El pueblo elige y los recursos lo siguen, así funciona la consulta popular en Venezuela

Más de la mitad de los recursos va al poder popular, por encima de Gobernaciones y Alcaldías. El domingo, más de 5.400 comunas eligen entre 37.000 proyectos. Desde Pariaguán, una productora cuenta cómo su comunidad decide en asamblea qué obra construir.

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Asamblea comunal en zona rural. Foto MPPCMSA.


16 de octubre de 2026 Hora: 19:42

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Amanece en Pariaguán, en el municipio Francisco de Miranda del estado Anzoátegui, y en la casa de Ana el desayuno se prepara despacio con las primeras luces, mientras esta familia de pequeños productores organiza las tareas rurales del día y comenta qué proyecto apoyará en la segunda Consulta Popular Nacional del domingo 18.

Ana participa desde 2024, cuando el Gobierno empezó a convocar la elección de proyectos comunales, y además de votar asiste a las asambleas de la escuela de su comunidad, donde se definen los proyectos que irán a la consulta. «Los días previos a la elección, los habitantes del sector siempre somos convocados para que vayamos a hacer las propuestas, ¿no?», recuerda. «Nos reunimos en una escuela cercana y allí las diferentes comunidades llevan las propuestas que quieren que sean incluidas en la elección (…). Y luego se hace como una preselección de esas mismas propuestas, las que tengan mayor votación de la asamblea de ese momento son las que van a la elección definitiva; de las necesidades, la más sentida es la que se vota».

En su relato no se pierden la esperanza ni las convicciones, aunque Ana advierte que hay situaciones que poco a poco van minando las motivaciones, a pesar del trabajo constante de los líderes comunales, y la que más le duele tiene que ver con el agua. «La vez pasada ganó un proyecto de agua y (…) ya tiene varios meses que eso se aprobó en elección, pero a la fecha aún no se ha concretado la construcción de la obra, unos pozos de agua profunda para surtir de agua a las comunidades, que esa es otra de las carencias que hay aquí en Anzoátegui», explica.

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Matrimonio de productores de Pariaguán en Anzoátegui. Foto: gentileza de entrevistados

Lejos de la capital esa espera pesa más y Ana lo nota cada vez que compara el ánimo de su pueblo con el de Caracas. «Por acá, a diferencia de la capital de la República, el panorama es muy diferente en cuanto a la motivación, a la emoción, a la cosa que tú ves allá en Caracas», dice. «Acá todo es un poco más complicado. La gente está ya como, no sé, resistente (…) a seguir creyendo (…). A diferencia de Caracas, aquí hay demasiadas carencias, la falla de los servicios públicos es más notoria. Entonces, Caracas es una especie de burbuja».

Fuera de esa burbuja, la rutina se organiza alrededor de lo que falta y Ana lo enumera con pesar. «Acá en el interior del país a diario nos quitan la luz seis horas y al irse la luz quedamos sin señal de celular y totalmente incomunicados. Aquí tenemos casi 20 días sin agua y nos tenemos que surtir de cisternas para poder hacer las cosas en la casa», cuenta, y el saldo, según ella, es que «te imaginarás que eso ha desgastado moralmente a mucha gente y (…), a pesar de que había un alto respaldo popular para este proceso, se ha ido diluyendo».

Aun así, cuando la conversación parece cerrarse en el desaliento, Ana vuelve enseguida a lo que la sostiene. «Sin embargo, muchos de los que aún creemos en esto hacemos acto de presencia, pues, y votamos», afirma. «Vamos en la mañana, después uno se desayuna, se para en forma relajada». Esa calma separa la consulta de las elecciones para la Asamblea Nacional o las gobernaciones, porque en la jornada comunal, según Ana, «la afluencia comparativa con eventos de elección nacional, gobernadores, Alcaldías, es sensiblemente menor. Sí va la gente, pero no es tanta la motivación, no amanecen como cuando hay elecciones nacionales, todo el mundo es más relajado, todo más poco a poco».

Votar, en cambio, le resulta sencillo, y lo describe con el detalle de quien lo ha hecho varias veces. «A esa hora siempre están los milicianos o alguien de la Guardia Nacional, pero no hay tanta presencia militar en las escuelas. Este es un proceso como más comunitario, más civil», relata. «Al llegar a la puerta del salón donde vamos a ejercer el voto, hay una cola de espera, hay unas personas adentro que están verificando la cédula, tomándonos la huella digital, y en la pizarra están descritos todos los proyectos. Nos entregan un papel y uno escoge el número del proyecto que desea que sea aprobado y lo introduce en la urna. Es un proceso supersencillo. Siempre nos quedamos afuera conversando».

Esa conversación a la puerta de la escuela se repetirá el domingo en todo el país, donde más de 5.400 comunas llegan a la consulta con los proyectos que sus asambleas, como la que Ana describe, ya discutieron y priorizaron. La jornada, prevista para el 12 de julio, se postergó por los sismos del 24 de junio, y detrás de cada una de esas asambleas hay un mandato que Venezuela escribió en su legislación hace más de 15 años.

La Ley Orgánica del Poder Popular recoge ese mandato en su artículo 2, que define el poder popular como «el ejercicio pleno de la soberanía por parte del pueblo en lo político, económico, social, cultural, ambiental, internacional, y en todo ámbito del desenvolvimiento y desarrollo de la sociedad, a través de sus diversas y disímiles formas de organización, que edifican el estado comunal». En él se inscriben las consultas populares nacionales, la primera de las cuales, convocada por el presidente Nicolás Maduro, se celebró el 21 de abril de 2024 y aprobó 4.500 proyectos comunales en igual número de circuitos comunales de todo el territorio.

Luego ha habido seis consultas nacionales, entre ellas una dedicada a proyectos de y para la juventud, con una cantidad sostenida de propuestas presentadas y votadas, de modo que la del domingo será la octava. En 2026 es la segunda del año, después de la del 8 de marzo, en la que se presentaron 36.000 proyectos y se aprobaron 5.336.

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Las dos consultas de este año han sido posteriores a la madrugada del 3 de enero, cuando fuerzas militares de Estados Unidos bombardearon Caracas y otros puntos de Venezuela, dejaron más de cien personas asesinadas y se llevaron secuestrados al presidente Nicolás Maduro y a la diputada Cilia Flores, que siguen en Estados Unidos nueve meses después. En ese escenario, sostener las consultas es sostener la continuidad política e institucional de la mayor apuesta estratégica del comandante Hugo Chávez, la que formuló en el «Golpe de Timón», el discurso del 20 de octubre de 2012 en que pidió acelerar la construcción de las comunas y cuyo aniversario llega dos días después de esta consulta.

Cira Pascual Marquina y Douglas Rangel, referentes consultados por teleSUR, coinciden en la importancia estratégica de las consultas y en el rumbo que aquel discurso trazó para las comunas. Para Pascual, «las consultas a menudo se explican como un diálogo entre varios proyectos, y realmente son todo un proceso, un proceso de activación de la asamblea en el territorio». Se trata, añade, de «un proceso profundamente participativo y yo diría que va más allá de las experiencias del presupuesto participativo, porque, si hay afinidades, la comunidad activa lleva las riendas de este proceso».

Rangel, que define las consultas como una «política de Estado», las ubica «un escalón más arriba de lo que ya veníamos haciendo, que tiene que ver con el equilibrio entre los distintos niveles de gobierno (…) que planificamos la política pública y luego gestionamos o ejecutamos esas políticas en el territorio desde las comunas y el consejo comunal». En esa gestión, explica, «tú estás dando a la gente primero el poder de encontrarse; le das el andamiaje jurídico para que puedan ejercer un rol en el territorio de manera legítima, conformas equipos de trabajo donde la comuna participa en la construcción de políticas públicas; le das recursos para que pueda ejecutar los proyectos que la comunidad ha discutido en el seno de su asamblea de ciudadanos y ciudadanas».

Ese equilibrio entre niveles de gobierno se mide en el reparto de los recursos: el 53% va al poder popular, mientras las Gobernaciones reciben el 29%, las Alcaldías el 15% y el fortalecimiento institucional el 3%, de modo que la porción más grande queda en manos de las comunidades organizadas, en asambleas como la que Ana describe en Pariaguán.

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Aunque las consultas convocan a todos los ciudadanos y ciudadanas que apuestan por un modelo democrático en el que pesa la voluntad popular, son solo una expresión de la vida comunal organizada en 49.183 consejos comunales registrados entre 2008 y 2025, que además de definir proyectos para mejorar los servicios públicos, sostienen una economía comunal y políticas de formación y promoción adscritas al Ministerio del Poder Popular para las Comunas, Movimientos Sociales y Agricultura Urbana.

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En el campo, la economía comunal es también la de familias como la de Ana, que viven de la tierra, y las comunas dedicadas a la producción llevan igualmente a la consulta proyectos de servicios. La Comuna Socialista El Maizal, en el municipio Simón Planas, estado Lara, postuló en el área de ciudad y servicios la ampliación de la red de distribución eléctrica de alta y baja tensión, la rehabilitación de la vialidad agrícola y la construcción del sistema eléctrico del pozo de agua Pueblo Nuevo, un pozo como el que Ana todavía espera en Anzoátegui.

Mientras piden servicios, las comunas siembran también lo que llega a la mesa del país. El viceministro de Agricultura Urbana, Elías Sánchez, informó el inicio de la cosecha de las primeras 5.000 hectáreas de maíz amarillo de la zafra 2026 en Monagas, a cargo de 12 comunas de los municipios Cedeño, Zamora, Aguasay y Maturín, con el apoyo de 70 comunas del estado Guárico. El Plan Agroalimentario Comunal se financia con recursos que las comunas devuelven en especie y que administran los bancos comunales, para que las semillas y los insumos lleguen a tiempo.

Las 5.000 hectáreas son apenas una primera fase, porque en febrero el viceministro de Economía Comunal, Saúl Osio, habló de un compromiso de 75.000 hectáreas de maíz amarillo para el ciclo de invierno, en el que el país sembró 503.037 hectáreas de maíz, según el balance oficial al 25 de septiembre que recoge un análisis reciente de teleSUR sobre la economía venezolana. Osio lo resume en la idea de que «la comuna planifica lo que el país necesita consumir».

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Las consultas populares nacionales son, así, un proceso político que empieza en la asamblea donde se define el proyecto y sigue con su presentación, su competencia en las urnas con otras propuestas y, por último, su ejecución, un recorrido en el que el tejido social de Venezuela encuentra una oportunidad para fortalecerse y cuya etapa más exigente es la última, la que convierte el voto en obra.

El domingo, Ana volverá temprano a la escuela de Pariaguán y lo hará, como ella misma dice, «con fe, con confianza, a tratar de expresarnos, pues. Y hacemos ese ejercicio de participación».

Autor: teleSUR/ Ricardo Pose