Brasil. ¿Reelección de Lula presagia la apertura de un nuevo ciclo?

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La victoria de Lula fue confirmada por el Tribunal Superior Electoral (TSE) a las 21:08, tras el escrutinio del 97% de los votos. Foto: EFE.


Por: Marcelo Solervicens

4 de noviembre de 2026 Hora: 15:50

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La remontada del presidente Luiz Inácio lula da Silva en el balotaje presidencial del 25 de octubre en Brasil, se tradujo en una histórica reelección liderada por una izquierda y un pueblo movilizado. Fue una aplastante e inapelable derrota estratégica del ultraderechista Flávio Bolsonaro del Partido Liberal, por más de 4 millones de votos válidos. La ultraderecha brasileña quedó decapitada con la huida de Flávio Bolsonaro a Miami, siendo forzada a buscar nuevas figuras y un nuevo estilo para las elecciones de 2030. La derrota del favorito de Trump, Milei, Elon Musk y los mercados en la nación más poblada de Sudamérica tiene un enorme impacto al presagiar la apertura de un nuevo ciclo de la geopolítica regional y mundial: Los historiadores la citarán como primer capítulo posterior al trumpismo. Veamos algunos elementos de análisis.

Histórica reelección de Luiz Inácio Lula da Silva

La derrota de la ultraderecha brasileña causó sorpresa porque se esperaba la anunciada victoria de Flávio Bolsonaro, tanto por las encuestas, como por la bolsa y hasta las populares apuestas, llamadas, eufemísticamente, mercados de predicción como Polymarket y Kalshi. Los mercados, también apostaban a la victoria de la ultraderecha, por ello es que se desplomó la bolsa, en Brasil y Latinoamérica.

Y es que Lula desmintió el repetido pronóstico de la imposibilidad de una victoria de quien fuese derrotado en la primera ronda. En este caso, el 4 de octubre por 2,22 millones contra el ultraderechista Flávio Bolsonaro. El presidente Luiz Inácio lula da Silva fue reelegido con el 51,79% de los votos, mientras que Flávio Bolsonaro alcanzó 48,21%, una diferencia de 3,6% puntos porcentuales y de 4.430.191 votos válidos (sin incluir los votos blancos y nulos). La histórica remontada del presidente Lula fue pasar de 53,7 a 64 millones de electores: 10,38 millones de nuevos votos. Mientras que el ultraderechista Flavio Bolsonaro, se desinfló, aumentando su votación con solo 3,72 millones de nuevos votantes.

Por un lado, disminuyó el abstencionismo y el voto de desgaste de los indecisos. La campaña de apoyo a la candidatura del líder del Partido de los Trabajadores aumentó la participación electoral del 78,9% al 80,8%. Más de 3 millones de abstencionistas en la primera ronda, fueron a votar el 25 de octubre. También disminuyeron los votos en blanco de 1,8% a 1,1% y los nulos del 2,9% a 2,1%. Todo indica, de acuerdo con decide Brasil, que Lula recibió 74% de los votos de quienes se abstuvieron en la primera vuelta y más del 90% de quienes habrían anulado o votado en blanco el 4 de octubre.

Por otro lado, Lula ganó en 13 de los 27 Estados. No sólo aumentó su votación en su bastión del Nordeste brasileño, sino que cerca de la mitad del aumento de sus votos vino del Sudeste de Brasil (Bahia, Rio de Janeiro y Minas Gerais), lugar donde había perdido en la primera vuelta por 5,66 millones de votos. Minas Gerais, volvió a actuar como barómetro de la elección. Lula aumentó su votación en 4,80 millones de votos, mientras que Flávio Bolsonaro solo ganó 1,94 millones de votos válidos. En su bastión del Nordeste brasileño también aumento su votación.

Además, no se produjo el pronosticado traspaso de votos a Flávio Bolsonaro de candidatos presidenciales de derecha o centroderecha eliminados el 4 de octubre, (Augusto Cury (Avante), Romeu Zema (Novo), Ronaldo Caiado (PSD) y Renan Santos (Missão)). Los que votaron por los otros 10 presidenciables, eliminados el 4 de octubre, optaron por Lula da Silva. Eso confirma que la alta votación el 4 de octubre del primogénito de Jaïr Bolsonaro, ya incluía votantes de derecha quienes ahora, en la remontada, prefirieron a Lula.

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Continuidad del progresismo y movilización social

Los brasileños debían elegir entre dos modelos de país. Es evidente que rechazaron el modelo de ultraderecha con menos Estado, menos políticas sociales, de represión punitiva (seguridad represiva) al estilo de Nayib Bukele, de sumisión a Estados Unidos y al Escudo de las Américas. A pesar de tener críticas sobre la gestión de Lula, optaron por la continuidad de un modelo progresista de redistribución de ingresos con políticas sociales de un Estado que busca disminuir las desigualdades sociales. De ahí derivan las claves de la remontada de Lula entre la primera y la segunda ronda.

Por un lado, algunos atribuyen el abstencionismo de la primera ronda al desgaste del gobierno de Lula; a su aislamiento relativo respecto de los movimientos sociales: un fenómeno común a los gobiernos del ciclo de progresismos en los últimos 30 años. Otros, agregan, entre otras, el abandono de la promesa de un Frente Amplio de la campaña de 2022. Lo cierto es que a pesar de sus éxitos en materia de redistribución y de empleo, el abstencionismo si estuvo ligado a la postergación de medidas marcantes de su mandato; por negociar y ceder a sectores conservadores.

Por ello, muchos atribuyen la remontada a la adopción de medidas sociales redistributivas postergadas, que eran exigidas por los movimientos sociales, los jóvenes, trabajadores y sectores vulnerables; coincidiendo con las movilizaciones que se tomaron las calles. La movilización social no vista desde los mejores años del lulismo, fue capaz de disputar y quitar las calles al neofascismo bolsonarista y neopentecostalismo de la teología de la prosperidad (o “de la riqueza”). Las medidas sociales adoptadas por Lula fueron elementos concretos, que resonaron como el mejor ejemplo de la distancia entre su propuesta y la del bolsonarismo. Entre otras, el aumento en 15% de la Bolsa Familia, la condonación de deudas, incentivos fiscales; el fin de la escala 6X1 con la emblemática ley de las 40 horas, con descanso sábado y domingo. Lula consiguió que el Congreso aprobara, recuperando una tradición de lucha, de acuerdo con Fernando Rosso. De que se trató una clave de la victoria del presidente Lula, lo mostró que el Senador Flávio Bolsonaro votó favorablemente por la medida en el Congreso, a pesar de haberla criticado, calificado de oportunismo y que contradecía abiertamente su programa ultraderechista de flexibilización laboral.

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Por otro lado, muchos insisten en que la clave de la victoria de Lula fue la campaña digital de Lula, mediante el llamado ejército de Lula lanzado por el diputado André Janones. Una plataforma en WhatsApp que alcanzó más de 10 millones de miembros y que se tradujo en voto real de los jóvenes, de los adultos mayores y sectores vulnerables que generalmente se abstienen. Brasil derrotó, con la campaña “No se Meta”, el injerencismo y la interferencia electoral contrarrestando los algoritmos de Meta en las redes sociales, de gran influencia en la primera vuelta

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva promete regular las Big Techs durante su mandato. Lo cierto es que el uso de las redes sociales, como en otras movilizaciones sociales, como la llamada primavera árabe, o los estallidos, donde la circulación de información no se tradujo en la circulación de memes o reels que desincentivan la participación política. La comunicación a través del ejército de Lula fue un instrumento de organización y de coordinación de fuerzas sociales con misiones concretas como incitar a votar apoyando los adultos mayores. La evaluación del éxito del ejército de Lula en WhatsApp es que “lo digital sólo gana cuando pisa la calle“. Una experiencia de impacto internacional para la izquierda.

También, muchos reconocen que el carisma del líder popular de Luiz Inácio Lula da Silva volvió a tener un gran impacto. Un hecho marcante fue el debate, a pocas horas del escrutinio, cuando Bolsonaro, con desprecio hizo alusión a que Lula solo tiene nueve dedos. Pero como Lula perdió efectivamente un dedo meñique a los 17 años cuando comenzaba su trabajo de tornero el efecto fue inverso y acercó el presidente a su electorado. Bolsonaro debió excusarse y reforzó su rol de líder popular contra los poderosos. La victoria de Lula expresó un rechazo concreto al retorno del bolsonarismo, su estilo, sus mentiras y promesas ultraderechistas. Un impacto que sobrepasó fronteras. Entre otros, el profesor Joe Stiglitz, adujo a que una victoria de Bolsonaro, una imitación de Milei perjudicaría a Brasil. En las favelas lo fundamental fue el rechazo al Bolsonarismo por el pueblo mismo en acción, “los de abajo”, de acuerdo con Raúl Zibechi.

Lo cierto es que las diversas claves que explican la victoria de Lula cambiaron el “voto de urna” de la primera vuelta, por el rechazo al retorno del bolsonarismo y en favor de la continuidad progresista. Lo determinante no fue la injerencia de Trump, esgrimida en la campaña por la primera ronda por Luiz Inácio Lula da Silva, fue la percepción del peligro concreto que representaba un retorno del bolsonarismo al poder en términos de retroceso social, lo que permitió la victoria de Lula.

Incontestable derrota estratégica del Bolsonarismo

La victoria de Lula es incontestable, pero también es incontestable que la versión bolsonarista de la ultraderecha brasileña fue estratégicamente derrotada en Brasil. De acuerdo con Roberto Caballero, Lula “le asestó un golpe mortal a la palabra imposible”. Su victoria permite volver a soñar.

El ejemplo más claro de la derrota aplastante del bolsonarismo fue la farsa estrepitosa de la huida de Flávio Bolsonaro que decapitó el Partido Liberal y desestabilizó la derecha brasileña.

Incapaz de reconocer la decisión de las urnas, Flávio Bolsonaro intentó repetir la farsa de la denuncia de fraude electoral esgrimida por sus congéneres. En una corta alocución, la noche de la derrota, pidió anular la elección. Afirmó que era imposible aceptar la derrota por la prolongación de dos horas de votación en algunas regiones, donde los aliados de Bolsonaro boicotearon el transporte de buses. Lo cierto es que él también había pedido prolongar las horas de votación aduciendo al impacto de un temporal en el Sur. Finalmente, el impacto de la prolongación de horas de escrutinio terminó siendo de apenas 35 mil votos, nada que pudiera influenciar en la diferencias de 4,43 millones de votos que dieron la victoria a Lula.

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Al día siguiente, el Tribunal Supremo de Justicia pidió que entregara sus pasaportes para impedir que saliera del país, por las causas en su contra por lavado de activos, “rachadinhas” y evasión fiscal a través de casas de apuestas y empresas relacionadas con el abogado Willer Tomaz además de la financiación ilegal del proyecto documental “Dark House” sobre su padre Jair Bolsonaro por 24 millones de dólares.

Flávio Bolsonaro, acusando intimidación, aseguró en redes sociales “nunca pensé salir del país”. Que fue su hermano Eduardo Bolsonaro, prófugo condenado a 4 años por la justicia brasileña, en exilio dorado en Miami, quien lo había dicho. Por su parte, él prometía liderar la oposición al gobierno. Sin embargo, esa misma noche huyó de Brasil como “fantasma en pánico”, escapando con ayuda de un antiguo agente del Mossad, hacia Argentina con el beneplácito de Javier Milei, donde, con su familia, tomó un avión privado que hizo escala en Ecuador, con beneplácito de Daniel Noboa, hasta entrar en EUA con el beneplácito de Washington. El apoyo de Milei, tensionó aún más las ya deterioradas relaciones entre Brasil y Argentina. Hasta Trump, pese a acogerlo, se distanció del perdedor Bolsonaro y, el Secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, negó que Washington le ayudó en su huida de Brasil.

Todo indica que huyó, ante el temor de ser juzgado. El 5 de enero, al dejar de ser Senador, perderá su inmunidad. Por su parte, Lula declaró que la huida de Bolsonaro era un acto vergonzoso. Para varios, no es novedad que Flávio Bolsonaro huya a EUA, Miami se ha transformado en reducto de los bolsonaristas, perseguidos por la justicia brasileña, porque ese país no cumple los mandatos de la justicia brasileña.

Luego, Flávio Bolsonaro causó aún mayor confusión al declararse el miércoles, en una carta pública, como el verdadero presidente electo de Brasil (al estilo de Juan Guaidó) para luego retractarse en una nueva versión donde se declara líder de Brasil.

Sin embargo, aunque inicialmente la prensa internacional y Washington tomó en serio la denuncia de fraude y la exigencia de anular la votación, lo cierto es que esa declaración terminó en nada. Hasta el bolsonarista influencer Nikolas Ferreira, diputado más votado del Partido liberal, afirmó el lunes en las redes “que es prácticamente imposible anular las elecciones presidenciales”. Ulteriormente, el Partido Liberal, descalificó, quitándole el piso a la afirmación de Flávio Bolsonaro, reconociendo oficialmente la reelección de Lula.

Con el reconocimiento oficial de la victoria de Lula por casi todas las fuerzas políticas en Brasil y a nivel internacional, por un lado. Por otro, con la huida de Flávio Bolsonaro, a sólo dos días de la elección, se terminó asistiendo, no sólo a una derrota electoral, sino que al estrepitoso desplome de quien pretendía encarnar la continuidad del bolsonarismo. Es evidente que la derecha brasileña se desmarcará de la familia Bolsonaro, para salir de su crisis de liderazgo, de acuerdo con Elvin Calcaño. No sólo la oposición bolsonarista quedó sin líder legítimo, a pesar de contar con una importante presencia en el Congreso, sino que es la derecha brasileña la que anda en busca de un nuevo liderazgo fuera del clan Bolsonaro con vistas a las elecciones de 2030. Por lo pronto el gobernador de Sao Paulo, Tarcisio de Freitas aparece como la más popular figura tras la huida de Bolsonaro.

¿Complejas perspectivas brasileñas?

A pesar del desplome del bolsonarismo, la cuarta presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva seguirá siendo difícil: “Acaba de ganar el derecho a gobernar dentro de una jaula”, afirmó Alejandro Marcó del Pont. Ciertamente, Lula conoce a fondo el complejo proceso legislativo brasileño en el cual los partidos del Centrao, son determinantes en la adopción de leyes. Y es que a pesar de que disminuyó el número de diputados del PT y aumentaron los del Partido Liberal (bolsonarista), sin el apoyo del Centrao, la coalición de ultraderecha no cuenta con los votos suficientes para destituir y nombrar los jueces del Tribunal Supremo de Justicia y adoptar leyes de quórum cualificado. Ellos hará tan difícil la gobernabilidad como en el mandato que termina, pero Lula tiene la experiencia y cuenta con una fuerte legitimidad creada por la movilización social en apoyo a su candidatura.

En el complejo sistema político brasileño, los partidos alternos conforman el llamado Centrao (Republicanos, PSD, Uniao Brazil, el MDB y PP) mantienen nuevamente la balanza del poder, de acuerdo con el análisis de CELAG. En el sistema político surgido de una transición inconclusa, inacabada, de la dictadura a la democracia, (figura de presidencialismo de coalición) es legal para diputados o senadores entregar su acuerdo o voto, a cambio de granjerías y transacciones que se asemejan a la compra de votos.

Es así como en los gobiernos subnacionales, los partidos del Centrao son el bloque mayoritario, con 16 de los 27 gobernadores estatales y el del Distrito Federal. Con ellos deberá negociar el presidente Lula las transferencias del presupuesto federal, entre otras. Por su parte, también en el Congreso, todo depende de las negociaciones con los partidos del Centrao. En la Cámara de Diputados  (513 curules), el Centrao, cuenta con más de 240 diputados, siendo, más que nunca el pivote para la adopción de leyes (257 votos) y cambios constitucionales (PEC). Por su parte el PT y sus aliados (PT/ PCdoB/ PV/ PSB/ PSOL) suman 120 diputados pudiendo gobernar con el apoyo del Centrao. El PL tiene 121 diputados, pero también requiere el apoyo del Centrao para hacer obstrucción al gobierno de Lula. En cuanto al Senado (81 bancas) aunque el PL pasó de 15 a 28 senadores mientras que el gobierno de Lula cuenta con solo 12 senadores, los otros 41 senadores son del Centrao y la Centro derecha tradicional.

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Lula llega con enorme legitimidad a su cuarto mandato, gracias al apoyo de una fuerte movilización social. Algo que no se veía desde hace años. Ello puede hacer que aproveche desde ya, adoptar leyes con este Congreso saliente, que faciliten la gobernabilidad de su cuarto mandato que comienza el 5 de enero. Repetiría el seguir gobernando, como lo ocurrido con la adopción por el Congreso de la popular reivindicación de pasar de la jornada 6×1 a la de cuarenta horas con dos días de descanso, inscrita dentro de la necesidad del aumento de la productividad. También puede avanzar en la reforma tributaria que permitiría financiar el aumento de costos de programas sociales. Incluso puede avanzar en el apoyo a la reindustrialización tecnológica que permita enfrentar la soberanía en cuanto a la inteligencia artificial y la industrialización que permita la utilización de tierras raras por industrias locales. Es así como, varios proponen incluso que opte por blindar en la Constitución el programa votado, antes de que cambie la legislatura el 5 de enero de 2027 y pagarla con un impuesto a los superricos. No sería una novedad porque el Congreso de 2022, antes de la entronización de Lula, ya adoptó una PEC (Proposta de Emenda à Constituição).

Pero la resistencia no vendrá solamente de un Partido Liberal debilitado por la huida de Flávio Bolsonaro, desaprobada por la gran mayoría de sus aliados. Ella vendrá también de los mercados. Luego del alza fulgurante de la bolsa con la victoria de Flávio Bolsonaro y su desplome con la victoria de Lula, es evidente, según varios analistas, que los mercados intentarán imponerle al presidente Lula una tercera ronda no votada, exigiendo austeridad para combatir la deuda fiscal. Buscarán, como en otras latitudes, presionar para la implementación de las políticas de ultraderecha que fueron derrotadas en las urnas el 25 de octubre. Desde la izquierda afirman que Lula no debe volver ceder ante los mercados como lo hizo con un ajuste fiscal, que en 2024 hundió su popularidad: repetiría el desplome en la popularidad de Dilma Roussef que allanó el camino al golpe institucional en su contra.

¿Presagio de un fin de ciclo ultraderechista en Latinoamérica?

Luego de la victoria de Flávio Bolsonaro en la primera ronda presidencial, muchos esperaban que los resultados fuesen un nuevo ejemplo del avance de la ultraderecha mundial y de avance hacia una América Latina bajo la bota de Trump y su Escudo de las Américas, preconizado por Javier Milei (Argentina), Nasry Asfura (Honduras), Laura Fernández (Costa Rica), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz (Bolivia), José Kast (Chile) Abelardo de la Espriella (Colombia), Keiko Fujimori (Perú). Efectivamente, la campaña estuvo sometida a las presiones desembozadas de Washington, de Meta, de Elon Musk, de las redes sociales controladas por los Fernando Cerimedo y sus granjas de bots. El NYT calificó los resultados de un sorpresivo golpe contra la derecha latinoamericana.

Es en ese marco fue que la DW la calificó de remontada histórica inesperada; el derechista periódico El País la calificó de épica; mientras que la BBC afirmó que la histórica reelección del presidente Luiz Inácio lula da Silva fue el triunfo “más difícil, quizás más relevante” de su carrera. Finalmente, la reelección del presidente Lula fue reconocida por gobiernos de Asia, Europa, África y las Américas. Como corresponde, hasta gobernantes ultraderechistas como José Kast de Chile, de la Espriella de Colombia, Keiko Fujimori de Perú, hasta Najib Bukele de El Salvador, reconocieron la victoria de Lula. Javier Milei fue el único que no entregó reconocimiento institucional por la victoria de Lula, aumentando las ya tensas relaciones diplomáticas entre los principales socios comerciales de Sudamérica.

Fue un fuerte mensaje el que envió el presidente Lula en su discurso de victoria a Donald J. Trump al afirmar con fuerza que “Brasil no es el patio trasero de nadie”. Y es que la derrota del que Jair de Souza califica de nazibolsonarismo en Brasil es también una derrota de esa ultraderecha latinoamericana neofascista, populista, histriónica e hipócrita, que representa Javier Milei. Una derecha rastrera, siempre sumisa al actual inquilino de la Casa Blanca y su doctrina Donroe, contra la presencia de la República Popular China en la región. La derrota y la realidad de un bolsonarismo decapitado por la fuga de Flávio Bolsonaro, puede presagiar un fin de ciclo.

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Brasil se transformó en el escudo verde de América Latina contra Trump. El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva el 25 de octubre, paró la oleada de victorias de la ultraderecha latinoamericana portadora de un mundo distópico marcado por el negacionismo del cambio climático; de la imposición de la inteligencia artificial controlada por transnacionales privadas al servicio de unos pocos y portadora del Armagedón; del abuso sin límites de los poderosos y la justificación de las desigualdades sociales que presenta como modernidad un neoliberalismo individualismo neoliberal atávico.

Lo cierto es que la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, desbordó las fronteras insuflando vida a todos los movimientos de izquierda del continente. De acuerdo con Roberto Caballero, Lula “le asestó un golpe mortal a la palabra imposible”. Tanto por el contexto, como por su forma y contenidos, su impacto en América Latina y el mundo es de carácter paradigmático. Mientras se temía una derrota del progresismo brasileño y un reforzamiento regional de la distópica ofensiva ultraderechista mundial, la victoria de Lula afirma el derecho a soñar, enciende luces que alumbran un futuro que sigue abierto y los hacen los pueblos.

Autor: Marcelo Solervicens

Fuente: TeleSUR

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