Protestas regresan a las calles de Francia en medio del malestar continental

La inseguridad en las calles redunda en el deterioro económico ante la negativa del Ejecutivo de dar respuesta a las causas del malestar social.

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Las protestas en Francia se inscribe en una oleada de malestar creciente en Europa, con manifestaciones similares en España, Italia, Alemania, Albania y Grecia. Foto: EFE.


24 de octubre de 2026 Hora: 14:39

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Las protestas regresaron este sábado a Francia, donde confluyó de nuevo la rabia de estudiantes, parados, chalecos amarillos y funcionarios que lamentan el deterioro de la educación pública y el precio de la vida. A primera hora de la tarde, después de una mañana tranquila, comenzaron las cargas en varias ciudades como Grenoble, Niza, Estrasburgo o Marsella.

En París, donde unas 110.000 personas recorrieron la ciudad desde las 14:00 horas pacíficamente y bajo la lluvia. En respuesta a esta movilización de la sociedad civil, la policía empezó a disparar gases lacrimógenos y a dispersar a los manifestantes con cañones de agua. El sonido de las granadas aturdidoras, cuando parecía que no iba ocurrir, volvió a retumbar en la ciudad.

Unas 800.000 personas, según el sindicato CGT (410.000 según el Ministerio del Interior), volvieron a la calle en todo el país para gritar contra el precio de la vida y el deterioro de la educación pública.

Hay más de 1000 personas detenidas, y el primer ministro ha hecho una demostración de fuerza con el despliegue de más de 70.000 efectivos policiales en todo el país. La presión de las autoridades francesas con los manifestantes, y su objetivo de desacreditar las protestas, ha llevado hoy en París a un nuevo cambio de ruta oficial de las protestas, algo que pesa, desmoviliza y generar confusión durante la jornadas, aunque esto no ha evitado las marchas por las calles de París.

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Decenas de miles de personas tomaron las calles de las principales ciudades francesas durante este sábado 24 de octubre, en una nueva jornada de protesta nacional motivada por el acelerado encarecimiento del costo de la vida y el deterioro de los servicios esenciales. La movilización registró una asistencia masiva de entre 410.000 y 800.000 manifestantes según estimaciones contrapuestas emitidas por el Ministerio del Interior y los organismos sindicales.

Paralelamente, las autoridades de la red de transporte público ordenaron el cierre preventivo de al menos 24 estaciones de metro en la capital para restringir el flujo de protestantes. Diversas agrupaciones sindicales y organizaciones estudiantiles mantuvieron el recorrido tradicional de la marcha desde la Bastilla hasta la Nación a pesar de las limitaciones de circulación.

Formaciones políticas de izquierda y organizaciones ecologistas interpusieron un recurso de urgencia ante el Consejo de Estado para revertir los decretos prefecturales dictados por el Gobierno nacional. Los accionantes argumentan que la alteración arbitraria de las rutas sindicales y la prohibición generalizada de las concentraciones vulneran directamente el derecho constitucional a la protesta pública.

Las agrupaciones estudiantiles ratificaron la continuidad de los paros de actividades tras el fracaso de los diálogos sostenidos con la representación del Gabinete ministerial. El movimiento juvenil exige medidas concretas para contrarrestar el empobrecimiento generalizado de las familias de los barrios populares y detener el alza continua en los precios de los alimentos.

En la capital gala, los manifestantes denunciaron el uso de gases lacrimógenos y agua a presión para dispersar concentraciones pacíficas. Al mismo tiempo, se mantienen cerrados los museos y otras instituciones culturales como una acción del Gobierno por evitar la toma de estos espacios por parte de la población y que se conviertan así en tribunas para visibilizar las penurias que atraviesa la ciudadanía francesa, como ya ocurrió en jornadas previas de la semana en curso.

De manera paralela, el rendimiento del bono soberano a diez años ronda el 4,9 % y el gobierno busca presupuestos solventes para devolver confianza a los inversores antes de las presidenciales de 2027.

El costo de financiar la deuda francesa escaló al inicio de la semana, arrastrado por el nerviosismo que dejaron las protestas del fin de semana que iniciaron a mediados de septiembre y se incrementan a diario en varias ciudades, siendo las principales París, Marsella, Lyon, Limoges, Lille y Niza. Las protestas han abarcado alrededor de 90 concentraciones en todo el país.

El rendimiento del bono soberano a diez años se asentó cerca del 4,9 %, un nivel que no se observaba desde hace dos décadas. La desconfianza de los inversores elevó la prima de riesgo del país y consolidó ese registro, el más alto en veinte años. El deterioro de la deuda francesa coincide con un escenario político que dificulta la adopción de medidas para sanear las cuentas públicas.

Las movilizaciones reclamaron medidas contra la inflación y denunciaron la falta de inversión en servicios esenciales como la educación. De esta manera, la inseguridad en las calles redunda en el deterioro económico, sumado a la negativa del Gobierno francés de atender las causas señaladas que originan las principales demandas sociales.

Las protestas en Francia se inscribe en una oleada de malestar creciente en Europa, con manifestaciones similares en España, Italia, Alemania, Albania, Grecia y otros puntos del bloque continental a la vez que la Unión Europea mantiene su política de apoyo a Ucrania para la prolongación artificial del conflicto en el este. Mientras tanto, Bruselas insta a los gobiernos de la región a aumentar su gasto militar bajo la narrativa de la «amenaza rusa», lo cual redunda en la desconexión de los ejecutivos con las demandas sociales de sus propios pueblos.

Autor: teleSUR - sr - JML

Fuente: teleSUR - Agencias