla, tras un largo peregrinaje por México, Estados Unidos y otros países, traje una bandera puertorriqueña. Bajé las escaleras con ella y el pueblo supo de mis pronunciamientos a favor de la independencia. Pero en esos instantes, eran independentistas Luis Muñoz Marín y Ramos Antonini. ¿Quién en esa época no era independentista en Puerto Rico? Hay una realidad y creo que me convencí de ello hace tiempo, el injerto norteamericano en nuestra historia, y sobre todo en la hora presente, es irremediable Sin la asociación con los yanquis tendríamos que emigrar para no morir de hambre.
Por un motivo que no debo detallar, todos los periódicos de Puerto Rico me cogieron odio. Ninguno me ayuda desde aquel instante. Creen que yo he traicionado mis principios. Es una vileza. Una calumnia. Yo soy muñocista, es verdad, sin dejar de ser independentista. ¿Por qué? Porque Muñoz ha dado en el clavo con el ELA. O sea, ha hecho el café a gusto de los puertorriqueños. Yo fui íntimo de Albizu Campos. Cuando quiso usar la violencia, le advertí: Pedro, vas preso. Por qué no te cuidas más y abandonas un poco tu inveterada desesperación. Y ya sabemos lo que ha ocurrido a este romántico amigo por pelear contra los americanos.

Pedro Albizu Campos (1893-1965), quien pasó gran parte de su vida en la cárcel, permanece como el prócer de los líderes que nacieron en torno a 1898 y que nunca claudicó en sus ideales. Después que muere Albizu Campos, la figura más relevante en la lucha por la independencia de Puerto Rico durante el siglo XX, se producen profundos cambios. Se funda el Partido Popular Democrático y establecen las condiciones para el establecimiento del Estado Libre Asociado (ELA, instituido en 1952).
Una colonia constitucional con Luis Muñoz Marín al frente. Actualmente están representados en el Congreso estadounidense únicamente por un comisionado residente, sin derecho a voto. Estados Unidos ha dejado claro que el estatus le permite tratar a Puerto Rico como propiedad.
De una población oscilante de 3,2 millones de habitantes (2024), cinco de cada diez menores en Puerto Rico viven en condiciones de pobreza, mientras sus familias carecen de vivienda, acceso a empleos, transportación y servicios de salud.
El Centro de Estudios del Desarrollo (CED) de la Universidad de Puerto Rico (UPR) publicó en marzo de 2025 un análisis de los estimados de pobreza en Puerto Rico en que se indica tasas de pobreza para las mujeres con 25 años de 39.2% y hombres con similar edad, son un 33.4%. El 83,8% de las personas experimentan algún tipo de vulnerabilidad en sus viviendas, como daño físico y carga económica.
La pobreza está atravesada por el capitalismo, el colonialismo y el racismo. En Puerto Rico, la falta de acceso frecuente al agua potable y a un techo donde protegerse, no es exclusiva de las personas sin hogar, sino que puede ser una necesidad no provista a algunos agricultores, obreros y personas envejecidas.
Más de 700,000 puertorriqueños en edad laboral, se estima han migrado a Estados Unidos en las últimas dos décadas, según el Censo federal. Casi el 70% de los hijos de adultos mayores están viviendo fuera del país. Entre el 2017 y 2024, alrededor de 4,000 adultos mayores fueron abandonados en hospitales de Puerto Rico, según datos ofrecidos por el Departamento de la Familia en 2024.
La emigración masiva y el envejecimiento acelerado han transformado el cuidado de los adultos mayores puertorriqueños. Hoy, miles de familias dividen ese cuidado entre Puerto Rico y la diáspora en Estados Unidos, con ciudades como Chicago convertidas en extensiones emocionales y logísticas de la Isla, de acuerdo con información del Centro de Periodismo Investigativo.
Rafael era un niño de casi siete años cuando terminó en Puerto Rico el colonialismo español y comenzó el de Estados Unidos de América. Vivió la invasión armada estadounidense (25/julio/1898), por ser Aguadilla un pueblo cercano a la ciudad de Mayagüez, uno de los puntos geográficos por donde las fuerzas militares del nuevo imperio desembarcaron para imponer el nuevo colonialismo a Puerto Rico. Creció en medio de una experiencia profunda, para convertirse en un ser sensitivo y humanista.
Antes de su muerte.
Hubo una tercera entrevista del periodista Guillermo Villaronda en 1963, cuando Rafael Hernández había recibido varios homenajes en República Dominicana y regresado a Puerto Rico. En el encuentro aludieron problemas con otros compositores puertorriqueños y las dificultades con las regalías minúsculas que estos recibían por sus canciones:
- Se de determinado señor que tras firmar una canción de revancha, recibe cada seis meses cantidades que no excedan de 20 dólares. Es increíble. Pedro Flores, por ejemplo, cuyas producciones son tan bonitas, protestó muchas veces por las regalías insignificantes que le entregaban en San Juan.
En la última de estas entrevistas concedida a Espinet Borges, meses antes de su muerte, Rafael Hernández abordó diferentes temas relacionados con su carrera profesional. Reveló, por ejemplo, que ‘Lamento Borincano’ era, probablemente la más popular de sus composiciones, aunque las tres que más dinero le hicieron ganar fueron: ‘Cumbanchero’, ‘Cachita’ y ‘Capullito de Alelí’.
Terminó con el rotundo testimonio de un compositor al final de su vida: Quítese de la cabeza esa idea de que uno se inspira siempre en una persona determinada. De hecho, casi nunca hay musa, sino mera inspiración. Le voy a confesar un secreto -agregó- cuando escribí ‘Capullito de Alelí’, ni siquiera había visto jamás un alelí. Y lo mismo me sucedió con ‘Perfume de gardenias’. Hoy mismo, aunque usted me mate, no podría diferenciar una gardenia de una azucena. Ni tampoco sé cómo son las azucenas.
Cuentan que Rafael Hernández comenzó a tocar en un circo de un oriental y luego hizo una gira por toda la isla, antes de tomar experiencias en Europa, Cuba, República Dominicana, EUA (Nueva York), hasta llegar a México y desde ahí se dio a conocer por toda América.
Se dice que además de estudios e influencias musicales, tuvo gran habilidad comercial. Cuando comenzó el auge de los discos, montó una tienda para venderlos. Recibió una gran influencia de la música cubana, donde se inspira para dos de sus obras más conocidas: ‘Cachita’ y fue la base para ‘El Cumbanchero’. En Nueva York, como se sabe compuso el ‘Lamento Borincano’. Menos conocido son el Lamento Borincano 2 y 3, que no tuvieron la misma aceptación.
Parte de sus habilidades las demostró en la gira de República Dominicana, donde lo acompañó el Trio Borinquen, cuya primera voz era el dominicano Antonio Mesa; aquí expone una de sus últimas composiciones dedicada a Puerto Rico, y cambia el término Borinquen por el de Quisqueya, lo que convierte el tema en un himno para esta tierra caribeña. A propósito, con habilidad cambia el nombre de su agrupación por Trio Quisqueya, cuando fue necesario grabar en otra casa comercial.
En México, donde ya residían grandes intérpretes y compositores, era preferido el danzón y el son cubano, que hicieron su entrada por Veracruz, mientras por Yucatán lo hizo la ‘criolla’ dominicana. Entre tanto el tango de moda en el mundo, a pesar de los intentos del célebre Agustín Lara, no caló en el gusto popular. Fue en tierra azteca donde combinó la canción mexicana con el golpe de la rumba cubana, para impactar con éxito en los medios de difusión, cabarets, disqueras y en el cine.
Narra Agustine Vélez Jiménez, coleccionista de musical, que en uno de sus viajes a Nueva York, le comentaron de una canción suya que alguien había parodiado en un teatro de barrio. Hasta allí fue a comprobarlo, esperó al final del espectáculo y tras bastidores, conoció a la intérprete a quien finalmente le ofreció cantar junto a él. Se trataba de la puertorriqueña Mirta Silva, de quien reconoció su gran talento y esta, agradeció la oportunidad de incorporarse con el Cuarteto Victoria.
Tirano por destino.
Otro tema controversial tiene que ver con que, terminada la Segunda Guerra Mundial, Rafael Hernández se dirige a Puerto Rico, donde funge como director musical de la recién creada emisora WIPR.
Según se conoce, el Gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, le solicitó al compositor cambiara un concepto de su letra, en la patriótica canción ‘Preciosa’. No importa el ‘tirano’ te trate con negra maldad, le argumentó era ofensiva y sugirió la sustituyera por ‘destino’. Se trataba, dicen, de ‘no ofender a los yanquis’.
La próxima vez que se interpretó, ya era una cuestión ‘del destino’, lo que ofendió a muchos puertorriqueños, incluyendo a Pedro Ortiz Dávila (Davilita), intérprete original de esta canción emblemática, quien hasta su muerte siguió cantando con el ‘tirano’ que le correspondía.
Luego, relata en el libro ‘100 años de boleros’ del musicólogo colombiano Jaime Rico Salazar, Rafael Hernández lamentó haberlo hecho y restituye la versión original. Según parece, el compositor nunca acogió otro pedido del entonces gobernador para que también alterara los versos de ‘Lamento Borincano’ que afirman: “Todo está desierto y el pueblo está muerto de necesidad”.
El cantante Alejandro ‘Chalí’ Hernández, hijo del compositor, afirmó que si acaso podía decirse que su padre tenía una inclinación política, él era independentista, una posición que también quedó meridianamente clara en canciones como ‘Mi patria tiembla’.
Pieza de colección.
Muchos amantes de la música dicen que en Latinoamérica, cuanta canción se extravía de su autor, se le atribuye a Rafael Hernández. Al menos eso afirman los puertorriqueños, citando el ejemplo de ‘Cuando vuelvas’, favorita en Colombia. Sin embargo, tan hermosa composición es de Felipe Rosario Goyco (Don Felo), cuyo título original es ‘Desde que te fuiste’.
También es reconocido el sentido del humor y la picardía del ‘Jibarito’ Rafael. Por ello citan la canción: ‘Las palomas’. Los Hispanos grabaron ‘María la chimba’, clasificada entonces como ‘XXX’, por lo que fue convertida en pieza de Coleccionistas musicales. Estas y otras historias se narran en Puerto Rico, de cómo se escuchaba a Rafael Hernández en la radio, que para entonces era el corazón palpitante de muchos hogares, hacer anécdotas de sus canciones; todavía así lo recuerdan en el programa radial ‘La casona de tiempos viejos’.
No puede haber dos a la misma altura.
¿Hubo rivalidad artística entre Rafael Hernández y Pedro Flores? Para corroborar la interrogante acerca de estos grandes compositores puertorriqueños, el periodista cubano Pedro Zervigón, citó la entrevista de José Antonio Rivera Colón, poco antes del fallecimiento de Pedro Flores.
Don Pedro contestó a la pregunta del promotor cultural: ¿Considera usted que el hecho de haber cantado a su tierra lo ha hecho más popular o por el contrario menos popular?
- Debió haberme hecho tan popular como a Rafael Hernández. Con la diferencia de que coincidimos en el tiempo. ¡Él fue más simpático o más qué se yo! y tocó más de cerca el corazón de aquellos que brillaron en aquel tiempo, que pudieron hacerlo brillar a él también. Y claro, no puede haber dos a la misma altura, porque dos Jueyes machos (cangrejo) no caben en una misma cueva. Entonces me pusieron a mí en un segundo plano.
Muchos se dieron cuenta, de cómo es la verdad -continuó Pedro Flores- cada uno tenía su estilo, cada cual tenía su forma cada cual formaba las canciones a su manera. Si eres compositor, cuando haces una canción la haces completa, y después nadie puede hacerla mejor que él. De modo que Rafael Hernández no pudo haber hecho un Amor perdido, Bajo un palmar, Azucena, mejor de lo que la hice yo. Como yo no pude haber hecho Lamento Borincano, Preciosa, ni las canciones que hizo él, que no hay quien las mejore en el mundo de la música.
En entrevista de Antonio Reyes Gavilán, para la Revista Bohemia de 1962, señaló: «Aquí hay mucho bloff. En Puerto Rico hay un compositor que la mayoría del público cree que es el mejor. Y, sin embargo, muchas veces me pidió ayuda para escribir algunas de sus letras. Yo nunca he necesitado a nadie.
A la pregunta del periodista para que detallara el nombre, respondió: ¿Para qué? Su nombre no viene al caso, algún día ese mismo público que hoy lo tiene en un altar, lo dejará caer. Con decir que su más grande creación que habla de un jibarito, no fue escrita por él, sino por un médico que lleva su mismo apellido. Y que me consta. Pero así son las cosas en Puerto Rico. Ay bendito, a quien le venga el sayo que se lo ponga.

Más adelante Pedro Flores -detalla en su investigación Pedro Zervigón- le lanzó un reto directo a Rafael Hernández.
- Estoy dispuesto a efectuar un mano a mano, o como quiera llamársele, con quien se considere el mejor compositor de esta tierra.
- ¿Digamos Rafael Hernández?
- Con él si lo desea, ¿por qué no? Que sea el pueblo, al escuchar su producción y la mía, quien dicte el veredicto. Esto sería magnífico, y además movería un poco nuestro ambiente musical, que le hace buena falta. Haga la petición a ver si él responde. Conjuntos musicales se sobran en Puerto Rico. Que él escoja los que desee. Yo tengo a mi cuarteto genuino, con el cual estoy grabando de nuevo.
Pedro Flores, dijo que vivía de sus derechos de autor en el extranjero, casi siempre y de una pensión como maestro. Y observó: ‘Sin embargo, otros que son amigos de poderosos reciben hasta 500 dólares mensuales por no hacer nada’. Tal comentario, precisa Zervigón, parecía referirse a Rafael Hernández como asesor musical de WIPR.
Pero, qué llevó a Pedro Flores a realizar tal reto a Rafael Hernández. Quizá la respuesta se encuentre en el estado de olvido en que se sentía el compositor en aquellos momentos. ‘Los compositores en Puerto Rico, seguimos olvidados de todos, hasta del gobierno. No se nos da pensión. No se nos da ayuda para dar a conocer nuestra música’, reflexiona Flores.
Para los que no sepan, el célebre compositor boricua, nunca tuvo una casa propia. En 1972 se le ofreció una vivienda durante un homenaje, pero dos años después el compositor que por aquellos tiempos vivía en el Caserío Villa España de Guainabo, se quejó en una entrevista –a María Olan del Periódico El Mundo- de que la promesa nunca fue cumplida.
- Recaudaron $35.000 para mi casa, según se dijo públicamente, no sé a dónde fueron a parar. Fue un engaño. Usaron mi nombre y mi persona, para engañar al pueblo. Todavía estoy esperando a que vengan a buscarme para escoger la casa.
Tiempo después, se anunció en la prensa que Pedro Flores cumplió su sueño. Tres años después fue seleccionado ‘Ciudadano Libre Empresa’ (1978) en el área del Arte, ocasión que aprovechó el compositor frente a la prensa, aunque le costó amargamente decirlo: ‘Si no fuera porque mi hija compró una casa y me dio albergue…’
Ocho meses después, murió tan pobre como había vivido. Triste destino para quien tanta felicidad y gloria le dieron al mundo, concluyó el periodista.
Junto a Pedro Flores (Blancas azucenas, Bajo un palmar, Obsesión, etc.), integra Rafael Hernández el binomio autoral de mayor fuerza en la música popular del siglo XX. Figura cimera de la música popular puertorriqueña durante el siglo XX, la obra de Rafael Hernández trasciende la prueba del tiempo y de las generaciones.
Muy enfermo, Rafael Hernández recibió de la Universidad Interamericana el Doctorado Honoris Causa en Humanidades en el año 1965, fue cuando el Banco Popular honró su trayectoria musical con un especial televisivo. Allí tuvo la oportunidad de despedirse de su pueblo, con el estribillo: “Si yo no hubiera nacido en la tierra en que nací, estaría arrepentido por no haber nacido aquí”.
En aquel especial titulado ‘La música de Rafael Hernández’, estuvieron Myrta Silva, Gilberto Monroig, Carmen Delia Dipiní, Bobby Capó, Tito Lara, Tito Henríquez y Tito Puente, entre otros. La figura joven fue Chucho Avellanet, quien tras la trasmisión relató:
- “Yo vivía entonces con mi madre y recuerdo que, frente a nosotros, vivían unos cubanos y cuando acabó el especial, los cubanos vinieron corriendo hacia nosotros, diciendo: ‘Señores, nosotros creíamos que todas esas canciones eran cubanas’”.
Rafael Hernández fue un don vertiginoso, según Chucho Avellanet. “Si algo tenía, es que sus canciones no se parecen”, dijo. “Podía venir con una canción romántica, después con otra patriótica y luego con una tropical, como El cumbanchero”.Unos días después del programa especial, falleció el Jibarito. Durante tres días, el pueblo se desbordó en la manifestación de duelo, cariño y honores. Actualmente la Universidad Interamericana de Puerto Rico, mantiene la Sala Museo Rafael Hernández del Recinto Metropolitano y custodia la memorabilia del insigne autor.
Autor: Rosa María Fernández
Fuente: TeleSUR




